martes, 8 de abril de 2014

Rubén Bahena


Rubén Bahena (México, D.F., 1983) es un diseñador gráfico más, egresado de la UAM Azcapotzalco. Nunca ha estudiado nada relacionado con la creación literaria (y se nota) salvo las clases y talleres de literatura y redacción de la preparatoria. Escribe por el gusto de contar historias que adquirió en muchas noches de narrar y jugar juegos de rol y videojuegos, leer comics y tener amigas insomnes. Aún así ha logrado colarse como ganador en un concurso de historieta de su alma mater (Empezar por el Principio VI, 2005) y publicando en un compendio de minicuentos de la Ibero de León (Para Leerlos Todos, 2009).



Astrología

En las estrellas leía los augurios. Los analizaba concienzudamente y estudiaba sus posibles significados. Los escribía y archivaba en perfecto orden. Un buen día se preguntó qué hacía y se dio cuenta que nadie leía su trabajo. Así que salió al aire libre y miró al cielo.
Al ver las estrellas pudo leer historias, y no presagios.
También se sintió muy solo... y pequeño.

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Nunca le importó mojarse bajo la lluvia.
Ese día no era sólo agua lo que llovía: caían también grandes gotas de melancolía y soledad que tardaría en sacarse de la piel.
Fue debajo de ese cielo que le vio, con sus ojos afables y su sonrisa clara.
El resfriado emocional le atacó esa misma noche.


A principios de abril

luego de la cena, esa noche de principios de abril fueron juntos al parque, jugaron con sus palabras y acariciaron sus corazones.
esa noche de principios de abril desataron y recapturaron viejos titanes, antiguos demonios y monstruos marinos.
esa noche de principios de abril, nadie pudo frenarlos, subieron a lo más alto de sus vidas y se dejaron caer...
abrazados...
juntos.


Clase al aire libre

¿Qué es la lluvia decía el viejo centauro a su discípulo sino las tristezas, contenidas por mucho tiempo, de las almas solitarias del mundo, que ya no soportan el cautiverio?
Pero era abril, y el discípulo se entretenía mirando una mariposa y pensando en la manera de no alimentar las nubes de la lluvia de junio.

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Con gran soltura se quitó los zapatos y los pateó a un rincón. Subió un pie a la cama y quitó una media y luego la otra. Su sonrisa pícara y radiante la acompañaba cuando deslizó el vestido completo hasta el piso, dejando sólo su lencería sobre su piel. Su lencería y un collar que él le había regalado. Desabrochó el sostén y lo aventó a la cama con un movimiento descarado y desafiante. Soltó su cabello y dejó que cayera sobre sus hombros. Cerró sus ojos y saboreó el momento. Luego de años de maltratos y sumisión, era la primera vez que se sentía libre... al fin había enviudado.


Fotografía del autor: Itxill Osorio
Contacto: ruben.bahena@gmail.com

sábado, 29 de marzo de 2014

Mario Sánchez Carbajal


Mario Sánchez Carbajal (Ciudad de México, 1983). Estudió el diplomado de creación literaria en la Escuela de Escritores de la Sogem. Ha publicado cuento y poesía en revistas como Lenguaraz y Picnic. Fue becario del Fondo Nacional para la Culturas y las Artes, Jóvenes Creadores, en las áreas de novela y cuento. Trabaja como editor y corrector de estilo. Ganó el Premio Nacional de Cuento Breve Julio Torri 2013, con el libro La línea de las metamorfosis (Fondo Editorial Tierra Adentro, 2013).



Niñas

Cuando éramos niños nos daba mucho asco y mucho miedo. Estaba viejo y solo. Vivía envuelto en harapos y apestaba a orines. Por ahí rumoreaban que se tragó a sus hijas y que por eso se había vuelto teporocho.
Una vez yo estaba formado en la cola de las tortillas y me llegó un olor asqueroso, como al camión de la basura. Me volví para ver de dónde emanaba aquella pestilencia y me topé con él. Lo vi a los ojos y sentí en la panza un vacío como si estuviera cayendo desde la azotea del edificio más alto de la ciudad, y casi me orino del susto cuando en el fondo, muy en el fondo de aquellos ojos rojos, alcancé a mirar un par de niñas pequeñas.


Los mancos y la viuda

Todos mis chamacos me salieron con esa mala costumbre de comerse las uñas, los dedos, las manos... ¡Igualitos a su padre!


