Mostrando entradas con la etiqueta Guanajuato. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Guanajuato. Mostrar todas las entradas

lunes, 4 de febrero de 2019

Camelia Rosío Moreno Granados



Camelia Rosío Moreno Granados (Jerécuaro, Gto.). Ama de casa y promotora cultural. Coordina el Círculo de Lectura y Creación Literaria de Acámbaro, Gto., lugar donde reside desde hace 20 años.
Ha participado en las antologías Tintas del Lerma (Palibrio 2013), ¡Basta! Cien mujeres contra la violencia de género (UAM-X, 2015), Vamos al circo. Ficción Hispanoamericana (BUAP 2016) Cortocircuito. Ficciones a contrapunto (BUAP 2016), El tótem de la rana. Catapulta de microrrelatos (BUAP 2017) y La vida va (Ediciones La Rana 2018), libro que reúne el trabajo del Seminario del Fondo para las Letras Guanajuatenses 2015 y 2016. Ha prologado el libro La noche de los orfelunios  de Victor Hugo Pérez Nieto. Es antóloga de los libros Ecos del nido (Puente de Piedra 2015) y Antología poética (Prisma Editorial 2018).


Molicie

Con él nada le falta: casa, carro, computadora, dinero, ausencia, deslealtad, golpes, traición.


Contorsionista

Al fin había encontrado una mujer que podía ajustarse a la medida de su bolsillo.


Indigente

A diario se le ve por las calles, seguido por un séquito de perros flacos como él, negándose a aceptar la limosna que le ofrecen. Hurga aquí y allá, no sabe que los recuerdos no se encuentran en la basura.


Lección
“La escuela no educa, solo enseña; si eres maleducado, el ejemplo lo tienes en casa”, dice el maestro mientras arroja el borrador a la cabeza del niño.


Madeja humana

Una vez que Eloísa inserta el hilo en el ojal de la aguja de la  máquina, desdobla poco a poco el telar. Con cada hebra remienda la injusticia, el abuso, el miedo. "¡Como quisiera dejar todo esto!", piensa, mientras llegan a su mente las caritas hambrientas que la esperan en casa. Y calla, como todas las mujeres que trabajan en aquel taller, al ver venir al patrón por el pasillo. Pide al cielo que hoy no le toque a ella.

jueves, 6 de octubre de 2016

Mario Calderón


Mario Calderón (Guanajuato, 1951), profesor-investigador del posgrado en Literatura Hispanoamericana de la BUAP. Poeta, cuentista y crítico literario. Es doctor en Literatura Hispanoamericana. Líder del Cuerpo Académico consolidado de PRODEM “Literatura y cultura mexicana: tradición y ruptura”. Es integrante de RIA (Red de Investigación en Arte) y ha pertenecido al Sistema de creadores con trayectoria por Bellas Artes, el FONCA, Guanajuato y Puebla. Ha publicado artículos de crítica literaria y sobre lenguaje, folclor, adivinanza y refrán, en Revista de Literatura mexicana contemporánea, Semiosis y Escritos, etc. Así como “La Novela costumbrista mexicana” en República de las letras de Belem Clark editado por la UNAM. Algunos de sus libros son Suma poética, Valparaíso Ediciones, España, 2014; Donde el águila paró (cuento), BUAP, 2010; El gran libro de la adivinanza, Lectorum, 2006; Historia y cultura mexicana a través del lenguaje, University of Texas at El Paso, 2010; La luz del topacio, ensayos sobre cuento mexicano, BUAP, 2010 y La estructura de la realidad derivada de la literatura, RIA, Red de Investigación en arte, 2013 y Lenguajes en la poesía mexicana (entre el canon y el folclore) UNAM, 2015.



El bufón

El bufón conversa con mi familia a pesar de mi desagrado. Yo siempre lo estoy vigilando. Él, como pidiendo aprobación, me mira a cada momento. Lo detesto porque en la calle dice de mí cosas falsas y la gente se las celebra. Siento vergüenza de que hable porque sé que está muerto. Ahora se presentó con muletas y sin dejar de hablar, sabe que sólo existe si se expresa. Se me acaba la paciencia, no puede fingir, y lo expulso de la casa con la fuerza de mi mente. Cierro la puer­ta. Comienza a llorar amargamente sobre el tejado. La familia exige que lo deje entrar y él entra acusándome de haberle cerrado la puerta. Me cuido de un muletazo.


Juntos otra vez

Te esperé en la nueva casa, hasta que la incredulidad de mi familia por mis relatos de tu antigua compañía, me hizo sentir que era un hombre morboso; pero esperé hasta que la espera me volvió miserable.
Pero anoche, por fin, después de dos meses y catorce días, te manifestaste. Fue sensacional, glorioso, fueron tres golpecitos de antología. Yo estaba en la cocina y tomaba un jugo, mientras mi hermana preparaba la cena. No te molestes por el miedo de mi hermana, ella aún no tiene madurez. Te lo aseguro, en tu toque había afecto y protección.
En las noches, de nuevo, nos comunicaremos a cada momen­to. Te buscaré por las habitaciones y en los sanitarios, donde a veces te gustaba estar. Sin que tú me lo digas te localizaré, sabré donde te encuentras sólo por el peso de tu presencia en mi sensibilidad. Te platicaré como antes, en voz alta, mis problemas, mis experiencias; tú me contestarás, como siempre, a través de mi imaginación. Y durante el día, ya sé que te disfrazarás de espíritu protector de toda la familia o que estarás metida en la jacaranda del jardín, y que ahí te perci­biré como a una cómplice.


