viernes, 17 de abril de 2015

José Víctor Martínez Gil



José Víctor Martínez Gil (1967, México D. F.). Artista oral y escritor, profesor y experto internacional en oralidad y comunicación, conferenciante. Ha publicado tres libros de hiperbrevedades: dos digitales y uno impreso, y cuatro cuadernos (uno traducido al inglés y al italiano; el más reciente en 2014; año en que ha sido traducido al estonio). Sus microficciones narrativas están en antologías impresas en España, México… Director Ejecutivo de la Cátedra Iberoamericana Itinerante de Narración Oral Escénica y de sus eventos (Colombia, Cuba, España, Estonia, Finlandia, Suiza...). Director Ejecutivo de Ediciones COMOARTES. Premio Iberoamericano “Chamán” / España 2005. Premio Comunicarte / Uruguay 2009. Medalla de Honor del CELCIT, España 2011.



Lágrima

El desolado aullido del lobo transformó la silueta de la luna.


Noticias

Aquél húmedo sobre contenía una carta tan triste, que cuando lo abrió, sólo encontró lágrimas.


Deseo

La eternidad pudo complacer la transparencia de la mariposa haciéndola mujer.


Cordial saludo

Le estrechó la mano, pero detrás de ésta no había nadie.


Imprevisión

Frotó la lámpara una, dos, tres, cuatro, cinco, seis… Ninguno de los dos sabía cuántas veces había que frotar para que el genio pudiera entrar de nuevo en la lámpara.


Pasión lectora

Se quitó las gafas para dormir. Después, las gafas se deslizaron y siguieron leyendo. Era una novela interesantísima.


Sin sentido

Los oídos le dijeron a la boca que los ojos estaban hablando del mal gusto de las manos.


Fantasmas

Se besaron como cada mañana, sin darse cuenta de que ya no estaban allí.


Afiladurías III

El Flautista de Hamelin emprendió una demanda contra el afilador por posible competencia desleal.


Amor tormentoso

Cuando aquellas nubes apenas se rozaron hubo truenos y relámpagos.


Desperté…

Desperté mientras soñé que me ahogaba, entonces, desperté mientras soñé que me ahogaba, entonces, desperté...


Elección

La A preguntó a la E: ¿I Ó U?


Reflejo

El espejo se partió en dos. Cuando el hombre salió del baño, su otra mitad se quedó ahí dentro.


Enamorado

La niña besó el globo y lo soltó, pero éste no quiso elevarse.


Miedoso

El balón huía de los pies de los futbolistas. Era su primer partido.


Contacto: ciinoe@hotmail.com

miércoles, 8 de abril de 2015

Jesús Alejandro Espinosa Gaona


Jesús Alejandro Espinosa Gaona estudió Letras Hispánicas en la UNAM y tiene una especialización en literatura mexicana por parte de la UAM. Actualmente cursa una maestría en educación en la UNAM. Ha sido profesor de literatura desde hace nueve años impartiendo clases en la UVM y en la UNAM y el Tec de Monterrey,  ha trabajado también como librero, ha sido dictaminador para la editorial Cuadrivio y es editor independiente, además colabora en el consejo editorial del proyecto Almendra en el CCH Naucalpan. Ha publicado en revistas como Migala, Punto de partida de la UNAM, Lenguaraz, entre otras. Tiene en su haber dos libros: Ishikoro de 2010, publicado por Tlahtolli ediciones y Pagafantas de este año, publicado por la UNAM.



Autor

La voz que le había dictado una obra entera y que había nacido en su adolescencia una noche, también se extinguía, supuso. Esa voz que fue en un principio necesidad desbordada y ya de adulto un tiránico delirio, le confirió galardones universales y una vida para la literatura. El cáncer dejo a la voz intacta. Cuando murió, la voz dijo sin mucha solemnidad algo sobre la muerte y prosiguió su dictado.


La clase

El profesor Simón dio su clase, serio y convencido. El conocimiento fue revelado en una suerte de anagnórisis que pareció machincuepa o malabarismo intelectual. Lástima que ese día en la materia de Introducción a las doctrinas filosóficas el grupo había sido abducido y llevado a contestar una importantísima encuesta de popularidad de administrativos escolares y docentes.


Muerta de amor

Leticia y Fabián habían experimentado el arrebato de la reconciliación después de un pleito doméstico por los trastes sucios. Pronto se dieron cuenta de que mientras más absurdo fuera el motivo de sus discusiones con mayor fuerza los acometía el deseo que se satisfacía en cualquier lugar propicio. Así, los trapos, palabras no dichas o dichas llevaron al joven matrimonio a la cima del éxtasis y la concupiscencia. Habiéndolo practicado casi todo un día Fabián confundió la causa con el efecto y mato a Leticia cumpliendo con el último punto de su lista de fantasías, la necrofilia.


