lunes, 4 de febrero de 2019

Camelia Rosío Moreno Granados



Camelia Rosío Moreno Granados (Jerécuaro, Gto.). Ama de casa y promotora cultural. Coordina el Círculo de Lectura y Creación Literaria de Acámbaro, Gto., lugar donde reside desde hace 20 años.
Ha participado en las antologías Tintas del Lerma (Palibrio 2013), ¡Basta! Cien mujeres contra la violencia de género (UAM-X, 2015), Vamos al circo. Ficción Hispanoamericana (BUAP 2016) Cortocircuito. Ficciones a contrapunto (BUAP 2016), El tótem de la rana. Catapulta de microrrelatos (BUAP 2017) y La vida va (Ediciones La Rana 2018), libro que reúne el trabajo del Seminario del Fondo para las Letras Guanajuatenses 2015 y 2016. Ha prologado el libro La noche de los orfelunios  de Victor Hugo Pérez Nieto. Es antóloga de los libros Ecos del nido (Puente de Piedra 2015) y Antología poética (Prisma Editorial 2018).


Molicie

Con él nada le falta: casa, carro, computadora, dinero, ausencia, deslealtad, golpes, traición.


Contorsionista

Al fin había encontrado una mujer que podía ajustarse a la medida de su bolsillo.


Indigente

A diario se le ve por las calles, seguido por un séquito de perros flacos como él, negándose a aceptar la limosna que le ofrecen. Hurga aquí y allá, no sabe que los recuerdos no se encuentran en la basura.


Lección
“La escuela no educa, solo enseña; si eres maleducado, el ejemplo lo tienes en casa”, dice el maestro mientras arroja el borrador a la cabeza del niño.


Madeja humana

Una vez que Eloísa inserta el hilo en el ojal de la aguja de la  máquina, desdobla poco a poco el telar. Con cada hebra remienda la injusticia, el abuso, el miedo. "¡Como quisiera dejar todo esto!", piensa, mientras llegan a su mente las caritas hambrientas que la esperan en casa. Y calla, como todas las mujeres que trabajan en aquel taller, al ver venir al patrón por el pasillo. Pide al cielo que hoy no le toque a ella.

lunes, 7 de enero de 2019

Sara Paola Mateos



Sara Paola Mateos (Puebla, 1995) estudió la licenciatura en Literatura y Filosofía en la Universidad Iberoamericana Puebla. En 2016 fue ganadora de la beca de creación literaria del PECDA, dentro de la categoría “Jóvenes creadores: Cuento”.
Ha participado en eventos como el “IV Coloquio por el Día Mundial de la Filosofía” (Ibero Puebla, 2015), en el “Congreso de Filosofía Moderna: en el tricentenario del fallecimiento de Leibniz” (UPAEP, 2016), y en el “Primer Congreso Interuniversitario: un horizonte compartido” (BUAP, 2018).
Ha publicado textos literarios en las revistas Contratiempo, Crítica, Cuaderno de hojarasca, Rúbricas y Argonauta, en el boletín semanal Torpedo y el suplemento digital de cultura Consultario. Ha impartido talleres de cuento para niños. Actualmente da clases en la Academia Militarizada Ignacio Zaragoza.



Predestinación

Poco antes de llegar al cruce de dos caminos, una camioneta roja se le adelantó a un automóvil gris y le cerró el paso. Bajó un prototípico cowboy vestido con vaqueros, botas y camisa a cuadros. Iracundo, fue a sacar al personaje asustado que viajaba en el otro vehículo. Tomándolo del cuello, lo recargó sobre la portezuela, sacó una pistola y le apuntó a la sien.
―¡Por favor!―suplicó―, tú sabes la verdad, no los maté, ¡no pude haber sido yo!
―Lo sé pero, para que la historia siga, es necesario… ―dijo y disparó.


Mismidad

Un lunes por la mañana se dispuso a encontrarse a sí mismo. Hurgó entre los orificios de sus orejas, en la ciénaga de su estómago, en las arrugas de sus codos, pero no se veía a sí mismo por ninguna parte. Entonces se puso a buscarlo en el mundo: en el interior de un buzón de cartas, en los pliegues del sillón, las ranuras de las llantas,  las estrías de las alcantarillas y el polvo de los ventanales. Para cuando al fin se encontró, ya era otro.


Horizonte de sucesos

Ávido por alcanzar la divinidad, el escritor pensó que cada texto sería el peldaño de una escalera interminable que lo llevaría a dominar el infinito. Sin embargo, cuando estaba próximo a terminar su labor, descubrió aterrado que la tinta de su pluma fuente se había diseminado en los papeles, formando una mancha creciente que pronto se convirtió en un agujero negro. La voracidad de aquel hoyo engullía todo lo nombrado y lo atraía irremediablemente a sus fauces. El escritor se encontró en el interior del horizonte de sucesos, donde podía mirar hacia fuera, pero en cambio a él y su universo coleccionado nadie los veía, ningún dios admiraba su vasta obra. Desesperado, quiso volver al principio, pero la curvatura espacio-tiempo se lo impidió. De su empresa frustrada apenas quedarían unas briznas de polvo cósmico, con las que otro dios trazaría figuras para divertirse y que luego les infundiría vida para volver a reírse de sus ansias de inmortalidad y sus desastres con la tinta.