El bicho

Una noche faltó la luz eléctrica en mi casa y mis ojos aprendieron a mirar en la oscuridad. Con malicia rogué al bicho fatuo que se manifestara, que produjera el acostumbrado barullo con el que me molesta en otras ocasiones. Él, confiado en que nunca lo puedo visualizar, salió corriendo y lanzando gritos de un extremo a otro: era un quiróptero raquítico. Di un manotazo y lo atrapé con el puño derecho. Lo estaba asfixiando por su vanidad, pero lo liberé porque me aguijoneó intenso y porque mi mujer, que es presuntuosa, me recordó que el asesinato no está permitido.


Posesión

Malaquías era un campesino alto y enjuto que en los días de invierno tomaba el sol con otros hombres sentado en una banca de la plaza del pueblo. Malhumorado y neurótico, pasaba sus mañanas criticando ácidamente a los transeúntes por cualquier motivo. Por su crueldad, algunas personas le apodaban Caín y los niños atrevidos le gritaban “malascrías”.
Su actitud era ya muy notable entre la gente, tanto, que las  lenguas comenzaron a rumorar que estaba poseído por malos espíritus porque además, su mujer, doña Secundina, contaba que Malaquías rechinaba los dientes y sacaba espuma por la boca todas las noches.
Comía demasiado y su cuerpo continuaba magro.
Ella preocupada le mezclaba agua bendita en sus alimentos, pero Malaquías cada vez se observaba con mayor intolerancia y enojo. Su semblante palideció al grado de parecer transparente.
Secundina lo acompañó entonces al centro de salud para que pidiera  vitaminas. El médico  mandó primero que le realizaran análisis de orina y excremento.
La segunda vez que acudió a cita médica, se le ordenó que tomara Flagyl, una medicina compuesta con hierbas amargas debido a que el resultado de los análisis diagnosticaba que Malaquías estaba invadido por parásitos, bichos en sus entrañas.



jueves, 8 de mayo de 2014

Armando Gutiérrez Méndez


Armando Gutiérrez Méndez (León, Guanajuato., 1971) es licenciado en Derecho. Recibió el Premio Nacional de Cuento Efrén Hernández en 2005 y el Premio de Bellas Artes de Cuento San Luis Potosí en 2010. Publicó Apilados cráneos de mamut de piedra (Ediciones La Rana, 2006) y El rehilete (Ficticia Editorial, 2010). Además, ha aparecido en las antologías Palabras germinales (Ediciones La Rana, 2001), Contar para vivir. Antología de Cuento Corto (Universidad Iberoamericana, 2002), Una cierta alegría en no saber a dónde vamos. Cuento de Guanajuato, 1985 - 2008 (Instituto Cultural de León, 2009), Poquito porque es bendito. Antología de microcuentos y cuentos breves (Universidad Iberoamericana, Instituto Cultural de León, 2013) y Alebrije de palabras: Escritores mexicanos en breve (BUAP, 2013). 



La metamorfosis

Al despertar una mañana, tras un sueño intranquilo, se encontró en su cama convertido en un monstruoso ser humano. No estaba soñando. Al descubrirlo, su madre retrocedió asustada y se desplomó en medio de sus numerosas patitas delgadas. El padre, menos impresionable, lo amenazó con las tenazas de su boca: en sus ojos brillaba un sincero deseo de devorarlo.


Corpúsculo luon

El luon es un corpúsculo que, en reposo, vive 4.30 microsegundos. Sometido a una velocidad cercana a la de la luz en el vacío, apenas envejece .43 microsegundos en el instante en que los luones inmóviles, al terminar su período vital, ya han desaparecido.


La tierra cóncava

Antes de internarse en el Polo Sur, de donde ya no regresaría, el capitán francés Justin Prérogue escribió en su bitácora: “Y declaro que la tierra es cóncava, que el cielo no es infinito, sino circunscrito, que el Sol es un guijarro ignífero situado en el centro de la Tierra, que las estrellas son chinas brillantes que forman parte del gas que llena el interior del globo, que lo que llamamos planeta son pequeñas esferas de piedra, huecas también, y que en el interior de cada una de ellas existe otro mundo, por lo tanto, concluyo que nuestra propia esfera terrestre está contenida dentro de otra más grande, dotada ella misma de un universo particular, y así sucesiva e infinitamente”.


Historia de muñones

Al despertar una mañana e intentar calzarse las botas, se dio cuenta de que había amanecido sin pies: en su lugar sobresalían dos perfectos muñones. Ahora pasa los días sentado en un sofá frente a la puerta de su casa, mirando a la gente caminar. Su carácter se ha agriado y le empiezan a brotar ampollas en las nalgas. Un día, al expurgar con un palillo su oreja, en vez de cerumen extrajo un pedazo de cerebro. Ahora tiene la mirada perdida y la baba le escurre por la boca. No hay quien lo cuide y el sillón se halla colmado de mierda y orines. Una mañana amaneció muerto de inanición, sentado en el sofá, detrás de la puerta de su casa. Su cuerpo fue arrojado a la fosa común y nunca nadie más se volvió a acordar de él.


