martes, 20 de agosto de 2019

Guillermina Cuevas Peña



Guillermina Cuevas Peña nació en el estado de Colima. A lo largo de su carrera literaria ha publicado en muchas revistas como Cortapacios y La Media Luna. Es una de las escritoras más importantes de su estado. En 2002 recibió el premio colimense de Narrativa “Gregorio Torres Quintero” por su libro de cuentos Pilas o las espirales del tiempo. En 2007 el Congreso de Colima le rindió homenaje en el campo de las letras y le entregó la presea Griselda Álvarez Ponce de León. Libros publicados: Ya floreció la Vainilla (2016), Dulce y Prehistórico Animal (2012), Apocryphal Blues (2003), Pilas o las espirales del tiempo (2002), De ásperos bordes (1998), Del fuego y sus fervores (1996) y Piel de la Memoria (1995).



El tendón del alma

Iba con Avelino en un automóvil pequeño. Era un tráfico pesado y lento y todos los automóviles eran iguales pero en diferentes colores. En el piso de la parte posterior se escuchaban las voces de dos niños jugando a la fusión de moléculas con sus muñecos superpoderosos, uno era de fuego, decían, otro de piedra, y ganaban batallas y cruzaban el hiperespacio. Yo estaba muy ocupada buscando en un enorme directorio telefónico el número de una línea de autobuses porque en este sueño tenía que viajar y le decía a Avelino que el boleto costaba 43 pesos menos y él conducía con la misma brusquedad y precisión que los otros automovilistas y apenas me contestaba que sí, que los boletos costaban menos en esa línea de autobuses. Repentinamente otro escenario, escaleras que llevaban a un edificio público, columnas como de un teatro en Guanajuato o en San Luis Potosí. Yo subiendo, con mi enorme directorio telefónico y luego la abrupta irrupción de un toro miniatura, un torito negro y peludo que me obligaba a detenerme, a sentarme para evitar el peligro. Escuché que alguien dijo “mira el pitonón del toro”. Esperé hasta que dejó de perseguirme y bajó la escalera para adentrarse en el parque donde tres o  cuatro perros lo esperaban. En la entrada del edificio una muchacha me recibía llorando, maestra, me decía, en la oficina alguien está herido de muerte y yo le contestaba, pronto llegará la ayuda, no te angusties. Entramos al edificio y, sobre un escritorio, agonizante, pálido, estaba el herido de muerte. La muchacha llorosa que me recibió en la entrada me dijo en voz baja, nadie puede ayudarlo, tiene el pecho abierto y puede verse el tendón del alma. Cuando desperté eran ya las once de la mañana, me dolían los ojos, tenía sed y aunque ninguna herida había en mi pecho sentía muy lastimado el tendón de mi alma.


Cielo con pájaros

Anoche el Distrito Federal, el Paseo de la Reforma. Iba con Victorioso. El vestía un saco a cuadros en negro y café,  un morral de piel café y sombrero del mismo color. Yo llevaba, con preocupación, a Tinitongo de la mano y caminábamos de prisa porque una lluvia pertinaz nos amenazaba. En las primeras cuadras vimos a las prostitutas dramáticas, una de ellas con un vestido antiguo en satín azul, con los labios rojísimos, otra como Irma la dulce, con medias verdes y zapatos dorados de tacón muy alto, luego mucha gente, mujeres viejas de aspecto extranjero comprando artesanías. Victorioso me dijo que esas tiendas eran muy caras, que él conocía otras muy cerca, unos arcones dijo, que vendían productos baratos y allá nos dirigimos y a la vuelta de la esquina era ya otro escenario, una calle estrecha, un pequeño  parque y un café donde los clientes leían todos el mismo periódico. Tinitongo tenía hambre y en un puesto ambulante le compré un jugo de naranja. Súbitamente la lluvia cesó. El cielo comenzó a iluminarse y una nube enorme y violenta se movía  con velocidad inusitada, al principio era azul plúmbago y tenía destellos rojos, luego se tornó verde con manchas en color naranja. En la calle la gente observaba con fascinación. Pero no era ya una nube vaporosa, eran miles de pájaros verdes con alas rojas. Cuatro de ellos bajaron hasta el pequeño parque y comenzaron a comer el maíz que una anciana arrojaba a las palomas. Victorioso dijo, vamos a correr esos pájaros a patadas y Tinitongo dijo, yo también quiero patearles el trasero. Un cliente del café salió con su periódico doblado bajo el brazo y exclamó: estos cochinos pájaros nos han llenado la ciudad de caca.
Como las alas rojas de pájaros en mi sueño, la máquina rechaza las siguientes palabras. Tinitongo, prostitutas, plúmbago y caca.


