Jesús Humberto Olague Alcalá. Zacatecano, nacido en México, D.F. el 31 de
diciembre de 1968 y radicado en Zacatecas, Zac. desde mediados del año de
1971. Ingeniero en Sistemas Computacionales, profesión que ha ejercido por
más de veinte años de forma ininterrumpida. Comenzó a escribir desde
temprana edad, práctica que abandonó durante más de dos décadas;
recientemente ha sentido la necesidad de retomar la escritura. Ha
colaborado como columnista invitado sobre temas diversos en El Diario NTR,
periódico de circulación local; algunos de sus relatos han sido incluidos
en la Primera Antología Triple C y El libro de los seres no imaginarios (Minibichario);
coordina la revista virtual literaria El descensor, y mantiene varios blogs, entre ellos Lo que es no tener que hacer, Digo, yo nada más digo y Espacio Zacatecano.
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sábado, 25 de agosto de 2012
Jesús Humberto Olague Alcalá
domingo, 1 de julio de 2012
Héctor Marcial Ugalde
UCH, también conocido como Héctor Marcial
Ugalde Corral, nació un día del año 1957 en la Ciudad de México. Estudió la
Licenciatura en Informática con especialidad en Ciencias de la Computación en
UPIICSA, IPN. Escribió en la revista Personal
Computing México por cuatro años (1994 a 1998) la columna mensual "El
lado oscuro" sobre virus y seguridad, de manera amena y en forma de
diálogos entre un usuario, un cracker y un hacker. En esta revista, además le
publicaron cuatro cuentos de ciencia ficción. Fue editor del año 1996 al 2001
de la primera revista sobre Internet en México Link La guía para navegar Internet de editorial Sayrols. En el 2008
realizaron un cortometraje sobre una adaptación de su cuento de ajedrez
"Mi turno".
Sintetiza en breves
palabras su pasión por los temas que lo obsesionan: sueños (y despertares),
recuerdos (y olvidos), espejos, laberintos, ajedrez, el amor, la música, la
vida y todo lo que se le atraviese en la curiosidad, por lo que tiene también
blogs especializados en libros desplegables pop-up y en placas de autos entre
otras muchas cosas que lo hacen vivir feliz para casi siempre.
¡No es lo que parece!
—¡No es lo que parece! —dijo el espejo, al ser sorprendido en su primer acto irreflexivo.
Pasatiempo reflexivo
Le gustaba jugar a encontrar las diferencias entre el espejo y la realidad.
Observaba
concienzudamente el mundo real y lo iba comparando detalladamente con la imagen
reflejada en el espejo.
Disfrutaba
enormemente el ir marcando pacientemente las diferencias con tinta indeleble.
Así, el mundo se iba
llenando gradualmente de más marcas e imperfecciones, y se iba alejando más y
más de la imagen perfecta e inmaculada del espejo.
¿Le temes a la obscuridad?
—¿Le temes a la obscuridad?
La pregunta provoca
que recuerde el cuerpo postrado en la cama en aquella habitación siempre entre
las sombras. La mano colgando, que yo abrazaba y que me acariciaba. La voz que
sonaba más débil, aunque todavía con fuerza...
—¿Le temes a la
obscuridad?
—No —contesto—. Mi
abuelo vive ahí.
Destino inevitable
Él moreno. Ella rubia de ojos azules.
Ella directora de una
empresa transnacional. Él desempleado.
Él apenas terminó la
educación primaria en escuela pública. Ella estudió un doctorado en una
universidad extranjera.
Ella estrenando un
Mercedes Benz del año. Él milagrosamente avanzando en su Vocho de 1985.
Él por la calle de la
amargura. Ella por la calle de la soledad.
Ella distraída por su
llamada por celular. Él absorto en los rayos de sol que se filtran por las
nubes.
El choque era
inevitable...
Había una vez... Una...
Había una vez... Una, porque dos sería una historia repetitiva.
Un rey. Uno, porque
dos sería la guerra.
Quien estaba casado
con una reina. Una, porque dos sería un drama.
Tenían una hija
princesa. Una, porque dos sería un lío.
La que estaba
enamorada de un caballero. Uno, porque dos sería telenovela.