La banda del marro

Era un ladrón, pertenecía a la Banda del marro. Con un marro quebraba el cristal de las vitrinas y nos apoderábamos de los relojes más finos. Salía a la calle y caminaba tranquilo al auto que esperaba. Cuando lo balearon los policías, corría desaforado y pude esconderme en una finca abandonada. Estaba enroscado como un gusano. Tenía una mueca terrible. El policía que me encontró tuvo que calmarme y hasta me dio ligeros golpecitos en la cabeza y en la espalda. El estómago estaba destrozado. Me oriné en los pantalones. Parecía un niño desvalido. Me subieron a una patrulla y alcancé a ver cuando lo subían a un vehículo del servicio forense. Era un hombre cabal, valiente. En vez de correr prefería el enfrentamiento frontal. Era todo lo que tenía en el mundo. Hubiera preferido estar yo en su lugar.



Todos los textos fueron tomados de Armando Gutiérrez Méndez, El rehilete, Fictia Editorial, 2010.

sábado, 3 de noviembre de 2012

Yunuén Rodríguez


Yunuén nació y se crió en Celaya, Guanajuato. Ahí participó en el taller de cuento dirigido por Guillermo Samperio. A los veinte años se mudó a Jalisco y egresó de la Universidad de Guadalajara como Ingeniero en Recursos Naturales. Tomó un larguísimo atajo hacia el ensayo científico, y hasta la edad de 25 retomó el rumbo de la ficción. En 2011 conoció lo que llaman la escritura breve, y ese mismo año su cuento corto, Alma, apareció en la antología Los Ojos de la Virgen, y su microrrelato, Caníbal, en el libro Al Este del Arcoíris, ambas publicaciones de Latin Heritage Foundation. Colabora en la sección literaria del periódico Expresión y en la revista literaria Lauda, que son de circulación regional en Jalisco, y participa en el blog El Microrrelatista.
Es parte del taller de periodismo narrativo dirigido por Juan Pablo Meneses. La crónica, tal como la describe García Márquez: un cuento que es verdad, podría ser su nuevo amor.


Plenitud

A medio puente peatonal me paro a ver los autos fluir para allá y para acá, como peces locos en el río de las tres pm. Fu-mo-mi-mo-ta. Xóchitl pone la cara entre dos barrotes, empuñándolos. Imita un chango: ¡Uh uh uh a! Y se mea de la risa. Le hago un bailecito mono y en tres brazadas ya estoy mirando el horizonte desde el techo del puente. Me sigue porque ella siempre lo puede todo. Tiene miedo de caerse y mientras le ayudo a subir le meto mano bajo la blusa. Hacemos el amor de pie, totalmente desnudos. Atardece. Nunca fui ni seré más libre que ahora. ¡Feliz plenitud! Salto.


Valiente

Salió a la pista del circo montado en un corcel, y me pareció el apache más valiente y fiero que había deseado en mis quince años de vida. Cada acrobacia mortal a todo galope me excitaba más. Al final de la función me escabullí para buscarlo tras la carpa. Lo vi recargado en los corrales; aún estaba caracterizado con la cara pintada, el torso desnudo, la pluma en el cabello y los pantalones de piel. Me le acerqué sigilosamente y lo sorprendí con un halago a su valor. Se enderezó en su sitio y me dedicó una risita nerviosa apretando las manos al corral. Di la vuelta y me fui.


Rumbo-frío-conviene

Hay tristeza de perro callejero añorando una caricia, un platón de leche tibia y una palabra amistosa. Tristeza de campeonato mundial en la banca de los derrotados, que no por ser vana deja de ser sincera. Tristeza de rostro migrante en la ventanilla. Tristeza de tres días nublados. Mi tristeza de hoy es por estar de pie en una vida sin rumbo, sin saber dónde quiero estar haciendo qué ni cómo lograrlo, refugiarme contigo y recibir un beso frío de mirada perdida en las mismas dudas, para entonces preguntarme si nos conviene ser almas gemelas.



Lamentable pérdida

Entró a la capilla funeraria directo hacia el ataúd, sin protocolos ni discreción. El sonido presuroso de sus tacones contrastó con los sollozos amainados. Usaba deliberadamente el vestido rojo entallado y corto, con una torera de encaje negro sobre los hombros desnudos. Sintió las miradas de los deudos, fiada en que nadie la reconocía, a excepción de ella... por alguna foto quizás. Tomó un respiro profundo ante los cuatro escalones, oprimiendo una rosa blanca entre sus senos. Cerró los ojos. "Tú mueres y yo descanso en paz, querido". Subió elegantemente y se inclinó a mirarlo por última vez. ¡No era él! ¿Su hermano, o alguno de sus primos? Giró conmocionada buscando entre los rostros juiciosos. Entonces lo reconoció de pie a la izquierda, abrando a una muchacha en muletas y collarín. Él la miraba con un gesto ofuscado. ¡Qué atractivo le parecía cuando estaba molesto!