Summer time

Andaba yo con Will Smith en el este de Los Ángeles. Vestido él con extrema sencillez, una camisa a cuadros en verde y café, un pantalón viejo de mezclilla y zapatos con suela de goma muy gastados. Atento y protector me llevaba del brazo a un cine inconcluso, una construcción muy rústica, como dicen los arquitectos, todavía en obra negra. Había muchos migrantes mexicanos pero el actor hablaba conmigo en inglés y yo le repetía: Don’t leave me alone, please y el me respondía, Don’t worry, I will take care of you. Me trajo luego una hamburguesa de medio kilo y un chocolate milky way y se fue para atender a un grupo de orientales que gesticulaban con vehemencia. En el cine inconcluso se presentaba una obra de teatro con tres personajes, una mujer gorda y pelirroja, una muchacha de piernas muy largas y un hombre maduro montado en una bicicleta amarilla, fosforescente. Había en el ambiente un intenso olor a incienso de canela. Will Smith desapareció y yo me quedé en un tianguis donde se vendían productos mexicanos y, muy desorientada, llegué  hasta una habitación llena de niños que saltaban sobre colchones de plástico. Alguien abrió la puerta y me dijo, maestra, le encargo a los niños, tenemos una junta urgente de comerciantes en pequeño. Creo que lloré, me veía con un rollo de papel sanitario secando mis lágrimas. La siguiente imagen fue en un autobús de Grayhound, un hotel pequeño y una habitación en el tercer piso con ventana hacia una calle oscura y desierta. Sobre la cama individual encontré un sobre blanco. Había en él un billete de veinte dólares y una tarjeta de presentación en la que leí: Will Smith, Asesor de migrantes en desventura. Al reverso, una nota que decía: “I will take care of you in the summer time, please don’t worry”.


Ganaron las Chivas

Sucedió tal vez en Guadalajara. En la sala de una casa se habían reunido unas 20 personas para ver un partido de futbol o una pelea de box. Yo estaba sentada en una silla blanca de plástico, alguien me ofrecía pepinos con chile, limón y sal. De pronto un grito  que se ahogaba con el ruido de una sirena de policía. Huyendo sin saber porqué me refugié en un taller mecánico. En la densa oscuridad, casi al borde del desmayo, dos perros mordían mis tobillos. No sentía dolor, sólo la sensación de algo viscoso. Inmóvil y aterrada permanecí hasta que la luz del amanecer me permitió ver a los dos perros que me impedían moverme. Un pastor alemán color capuchino era el más feroz, la sustancia viscosa que percibí toda la noche salía de su enorme hocico, era una espuma verde amarillenta. Luego se transformó en hombre, un hombre alto, con marcas de acné. Me dijo que ya no había peligro, que la policía se había retirado y que yo estaba a salvo. El otro perro era apenas un cachorro. Dejó de morderme, se metió debajo de un automóvil sin pintura y se durmió inmediatamente. Salí de ese lugar y en la calle no había rastros de algún suceso inusitado. Un muchacho en bicicleta iba gritando “Ganaron las Chivas, cabrones, hijos de su chingada madre”. Me dolía el estómago, sentía náuseas y pensé, me hizo daño el pepino con chile.