Al que le pusieron la
condición de matar a un dragón. Uno, porque dos sería labor titánica.
El héroe tuvo una
idea. Una, porque dos sería mucho pedirle.
La de usar una espada
mágica única. Una, porque dos ya no la harían única.
Con la que le quitó
la vida al dragón. Una, porque el dragón no era gato.
Entonces se realizó
la boda. Una, porque dos sería delito.
Y vivieron felices
para siempre. Uno, porque dos siempre sería algo así como dos infinitos.
(Aunque sí fueron felices los dos).
FIN. Uno, porque dos
finales sería cerrar el final abierto.
Noticia de última hora
Contacto: hugalde@gmail.com
domingo, 19 de febrero de 2012
Rubén Pesquera Roa
Rubén Pesquera Roa (México, D. F.), Biólogo por la Universidad Nacional Autónoma de México. Tiene una fructífera obra de ficción y no ficción diseminada en antologías y manuales de ciencia. Es asiduo colaborador de varios portales de internet. Ha sido coordinador del taller de minificción La Marina.
Otro
El gran desierto de arena no era sino un espejismo de camellos, oasis y bailarinas ventristas. Cuando se dio por vencido, se entregó sin chistar a los lobos de la tundra ártica.
Mirón
Desde la calle, él la observa al trasluz de la cortina, ve cómo se quita el abrigo, los zapatos y el vestido… Cuando queda desnuda por completo, parece flotar entre los vapores del alumbrado público, se dirige a la ventana y se arroja desde el segundo piso. Él alcanza a recibirla pero ella termina de disolverse entre sus brazos.
Génesis
Aún conservaba la esperanza, a pesar de que el nivel del agua nunca dejó de ascender. Hacía tiempo que las cumbres nevadas quedaran en el fondo del mar… Y la monotonía, el horizonte siempre el mismo… Noé moría de fastidio.
Esa mañana nadie creyó lo que se vislumbraba a lo lejos. Sem, Cam y Jafet intentaban describirle a su padre una gigantesca masa de roca sólida a la que se acercaban lentamente. El patriarca se preguntó si el Diluvio habría llegado a su fin.
Cuando el descomunal objeto estuvo cerca, Noé se desplomó exánime y sin fe sobre cubierta, incapaz de asimilar la escena de la Luna flotando en el océano.
Coito
El corazón de Miguel dio un brinco. Su pene perdió la turgencia y un sudor frío y espeso comenzó a escurrirle. Saltó de la cama presa de una mezcla de angustia y terror. Gritó —¡no puedo más, es demasiado! Tengo que dejar de masturbarme así —y siguió escuchando el clamor de la mujer imaginaria.
Alturas
El Tiempo detuvo su fluir en esa carpa que para él era un templo. Ruidos y alientos se convirtieron en sólo un zumbido perpetuo, la atmósfera devino un cuerpo estático y borroso, y aquel aplauso con que lo había recibido el público se petrificó para la Eternidad —casi como él encima del trapecio.
Cuando los zopilotes terminaron de arrancar los últimos pedazos de pellejo seco a los huesos del acróbata, la vida recuperó el ritmo habitual de siempre y dio inicio el intermedio de los payasos….
[El hipotexto es, por supuesto, "Ein Trapezkünstler", de Kafka"]
Todos los textos fueron tomados de Arca Ficticia.
martes, 26 de julio de 2011
Javier Reséndiz
Javier Reséndiz, Ciudad de México.
Este era un capitán
Este era un capitán
con fama de corsario
que trepado en la vela remaba
como polizón de su propio barco.
Venta de garaje
—¡No, por favor! ¡No hagas eso! ¿Quién mejor que yo para procurarte fantasías y un mágico mundo en el acto?
—Lo lamento —le contestó Alicia al conejo—, pero ya estoy cansada de tus prisas y precocidades. Quiero calidad; y para lo que me das, prefiero al gato.
El viaje
Viajó hasta ese rincón del universo para protestar ante Él por las miserias humanas y para hacerle entender que las diferencias de color entre los hombres eran causa de los sentimientos de superioridad, de ambición, de envidia y de temor, provocando con ello que se mataran entre hermanos.