Silencio socrático

Se dice que Sócrates, por sabia prudencia, no escribió una sola palabra. Pero yo, su amada Jantipa, lo adivino atormentándose silenciosamente en una prisión de laberintos, víctima de su innato ánimo de ajedrecista.  En su mente fraguaba todas las posibilidades a donde lo podría llevar la simple mención de una palabra: los caminos que abriría, los que cerraría, las encrucijadas inevitables y las secuelas que no podría detener. Como nunca tuvo tiempo de concluir ese mapeo, nunca se decidió a escribir nada. De su desesperación muda tampoco quedó huella.


Unísono

El hombre se encerró en la habitación con su instrumento y clausuró la puerta. Nada más había, salvo ellos dos. Lo recargó en la pared y luego se sentó enfrente, le aterrorizaba la silueta que proyectaba en el piso y la posibilidad de escuchar su eco. El desafío sólo acabaría cuando uno cediera, y el hombre no estaba dispuesto a hacerlo. Ya le había ofrecido a aquel bulto sonoro innumerables años y secretos.
Pasaron los días, quizá los años. Musgo silencioso vino a asentarse en la piel del hombre. La superficie del instrumento apenas había sido cubierta por una capa de polvo. Hubiera bastado pasar un trapo para ser el de antes, eterno a sí mismo. Él, en cambio, había envejecido. Podía haberse cambiado de ropa y rasurado la barba, pero los grumos asentados en su memoria no iban a disolverse.  La partida estaba perdida, lo sabía. Lo supo desde el día en que su padre le colgó un pesado estuche, diciéndole que alguna vez eso sería él, y se fundirían al unísono.
…Cuando la puerta volvió a abrirse por unos dedos temblorosos, sólo hallaron un contrabajo lustroso recostado sobre el piso. Sobre él reposaba cuidadosamente un arco, que parecía suspendido para tocar, eternamente,  la misma nota.

Correo: sarapaola.mateos@gmail.com
Facebook: Sara Paola Mateos

viernes, 14 de diciembre de 2018

José Juan Aboytia



José Juan Aboytia (Ensenada, Baja California, 1974). Es autor de los libros de cuentos Todo comenzó cuando alguien me llamó por mi nombre (2002), Contiene escenas de ficción explícita (FETA, 2006), de los libro de minificciones Pretextos para una literatura inadjetiva (NortEstación, 2015), ABC de la XYZ (NortEstación, 2018), de la novela Ficción barata (ICBC, 2008), y de la saga cuentística De la vieja escuela (Artificias, 2016). Aparece antologado en Lados B, Narrativa de alto riesgo (Nitro-Press 2013), y Cortocircuito. Fusiones en la minificción (BUAP, 2018). Coordinó el Primer Mínimo Encuentro con la Brevedad: La Minificción en México, en el 2017. Además imparte talleres de creación literaria. Desde hace trece años radica en Ciudad Juárez, donde se desempeña como maestro en áreas de literatura. 



Trágica memoria

“Reconozco este cuerpo”, dijo Edipo.


El otro Quijote

Donde se cuenta de la búsqueda de Dulcinea, la hija del señor Del Toboso, quien contrata a los detectives Don Quijote y Sancho Panza. Ligándose a una historia de amor, por ver tanto su retrato hablado, y a quien encuentran atada en unos viejos molinos. Y que al final Sancho lo elogia con estas palabras: Ingenioso, mi querido Hidalgo, ingenioso.


¡Este es un asalto!

Gritó en el título. Y se llevó la historia, la trama, el contexto, a los personajes, al escritor, a los lectores.


Ahora

¿Y qué paso con…? Murió. ¿Y con…? También murió. ¿Y…? Todos murieron. ¿Y nosotros? Somos fantasmas. ¿Y los que nos leen? Creen que escuchan voces.  


Orígenes

Después de que Eva le sirviera un pay de manzana a Adán. Este comentó, “Te quedó tan malditamente rico que debería ser pecado”. Dios que todo lo ve y escucha, pensó, “Que así sea”.


Pigmentos

Caperucita Daltónica se puso su capa gris. El Lobo al verla en el bosque la devoró de inmediato, la confundió con un antiguo enemigo.


Primero cocino Sor Juana

No pierda el tiempo con los hombres necios. Prepare un exquisito Manchamanteles o un Clemole de Oaxaca, también Cigote de gallina y más recetas novísimas.