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sábado, 1 de abril de 2017

Yobany García Medina



Yobany García Medina (Estado de México, 1988). Es licenciado en Lengua y Literatura Hispánicas, FES-Acatlán (UNAM). Es miembro fundador del Seminario Permanente de Metaficción e Intertextualidad (FES-Acatlán) y ganador del 1er. certamen de minificción Fantástica lascivia, UNAM, DGACU, mayo 2013. Ha participado en diferentes congresos nacionales sobre estudios literarios: I y II Congreso Nacional de Metaficción e Intertextualidad “Nuevos enfoques teóricos” (UNAM, 2014); XII CONELL “Palabras en el tiempo: nuevos espacios, nuevas formas” (BUAP, 2014); II Coloquio de Literatura y Creación. Horizontes: pensar la literatura hoy (UACM, 2015); VIII Necroloquio de Putrefacción Múltiple. Encuentro con Tánatos (UAEM, 2015); I Encuentro Nacional de Estudiantes de Lengua y Literatura Hispánicas (Fes-Acatlán, 2016); y en el I Congreso Interuniversitario de Estudios Literarios y Lingüísticos Silencio, palabra y poder: resonancias en el cuerpo lingüístico y literario, Universidad Autónoma de Yucatán, (Mérida, 2016).
Además, ha publicado en diversas revistas y antologías, entre ellas: Revista La Otra Raíz, Penumbria, Palabrijes, Monolito, Revista Bistró, El Humo, Rojo Siena, Revista Dislexia, Revista Nano: minificción latinoamericana, Primera Página, Nocturnario, Revista Minificción, Revista a Buen Puerto, La Rabia del Axólotl, Moria y Destiempos. En esta última publicó el artículo: “Lo metaficcional en la minificción mexicana. Construcción y funcionamiento de la trama”, Revista de curiosidad cultural, Nº. 43 (febrero - marzo), 2015. Actualmente es profesor del Diplomado en Creación Literaria del Centro de Integración Humanística (CUIH).



La quiromante

Luego de rigurosos años de estudio y de constantes lecturas logró hacerse de una gran fama. Alguna de esas tardes, y después de tantas historias encontradas en las manos de sus clientes, la visitó un hombre con las palmas en blanco. Consternada por no saber qué decirle acerca de su destino, decidió cambiar de carrera y escribió su nombre en la mano de aquel hombre.


El centinela

Hace dos años la conocí, fue amor a primera vista. Esa misma tarde, disimuladamente, rocé sus muslos firmes y morenos apenas con la punta de mis yemas, vestía una minifalda marrón y una blusa negra sin mangas.  No dijo nada y yo sonreí. Teníamos ya una cita. Esa noche, lo recuerdo, cerré apresurado todas las puertas, todas las cortinas y apagué todas las luces. Tomé un par de velas, las encendí y me desnudé y la desnudé. Fue maravilloso. Al día siguiente fui despedido, olvidé acomodar al resto de los maniquíes.


Inducción a la literatura fantástica

Cuando Todorov publicó su novela Introducción a la literatura fantástica, el mundo de las letras colapsó. Tanto fue su impacto que escritores de todo el mundo comenzaron a suicidarse. Otros, los más listos, sólo cambiaron de género literario. Los intelectuales, por su parte, comparaban el suceso con lo ocurrido, anteriormente, a partir de la Teoría del Joven Wherter. Sin embargo, manifestaban que les parecía absurdo, pues ningún escritor respetable debía confundir la ficción con la teoría literaria.


Fenómeno

Allá por el año 1926 un circo itinerante del continente americano tenía como principal atracción a un viejo poeta sordomudo. Esa ocasión, arribaron a un pequeño pueblo de la región sureste donde se instalaron de inmediato. Al día siguiente comenzó la propaganda y esa misma noche se agotaron las entradas para presenciar el espectáculo, pues se rumoraba que el viejo tenía la capacidad de materializar las palabras.
            Así, con el fin de incrementar el morbo de los espectadores, su número se programó para el final de la función. Llegó su turno y la carpa se derramaba de gente. El maestro de ceremonias lo presentó con bombo y platillo, las luces lo alumbraban como un dedo luminoso (como el de Dios) y un silencio solemne invadió el lugar. Entonces comenzó a escribir.
            De pronto, a la tierra se le abrió el hocico y se enraizó de huesos. El poeta, al levantar la mirada encontró el lugar vacío. Enfadado por no haber presenciado una ovación, tomó su libretilla con toda la indignación del mundo y caminó, con la frente en alto, hacia atrás del escenario.