Y en representación de la humanidad gritó de frustración. Gritó de dolor y gritó de impotente enfado ante lo que acabó por comprender en ése sitio; pues en vez de encontrarse cara a cara con un ser divino ―un ente descomunal―, sólo vio un trono de piedra que los eones habían derruido y entre los restos encontró un polvoso cartel que decía:
“SEDE OFICIAL DE LA DIVINIDAD”
―VACANTE―
Otros tiempos
En los tiempos de María Soledad habían tres premisas, de las cuales, dos, eran las más importantes: ir a misa los domingos, no permitir que las sábanas amanecieran manchadas de sangre —si se era soltera— y no aporrear al marido en caso de descubrírsele infiel.
También había una nutrida reglamentación sobre las buenas costumbres, además de prohibiciones impuestas por la “Liga de la decencia” a toda mujer honorable, pero por sobre todo a las casaderas. A saber:
Las medias de seda sólo estaban bien para las putas, cachondear en la mesa —relamiendo la cuchara al tiempo de lanzarle furtivas miradas al caballero en cuestión— también sólo era correcto en caso de ser puta y ni qué decir sobre fantasear acerca de obtener placer durante el coito, pues eso, redundando, sólo era cosa de putas.
Y aunque en su pueblo no hubo sino hasta mucho tiempo después una casa de citas, cuántas vírgenes y no vírgenes había en esos tiempos, sí señor, que lo hubieran dado todo por adelantarse a la inauguración y sentir por las noches como una puta.
1.- Cada paso que das en la oscuridad, te lleva hacia la luz que iluminará tu horror.
2.- “Soy una muñeca, la muñeca de cada uno de ustedes. Soy lo que ustedes quieren que sea [...] Soy su juguete... Háganme la pregunta que deseen pero de antemano les digo que la respuesta no será mía sino de ustedes.” (Vislumbres de la India, Octavio Paz).
3.- “No vienes a tomar una decisión, sino a entender por qué la tomaste.”
(The Oracle, Matrix).
2.- “Soy una muñeca, la muñeca de cada uno de ustedes. Soy lo que ustedes quieren que sea [...] Soy su juguete... Háganme la pregunta que deseen pero de antemano les digo que la respuesta no será mía sino de ustedes.” (Vislumbres de la India, Octavio Paz).
3.- “No vienes a tomar una decisión, sino a entender por qué la tomaste.”
(The Oracle, Matrix).
Son las 4:30 de una tarde de verano. Tienes ocho años y dibujas una selva prehistórica llena de dinosaurios. Tomas el lápiz de color rojo y coloreas con él los ojos del Tiranosaurio. Te alejas unos centímetros y asientes. Sí, ese color le va que ni pintado.
Son las 11:10 pm. Estás en la calle, tienes veinte años y esperas en la oscuridad de la noche mientras aspiras la nicotina de un cigarrillo. Te recargas en la pared, levantas tu pie izquierdo y lo plantas sobre ella. Das una última calada y avientas lo que queda del cigarrillo. Acompañas con la vista su trayectoria. Va dando giros en el aire, pega en el poste de la luminaria, cae al piso y finalmente lo ves desaparecer por la alcantarilla. Hace frío, el cielo está limpio y se pueden ver todas las estrellas.
Nuevamente son las 4:30, en esta ocasión a.m. Tienes 53 años y dentro de treinta minutos sonará tu despertador. Pero el teléfono se le adelanta. Te saca de tus sueños el repiqueteo. Soñabas con malvas y con puentes sobre un río de color ámbar. Levantas el auricular y una voz burocrática te da el parte antes de que salga en las noticias matutinas. Tu hijo fue asesinado en un pleito de tránsito al poco de salir de un evento.
Miras la punta encendida del cigarrillo, pero no la ves a ella, lo que ves es uno de los ojos rojos de un Tiranosaurio hambriento y voraz que te tiene contra la pared y te vigila al acecho. Lo avientas y es tu vida la que miras desaparecer por la alcantarilla. El cielo está cerrado, nuboso. En tu mente timbra incesante el repiqueteo del teléfono y, cada que levantas el auricular, en lugar de exclamar ¿Aló?, preguntas ¿Por qué?
Están sucediendo cosas
En su inicio fue un acontecimiento difícil de digerir para muchos de nosotros y lo calificamos como un acto más de la charlatanería comercial que nos abrumaba por momentos en aquella época...