Dos muchachas

Aquí llega otra vez: alta, robusta y encorvada. Probablemente somos las dos de la misma edad. Viene ocasionalmente a la tienda de mi tía a dejarle prendas bordadas en listón para que las venda; platica un rato y se va. Mi tía, por costumbre me presenta con sus conocidos, pero a ella la deja irse. ¿Por qué? No me lo había preguntado.
―Pobrecita, entiende todo, es igual que cualquier persona. El otro día me dijo: "Yo no soy así de nacimiento, ¡yo era normal! Pero me dio viruela cuando tenía ocho años y así quedé. ¡La gente me trata como si fuera una loca de la calle!", y casi llora.
La sigo con la mirada, al cruzar la calle gira levemente y le dedico una mueca intento de sonrisa. La verdad no sé si pudo verme con ese ojo protuberante que se aleja demasiado de la nariz, allá hacia la sien, como recordando.

Contacto: ladina.latina@gmail.com
Sitio web: Guadaña impía

lunes, 21 de mayo de 2012

Penélope Córdova


Aura Penélope Córdova Luna (Salvatierra, Guanajuato, 1982) es licenciada en Letras Francesas por la UNAM y diplomada en Creación Literaria por la SOGEM. Ha publicado cuentos en antologías de narrativa joven. Colabora en el suplemento cultural Laberinto y fue becaria de la Fundación Para las Letras Mexicanas (2009-2010) en la especialidad de ensayo.


Vida y muerte de los trenes

Nos conocimos en el tren de Viena a Budapest. Se llamaba Maté y leía Esperando a Godot. No importa qué me dijo y lo que hicimos en aquel primer encuentro y en los siguientes, ni por qué decidí quedarme en Hungría.
          Lo que importa son sus palabras de despedida. El último tren, me dijo, quiero tomar el último Orient Express. Llegaré hasta Constantinopla —Estambul, lo interrumpí, él no hizo caso y continuó— y me pondré a mirar. El tren morirá pronto, no sé cuándo exactamente, pero ya lo han desahuciado. Lo dijeron en las noticias. La gente prefiere los aviones y los trenes bala. Los ferrocarriles, marcas del progreso, desdeñados por los primeros románticos, mueren justamente en mor de ese absurdo progreso. No, yo no quiero ir a Constantinopla, la ciudad no me interesa. Sólo quiero estar en el tren, habitarlo. Bueno, le conteste, pero todavía nos queda el transiberiano. Él me miró con desdén, como si hubiera dicho algo muy estúpido. Para viajar hay que estar solo. Y se fue. Me había dejado sobre la mesa su ejemplar en húngaro de Esperando a Godot. No volví a verlo.
          Por eso llevo años viajando en tren. Quién sabe, quizá un día lo encuentre en alguno de los países que marcaba la ruta del Orient Express.
          Esta historia se parece a la de un hombre que se la pasaba recorriendo el transiberiano y que, al llegar a Vladivostok, se detenía a mirar a los pasajeros que bajaban del tranvía, antes de tomar nuevamente el camino de regreso.


Vía láctea

Bajo el cielo de la última cumbre de Polonia, desde donde se observan tierras germánicas al norte y la llanura checa al sur, una vieja enjuta con la piel enrojecida por el viento del este cava una fosa en la montaña. Pretende alcanzar una profundidad considerable como si desconfiara de la tierra que acompaña a los muertos.
          Al cabo de algunas horas, de sus manos agrietadas escurren hilos de sangre y su cuerpo enflaquecido transpira un sudor helado. Desde su casa, la vieja ha cargado una bolsa negra con dos pares de zapatos viejos y mechones de pelo castaño. A principios de diciembre había llegado el último tren de sobrevivientes, pero sus rostros estaban extintos y ninguno de ellos hablaba. Era como si no estuvieran. En el pueblo dijeron que los demás habían sido gasificados.
          Se hace de noche. La fosa es honda pero no lo suficiente para acoger a los que no regresaron. La vieja sigue cavando, sus brazos y piernas tiemblan. Las estrellas anuncian horas serenas, el cielo se ha despejado. La anciana detiene su faena y se hunde en la contemplación. Piensa que, con una noche así, bien vale la pena dejar el entierro para el siguiente día.
          Sin sentir ya su cuerpo mojado, se mete con cuidado en el lecho que acaba de construir hacia el fondo de la montaña, mientras abraza con una mano la bolsa que guarda los restos de sus hijos. Esa noche, los ojos de la vieja se secan y ella duerme tranquila.


Molinos de viento

Decía el papá que todos los hombres eran molinos de luz: mueven el cuerpo y los pensamientos en todas direcciones y los rayos vienen, que uno era capaz de generar su propia luz.
          ¿Y cuando se aburren?, pregunta la niña. ¿De qué?, responde el papá. Pues de hacer luz y de tanto moverse y pensar. Entonces, dice el papá, buscan tierra y se echan a dormir. ¿Y se mueren? Sí, se mueren. ¿Y tú por qué estás inmóvil?


Puentes rojos

Un hombre desnuda a su amante y encuentra en su espalda dos mapas de ciudades casi gemelas.//¿Dónde está el puente?, pregunta él. //¿Cuál puente? // El puente que une las dos ciudades. //Son ciudades paralelas, no pueden encontrarse nunca. los puentes son construcciones artificiales, habría que esperar que la piel se seque para que resurjan las dos como una sola. //Te equivocas, dice el hombre, las ciudades deben ser unidas.
          Enseguida traza un puente entre las ciudades con sus uñas calientes y rojas.