El casi cuento

La habitación está casi vacía, sólo hay en escena un hombre viejo sentado frente a un escritorio con un montón de libros encima. Arriba de aquel hombre se halla una ventana entreabierta, por ese espacio pasa la luz de la luna y ésta apenas ilumina la mano del viejo. La mano casi en automático comienza a escribir.
―Buenas noches. Profiere una voz muy tenue dentro de la habitación.
―¿Quién es? Pregunta el viejo sin despegar la vista del papel. [Está tan acostumbrado a mis interrupciones que no le da importancia al saludo. Nadie contesta a su pregunta y me veo forzado a reformularla].
―¿Eres tú, verdad? El aire empuña los dedos y abre la ventana de un golpe, ésta choca una y otra vez arrítmicamente.
―Nunca más. Una voz replica casi murmurando y el viejo suelta el bolígrafo incrédulo, voltea para todos lados.  [Posa sus ojos en la ventana y espera hallar un pájaro o algo parecido].
―¡Qué original, eso ya lo escribieron! Declara burlonamente. [Me río de su perspicacia mientras lo obligo a preguntar de nuevo].
−¡¿Quién eres?! Su vieja voz se entrecorta de puro coraje. ―Ya no aguanto tus interrupciones, ¡déjame escribir!
―¡Nunca más! La voz arrecia y el papel que está sobre el escritorio cae al suelo, muy lejos de él. [La situación también me intriga].
―¡Oh que la chingada, déjame terminar!─ Grita con suma desesperación.
―¡Nunca más! [No sé de dónde proviene, ni entiendo la insistencia de esa respuesta]. Enseguida, de entre las sombras se estira una mano y recoge el cuento. La luz se calla y la ventana deja de golpetear.
―¡Déjame escribir, cabrón!
Nunca más, el lugar está casi vacío, sólo hay en escena un hombre viejo sentado frente a un escritorio con un montón de libros…


jueves, 21 de julio de 2011

Alejandro Ariceaga (1949-2004)


Alejandro Ariceaga (Toluca, Estado de México, 1949-Barcelona, España, 27 de septiembre 2004). Hizo periodismo cultural desde los 60's (Revista Mexicana de cultura de El Nacional, La cultura en Mexico de Siempre!, El Universal, El Sol de Toluca, Rumbo del Estado de Mexico, cAmbiAvíA, y otros periódicos y revistas). En 1983 funda el Centro Toluqueño de Escritores que coordina durante catorce años. Ha sido Jefe del Departamento de Literatura y Jefe del Departamento de Ediciones del Instituto Mexiquense de Cultura. Entre sus libros publicados están Cuentos alejandrinos (1968), Clima templado (novela, 1983), Ciudad tan bella como cualquiera (relatos, 1983 y 1985), Bustrófedon y otros bichos (cuentos, 1995) y Placeres (textos, 1996). Es autor de las antologías Estado de México, donde nadie permanece. Poesía y narrativa (CNCA, 1990) y Literatura del Estado de Mexico. Cinco siglos, tomos l y II (Gob. del Edo. de Méx., 1993).