Con el tiempo fuimos asimilando que era verdad y nos acostumbramos a la idea de que no estábamos solos, al grado de considerar aburrido y hasta fastidioso tener que convivir con formas de vida alienígena, pues entendimos que no sólo han existido desde siempre, sino que, como se constató poco después, nos atiborran en número incuantificable...
(en especial si tomamos en cuenta a los miembros de esa extraña especie que son como corpúsculos energéticos casi indetectables para la vista y cuya cantidad es prácticamente infinita)
...y que están presentes en todos nuestros actos de vida, desde el nacimiento hasta la muerte, sin que podamos hacer nada para evitarlo.
Es decir, nos miran cuando nos bañamos, cuando hacemos el amor, cuando asesinamos y hasta cuando nos suicidamos, sin dejar de lado cuando realizamos nuestras ceremonias más sagradas, de las cuales no entienden ni siquiera un ápice partido por la mitad y a las que, a pesar de ello, presencian con morboso deleite.
Aún así, nos gustara o no, con el correr de los meses nos habituamos a su descarada estancia entre nosotros y llegamos a creer que ya habíamos visto lo más increíble, así como experimentado lo peor que pudiera ocurrirnos desde que el mundo es mundo.
Sin embargo, a últimas fechas, han estado corriendo rumores muy fuertes y cada día son más los humanos y alienígenas crédulos que se reúnen en el desierto; pues, según dicen, se han avistado ángeles deambulando por allí...
Sitio web: http://www.aullido.com.mx/
miércoles, 29 de junio de 2011
Ricardo Robles Cruz
Ricardo Robles Cruz, nació en la ciudad de México y desde muy pequeño se aficionó a leer y escribir historias, en la adolescencia formó un grupo de Jazz y rock en el cual dio a conocer sus canciones. Luego de rockear un rato se fue a la universidad y, sin dejar de escribir, se la pasó muy bien entre catedráticos y artistas. Fue entonces que comenzó a escribir minificciones, sin percatarse que el género ya había sido inventado (lo descubrió al caer en sus manos una revista de El cuento publicada por Edmundo Valadés). La magia y el misterio de unas cuantas líneas que constituían una historia, lo sedujeron. Nunca volvió a ser el mismo, la posibilidad de narrar en ultracorto lo atrapó para siempre. Más tarde fue funcionario bancario y compositor retirado. Al aburrirse de las finanzas ajenas, hizo algo por las propias y fundó un negocio, todo esto sin dejar de escribir. Luego vinieron colaboraciones en revistas, periódicos y algunos libros publicados. Al tiempo llegó a Ficticia, ciudad de cuentos e historias, donde actualmente es Ex coordinador del Taller de Minicuento de Ficticia. Para no extrañar la actividad ficticiana, realiza el taller del día seis. Y anda viendo en que otro negocio se mete y que mitote cultural lo apasiona.
El extraño
Al llegar a mi departamento la llave no entraba en la cerradura; entonces un sujeto, idéntico a mí, abrió la puerta y me miró receloso:
―¿A quién busca?
―Yo vivo aquí ―contesté enérgico.
―Si no se retira, llamaré a la policía -amenazó y, cerrando con brusquedad, me dejó solo en mi confusión.
Arremetí contra la puerta. El tipo volvió y, desafiante, me informó que había solicitado una patrulla. Busqué colérico entre mi ropa alguna identificación. Para mi sorpresa, lo que encontré fue una pistola. El impostor se echó hacia atrás, pero ya no pude evitar el disparo. La bala dio justo en el pecho y aquel hombre quedó en el suelo, sangrando.
Ahora entro, y angustiado mojo mi cara con agua fría. Cuando alzo la cabeza, el rostro que veo en el espejo no es el mío.
Compulsivo
Encendió un cigarro. Al consumirlo, se fumó un dedo, luego otro, después la mano y, sin poder contenerse, siguió con el resto de su cuerpo. Con el último aliento trató de tomar otro cigarro, pero sus cenizas se desmoronaron antes de alcanzarlo.