La pradera

Fue otra de esas chambas gratuitas pero muy gratificantes. Me encargaron la atención del escritor invitado y, con gran esmero, cumplí esta misión. Estuve con él desde el desayuno hasta la ceremonia en la que recibió la condecoración. El problema surgió cuando otro escritor, invitado por otra institución, manifestó su deseo de acompañar al primero para celebrar el éxito de ambos. Yo cargaba las almohadas blancas que me regalaron en el Congreso del Estado. Media docena de almohadas con el logotipo de la quincuagésima legislatura y mi nombre bordado en hilo dorado eran una carga molesta, casi vergonzante. Un taxista se ofreció a llevarlas hasta mi casa y yo le di una propina por su amable servicio. Los congresistas sesionaron en ropa interior, cómodamente recostados en colchones individuales y el escritor premiado pensó que lo hacían por el intenso calor y no quiso hacer más comentarios al respecto. Fuimos al bar La pradera pensando que en ese lugar encontraríamos un poco de esparcimiento pero había un evento especial y, otra vez, les vimos la cara a los mismos personajes que habían asistido a la ceremonia. Esto es inaceptable, dijeron en coro los dos escritores invitados, de no ser por las edecanes que están tan buenas, me quejaría ante la autoridades federales. Marco y René decidieron quedarse y todo el séquito les aplaudió y hasta declamaron el brindis del bohemio y se emborracharon. A las tres de la mañana los llevaron a su hotel en una camioneta oficial y los organizadores de la fiesta dijeron que muy simpáticos los escritores, que nada presumidos y muy bailadores, que así debían de ser todos, que la próxima vez que vinieran también les regalarían almohadas blancas con su nombre bordado en hilo de oro.


viernes, 5 de julio de 2019

Paulo Verdín



Paulo Verdín (Guadalajara, Jalisco, 1978). Es licenciado en Derecho y en Letras Hispánicas por la Universidad de Guadalajara. También es maestro en Literatura Mexicana por la misma casa de estudios. Ha participado en diversas antologías literarias nacionales e internacionales: El microcuento en el lenguaje radiofónico: análisis de sus formas discursivas (2012), Poquito porque es bendito (2013), Minificcionario de amor, locura y muerte (2013), Ambiente reflexivo. Escritura que inspira conciencias (2014), Internacional microcuentista. Revista de lo breve (2015), Vamos al circo. Minificción Hispanoamericana (2016), Plesiosaurio. Primera revista de ficción breve peruana (2016), Cortocircuito. Fusiones en la minificción (2017), Hemisferios: Alianzas de la táctica a la práctica (2017), Antología de microrrelatos policiales (2017) y Para comerte mejor (Caperucita roja a través de los siglos) (2019). Estudia el doctorado en Humanidades de la Universidad de Guadalajara y coordina la editorial de textos breves Effictio Editores. Twitter: @PauloVerdin



Se busca

Mató a su niño interior con el nudo de su corbata. Recompensa: sueldo inicial base y prestaciones de ley.


Las mil y una noches: la microserie

I
Su insomnio era tan grande, que en vez de contar borregos, contaba noches.

II
Estaba cansado de cuentos: “que si esto, que si lo otro, que si los niños, que si el dinero...” El sultán nunca entendió a Sherezade.

III
“Todos los hombres son iguales, nunca escuchan”, pensó para sus adentros Sherezade, mientras repetía otra vez la misma historia.

IV
“Me gustas cuando callas”, dijo el sultán a Sherezade en la mil y dos noches.

V
“¡Esos son puros cuentos!”, gritó el sultán iracundo, “exijo que me digas con quién estuviste esas mil y una noches”.


Apocalipsis creativo

Cierro la ventana para imaginar historias. Sufro. Mis personajes siguen borrosos, sucios, empañados, sin tener vida. La contaminación los ha alcanzado.


Cuauhtémoc

Todo estaba perfectamente planeado: el aceite hirviendo, las brasas al rojo vivo, la quema de los pies, también un confesor. El tesoro de Moctezuma finalmente sería suyo, pero falló algo, se olvidaron de llevar un traductor.


—Me quiere… no me quiere… me quiere…

Al desprender la última hoja, descubrió con gran tristeza, que no era cierto lo que decían sobre el trébol de cuatro hojas.


viernes, 31 de mayo de 2019

Perla C. Hermosillo


Es doctora en Educación, maestra en Literatura Mexicana y licenciada en Letras Hispánicas por la Universidad de Guadalajara. Sus minificciones han sido publicadas en los libros Resonancias (2018), Corto circuito. Fusiones de la minificción (2017), Vamos al circo. Minificción hispanoamericana (2017), Dispara usted o disparo yo. Antología de microrrelatos policiales (2017), Hemisferios: alianzas de la táctica a la práctica (2017), Ambiente Reflexivo. Escritura que inspira conciencias (2014), Ballenas en hormigueros. Antología hispanoamericana de minificción (2014), Poquito porque es bendito. Antología de microcuentos y cuentos breves (2013) y Minificcionario de amor, locura y muerte (2013). Dirige la empresa editorial Effictio editores y es profesora en el Centro Universitario de los Valles de la Universidad de Guadalajara y en el Instituto de Estudios Superiores de Occidente (ITESO). Twitter: @HermosilloPerla