Andar de veintiséis a los cuarenta

Pero algo invierte las cosas, como es natural, y uno acaba, a los cuarenta y tantos, persiguiendo a las nínfulas de veinte.
Para decirlo con precisión, me enamoré de una de veintiséis nueve semanas, dos días y algunas horas. Para decirlo de otro modo, se despertó un gato con rabia y me arañaba al mediodía, me arañaba en la tarde y al anochecer se iba a dormir abajo de mi almohada. Era yo ni más ni menos que el retrato de un alma que se volteó al revés, igual que se voltea un calcetín costura afuera.
Ella no era culpable de tener la clase de ojos que me dan cosquillas. A la semana y media ya no me iba gustando: la llevaba en la camisa todo el pinche día, en las arrugas del pantalón, en el reloj y en el páncreas.
Ella no fue culpable de regalarme una mirada y luego dos y luego un gesto que debe ser natural, como dar los buenos días o hablar de dinosaurios, pero que un demente como yo traduce como señal inequívoca de entrega. Y sólo estaba diciendo buenos días y hasta mañana. Lo juro y lo perjuro.
Y al cumplirse dos semanas yo tenía vértigos de impaciencia por sembrarle el hijo que nunca nacería, por mojarle el pecho con mi sudor helado, por llenarle las orejas de historias tontas y falaces.
Antes del mes había renacido el joven que fui trepándose a las bardas y me puse a recordar que Julio Torri se lanzaba en bicicleta en pos de púberes canéforas (por lo menos lo platican) y me sentí de aquella especie en extinción.
A las ocho semanas ardía de fiebre. La buscaba en todas partes y a todas horas y lamentaba que nadie, ni las piedras, nos vieran caminar por esas calles, bajo los cables de luz, por los jardines. Qué sensación de estarse desgajando.
Pero las aguas volvieron a su cauce. La realidad se impuso, como dicen, y ella lo dijo claro, paloma blanca de adiós: eso ya no se puede.
Qué risa y qué chulada, mi noble corazón apasionado.


Nostalgia del nuevo amor

Qué más quisiera yo que amarte igual que se pronuncia qué horas son y se responde son las ocho. Amarte con la naturalidad del que se arroja de un sexto piso y del que pide el periódico en la esquina. Decirte - qué más quisiera - tengo mis labios vacantes de tus labios y mis manos huérfanas de tus senos. No quepo en mis zapatos de tan solo ni me peinan veinte peines de tan triste. Los discos viejos me socorren, de tan menesteroso que parezco, y lanzo mis tristes redes a mis pensamientos oceánicos. Qué más quisiera yo que tú estuvieras para no ponerme siniestro.
Pero alguien se bebió mi corazón a cubetadas. Alguien que se debe estar muriendo de la risa todas las tardes a las cuatro, se llevó mis caricias por costales, me quitó hueso por hueso, ronda la almohada y la moja. Todo se lo llevó: calzones, calcetines, sueños y fantasmas, la basura del alma y hasta el palo de la escoba. No me dejó ni cambio para el metro.
Si tú me quieres, ven, dame la mano, siente mi corazón contra tu pecho y no me digas nada por un rato. Oye mi disco fatal de John Lee Hooker. Bésame locamente hasta sangrar. Sácame lo que puedas y vete sin volver la cabeza. Conoces una parte de la historia y la otra parte jamás te la diré: no tiene caso remover la herida. Si así me quieres, ¡albricias!, llega en silencio y vete cuando quieras. Algo te puedo dar de vez en cuando.


El cuerpo de una mujer

El cuerpo de una mujer tiene de todo: ventanas, comedor y entrada para el coche; tiene cocina y comedor, jardín y azotehuela. Uno quiere Ilegar y estacionarse, mirar los tendederos, hacerse el invitado.
El cuerpo de una mujer tiene jardines atildados: allí pasaron manos querendonas, pusieron colmenares, olores y jugos deliciosos y en el mejor de los sitios un palomar discreto.
Con más razón si es cuerpo alegre, con kilos repartidos en todo rinconcito a la redonda. Uno quiere ser huésped para siempre, andar esos pasillos, besar los alcatraces, poner abono fresco, si se puede.
Los vellos de una mujer también tienen lo suyo y alegran los lugares más precisos; son helechos para la clorofila de los pecados veniales.
El cuerpo de una mujer es casa enorme, castillo medieval, hacienda y rancho: tiene lugares para quedarse quieto, o para no quedarse.
Todo eso he recorrido con estas manos que se han de comer los gusanos, con esta piel de arriba y adelante, de abajo y al costado; con estos pies que sobrevuelan tragaluces; con esta lengua soez que dice y clama y esta saliva y estos...
¡Caray, qué cosas digo!
El cuerpo de una mujer tiene la flama que me enciende, la cantidad de piel, necesaria y suficiente, para clavar los ojos lo mismo que se clavan ―es ejemplo― los cuchillos..., para clavarlos uno basta quedarse bizco y ―¡nunca Dios lo quiera!― hasta quedarse ciego.
Entono unas palabras por un cuerpo de mujer así descrito.
Yo pongo música en la tecla, el corazón, el alma y lo que quieran.
Yo me redimo.
Yo le remato el alma al diablo. Yo me subasto.
¡Ah, si yo quedara ciego, por no mirarlo más, sólo por eso, por eso nada más, me parta un rayo!