Destino
Al desayunar ojeaba el periódico; una ráfaga de aire entró por la ventana, se desprendieron las letras del matutino y dejó las hojas en blanco: vocales, consonantes y toda la puntuación se regaron sobre el mantel. Con la cuchara fue devolviendo la tipografía a su lugar, pero al hacerlo se formaron noticias nuevas. Leyó con azoro la nota de su suicidio… Se apresuró a realizarlo.
Encuentro en las alturas
Sobre el horizonte nocturno, el Arcángel aleteaba suave estabilizando su vuelo. Al planear se deslizaba adentrándose en las nubes. Entonces, lo vio venir pero no tuvo tiempo de esquivarlo. El impacto lo arrojó lejos y sus plumas se dispersaron por el cielo.
La segunda guerra mundial había comenzado.
Sueños húmedos
Soñó que corría entre la lluvia. Despertó empapado, se quitó la pijama mojada y poniéndose su impermeable, acercó el paraguas a la cama. Volvió a dormir. Se vio paseando en un día soleado.
sábado, 18 de junio de 2011
Eréndira Herrera
Eréndira Herrera (México, D. F., 1960). Rara mezcla de escritora-empleada-budista-ambientalista. Comenzó a escribir poemas en la escuela secundaria, pero lo abandonó tras el nacimiento de su hija. Retomó la escritura hace 7 años, principalmente en la Marina de Ficticia, y lo considera una experiencia por demás interesante, satisfactoria, única, pero que sobre todo, que le ha ayudado a crecer como escritora.
A la moda
Se hizo colocar un ‘piercing’ en la punta de la nariz, una hilera de estoperoles en las cejas y una catarata de aretes en las orejas. Tapizó con broqueles los labios, con dijes las mejillas. Para verse más moderna, se cubrió con picas, clavos, espinas, colmillos, balines, piedras y argollas desde el cuello a los tobillos: ¡Hasta un desarmador de cruz se puso! Pese a todo, notó que le faltaba algo, que se veía levemente ‘out’, y comenzó a entretejer cadenas, a enlazar unos herrajes con otros hasta volverse una enramada ambulante cuyo tintineo al caminar trepana con ruido metálico ideas y deseos, en un desesperado intento de aprisionar entre los eslabones así sea nomás un pedacito de espíritu ‘á la mode de Lacroix.’
Infidencias*
—¡Mamá, tienes que ayudarme!
—¡Cálmate!, ¿qué te pasa?
—¡Papá! Se metió de nuevo en nuestra habitación y forcejeó con Ana hasta vencerla. Quiere hacer lo mismo conmigo, ¡protégeme, necesito que me ayudes! ¡Por favor! ¡No quiero volver a verlo!
—Fácil, ¡te vas!, él se queda.
Sólo era una pregunta
Miguel y Pedro recién se conocían en un bar. Entrados en la plática, Miguel pregunta:
―¿Qué opinas de las mujeres que dejan a sus hijos por otro?
―¿Qué opinooo?! ¡Que son unas putas! ¡Son de lo peor! ¡A esas deberían matarlas a madrazos! ¡Mira que dejar a los hijos por otro infeliz! ¿No me digas que es tu caso?
―Pues … sí, pero, yo soy el otro.
Miss Paradigma
Las Dríadas, Orestíadas, Nisíadas y Limoníadas se retiraron protestando del concurso. Las Cirugías Estéticas obtuvieron los primeros lugares.
La lección
Lo persiguieron por el vecindario. Ismael no podía correr con los tacones y la falda ajustada. Gritaba desesperado, sus lágrimas mezcladas con el maquillaje, hacían de su rostro una grotesca máscara. En la carrera, extravió una peluca. Lo alcanzaron en la puerta de su vivienda, en donde pensaba refugiarse, lo empujaron dentro y le propinaron una tremenda golpiza, hasta que su líder, Raúl, pidió a todos que se detuvieran:
—¡Ya muchachos!, ¡creo que con eso tiene este pinche puto!, déjenme a solas con él, le daré una lección extra —el grupo salió, no sin antes injuriar y escupir encima de Ismael, quien yacía boca abajo, llorando lastimosamente. Cuando cerraron la puerta, Raúl se inclinó sobre él, le arrancó lo que restaba de las pantimedias y una tanga; se abrió los pantalones y lo penetró salvajemente, mientras lo sujetaba fuertemente por los cabellos y le susurraba al oído:
—Esto es por tus desprecios ¡cabrón!, ¡ahora sí que te acordarás de mí!