Chaplin viaja en metro

Estábamos tan contentos y satisfechos como dos niños después de comerse un pastel de chocolate, aunque en realidad no habíamos comido nada en tres o cuatro días. Corrimos de un lado a otro y cantamos algunas canciones viejas en mal francés. Representamos una secuencia que nos gustaba mucho de una película de Chaplin, aunque no podíamos contenernos y terminábamos riéndonos.
              Cuando nos cansamos de hacer tonterías, nos fumamos entre los dos el último cigarro y fue, creo, más sabroso que aquel pastel que no nos habíamos comido. Al final, él se guardó la colilla en el bolsillo y nos metimos en el camino trazado por las vías. Caminamos durante horas en la oscuridad de los túneles, pasamos por muchas estaciones más. Las ratas nos alumbraban con sus ojillos encarnados. Hasta que por fin sentimos el oscuro y sordo temblor del despertar citadino. Satisfechos y victoriosos corrimos al encuentro del primer tren.





martes, 19 de abril de 2011

Amaranta Caballero Prado


Amaranta Caballero Prado (Guanajuato, 1973) estudió la licenciatura en Diseño Gráfico y una maestría en Estudios Socioculturales. Ha publicado los siguientes libros: Okupas (Plaquette en Letras de Pasto Verde, 2009), Todas estas puertas (Tierra Adentro, 2008), Entre las líneas de las manos (en el libro Tres tristes tigras, Conaculta, 2005) y Bravísimas Bravérrimas. Aforismos (Editorial De la Esquina, 2005). Ha sido incluida en la selección Yo no canto Ulises, cuento. La sirena en el microrrelato mexicano (2008), realizada por Javier Perucho y en la selección de Microrrelato Panorama de la brevedad (2006) realizada por Marcial Fernández. Desde 2001 vive en Tijuana.



Piezas clave

Traigo puesta una chamarra de terciopelo bastante gastada. Aunque para mi es nueva. Es una chamarra de color negro con el forro ―roto― en verde limón y las costuras en hilo del mismo tono. Se cierra con broches de presión y el corte me hace ver un tanto delgada. Me encanta esta chamarra por varias cosas: Porque creo que la persona que la compró y usó por primera vez era zurda (el puño izquierdo está totalmente desgastado, sin terciopelo, se ve nada más el plástico vil de la base, en color negro eso sí) y porque desde que empecé a usar “ropa usada” me he dedicado a percibir las vibras que las diosas me han heredado vía los textiles que me cubren. Sí, estoy haciendo un trabajo de investigación y fotografía memoriosa documental. Creo que la persona que usó esta prenda por vez primera bailaba muy bien y fue admirada honestamente. Nada de grupies bobas o falsos despliegues de amor. Nada de intereses por encima de la persona misma. Creo que disfrutó de esta chamarra intensamente y casi estoy segura que ahora la uso yo porque la dueña o dueño anterior fue víctima de un robo. Sé que nunca iba a deshacerse de esta fabulosa prenda. Esta es una de esas piezas clave en mi garrajuar. Cada vez que me la pongo me sucede algo entrañable: desde una sesión riquísima de besos, hasta una carrera desbocada a las dos de la mañana por la calle Revolución bajo un aguacero demencial. Me sucede que bailo toda la noche y aunque beba litros de cerveza no me pongo mal. Lo mejor: La mañana siguiente es plena y dinámica. Yo hago el recuento de la noche plácidamente desde mi colchón, mientras veo reposar a la chamarra en algún lugar de mi cuarto. Seguramente la persona que la compró por primera vez la extraña horrores, piensa en ella, trata de imaginar quién la usa ahora, cómo es, qué piensa, cómo la trata. Estoy segura que desearía recuperarla pero también sé que debe reír a solas, mientras camina por las calles, al pensar en los acontecimientos que debe vivir la persona que actualmente la lleva puesta. Es totalmente improbable que esta chamarra haya sido despreciada. Sólo un amigo me ha dicho que la cambie. Que se ve demasiado vieja. Que se ve mal y que me hace ver como “loquita descuidada”. Sólo sé una cosa: He descubierto a mi amigo. Estoy segura que estará al pendiente de ver dónde la dejo para ir por ella en el momento en que crea que yo voy a abandonarla.


Sobre el Big Bang & el Little Pum

Ahora que vivo mis fronteras, me alegra saber que cierto personaje aún no ha sido reclamado por los extraterrestres. La abducción aún no se concreta. Por medio del lenguaje de los delfines puedo volver a comunicarme con él. En alusión―alucinógena―alienígena a su mafufa teoría del Universo Fusilhawkingniana (según la cual dice que el Universo en que vivimos se está desarrollando dentro de un hoyo negro muerto) proclamo y confieso que en completo estado de conciencia pilotearé la nave nodriza con toda una comunidad, para desentrañar un poco de la carne podrida de nuestra Madre Galaxia, donde ―embriones apenas― nadamos felices en la expansión de La Nada.
Ojalá no seamos parte del Legrado Universal, ni tampoco muramos ahogados en el algodón cósmico de un kótex galáctico.