Plañidos del vacante

Cuando uno pierde la frecuencia de estar enamorado, está canijo. Hay voces que no sirven para nada, cantos y todo, con vacío.
Cuando uno tiene el amor vacante y no sabe dónde ponerlo, el amor se pone sus ropas olvidadas y se va por ahí, como un soplo que apesta de tan triste, que hasta los zapatos y los cabellos quisieran abandonarlo a uno.
Cuando uno no sirve para poner caricias temblorosas en los hombros, en cada milímetro de piel, en cabellos alterados, está de luto.
Por entonces se le ponen a uno las tardes largas, los ojos brilladores y la sonrisa mortecina. A uno le da fiebre sin querer. Uno quisiera comer bocanadas de sexo. Uno va como nube perseguida, como leche que hierve... Y aunque uno tenga humor sin impaciencias, la cosa no se lleva.
Lo de veras más triste, casi lo peor, es cuando uno tiene la soledad abandonada, y los insectos de la sangre bullen, y los ojos no atinan a poner una mirada firme, y las piernas se oscurecen de abandono, y el pensamiento también abandonado.
Entonces uno debiera convertirse en agua, en gotita veleidosa, en miligramo de rocío, en charco, para soltar una tristeza que humedezca al mundo... Uno debiera ser bostezo de niño, aroma de recién bañada, trino ancestral, pie de espuma, hoja cualquiera...
Y así las cosas, lo mejor es volver a enamorarse, encontrar los ojos que se parezcan al sueño más estrepitoso, y hasta beberse una copa de rompope.
Y esto sucede con frecuencia: uno anda, vale decir, de grito en pecho. Como si no se diera cuenta nadie. Con una esponja inmensa. Sin una sola calma. Una garganta en medio sustrae todo lo que se puede y nada de las costillas, nada de los retazos de piel, ¡nada!, ni la vejiga ofrece resistencia.
Entonces pueden partirlo a uno en pedacitos y uno puede hacer solamente nada: solamente los ojos de uno y algunos pensamientos - casi muy pocos, casi una brizna, un cachito de espina - habrán de hacer recuento. Lo demás ya puede retiñir, hacerse ruido, o una lonja asesina que se divierta a gritos, o un serpentín macabro puede lanzarse al aire. 0 lo que quieran. Y si quieren saber, a veces se anda de punta, el alma convertida en una aguja. Que nadie intente despedazar, entonces, el horizonte de uno (muchos demonios indecentes pudieran protestar). Sólo se va uno abriendo un poco el pecho. Valga la observación.
Lo mejor es cuando uno deposita cargas de amor en un seno caliente. Todo palpita abajo de la piel. El sol, la lluvia, las hojas salpicadas, la tarde, la hora del cine, el trayecto en autobús, todo se muestra en importancia. La sonrisa se le pone a uno en las mejillas, los zapatos brincan solos de tan a gusto. Es una sensación de no Ilevar nada puesto, ni una hormiga. Y entonces sí, señores, señoritas, ciudadanos en general, ¡que se enciendan las luces!, ¡que todo sea en caliente! ¡En momentos así puede tronar el mundo! ¿Qué les puede pasar a dos enamorados?


Ella era un poco mayor

Como en todos, hay en mi vida una mujer catorce años más adelante de mi edad que le chupó la miel a mis diecisiete primaveras. Eso, cuando yo tuve diecisiete primaveras y me preguntaba ¿por qué no diecisiete inviernos, diecisiete demonios, diecisiete cazuelas de mole poblano en cada hueco del hambre?

Hace ya más de veinte años de aquello, cuando yo no pensaba que llegaría la edad en que yo perseguiría a las mujeres con diecisiete años menos de los que ahora tengo. Yo andaba de patalarga, conociendo el esqueleto del mundo y descubriendo los asombros de la vida. Yo miraba mujeres a la orilla del camino y las miraba desde todas las ventanas de entonces. Yo me sentía con el deber de amarlas a todas, y todas se me escapaban como peces sorprendidos, la mitad llenas de lumbre y la mitad llenas de Lorca. Debo decir que yo quise mucho a esa mujer y, como Neruda, ella también me quiso. (Ya no la quiero, es cierto, pero la quise como se quiere a una pieza de pollo cuando las hambres son más cabronas).
Ella supo de mis hambres y de mis placeres, alimentó mi ansiedad por la vida y el estómago arrugado. Le doy las gracias por las once mil maneras en que me dio el placer de conocer, en el suyo, el amor de todas las mujeres. Le agradezco el insomnio y los otros padecimientos. Con ella repasé las calles de una ciudad tan bella como cualquiera. Nobles recuerdos, nada más, como para recalentar la garganta.