Contacto: egherrer@yahoo.com
*Primer lugar en la Marina de fictica enero de 2005, del tema: Sexualidad marginal.
domingo, 13 de febrero de 2011
Gilberto Marti Lelis Sánchez
Pasante de ingeniería en la Universidad Nacional Autónoma de México, licenciado en Literatura Hispanoamericana por la Universidad Autónoma de Tlaxcala y aspirante a la maestría en Literatura Mexicana por la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla; nací en México D.F. (1968), pero crecí y vivo actualmente en Tlaxcala. Escribo brevedades que a veces son cuento y a ratos poemas, pero casi siempre son otra cosa que el lector descubre. De tales extraños especímenes he publicado un puñado en publicaciones periódicas locales y en la red. Escribo cuando me da la gana y si el tema me provoca.
Magali Sombra
A la sombra le agradaba estar en el sillón o aplanarse contra el tapete, de modo que a veces la pisábamos o nos sentábamos en ella. Nos gustaba estar juntos, callados frente a la chimenea, con chocolate caliente y una cobija en la espalda. Al apagar las luces sentíamos que nada nos separaría. Magali y yo nos abrazábamos, y la sombra se extendía sobre nosotros, oscura, tibia como frazada. Su desaparición coincidió con los mareos de Magali, los vómitos y los estoy embarazada.
Fueron médicos, hospital y chambras, comprar la cuna y pintar el cuarto para el bebé, ultrasonidos y ocho meses —por la cesárea—, y qué bonita la nena, ¡ya nació Magali! Total que a la segunda semana de mal dormir en casa, entre cólicos y biberones, echamos de menos a la sombra. La esperamos un mes, pero no regresó. En cambio pasó aquello repentino con la niña. No hubo tiempo de llorarla: funeral y más visitas, en lugar de chocolates, café, luto y cajita blanca para Magali chica, chiquita, no tuvimos tiempo, no... La noche del día del sepelio, Magali prendió la chimenea, hacía frío, apagamos la luz y, sentados en la alfombra, la frazada nos fue calentando. Pero no regresó. Los arañazos en las ventanas y los ruidos en el ático tenían su explicación racional y aburrida. Ahora preferimos pasar las noches frente al fuego. Quizá aparezca de nuevo, un día cualquiera, como antes.
Milagro para dos cabezas
Descubrí en el fondo de la fuente una hoja muerta, sombra del sentimiento de los pueblos que atravesaba nuestra adolorida caravana de saltimbanquis polvorientos y palurdos, siempre atentos al murmullo de la hojarasca. Y luego estaba tu manera de reprimir un grito cada vez que una hoja crujía bajo tu pie o el mío. No era extraño pensar que, contigo, era divertido patear latas de refresco o conversar acerca de las maravillas que se encuentran en los botes de basura. A veces, sin avisarte, dejaba en tu mano un diente de león para verte soplar las semillas y sonreír. Siempre lo mismo…, de pueblo en pueblo, tanto y tanto tiempo… Hasta que me hiciste ver, en el interior de un árbol caído, los muchos hongos que crecían juntos. Luego lloraste toda la tarde, y nos pusimos tan tristes que nos negamos a continuar nuestras vidas duplicadas y trashumantes. Estábamos cansados. Y nos quedamos aquí para que, cuando uno muera, se lleve al otro y termine el verdadero milagro. Mientras tanto, me gusta pisar hojas secas con tus pies, que son los míos.
El tornillo
Cuando sobresalgo de las superficies que uno, soy gota de plata, círculo acanalado, en cruz o sencillo. Hemisférica o plana, mi cabeza. Soy la cosquilla de los muebles; tentación para martillos; víctima de seguetas; marido para la tuerca y del aceite resbaladilla.
Hay que ver qué mal me imitaban mis colegas en la caja de tornillos, la desfachatez de la caterva ennegrecida al copiar las curvas de mi espiral acerada. Sin mí, el mundo sería, sin duda, un rimero de partes sueltas.