Lección de vida

Su amiga hacía todo mal: se involucraba con hombres inestables o casados; comía frituras en exceso y luego se quejaba de su gordura; quería controlar la vida de los demás y sufría de dependencia emocional con la gente que la rodeaba. Un buen día, cuando le estaba dando clases de control de crisis a su querida compañera, se dio cuenta que, en realidad, se encontraba hablándose a sí misma frente al espejo.
Resonancias, 2018


Acrobacias

Las miradas iban y venían al compás del trapecista que se mecía con placidez en las alturas. Todos dejaron de comer palomitas cuando el hombre hizo un extraordinario salto para colgar de cabeza. Terminó su participación con una asombrosa pirueta. El público se puso de pie entre una exclamación de asombro al unísono. Los aplausos eran interminables.
Los niños salieron sonriendo, entre murmullos y efusivas expresiones de satisfacción. Nunca antes habían disfrutado tanto de la función que se representaba para ellos cada lunes en la escuela. Esta vez los títeres habían estado espectaculares.
Vamos al circo. Minificción hispanoamericana, 2017


Gajes del oficio

Directora: Fernanda Siniestrosa
Actores: Daniel de la Muerte, Ernesto Matamoros
País: México
Sinopsis: Un pueblo pierde la tranquilidad repentinamente. De las tumbas del antiguo cementerio emergen cuerpos putrefactos que se dirigen hacia las casas en busca de carne fresca. Arrastran pesadamente los pies y se les caen algunas extremidades en su trayecto. Un zombi se detiene a mitad del camino. Se queda inmóvil. Se arranca la máscara y la observa con curiosidad. El director se enfurece ante la actitud del actor, quien, después de diez tomas de la misma escena, prefiere retirarse tranquilamente a su camerino para maquillarse. Todos los involucrados en la filmación de esa película entenderán que el poder de la vanidad es parte del oficio.
Cortocircuito. Fusiones de la minificción, 2017


Diálogo en la oficina

—¿Cuáles son las pistas? —pregunta el detective.
Su compañera se levanta del escritorio y busca la información en el archivero. Él la mira con atención. Le gustan sus tacones negros que lucen sensuales en sus pequeños pies. Ese traje gris delinea su silueta a la perfección, aunque su falda no tiene bastilla. Lo que más le fascina son sus manos, muestra de una delicadeza exquisita. Nota una ligera mancha azul en su dedo índice.
— Una pisada, un hilo y una nota suicida, responde la detective.
—¿La huella en la tierra es aproximadamente del número 3?
—Sí
—¿El hilo es de color gris?
—Sí
—¿La nota está escrita con tinta azul?
—Sí
Los dos detectives se miran a los ojos unos segundos. Ágatha le descarga la pistola en el pecho. Orgullosa, sonríe: esta vez superó a Poirot.
Dispara usted o disparo yo. Antología de microrrelatos policiales, 2017


Cenicienta

El hada madrina convirtió sus harapos en un hermoso vestido de encajes blancos. Acomodó sus cabellos maltratados en un elegante peinado alto y adornó su cuello con bellísimos diamantes. Lo más precioso de todo el atuendo eran las zapatillas de cristal. Estaba lista para ir al baile en esa cálida noche de primavera. El imponente carruaje y los majestuosos corceles avanzaban a paso veloz hacia el palacio cuando una horrible tormenta comenzó a caer en el bosque. Antes de que las ruedas se atascaran en el lodo, se refugiaron en las ruinas de una cabaña. La tormenta se transformó en una atroz granizada, luego una inundación arrasó con todo a su paso. El reloj marcó la medianoche. Al verse en harapos arriba de un árbol, la calabaza hecha pedazos y cuatro ratones muertos flotando en el agua, Cenicienta maldijo, desde el fondo de su corazón, el calentamiento global.
Hemisferios: alianzas de la táctica a la práctica, 2017