Cara de pancita

El plato hervía con pancita compuesta de puro bofe y libro. La cuchara de peltre azul le produjo un poco de asco, sorbería y succionaría los trozos de carne sin tocar el instrumento. Miraba largo rato la cebolla y el orégano que, sobre el aroma, producía una humareda como de incendio. Cincuenta pesos el pinche plato, se repetía, cincuenta pesos. Puro bofe y libro, pa lo que me gusta el bofe, decía el gato del chiste y ella se reía. Selene, en Barcelona, tratamientos hormonales, in vitro, cultivos, dinero a la basura. Octillizos, dijo el doctor, ni uno más, las manos de Selene se helaron, octillizos o mil da igual, octillizos. Este tipo de persona es peor que yo, pensaba. Como la mejor camada de la Dupan, una cocker que tuvo de niño.  Los principales noticieros entrevistaron a Selene para las notas del corazón y el un poco por envidia le tiro a su esposa el plato en la cabeza sin razón aparente, Selene lo había mandado a buscar un plato caliente de pancita a las tres de la mañana con puro bofe y libro. 


Parusía

Y Dios, aburrido, le dijo a todos los ángeles en el cielo, hoy es el día. Y los ángeles revolotearon y se precipitaron para preparar todo. El escenario lucía impecable, la gran alfombra roja se extendía por todo el desierto del Sinaí. La humanidad estaba enterada, cada señal había sido cumplida con precisión y maestría. El Apocalipsis sería una obra de arte brutal. Dios se ajustó sus mejores vestidos, iba desnudo, guiñó el ojo izquierdo a Lucifer y luego le dio un tirón de cola. El cielo se tornó carmesí, luego como un gran ojo de luz Dios y todo su séquito, ángeles y secuaces, descendieron. No pudo sentir lástima de sí por no experimentar la sensación de vértigo que acompaña al descenso. Aterrizaron sobre la alfombra roja, el humo se disipó y no vieron a nadie, ni un alma, nada.
Desconcertados giraron sobre sí como giroscopios delirantes. Dios abofeteó a cuanto ángel pudo. Tomó el revólver de cristal con el que destruiría la muerte y dijo: hoy liberaría al hombre hasta de su liberación como tenía que haber sido desde el principio, como lo había pensado. El revólver, trémulo, en su sien vaciló, un ángel que venía de con los hombres al oído le susurró: Sucede, Padre Todopoderoso, que hoy hay futbol.


Poeta

Y es que sólo muerto el poeta, sus palabras cobran sentido, dijo el profesor de literatura sacando una pistola de su morral apestoso de libros y disparando en la cabeza al poeta que había invitado para abordar el tema de Poesía posmoderna. Veamos, dijo con serenidad, ahora qué pasa con estos versos, mientras el charco rojo se propagaba por el salón.



martes, 31 de marzo de 2015

María Guadalupe Rangel



Nació en la Ciudad de México DF el 1o de junio de 1952. Es Licenciada en Derecho y Psicología por la UNAM. Participó como anfitriona del taller de Literatura coordinado por el maestro Felipe San José durante los años de 1982-1985. Como resultado de este taller se publicó el libro “Los cuentos del miércoles” del cuál es coautora. Publicó varias minificciones en la revista El Cuento, La brújula en el bolsillo y Omnia. Otro libro que publicó fue  Iconoclasia y ha escrito dos libros de cuentos en espera de publicarse. Actualmente es jubilada del SNDIF y continúa escribiendo. [1]



Omnipotencia

—¡Ábrete Sésamo!
Y las arcas del país se abrieron para él y sus cuarenta secretarios.


Alevoso

—¿Por hielo? No, eso fue hace mucho. Ahora todos en Macondo tenemos refrigerador.


Tragedia griega

—Vamos mamá, ¿por qué te pones tan difícil? Al fin que lo nuestro ya es del dominio público.


Remedios caseros

—Pero Margarita ¡Créeme por favor!, es mentira que las camelias curen la tuberculosis.


Condena

Y Guillermo fue acusado de infanticidio, todo por un pequeño error de cálculo.


Igualdad para todos

El príncipe había crecido en un falso reino de felicidad, creía que todo era hermoso y los bienes abundantes, hasta que… triunfó la democracia.


Sabia decisión

—Con este ya llevamos 300 niños partidos y la verdad, no me parece muy Salomónica esta forma de Planificación Familiar.


Disputa

—No mamá, te equivocas de papel, a mí me toca con el lobo.


Parricidio

Serrucho y martillo, una mano, un pie, una peluca blanca… y Pinocho terminó de desarmar a Gepeto.


Elemental

—Ya estoy harta de que siempre me acuses de que soy fría ¿Qué no comprendes que no puedo ser de otra manera, Pigmalión?[1]




[1] Textos del libro Iconoclasia, Editado por Palabra y Voz, S. A. de C. V.