lunes, 25 de junio de 2018

Luis Eduardo Alcántara


Luis Eduardo Alcántara nace en la Ciudad de México. Es escritor, cronista y ejerce el periodismo cultural. En 1991 gana el Premio El Nacional de Crónica, y al año siguiente el Segundo Lugar de Entrevista en el Certamen Nacional de Periodismo Juvenil. En el 2000 obtiene Mención Honorífica en el concurso de relatos Sábado Distrito Federal. Ha colaborado con crónicas y reportajes en numerosos medios como Ovaciones Cultura, Editorial Contenido, Novedades Metropolitano, Revista Conecte, Expectativas, Radio 6.20, Radio UNAM y Código CDMX. En compañía de Eusebio Ruvalcaba, Emiliano Pérez Cruz, Pino Páez y Manuel Blanco participa en los noventa en el periódico Plaza Mayor. También cursa talleres de creación literaria con Ignacio Betancourt. En el 2016 gana el Primer Lugar del Segundo Torneo de Historias Mínimas Premio José Mayoral. Como autor antologado forma parte de diferentes libros, entre ellos Palabra de Blues, El camino Triste de una música, Blues with a Feeling, En el reino del manubrio, Vamos al circo. Minificción hispanoamericana y Cortocircuito, fusiones en la minificción, estos últimos editados por la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla. En la plataforma de Google Sites administra los sitios: Cine Mexicano de Momias y Los orígenes del Tianguis del Chopo. Colabora habitualmente en los portales web Alquimia Revista de Artes y Cultura Blues, revista electrónica. Las minficicciones y aquí presentadas pertenecen a su libro Asiento reservado y otros cuentos.



Promoción válida

Se gratificará de manera adecuada, y sin ninguna clase de averiguaciones, a la persona que tenga en su poder el casco protector del hombre bala y lo regrese en condiciones funcionales al circo. El trato puede incluir dinero en efectivo, previa negociación entre las partes, si lleva también la cabeza del interfecto.


En Petit Comité

Satisfecho por el vino y las porciones de pan, el Maestro escuchó por enésima vez a sus compañeros asambleístas exigir: “Habla ahora o calla para siempre”. Y prefirió callar, ante el desencanto de Judas, el primer testigo protegido de la historia.


Tierra a la vista

No es la costa de Florida ni sus escarpados peñascos en donde encalla la nave. Los tripulantes se percatan y en su corazón late con fuerza la zozobra. Ni siquiera son las cumbres eternas del Kilimanjaro o la verde campiña de la riviera francesa lo que observan incrédulos desde la parte más alta del bote. Desilusionado, Noé cierra la escotilla y entre todos aguardan el siguiente diluvio.


De arte y zoología

El rinoceronte es un alebrije ensamblado con láminas de cartón piedra.


Ícaro

Aterrado por la proximidad del fuego que alimenta a la máxima estrella de nuestra galaxia, tuvo a bien considerar seriamente la advertencia “nadie puede tapar el sol con dos alas”.


Sobremesa

Los sobrantes del plato de comida son los sobrevivientes de un naufragio.


Contacto: cannedluis@yahoo.com

Dirección web: https://ciudad56.wixsite.com/recargadoenlapared


viernes, 15 de junio de 2018

Joanna Ruvalcaba


Joanna Ruvalcaba es una dramaturga mexicana que ha trabajado tanto en teatro como en cortometrajes de terror. Estudió Literatura Dramática y Teatro en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM. Algunas de sus adaptaciones teatrales son Yerma, obra original de Federico García Lorca; La Numancia, de Miguel de Cervantes Saavedra; y La Flor de España, basada en la novela Carmen de Prosper Mérimée. Participó como guionista y asistente de dirección en cortometrajes de terror tales como MIMO y Solos de la compañía independiente Spartans Films. Escritora de novelas como Ciudades Hermanas y El Reino del Lago, desde muy joven ha explorado otras formas de escritura tales como la poesía y la minificción.



REC. Clic.

REC. Ulises no me cree, pero van quince días de luces que se apagan y puertas que se
abren. Clic.
REC. Hay alguien en la casa. Me siento observada. Hay algo en el sótano. Clic.
REC. Amanda no está. Decía algo sobre seres en el sótano y yo... ¿Amanda?... ¡¿Amanda?!... Clic.
REC. Amanda está muy nerviosa. La limpia no sirvió de nada. Toda la casa suena. Clic.
REC. A pesar de las pistas, la pareja jamás sospechó que yo fuera un asesino y no un fantasma. Veamos qué hace la policía. Clic.


Presunción

Una vez un atleta, un filósofo y un hombre de negocios cenaban juntos. Al poco tiempo, los tres estaban presumiendo sus habilidades. Eran el mejor atleta, el más sabio filósofo y el hombre más rico de la ciudad; sin embargo, al terminar la cena, los tres estaban seguros de que les faltaba algo para ser felices.