Contacto: gilberto_marti86@yahoo.com.mx
sábado, 12 de febrero de 2011
José Manuel Ortiz Soto
José Manuel Ortiz Soto (Jerécuaro, Guanajuato, 1965) es médico por la Universidad Nacional Autónoma de México, con especialización en Pediatría Médica y Cirugía Pediátrica. Su afición por la literatura lo ha llevado a incursionar en los principales géneros literarios, de los que sobresale la poesía (Réplica de viaje, poemario, 2006 y Ángeles de barro, 2010). Un cuento suyo forma parte de la antología de cuento fantástico Penumbria, Año I (2013), a cargo de Miguel Antonio Lupián. Su minificción se encuentra antologada en Breve antología de microrrelatos navideños (2010), Cien fictimínimos. Microrrelatario de Ficticia (2012), I Antología Triple C (2012) y Deantología. La logia del microrrelato (2013). Es antólogo de El libro de los seres no imaginarios. Minibichario (Ficticia Editorial, 2012) y, con Fernando Sánchez Clelo, de Alebrije de palabras: Escritores mexicanos en breve (BUAP, 2013). De formación predominantemente autodidacta, ha tomado talleres de narrativa con Agustín Cadena y Alberto Chimal, de poesía con Marco Fonz y de minificción en la Marina de Ficticia. Algunos de sus textos han sido premiados en convocatorias del género. Otros textos suyos pueden ser leídos en Arca Ficticia, Círculo de Poesía, Ráfagas, Parpadeos y Químicamente impuro, en la revista A contrapalabra (septiembre y diciembre 2010), La Jornada Semanal y Extra de La Laguna. También es autor de letra y música de canciones; el dueto de payasos Bigotín y Lolita le musicalizaron y grabaron cinco canciones infantiles. Participa en la web con los blogs Ángeles de barro (poesía), Antología virtual de minificción mexicana, Cuervos para tus ojos (minificción), Un pingüino rojo (narrativa y poesía para niños) y Médicos mexicanos por la cultura y el arte, sitio que trata de incentivar y dar a conocer el quehacer artístico de la comunidad médica mexicana. Actualmente es miembro del Comité Editorial de la revista de microrrelato Internacional Microcuentista.
Génesis
A sus pies, el mundo era una mierda por el lado que lo viera. ¿Tenía sentido hacerlo redondo nuevamente? El escarabajo dijo que sí y continuó empujando el pedazo de excremento.
Polvo
Mientras su cuerpo se resquebrajaba entre mis manos, era tarde para sopesar los riesgos de amar a una mujer de barro.
Oscura obsesión
Tejió en el marco de la ventana la mejor de sus telarañas. En ella cayeron pájaros de plumas coloridas, serpientes esquivas y hasta montones de gatos curiosos que rondaban la casa abandonada. Sólo la luna pasa tan oronda entre los hilos de seda para mirarse y juguetear en el espejo del ropero. Pero la viuda no pierde la esperanza de atraparla, y menos después de haber probado la carne blanca de un ángel trasnochado.
Floración
Despertó sobresaltada. Soñó que iba desnuda por la calle, perseguida por una turba de chicos, colibríes e insectos. ¡Qué absurdo!, se dijo ante lo inverosímil de la historia y entró a la ducha. Mientras el agua arrastraba los últimos remanentes del sueño, vio como al contacto de sus manos jabonosas los minúsculos botones de sus senos comenzaban a abrir.
Esa mañana camino de la escuela, Diana exhibía orgullosa sus fragantes alcatraces.
Naturaleza viva
―La vida aquí no es fácil ―musitó el árbol más sabio de la isla y mostró a los visitantes sus oscuras cicatrices―. Si no son los temblores que retuercen la tierra desde las entrañas, es la montaña con sus vómitos ardientes o el océano con sus olas devastadoras. Debemos aceptarlo, la naturaleza es voluble.
Tras escuchar al viejo cedro, los náufragos elogiaron su sapiencia. No podría haber mejor canoa para llevarlos de regreso al continente.