Sitio Web: Alejandro Ariceaga

domingo, 12 de junio de 2011

Marco Aurelio Chavezmaya


Marco Aurelio Chavezmaya (7 de agosto de 1960, Metepec, Estado de México; 27 de mayo de 2019, Habana, Cuba). Es narrador y poeta. Entre sus reconocimientos pueden citarse: becario del Centro Toluqueño de Escritores (1983 y 1995), Presea Estado de México Sor Juana Inés de la Cruz, en Lingüística y Literatura (1985); becario del Instituto Nacional de Bellas Artes (1986); Premio Estatal de Narrativa (1986); Presea Metepec en Ciencia y Cultura (1993); triple becario del Fondo Estatal para la Cultura y las Artes del Estado de México; Premio Nacional de Poesía Ivan Suárez Caamal, Campeche (2004); Premio Nacional de Poesía Gilberto Owen Estrada, UAEM (2005); Premio Nacional de Cuento Gregorio Torres Quintero, Colima (2008); Premio Nacional de Poesía, Juegos Florales de San Juan del Río, Querétaro (2008); y Premio Nacional de Cuento Breve Agustín Monsreal, Yucatán (2009) y Premio Hispanoamericano de Poesía para Niños (2009) convocado por la Fundación para las Letras Mexicanas y el Fondo de Cultura Económica por el libro El Niño en su casa del árbol de la vida.
Entre sus libros publicados se encuentran Los amorosos (cuento), 1984, Centro Toluqueño de Escritores; Aquí habita la felicidad (cuento) 1987, UAEM; El león duerme esta noche (cuento) 1992, Instituto Mexiquense de Cultura; Memorias sensuales de Erot Méliés (noveleta), 1996, Centro Toluqueño de Escritores; La carne, la agridulce carne (textos eróticos) edición de autor, 2000; Letras sencillas de amor y desamor (poesía), 2005, UAEM; Estética Unisex (cuento), gobierno de Colima, 2009; Árbol de la vida (poesía), FCE, 2010; y La expulsión del paraíso (cuento), Ficticia, 2011. Ha participado en diversas antologías: Aves nocturnas, Para tu exclusivo placer, de Arturo Trejo Villafuerte, y en el volumen Los mil y un insomnios, Antología del Festival del Cuento Brevísimo del Centro Toluqueño de Escritores.


El candidato incómodo

En un país lejano existió hace muchos años un candidato incómodo a la presidencia de la República.
Fue asesinado.
Años después el gobierno, arrepentido, hizo construir en su honor un parque ecológico con árboles y plantas de todo el mundo y un pequeño lago artificial.
A partir de entonces los candidatos incómodos a la presidencia de la República eran asesinados para promover la construcción de parques, y así conseguir que las nuevas generaciones tuvieran también dónde cultivar su amor por la naturaleza.


Ave, César

Crucé el rubicón de tu miedo. Soy un césar triunfante en las galias de tu lecho. Y me es dado expresar, no sin vanidad, esta frase a mis biógrafos:
Ví, vencí, me vine.


Sección internacional

CHIMPANCÉ QUE HABLA. Tokio, 7 de agosto.―Durante la conferencia sobre primatología celebrada en esta ciudad, ante el asombro de los científicos, un chimpacé que parece comprender el inglés pronunció una frase en este idioma. Se trata de Kinzo, chimpancé enano de 9 años, criado por el profesor Wayne Roberts de la Universidad de Georgia, quien le ha enseñado a entender setenta frases y cien vocablos y afirma que por primera vez en la historia un ser no humano, además de lograr comprender nuestras estructuras gramaticales, es capaz de expresarse fonéticamente. La demostración del simio tuvo lugar en el auditorio del centro de convenciones de esta ciudad. Ante el monumental silencio del público, Kinzo se acercó al micrófono, miró a su criador y entrenador y, tras un moderado esfuerzo, le dijo con una voz perfectamente clara:
¡Suck my dick!
Una prolongada ovación fue la digna clausura del evento.