Tomen precauciones

Reportes recientes parecen confirmar la existencia de seres antropomorfos más allá de las costas septentrionales, así como su naturaleza maligna. Hoy, las excéntricas historias conspiracionistas respecto a sus supuestas acciones ocultas contra nuestra existencia, se han convertido en una alarmante posibilidad. Si las teorías son ciertas —como apuntan los recientes descubrimientos— todos nuestros males, desde el cáncer hasta el cambio climático y el encallamiento de ballenas, serían causados por estos seres. No sabemos si su maldad es nata, por lo que tampoco se ha podido determinar su nivel de violencia.
Les aconsejamos prudencia y no salir del agua. Repito. No salgan del agua a menos de un kilómetro de tierra firma. Se aconseja igualmente a hombres y mujeres que naden en grupo y que se alejen lo menos posible de la ruta migratoria de animales grandes como ballenas y orcas. Los mantendremos informados.


Marina

Aquella chica sólo conocía el mar y la arena. Jamás en su vida había tocado la tierra ni el concreto ni, mucho menos, la nieve. Había escuchado, sin embargo, historias de tierras lejanas donde todo a lo lejos era blanco y que el cielo se confundía con las montañas; lugares donde la lluvia convertía la tierra en lodo y otros, donde el sol la hacía polvo; países donde la gente amanecía entre nubes frías que ocultaban a la tierra misma. Y esa chica soñaba con ser raptada por un grupo de piratas que la volvía su intérprete y la llevaba a conocer el mundo.
Nunca fue robada por piratas, ni consiguió dinero suficiente para viajar, pero describió los lugares increíbles con los que soñaba y, ya muy viejita, le regalaron una computadora con la que pudo asombrarse con los paisajes de todo el mundo.


Adiós, mi amor

—Toca algo. Extraño esas melodías que improvisabas con acordes tristes.
—¿Por qué te gustaban si eran tan tristes?
—No lo sé. Supongo que eso soy melancólica. Extraño siempre los buenos tiempos pasados que nunca viví, como el amor cortés de la Edad Media, o los duelos por amor del Romanticismo. Extraño esas tierras lejanas que no conozco y las melodías que nunca volverás a tocar, porque las inventaste en el momento. Nacieron de tus dedos y las teclas del piano ya no recuerdan. Todas son iguales y sólo las distingue el amor del panista. Toca algo, por favor. Quiero añorar una melodía nueva que me recuerde cuando vivías.



martes, 8 de mayo de 2018

Elisa T. Hernández



Elisa T. Hernández nació en Xalapa, Veracruz, un domingo de 1981. Como lleva la mitad de su vida viviendo en Ciudad de México, se autodenomina jarochilanga. Estudió la carrera de Física y Matemáticas en el IPN y desde hace doce años vive de escribir libros de texto, divulgación de ciencia y de editar obras de todo tipo. Le gusta el son jarocho y los gatos tanto como el petricor, el café, los mangos y las jacarandas. Trae entre manos varios proyectos editoriales que navegan entre la interculturalidad, la ciencia y la música; además espera seguir escribiendo sus historias diminutas.



Harta de ser hermosa por dentro, hizo dos cortes: uno del pubis al corazón; y otro de sien a sien. Ahora era también bella por fuera.

***

La caída era abrumante, volvió a respirar para gritar diez, once, treinta veces más. Se preguntó si se desplomaba o simplemente flotaba.

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La rótula giró y levantó la extremidad. Otro paso. El otro pie arriba y ya eran dos pisadas. Siguió otro y otro y cien pasos más; escapaba.

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Meto la lengua de uno y escapan las pezuñas de aquel. Alas y cuernos de otro se atascan en mi cabello y en las bisagras. No puedo, Pandora.

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En un ridículo afán de detener la destrucción derivada de la tecnología, a cada humano nacido se le extirpaba el pulgar.

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Un día comenzó a despertar un minuto antes de que sonara la alarma. Así se convirtió en despertador de la máquina. La rebelión en proceso.

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Del corazón brotó fuego, el calor se desparramaba por la jaula del tórax y vibró el pecho. Le resonaba todo el cuerpo: su primer ronroneo.

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Se sentía tan innecesaria, indeseable, insufrible y postergable que continuamente se preguntaba si no encarnaba a la mismísima muerte.

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Como era feminista no aspiraba a un rescate, pero coqueteaba con la idea de una abducción alienígena. Cansada.

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Viví años con el lado izquierdo muerto. Primero la cara, me dolían los dientes; el brazo, el ovario. Me percaté de todo al fallo cardíaco