El tiempo empaquetado

Mientras caminaba por las calles de un país vecino, me topé con varias cajas sobre la banqueta. Cajas medianas, rectangulares, de cartón café, acumuladas unas sobre otras. Una de las cajas develaba el misterioso contenido. Decía en letras negras, grandes, mayúsculas y minúsculas trazadas por mano humana, la palabra: Kronos.
Supe entonces en que si me llevaba una de tales cajas tendría tiempo asegurado para después de la muerte. Supe también que ni Oscar Wilde hubiera imaginado esto para su Dorian Grey. Supe que el tiempo venía empaquetado en pequeños sobrecitos y que podría ser soluble, con sabores y listo para disolverse en agua. Se me antojó prepararme bebidas de tiempo incomprensible, tiempo improbable, tiempo invaluable, tiempo inamovible, tiempo imparable. Haciendo algunas mezclas podría obtener incluso bebidas con efecto déjà vu. En esas andaba cuando al tiempo me lo robé en un segundo y lo guardé convertido en la imagen detenida del tiempo: Su fotografía.

Pd: Siempre pensé que los primeros en vendernos el tiempo empaquetado serían los japoneses, no los gabachos. Me equivoqué.


Revelación

Al borde del suicidio estaba cuando lo pensó mejor: ella, como la postmodernidad, tan sólo era un proyecto inacabado. Oronda, salió chiflando a dar un paseo para inspirarse.


Fulminante

El ataque comenzó de la nada. Tomó unos segundos para que se llevaran las manos al estómago. Iniciaron las convulsiones. A los dos minutos ella y él, entre lágrimas y gesticulaciones, hipaban. No pudieron más. La risa acabó con ellos.


Contacto: amaranta.caballero@gmail.com

 

miércoles, 6 de abril de 2011

Úrsula Fuentesberain


Nació en Celaya, Guanajuato en 1982. Estudió Comunicación en la Universidad Iberoamericana. Ha sido coeditora de las revistas Día Siete y Dónde ir. Sus textos periodísticos han aparecido en publicaciones como La Jornada Semanal, Replicante y La Tempestad. Mientras que sus cuentos han sido publicados en Punto de partida, Casa del Tiempo y El perro. Su relato Mariana viene a verme está antologado en Yo es otr@. Cuentos narrados desde otro sexo (Cal y Arena, 2010). Es becaria de la Fundación para las Letras Mexicanas en el área de narrativa. Sus cuentos, reseñas y derivas se pueden leer en www.ursulafuentesberain.wordpress.com.



Monopoly

Tira los dados, retrocede 23 casillas, culpa a tus padres por acostarte boca abajo y condicionarte a la tortícolis matutina, avanza 1, ya eres anormal, sólo tu madre lo sabe, salta 7 cuadros, moja los calzones para ver qué se siente, vuelve a la casilla 25, deja que el vino se te seque bajo las uñas, despierta con malestar, asústate al encontrarte solo, regresa 1, cae en la cuenta de que tu única compañía fue este tablero, espera en la cárcel hasta que otro jugador te saque.


Septiembre 18, 2010: dolor de espalda, gastritis e insomnio

Cafeína, 150 mg; ácido ascórbico, 500 mg; ácido acetilsalicílico, 1000 mg; orfenadrina, 35 mg; cafeína, 75 mg; ketorolaco, 10 mg; carbón vegetal activado, 250 mg; paracetamol, 450 mg; cafeína, 150 mg; naproxeno, 275mg; pancreatina, 130 mg; dimeticona, 40 mg; carbonato de calcio, 600 mg; subsalicilato de bismuto, 525 mg; clonazepam, 2 mg.


¿Qué pensaría Pollock del patrón de una menstruante recorriendo su casa sin calzones ni nada?

se lava los dientes•••••••••••recibe una llamada ••••••••••••••••••••••••prepara su lunch•• •••• ••• • ••••••• ••••• ••••••••••busca sus llaves• • ••• • •••• ••••••sale de casa •             


Fast book

—Bienvenido a McBurgerbook. ¿Le puedo tomar su orden?
—Sí. Déme una novela número cuatro, con extra prosa poética.
—¿Gusta añadir guarniciones joycianas por sólo tres pesos más?
—No, gracias. Y también voy a querer el Paquete José Emilio Pacheco. ¿Viene con frituras al monopolio cultural mexicano?
—No, esas se cobran a parte.
—Bueno, pues inclúyamelas, por favor.
—Con gusto. Recibo cien. Veintiocho pesos cambio. Gracias por venir a McBurgerbook, vuelva pronto.


Pardos como la culpa

Ella llegó oscura igual que la noche, supongo que para no desentonar. Informé a mi madre y el veredicto fue contundente. Bajo su dirección nos encargamos del asunto. Yo tenía once años, pero creo que la libré bastante bien. Ni la policía ni mi padre se enteraron.
Para mi hermana fue otra historia. No le dijo a nadie, logró ocultarlo cincuenta y seis días hasta que a mi madre no le salieron las cuentas mientras lavaba ropa interior blanca. Los cuerpos del delito estaban al fondo de un clóset, trece de ellos, pardos como la culpa. De nuevo la sentencia fue terrible: también mi hermana era ya mujer.


sábado, 26 de marzo de 2011

Rosa Delia Guerrero

Mi nombre no es un misterio, pero a ratos es pluralidad, porque cada quién tiene la libertad de llamarme como decide en un juego de selección entre mis dos nombres. Es también plural porque encierra todo lo que soy, mis silencios y mis sonidos. El silencio es la pausa, pequeña o prolongada que precede a la palabra, al sonido y a veces suele de forma misteriosa, convertirse en eco, en miles y miles de ecos.