Don Central

De niño mis únicos amigos eran mis pies: don Derecho y don Izquierdo. Me gustaba correr: órale, don Izquierdo; no te dejes, don Derecho. Los azuzaba para que anduvieran al parejo. Pero cuando llegué a la adolescencia hice amistad con don Central, que vivía más arriba. Yo era un jovencito solitario y mi único amigo era don Central. Bastaba con palmearle un poco la espalda para que él educadamente se levantara; abría entonces su boquita de pescado y murmuraba: ¿Qué tal un segundo de placer, hermano? Yo era incapaz de negarme. Nunca pude decirle que no.


En esa época

En esa ápoca los ciudadanos tenían la costumbre de compartir a su esposa con un amigo querido. Pero a veces el amigo se enamoraba de la esposa y ésta, asimismo, se aficionaba tanto a él que, como solían decir los poetas exquisitos, se enculaba, al grado de que se escondían para encontrarse, y a veces era la oficina de él donde ella acudía pretextando un asunto oficial, pero en la intimidad de los asientos de piel desvelaba su propia piel para que él la tocara y la penetrara, y en otras tardes la humedad y los susurros acontecían en la oficina de ella. Pero ellos eran observados y su relación se sabía, empezando por el ciudadano, que aparentaba no saber, ocupado como estaba en regalar un poquito de ambrosía ―encular― a la esposa de otro ciudadano.
            Y nadie era feliz, aunque en las tardes de fiesta se apuñalaran la espalda unos a otros con palmadas cariñosas.


Nortes

Vibrador atractivo, seminuevo, bien dotado, busca muñeca inflable hetero, homo o bis para relación sin compromiso. Ofrezco placer a tope, discreción e higiene. Viudas con imaginación, abstenerse. Parejas de consoladores, bienvenidas para formar tríos.


Silencio de sordomudo

―Cuando toqué su clítoris con la punta de la lengua, ella dijo mi nombre ―aseguró uno de ellos.
            En la habitación del hotel donde se había desarrollado la despedida de soltero, entre las pesadas cortinas de la ventana, se colaba una franja de sol.
            ―En cambio yo ―repuso otro―, cuando nombré su punta, ella clitoreó mi lengua.
            ―Pero lo mío resultó mejor ―dijo un tercero―: cuando yo clitoreé su nombre, ella lenguó mi punta.
            El cuarto hombre era sordomudo y, cuando le preguntaron con señas cómo le había ido, dibujó una sonrisa de fauno. Sólo él, dueño de su silencio, enmielado en el recuerdo de su placer, podía saber cuán hábiles habían sido su lengua y sus dedos la noche anterior.  Y se sintió extrañamente feliz pensando en su futura vida de casado.


Sitio web:  chavezmaya 

martes, 22 de marzo de 2011

Abelardo Hernández Millán (1945-2013)


Originario de San Gabriel Zepayautla, municipio de Tenancingo, Estado de México, México.

Narrador. Obtuvo el Premio de Cuento Breve convocado por el Centro Toluqueño de Escritores en el año 2000. Algunos de sus cuentos están incluidos en Mar de palabras (Francisco Javier Estrada, 2002) y antologados en Antología del Centro Toluqueño de Escritores, 1983-2000 (Enrique Garciamoreno Chávez y Reynaldo Fernández González, 2002) y Los mil y un insomnios (CTE, 2006). Su libro Cuentos breves ha sido publicado (34 mil ejemplares) por la Comisión Nacional  de Libros de Texto Gratuitos (2008) y se encuentra distribuido en todas las bibliotecas de las escuelas secundarias del país. En mayo de 2008 apareció su libro de cuentos Juegos para armar. En octubre de 2008 fue publicado el libro de poesía 6 a las 9, en coautoría con otros cinco escritores. La antología Cuentos del sótano II (noviembre de 2010) incluye un cuento suyo. El libro México lindo y querido. Reunión actual de la poesía mexicana con causa (Universidad Autónoma de Nuevo León, 2011) recoge tres textos de su autoría. En el año 2012 aparecieron publicados los libros Átomos literarios (cuento brevísimo) y Espiral de tintero (poesía), en coautoría con otros escritores mexiquenses.