Hambrientos

Los mandaron a la luna sin comida ni agua. Deseaban que se murieran de inanición durante el viaje o apenas llegando al satélite.
Cinco de ellos llegaron vivos y hambrientos. Apenas tocaron suelo firme se tiraron pecho a luna para darle una mordida al piso. Les supo bien y siguieron devorando desesperados.
Desde el planeta Tierra podía verse, aquella noche, las migajas que caían del cielo como lluvia de estrellas.


Declaración

Gustavo caminó hasta el sitio exacto y aún confirmó que se tratara de la distancia prudente. Plantó los pies y se irguió. Decidido. Seguro. Sin miedo. Carraspeó para aclarase la voz: “¿Quieres ser mi novia?”, dijo con timidez; “¿quieres ser mi novia?”, preguntó con voz firme; “¿quieres ser mi novia?”, espetó con un tono resuelto y una voz clara y poderosa. Entonces resolvió dar el siguiente paso y acercó lentamente sus labios al espejo.


La noticia


...llegará el día en que el hombre
se estrelle contra un foco
como lo hace el zancudo
enajenado por su íntima naturaleza
y alguien tendrá que avisarle
que se ha calcinado.

Amparo Arcos

El hombre había estado días completos frente a la televisión. Su mujer no dejaba de llorar en el cuarto de al lado; el llanto se escuchaba lejano como el aleteo de un ave que se marcha. En la pantalla el noticiero de las nueve informó de un accidente en la carretera. El reportero dio los nombres de los muertos. El hombre escuchó su nombre y el nombre de sus hijos. Un ruido a sus espaldas lo distrajo. Asustado volvió la cabeza hacia la cocina. Los niños salían de puntas, sigilosos como fantasmas y cargando un cartón de leche que habían tomado a escondidas.

martes, 18 de marzo de 2014

Alejandro Badillo



Alejandro Badillo (México DF, 1977) es narrador, ha publicado tres libros de cuentos: Ella sigue dormida (Fondo Editorial Tierra Adentro/ Conaculta), Tolvaneras (Secretaría de Cultura de Puebla) y Vidas volátiles (Universidad Autónoma de Puebla); y la novela La mujer de los macacos (Libros Magenta, 2013). Es colaborador habitual de la revista Crítica. En 2007 y 2010 fue becario del Fondo Estatal para la Cultura y las Artes. Textos suyos han aparecido en revistas como Punto en línea de la UNAM, Letralia.com y Tierra Adentro. Actualmente es coordinador del Taller de Creación Literaria en la Universidad Iberoamericana-Puebla.



Exceso

Durante el reinado de Jian-Wen, segundo emperador de la dinastía Ming, vivía un verdugo llamado Wang Lung. Era muy eficiente en su trabajo y a menudo era requerido por otros soberanos por su crueldad sin límites. Bastaba anunciar su presencia para apaciguar revueltas y conjuras. En 1401 una crisis en el imperio obligó al emperador a implementar medidas radicales. Un día la fila de condenados era interminable. Wang Lung cortó un par de cabezas, pero, abrumado por la magnitud de su tarea, dejó en libertad al resto. En pocos años se habló en toda la comarca de Wang Lung, el hacedor de milagros, cuya misericordia a los hombres no conocía límites.


Distracción


El único hombre que ha caído en un túnel del tiempo fue Julius Belmont el 7 de octubre de 1988 en su casa de Ohio, Estados Unidos. Estaba tan concentrado discutiendo con su esposa por unas albóndigas demasiado saladas, que no percibió que algo había cambiado. Cuando terminó de discutir todo había vuelto a la normalidad a excepción de las abundantes canas que aparecieron en sus patillas.


La profecía

La caravana avanza lentamente entre las ruinas.  El sol comienza a hundirse en el horizonte. Se detienen ante la orden del patriarca. El viejo escarba en la arena. “La señal que anunciaron los profetas”, murmura. Aprieta contra el pecho un anuncio herrumbrado de MacDonald’s mientras observa decenas de rascacielos semienterrados en el desierto.


El origen del coño

Una versión apócrifa de la Biblia asegura que cuando Dios hizo a la mujer no le dibujó el coño porque éste ya existía como una forma libre, suelta, aún sin nombre; un aleteo que sembraba en el jardín del edén deseos, enrojecimientos.


Desenamoramiento

El asedio amoroso, coronado por una negativa, lo deja solitario, con una rosa en la mano. Dispuesto a olvidarla, camina en reversa al auto, devuelve a su boca palabras. En su casa desaparecen llamadas telefónicas. Una pluma deshilvana la escritura de varias cartas. Pronto enmienda promesas y se vuelven borrosas decenas de fotografías. Tres días después contratará a una mujer cuya función será ignorarlo cuando la aborde con galantería en la calle.