miércoles, 6 de octubre de 2021

Liliana Guadalupe Espinoza Tobón




Liliana Guadalupe Espinoza Tobón (29 de mayo de 1981, Tehuacán, Puebla). Estudió Lingüística y Literatura Hispánica en la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla, BUAP. Se ha dedicado a colaborar en Organizaciones de la sociedad Civil en comunidades rurales de la Mixteca Poblana y Sierra Negra del estado de Puebla; desarrollando proyectos de derechos humanos, derechos de niños y niñas, difusión cultural, proyectos productivos para mujeres en situaciones de violencia.

Ha participado en publicaciones sobre violencia de género a nivel nacional en México “Factores que producen y reproducen la violencia de género” 2012, por el Observatorio de Violencia Social y de Género de la Universidad Iberoamericana, Puebla, en colaboración con la CONAVIM.

Está considerada en el libro de minificción Resonancias (BUAP, México, 2019), en la revista electrónica Coyolxauhqui (México, 2020); Alquimia Literaria (Madrid, España, 2021), en el espacio Mi Habitación artes literarias (México, 2021). Es miembro del Colectivo Minificcionistas Mexicanas.

 

 

 

Catarsis

 

Quizás en un futuro los pensamientos se proyecten en el cielo, como en una pantalla gigante, y así podríamos ver que estamos desbordados de desidia; de tanta que nos enmascara y nos hace codiciar lo que no tenemos. Lo que no nos pertenece y que quizás esa sea, al final, la manera más violenta de autoaniquilarnos.

Ese pensamiento catártico apresaba al soldado espacial, antes de subirse a su nave, después de abatir la especie de otro planeta.

 

 

Política exterior

 

La frontera, una línea que divide la misma piel.

 

 

Toc

 

Abrir y cerrar puertas. Subir y bajar escaleras. Peinarse y despeinarse. Ponerse la ropa y quitarse la ropa. Levantarse y sentarse. Atar y desatar las agujetas. Apretar las manos y desapretar. Lavar las manos una y otra vez. Caminar y regresar los pasos. Todas las veces necesarias hasta lograr bloquear los pensamientos negativos. A esto el psicólogo lo diagnosticó como trastornos obsesivo compulsivo y el psiquiatra se unió con una dotación puntual de medicamento. Yo sólo digo que es miedo.

 

 

Neurotransmisor

 

Movidas por una fuerza ajena, las pequeñas piedras ruedan, rebotando sus amorfos cuerpos terráqueos. Entre ellas emergen persistentes, abriéndose paso en la búsqueda de algo, unas antenas alargadas y firmes, sigilosas giran lentamente, hasta que de pronto algo las detiene. Al fin detectan algo, al instante rompiendo la guarida y siguiendo la ruta que marcan, la cucaracha brinca al exterior. Motivada como una gran corredora aproximándose a la meta, se abalanza ante aquello; lo cual no es otra cosa que un pedazo enmohecido de alimento; que algún humano habría dejado antes de que su sin razón, su ira y su codicia estúpida y violentamente lo extinguiera.

 

 

La ceiba

 

En medio de un bosque tropical, una mujer abraza una gran ceiba. Cierra los ojos y evoca el recuerdo. En ese mismo lugar una niña antes de partir, acaricia la tierra con sus pequeñas manos, forja en ella un hueco, de su pecho saca una semilla y besándola con amor puro la siembra. En sus ojos se refleja una niñez amarga y llora; bañando esa siembra que simboliza su esperanza.

Desbordada solloza por esa niñez vivida en el encierro, como golondrina trina al viento por todo el maltrato vivido desde los primeros años, por los golpes recibidos por cuestionar la costumbre familiar, por querer solo ser y sentirse libre; ajena a esa costumbre.

La niña con sus manos trémulas toca las cicatrices en su piel y se abraza como consolando su espíritu; conmemora los castigos, la culpa atribuida, los golpes y la tortura. La represión constante por no querer ceder ante esos moldes rigurosos de aprender a ser una buena mujer, hábil en las labores del hogar, discreta, sumisa e inmóvil.

Atrapada en el miedo, la hicieron sentirse culpable ante sus pensamientos, ante su deseo inmenso de querer ser diferente, el gustarse al mirarse al espejo, por querer estudiar, pintar, cantar y reír. Bajo esa opresión la prepararon para la obediencia, dejar de ser ella para ser un objeto valioso en exhibición.

Esa noche marco la diferencia sabía que su valioso valor había llegado a penas a sus doce años, pues un hombre dejo en la puerta de su casa un par de vacas. Al fin la primera hija de siete daría frutos. Al ver aquello, la incertidumbre sobre su destino la apresaban y sintiendo una tempestad por dentro decidió huir.

Entro a la casa miro a sus hermanas y se despidió en silencio. El momento de partir había llegado, no podía quedarse a vivir más de aquello. Tomo lo que pudo y afronto romper ese laberinto. Corrió hacia la orilla del pueblo, desenfrenada y loca como habitualmente la llamaban, corrió porque su espíritu rebelde tenía que sentirse libre, corrió porque ese grillete que le apresaba los pies tenía que romperse, corrió con la esperanza a cuestas de que su vida tenía que ser algo más que una condena anunciada.

A lo lejos iluminada por la luna en medio de la penumbra, una ceiba parecía mostrarle el camino. Era la ceiba a la cual siempre trepaba hasta lo alto de sus ramas, para vislumbrar la libertad. Ella entonces quería ser entonces como la ceiba crecer a su gusto, ampliar sus raíces y ramas entre el espacio mirando la vida en plenitud. Ella se sabía rebelde y a pesar de la opresión se sabía valiosa, tenía que ver más allá que esas pequeñas ventanas de una casa por las que acostumbraban a mirar las mujeres de su pueblo.

