miércoles, 26 de enero de 2011

Rubén García García


Soy médico egresado de la Universidad Nacional Autónoma de México. Aturdido por el paisaje, escribo los primeros garabatos en la adolescencia. Pero es después del año dos mil, cuando intento aprender la caligrafía de las consonantes. Así nacieron las brevedades que después de haber pasado por varios escalpelos, quedaron más  por consideración, que por calidad. Aclaro que si bien es cierto que las enfermedades crónicas me persiguen, mi prosa es joven ―una década en la vida de un escritor es un instante― y tiene dos atributos: bisoña y lerda. Si dicen que es ingeniosa,  mesurada y rítmica, me desligo. Nací en Álamo, Veracruz, en 1946, pero he vivido siempre en la ciudad de Poza Rica.



El gen

Sintió la presencia de otro ser similar y aprovechando una contracción puso el cordón alrededor de su cuello. Después de la cesárea, sólo uno de los gemelos lloró.


La oveja negra

Una noche, entre los susurros del acondicionador de aire, le llegó la pretensión. Desde entonces no olvidó el sueño y ahora, justo para cumplir los cuarenta años, él abría las ventanas de su vida. Era bella, de trato claro y amada por todos; su esposo, un varón que se movía en el ambiente social con sensibilidad y cordura. Habían procreado dos hijos que semejaban esplendidez. En su linaje no cabían protuberancias y oquedades. Ella anhelaba lo que en otras cunas sobraba. Deseaba una oveja negra.
Aunque tenía confianza con su esposo, guardó el secreto como parte de su nicho. Poco a poco el deseo adquirió una cuenta de susurros que aparecían como palomas sobre el cielo de su mente. Se vestía menos formal y dejó de asistir a la ópera, para volver la cara hacia expresiones más populares. No era raro verla en funciones donde se daban conciertos de jazz o bien ritmos afro caribeños. Su esposo, fiel acompañante, se extrañaba de los cambios, pero los atribuyó a los vaivenes que las mujeres tienen. Otras veces acudía a lugares donde un saxofón herido dejaba caer las notas en la penumbra.
Ella seguía siendo la mujer transparente y dadivosa con sus semejantes y con su esposo, la mujer apasionada; pero el silencio lo sustituyó por solos de trompeta, y la media luz por la oscuridad. El cónyuge se daba cuenta de su transformación, mas ella lo realizaba con la naturalidad de haberlo hecho miles de veces. Así la amaba, el disfrute de ella, era también el de él y optó por guardar silencio. Su tez láctea contrastaba con los tonos ciegos y los vestidos amplios le daban un aire a la cadera que bamboleaba como lo hacen las cañas de azúcar cuando las mueve el viento. Se aficionó a las comidas sencillas y degustó el sabor del arroz y del banano.
Una madrugada, llegó una ambulancia hasta su residencia. En el servicio de urgencia no dudaron en intervenirla. Su marido sorprendido, veía al lado de ella un vástago; ella, hinchada del corazón, acariciaba maternal a su oveja negra.


Lágrimas negras

La mañana es húmeda y fría. Hace quince noches que la lluvia pertinaz se escurre por las callejuelas del pueblo ahogando los campos sembrados de papa. En la aridez, los viejos soplan sus manos para calentar el pulpejo de los dedos. Las nubes, percudidas de sombra presagian que el mal tiempo seguirá.
Los pobladores oran, y el murmullo busca un trozo de cielo dónde asirse; mas las gotas lo devuelven a la tierra.
Cuatro espectros montados en escuálidos caballos bajan de la serranía y las madres, desesperadas, abrazan el cuerpo de los niños. ¡Lloran sin lágrimas para no mojar más la tierra!


El desierto y la montaña

Después del gran estallido siguió el de las ametralladoras con sus accesos de muerte. Luego hubo un silencio hiriente, frío, que ocupó el espacio de las almas; vino el sollozo y las lágrimas rodaban calientes por el pómulo saliente y polvoso. Gritos de muerte cabalgaban en aquellas tierras de oración y fe. Y entre el desierto y la montaña, incrédulos, se miraban Mahoma y Moisés.


Huevos de pulga

Les dijo que se iría del circo porque su vocación eran las matemáticas.
La recordarían años después como la pulga negra de la familia.


Sitio web: Blog de sendero

4 comentarios:

Patricia dijo...

Un placer conocerte Rubén, me han gustado los tres, si debiera elegir uno me quedaría con el primero.

Un abrazo

sendero dijo...

Gracias Pati por leer y acompañarnos... Un abrazo Rub.

María Mercedes Córdoba dijo...

Gracias por compartirlos. Me sorpendo encontrando nuevos blogs tuyos.
Felictaciones. No dejes de escribir.
Un abrazo

sendero dijo...

Querida Mercedes, hasta hoy me di cuenta de tu comentario. No es mi blog, sino una lista de escritores vivos que escriben mini ficción y del cual me siento honrado en pertenecer. Gracias por estar muchos besos Rubén.