Sitio web: Cuervos para tus ojos
Contacto: manolortizs@msn.com
miércoles, 26 de enero de 2011
Rubén García García
Soy médico egresado de la Universidad Nacional Autónoma de México. Aturdido por el paisaje, escribo los primeros garabatos en la adolescencia. Pero es después del año dos mil, cuando intento aprender la caligrafía de las consonantes. Así nacieron las brevedades que después de haber pasado por varios escalpelos, quedaron más por consideración, que por calidad. Aclaro que si bien es cierto que las enfermedades crónicas me persiguen, mi prosa es joven ―una década en la vida de un escritor es un instante― y tiene dos atributos: bisoña y lerda. Si dicen que es ingeniosa, mesurada y rítmica, me desligo. Nací en Álamo, Veracruz, en 1946, pero he vivido siempre en la ciudad de Poza Rica.
El gen
Sintió la presencia de otro ser similar y aprovechando una contracción puso el cordón alrededor de su cuello. Después de la cesárea, sólo uno de los gemelos lloró.
La oveja negra
Una noche, entre los susurros del acondicionador de aire, le llegó la pretensión. Desde entonces no olvidó el sueño y ahora, justo para cumplir los cuarenta años, él abría las ventanas de su vida. Era bella, de trato claro y amada por todos; su esposo, un varón que se movía en el ambiente social con sensibilidad y cordura. Habían procreado dos hijos que semejaban esplendidez. En su linaje no cabían protuberancias y oquedades. Ella anhelaba lo que en otras cunas sobraba. Deseaba una oveja negra.
Aunque tenía confianza con su esposo, guardó el secreto como parte de su nicho. Poco a poco el deseo adquirió una cuenta de susurros que aparecían como palomas sobre el cielo de su mente. Se vestía menos formal y dejó de asistir a la ópera, para volver la cara hacia expresiones más populares. No era raro verla en funciones donde se daban conciertos de jazz o bien ritmos afro caribeños. Su esposo, fiel acompañante, se extrañaba de los cambios, pero los atribuyó a los vaivenes que las mujeres tienen. Otras veces acudía a lugares donde un saxofón herido dejaba caer las notas en la penumbra.
Ella seguía siendo la mujer transparente y dadivosa con sus semejantes y con su esposo, la mujer apasionada; pero el silencio lo sustituyó por solos de trompeta, y la media luz por la oscuridad. El cónyuge se daba cuenta de su transformación, mas ella lo realizaba con la naturalidad de haberlo hecho miles de veces. Así la amaba, el disfrute de ella, era también el de él y optó por guardar silencio. Su tez láctea contrastaba con los tonos ciegos y los vestidos amplios le daban un aire a la cadera que bamboleaba como lo hacen las cañas de azúcar cuando las mueve el viento. Se aficionó a las comidas sencillas y degustó el sabor del arroz y del banano.
Una madrugada, llegó una ambulancia hasta su residencia. En el servicio de urgencia no dudaron en intervenirla. Su marido sorprendido, veía al lado de ella un vástago; ella, hinchada del corazón, acariciaba maternal a su oveja negra.
Lágrimas negras
La mañana es húmeda y fría. Hace quince noches que la lluvia pertinaz se escurre por las callejuelas del pueblo ahogando los campos sembrados de papa. En la aridez, los viejos soplan sus manos para calentar el pulpejo de los dedos. Las nubes, percudidas de sombra presagian que el mal tiempo seguirá.
Los pobladores oran, y el murmullo busca un trozo de cielo dónde asirse; mas las gotas lo devuelven a la tierra.
Los pobladores oran, y el murmullo busca un trozo de cielo dónde asirse; mas las gotas lo devuelven a la tierra.
Cuatro espectros montados en escuálidos caballos bajan de la serranía y las madres, desesperadas, abrazan el cuerpo de los niños. ¡Lloran sin lágrimas para no mojar más la tierra!
El desierto y la montaña
Después del gran estallido siguió el de las ametralladoras con sus accesos de muerte. Luego hubo un silencio hiriente, frío, que ocupó el espacio de las almas; vino el sollozo y las lágrimas rodaban calientes por el pómulo saliente y polvoso. Gritos de muerte cabalgaban en aquellas tierras de oración y fe. Y entre el desierto y la montaña, incrédulos, se miraban Mahoma y Moisés.
Huevos de pulga
Les dijo que se iría del circo porque su vocación eran las matemáticas.
La recordarían años después como la pulga negra de la familia.
Sitio web: Blog de sendero
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