Durante diez años consecutivos participó en eventos literarios organizados por la Unión Nacional de Escritores y Artistas Cubanos (UNEAC) y, durante 11 años consecutivos, en el Festival Internacional de Cuento Brevísimo que realiza el Centro Toluqueño de Escritores. Coadyuvó a la edición de doce libros de poetas cubanos, así como de varios números de La Hoja Murmurante de escritores chiapanecos.

Fue coordinador del Taller de Cuento Brevísimo (Centro Toluqueño de Escritores, 2004), del Taller Literario Urawa (2010-2012). Actualmente coordinaba el Taller-Tertulia de Literatura y Cultura en Malinalco Estado de México (2012).


Narrador de cuentos brevísimos. Publicó tres libros sobre el género (2000, 2008 y 2012); obtuvo un premio regional (2001) y uno nacional (2008). Varios de sus textos se encuentran incluidos en diversas antologías. Un texto suyo apareció en El libro de los seres no imaginarios (minibichario), en 2012, y otro en Alebrije de palabras: Escritores Mexicanos en breve, en 2013. Fue coautor en dos libros de poesía (2008 y 2012) y coordinador de varios talleres de Literatura.



Impaciencia

¿Por qué no vienen? Tal vez están demasiado ocupados en sus conversaciones profesionales; o quizá se encuentran absortos en alguna plática de su interés. El caso es que no se apuran; y yo aquí esperándolos desde hace como tres horas. O a la mejor no vienen porque consideran que no vale la pena tratar asuntos conmigo, a fin de cuentas un desconocido que no representa nada para ellos. Claro se ve que no tienen prisa. Es cierto que nunca destaqué en ningún oficio ni fui persona influyente pero… vaya, por fin escucho los pasos del doctor y de su ayudante; ya se acercan hasta donde me encuentro tendido en espera de que me practiquen la autopsia.


Socialismo real

Sergio y Raúl son hermanos gemelos. El primero vivía en Miami y el segundo en La Habana. Una prohibición gubernamental les había impedido, durante largos años, encontrarse de nuevo en la isla. Un día la situación cambió. Sergio decidió visitar a Raúl. Después de varios días de convivencia, éste propuso: chico, seré yo quien regrese a Miami, pues quiero conocer los Estados Unidos; luego solicitaré permiso para regresar a La Habana y entonces tú volverás a Miami con tu esposa y tus hijos. Convenido, dijo Sergio.
Descubierto el ardid, el gobierno cubano resolvió impedir el retorno de Raúl a Cuba, quien se quedó a vivir en Miami, con casa, esposa e hijos nuevos; mientras Sergio permanece en La Habana, ocupado en construir una balsa que lo lleve a Miami.


Reencuentro

Después de años sin saber de ella, encontró a su primera novia deambulando por las calles de La Merced, maquillada, en minifalda, con mallas oscuras y zapatos de tacón alto; no se le ocurrió más que decirle: me da mucho gusto encontrarte vivita y culeando.


Urbe

De común acuerdo, la pareja de ancianos había cambiado su residencia a la gran ciudad capital, para disfrutar sus últimos años de vida. “Cómo iremos a morir” se preguntaban uno al otro con inocente y morbosa frecuencia. “Nos atropellará un tranvía”, opinaba él entre alegre y aprensivo. “Nos caeremos de la escalera”, comentaba ella con voz juguetona y triste. Luego parecían olvidarse del asunto y seguían cumpliendo las tareas de su rutina cotidiana. La asesina serial conocida como la “mataviejitos” se encargó de dar respuesta a todas sus preguntas.