Estudios de fotografía. Casa de Cultura Irapuato; Spéos en París, taller de desnudo en estudio; Jock Sturges, desnudo; Raúl Touzon fotógrafo de National Geographic, taller particular; Activa de Fotografía en León: retrato, desnudo, fotografía de producto, photoshop, cuarto oscuro. Francisco Mata Rosas, La Chica Plástica con cámara Holga. En los últimos dos años he expuesto en Museos, Casa de Cultura, Instituto de Cultura, Alianza Francesa, ITESM y algunos otros lugares en Irapuato, León, San Miguel de Allende Guanajuato y D.F. Publicaciones en revistas, periódicos y portada de libro. Mención en el Concurso Nacional de Cuarto Oscuro. Participación en dos Colectiva en FotoSeptiembre y dos Individuales de Fotoseptiembre. Diplomado en Fotografía Contemporánea en la UAM Cuajimalpa. Exposición colectiva en Ex Convento del Carmen en Guadalajara, Jal. y en Florencia, Italia. Alianza Francesa Polanco.

Estudios de literatura. Lic. Letras Españolas ITESM, inconclusa. Cátedra Alfonso Reyes ITESM: Ernesto Sábato, Luis Villoro, Mario Vargas Llosa, Sergio Pitol, Umberto Eco, Diálogos de la Lengua, Filosofía y Lenguaje con Mauricio Beuchot, Jaime Labastida y Elsa Cecilia Frost. Taller universitario de creación literaria Altaller de la Universidad de Guanajuato. Del 2004 al 2010. Coloquio Cervantino Internacional Don Quijote en el siglo XXI. 2003. El Quijote en la música con Jorge Volpi, 2003. Encuentro de Escritores Regionales en San Miguel de Allende 2004, 2005 y 2006. Taller de Narrativa Mónica Lavín 2004, 2005. Coloquio Nacional de Literatura Jorge Ibargüengoitia, 2004. “Escritores Potosinos en la Universidad Autónoma de San Luis Potosí, Ignacio Betancourt 2005. Participación en Ficticia. Talleres Literarios: Roberto Bravo, Herminio Martínez. Tutoría de narrativa en el Instituto de Cultura de Guanajuato con Óscar de la Borbolla 2007. La palabra con Tarik Torres Mojica. IBERO León, Gto. 2008. Tutoría de Narrativa con Alberto Chimal en el Centro de las Artes, 2009. Publicación en antologías, revistas, La Jornada, Periódico A.M. Irapuato.



Lienzo sobre óleo

Un reloj olvidado aquí, otro un poco allá, uno más cuelga de la rama de lo que parece un árbol. Todo ha sido dispuesto con precisión total. Cierro el tiempo más pequeño y lo coloco cerca, rodeado de seres diminutos que suben y bajan por su faz sin saber a dónde van.
Un segundo flexible vuelve blandas las carátulas y la soledad. Hago un ejercicio para recordar. Se me queda extraviado en algún lugar el Cabo de Creus y el azul mar.
Camino sobre la arena y tropiezo con mi cuerpo que yace dormido. Sueño en vida encerrada en ese vértigo sin tiempo.
Todo se ha ido, el ayer y lo conocido. Van a dar las siete y todo persiste.
Hasta la transparencia de alas de mosca.


Habitación disponible

Durante la temporada de lluvias, todo se precipita. Las goteras surgen de forma espontánea, igual que el agujero que apareció, justo arriba de mi cama. Ha ido tomando nuevas dimensiones. Incluso sin que llueva, es necesario que ponga mi taza, después de tomar café, para que contenga el líquido incoloro.
A través del orificio, escucho los pasos, el timbre del teléfono y unas voces. El catálogo de ruidos se filtra a través del hoyo negro por el que escurre la vida de los otros inquilinos.
Ayer comenzaron por caer: un gato de angora blanco, rosas de color rojo, un avión hecho de papel, un lápiz y el oso de peluche con moño azul que puse sobre la repisa. La pierna derecha de Raúl, mi vecino, asomó en el último instante. Ahora duerme bajo mis sábanas. Mientras, durante mi insomnio, imagino al vacío.


Composición de un deseo

Alexia no podía desviar su atención de la silueta formada frente a ella: la cabeza repleta de rizos dorados brillando con la luz del sol que se filtraba a través de una estrecha ventana. La pequeña sintió una extraña atracción por aquel boceto de cuento de hadas. Todo fue silencio, hasta su respiración. Entonces el tiempo se sucedió en cámara lenta, como vago recuerdo, quedó el leve murmullo del cepillo acariciando la cabellera. La inquietante metamorfosis de su rostro de niña sobre la imagen del espejo paralizó el universo, mientras en un ambiguo rescate de lo último en su memoria, fueron pasando una a una, las siluetas de la Medusa con serpientes en la cabeza. Alexia quedó petrificada ante su propia mirada con la ternura reflejada en sus labios cerrados, el susurro de una música ausente y las pequeñas manos estáticas, dentro de un sueño de lluvia, aferrándose con cada uno de sus diminutos dedos a esa transparencia líquida.