Antes de marchar quiso sembrar en esa tierra algo buena y limpia, como promesa de libertad. Tratando de trascender en el tiempo, a pesar de la distancia, del vaivén de la vida, de la inmensidad de la ausencia.

Hoy regresa la mujer que prometiera romper las cadenas, regresa maestra, pintora y con la misma fuerza. Ayudada por otras mujeres que abrazaron sonoras sus ideales, sus sueños hasta que lograra alcanzarlos. Ahora regresa protectora y solidaria para liberar a las demás.

lunes, 26 de julio de 2021

Alejandro Flores Hernández


 

Alejandro Flores Molina (Ciudad de México, 1989) estudió la licenciatura en Lengua y Literatura Hispánicas en la FES Acatlán. Su primer libro Contemplaciones desde el tuétano apareció en el 2020 bajo el sello editorial de Libros del fresno. Es miembro del consejo editorial de la editorial Corazón de diablo. Sus textos han aparecido en las revistas De-lirio, Tema y variaciones de Literatura #53 de la UAM y en las revistas electrónicas Caracola Magazine y Revista Tabaquería en donde mantiene la columna mensual Senderos de la brevedad.

 

 

 

Ventana

 

Los vidrios están tristes. Necesitan la lluvia más que las plantas. Cada gota sobre ellos la viven como una lágrima. Como si esas pequeñas partículas acudieran a su dolor para ser lloradas por ellos. Ojalá no tarden las lluvias. También las necesito.

 

 

Trinidad falible

A Leslye Zamorano

 

—Hablar con dios es imposible. No hemos podido arreglar nuestras diferencias por su culpa —se quejó el diablo.

—¿Por qué lo dice, señor?

—Porque, dios padre, dios hijo y dios espíritu santo hablan al mismo tiempo y no se les entiende nada.

 

 

Libertad enjaulada

 

La última vez que visité a mi abuelita entristecí. Me mostró su nueva adquisición: un hermoso ejemplar de picogordo tigrillo.

—No, abue. Las aves tienen que ser libres.

—Pero tu tío no me deja tener nada. Me regaló mis pipilitos, mi borrega, mis conejos y mis gallinas. Que porque, según, no los cuido. Y mis pobres perros me los fue a abandonar al monte, el cabrón. Además, escucha qué hermoso canta.

Mientras todos dormían sentí la obligación de liberar al ave. Me miró acostada en su nido sin moverse.

—¿Por qué no te vas? —susurré.

—¿No escuchaste? Soy lo único que queda de la libertad de tu abuela. Déjame dormir. Mañana tengo mucho que cantar.

 

 

La niña del durazno

A Yarubi Domínguez

 

En el metro se me acercó la pequeña indigente y me pidió dinero. Le di el durazno que mi mamá me pone, y siempre tiro porque se aplasta en mi mochila. Se tiró en el suelo y mordió la fruta. El placer de su cara y la avidez con que lo devoró, después del primer mordisco, me conmovieron. Al terminarlo, se guardó el huesito en la bolsa y se fue a otro vagón. Al día siguiente llevé dos duraznos, pero no la vi y no he vuelto a verla. Desde entonces ya no tiro los duraznos.

 

 

La guerra de los espejos

 

Los ejércitos se hallaban frente a frente. Nadie supo qué lado comenzó el ataque. Las esquirlas salpicaban a los contrincantes que, asustados y confundidos, se miraban estrellados por el arma del rival. Al finalizar el combate los sobrevivientes sufrían la confusión de la victoria sobre el enemigo que, al mismo tiempo, los hizo experimentar su propia muerte. La guerra es un reflejo, a fin de cuentas.



martes, 8 de junio de 2021

Lista de autorxs seleccionadxs para el libro “Diversidad(es) minificciones alternas Hispanoamérica”

Lista de autorxs seleccionadxs para el libro “Diversidad(es) minificciones alternas Hispanoamérica”

 

Adriana Azucena Rodríguez

Alberto Sánchez Argüello

Aldo Altamirano

Alejandra Inclán

Alejandra Pérez Cruz

Camilo F Cacho

Carlos Parra

Caro Fernández

Cecilia Eudave

Cesco Ram

Chris Morales

Claudia Cortalezzi

Daniel Falconi

Diego Muñoz Valenzuela

Dina Grijalba

Doedlo Artístico

Edgar Núñez Jiménez

Eliana Soza Martínez

Ely G.

Ernesto Castro Herrera

Eveneser Francisco Cortez Cruz

Federico Cendejas Corzo

Fidel Chaparro

Homero Carvalho Oliva

Héctor Justino Hernández

Jasmín Cacheux

Javier Negrete C.

Jonathan Alexander España Eraso

Juan Manuel Labarthe

June

Kras Quintana

Lawrence Schimel

Leodan Morales

Liliana Flores Flores

Lorena Díaz Meza

Lorena Sanmillán

Luis Alberto Paz

Mapi Scarlett Flores Cruz

Mariano Giampietri

Maritza Iriarte

Martín Morales Garza

María López

Mayra Ortiz

Mayra Vázquez Laureano

Miguelángel Flores

Montserrat Morales García

Nana Rodríguez Romero

Nicole Membreño Chía

Nihile

Pablo Reyes

Patricia Nasello

Patricia Pixie

Paulina Rojas Sánchez

Pia Barros

Ricardo Calderón Inca

Richard Villalon

Romina Andrea Barboza

Sandra Carolina Jiménez Pedroza

Staff Cárdenas

Teddy Baca

Uriel Quesada

Virginia Tello