En la selva

Esa noche, el grupo de turistas rodeaba la fogata junto con algunos indios lacandones que los habían guiado en el recorrido vespertino. Las brasas crepitaban entre el prolongado silencio. Presidía la reunión el más viejo de la tribu. De pronto un lacandón joven se puso de pie y, con el entrecejo fruncido, dirigió su mirada hacia un horizonte invisible y olfateó con avidez entre aromas de humo y carne asada. “Ahorita vengo”, dijo. Extrañado, alguien del grupo preguntó al viejo lacandón de qué se trataba. Luego de un instante respondió: “escuchó el trote de un pequeño venado y salió a cazarlo”. Algunos integrantes del tour se asombraron con la respuesta; otros la tomaron con recelo. Todos quedaron estupefactos cuando, al cabo de un rato, el joven cazador regresó con un venadito cargado sobre sus hombros y lleno de flechas clavadas en el cuerpo. No sabiendo cómo retribuir la consumación de tal hazaña, los viajeros se apresuraron a reunir más dinero en agradecimiento por la gran lección de Historia ahí manifestada. “Es como si nos hubiéramos trasladado a la época en la cual la caza era tarea principal de sobrevivencia”, exclamó uno de ellos; “nadie me va a creer cuando platique lo que hoy aquí hemos presenciado”, dijo otro. Luego se retiraron a dormir entre comentarios de entusiasmo suscitados por el gran acontecimiento. No escucharon cuando, satisfecho, el lacandón viejo dijo al joven en voz baja: “lleva otra vez el cervatillo al escondite secreto, arregla las flechas de nuevo y no se te olvide ponerle más hielo para conservarlo en buen estado”.

domingo, 6 de febrero de 2011

Alberto Chimal


Alberto Chimal (Toluca, México, 1970) es maestro en Literatura Comparada por la Universidad Nacional Autónoma de México e imparte cursos en la Universidad Iberoamericana y la Escuela de Escritores de la SOGEM. Es autor de más de una docena de libros de narrativa, ensayo y dramaturgia; y coordinador de talleres literarios. Su obra ha sido traducida al inglés, francés, italiano, húngaro y esperanto. En 2007 ingresó en el Sistema Nacional de Creadores de Arte en México. Entre sus libros de cuento se encuentran Gente de mundo (1998, reeditado en 2001),  El país de los hablistas (2001), Grey (ERA, 2006) y La ciudad imaginada (Libros Magenta 2009). Su novela Los esclavos (2009) fue bien acogida por el público y la crítica. Entre los reconocimientos recibidos destaca el Premio Nacional de Cuento San Luis Potosí en 2002 por Éstos son los días; ha obtenido también los premios nacionales de cuento “Nezahualcóyotl” (1996), “Benemérito de América” (1998) y “Kalpa” (1999), así como el de narrativa “Sizigias” (2001 y 2005) y la beca para Jóvenes Creadores (1997-98) del Fondo Nacional para la Cultura y las Artes. Asimismo, la obra de Alberto Chimal ha aparecido en diversas antologías como Grandes Hits vol. 1 (2008), Nuevas voces de la narrativa mexicana (2003), Los mejores cuentos mexicanos (2000 y 2001), Ciudadanos de Ficticia (2001), entre otras. Ha colaborado también en las revistas Letras Libres, Quimera, Replicante, Laberinto, entre muchas más. En 2002, fue artista residente en el Banff Centre for the Arts en Canadá.



Tao

A las diez, preocupada, Mamá piensa en su hija: la ve bailar y retorcerse como una loca por quién sabe qué antros y para qué hombres. Como en Babilonia. Seguro se les desnuda: seguro se les entrega y les hace movimientos lascivos y quién sabe qué otras cosas horrendas…
            A las diez, preocupada, la hija piensa en Mamá: la ve bailar y retorcerse como una loca por el salón del culto. ¿Y para qué? Choca con la pared que da al taller mecánico, con la otra pared, cae al piso junto a quién sabe quién. Seguro canta, o grita: seguro está convencida de que se entrega al Señor…


De la alianza

El menor tenía el don de curar por la fe y sus manos sanaban, como por milagro, las heridas más graves. El mayor tenía fuerza sobrehumana en los puños, que empleaba para darle clientes a su hermano.


Escándalo

Un cortaúñas, en profundo trance hipnótico, habló de pronto con voz de barítono. Reveló haber sido ―reencarnación― San Tino Craso, también llamado el Fuerte.
            ―¡Absurdo! ―estalla el padre Lida, consultado―. Tino Craso es una persona viva, yo lo conozco, es un actor de películas… ―pero la última palabra no la dice, y se queda así, con los labios juntos y contraídos, mirando a un lado y luego al otro.


Panadería

El dueño sale de la iglesia, trabaja toda la noche, vuelve a casa y duerme contento. Jesús, bien lo sabe, multiplica a los hombres.

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