Danza abstracta

Me desnudo, dejo atrás la apariencia, se desliza entre las sábanas la sensación de alivio. La cercanía es lo único que me pertenece, cada paso a veces lento o mi mano a tientas con agilidad insospechada, todo objeto que se sitúa en mi rededor forma parte de mi universo como una extensión de mí misma. Asoma el deseo, roza la sombra, toco tu cuerpo, siento tus labios recorrer mi mundo imaginario, entras a mi silencio, estallan y se rompe el tiempo. Mis ojos permanecen cerrados, invento una mirada mientras aparecen imágenes desde la profundidad de la ficción. Veo el vacío. Dibujo mariposas, el color azul y tu voz. La humedad escurre, pienso nubes y cielos. Un laberinto negro se abre más allá de los sueño. Siguen las noches.

Entre los cuerpos

Diminutas, como de mosca, sus patas me acarician; mi cuerpo, entre cacharros y basura, yace en lóbrega humedad. La araña baja y sube por mis párpados cerrados, besa mis labios y en el caracol de mis orejas, se tiende -por vicio- a dormir. Medito en los artefactos que habitamos el lugar: lluvia, gusanos y hierba silvestre; flores de invernadero que sólo por algún tiempo vinieron a dejar los otros; oscuridad y silencio atropellado por el sonido del tren que pasa a un costado del cementerio: un muro lleno de cuarteaduras. La arañita ha hecho apacible la estancia. Por un momento pienso en aplastarla, pero mis manos son de trapo. Su telaraña abriga mi soledad.

martes, 8 de marzo de 2011

Amélie Olaiz


Nombre: Amélie Olaiz.
Nació en León, Guanajuato, México.


Estudios
Estudió Diseño Gráfico en la Universidad Iberoamericana.
Cursó la Maestría en Diseño Industrial en la UNAM y el diplomado de Creatividad en la UIA.
En 1996 inició el estudio de la filosofía Budista.
Docencia
Fue docente en la UIA y en la Universidad Intercontinental. En las materias de diseño gráfico y fotografía.
Literario
Su trabajo literario se ha publicado en los periódicos: La Jornada, El Financiero, El Norte y Reforma, en libros de texto para educación primaria y secundaria en Chile, en la revista Castálida y en varias antologías.
Ha participado en los talleres literarios de Mónica Lavín, Agustín Cadena, Alberto Chimal, Eusebio Ruvalcaba, Hernán Lara Zavala, Rafael Ramírez Heredia, Adriana Jiménez, Alberto Vital, Agustín Monsreal y Rosa Beltrán.
Colabora en el taller de la Marina de Ficticia desde sus inicios.
Premios
Ganó tres primeros lugares en los concursos de la Marina de Ficticia. Otorgados por Agustín Monsreal, René Avilés Fabila y  Luis Arturo Ramos.
Publicaciones
Piedras de Luna, (minificciones) editorial El viejo pozo 2005, y la reedición en editorial Alcalá, España, 2007.
Aquí está tu cielo (cuento) editorial Alcalá, España, 2007.
Ha colaborado en las siguientes antologías:
Ciudadanos de Ficticia (cuento y minificción) Editorial Ficticia 2003
Prohibido fumar (antología de cuento) Editorial Lectorum 2008
Infidelidades.con (antología de cuento) Editorial Terracota 2008
Antología mínima del orgasmo, Ediciones Intempestivas, 2009
Vampiros transmundanos y tan urbanos (antología) Editorial Selector 2011
Three Messages and a Warning,Eduardo Jiménez Mayo & Chris. N. Brown, editors (antología de cuento fantástico) 2011.

Tildólogo compulsivo

Nació sobre un pupitre de la Real Academia Española. Hijo de la famosa filóloga Sílaba Tercera, estudió la educación básica bajo la supervisión de su abuela Esdrújula.
A principios del siglo XXI fundó, en Grave, Itálica, el Instituto de estudios superiores de la tilde. Actualmente funge como único miembro autorizado para quitar y poner acentos a discreción. Sus experimentos lo han hecho merecedor del Premio Nóbel de gramática, y le han ganado un lugar en la rotonda de los hombres agudos.


Diabluras

Se enrolló sobre sí mismo para rodar hacia ellos. Al chocar, los ángeles volaron por el espacio con sus alas blancas imperturbables. Todos terminaron despedazados en el suelo.
Matacus, el orgulloso armadillo, se desenroscó para disfrutar el festejo de los niños.
―¡Chuza! ―gritaban los pequeñines frente al nacimiento hecho trizas.


Pescadora de ficciones

Cada tarde con una atarraya de trama pequeña, Marina, la cuentista, se interna detrás de las olas. Sabe que cuando se terminan las botellas, los náufragos y los viejos marinos sueltan sus historias letra por letra en el mar.


Confesiones de la piel
Después de dormir con los conquistadores, la Malinche, supo que aquellos hombres que apestaban a diablos no eran dioses.


Paraísos paralelos

Para Agustín Monsreal
Ella escribe sobre las bellezas marinas. Él, que nunca ha salido de la urbe de concreto, no ceja en su intento de hacerle creer que el mar no existe. Ella sale del ciber café acuático, sacude la cola y se zambulle de lleno en el agua.