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viernes, 5 de julio de 2019

Paulo Verdín



Paulo Verdín (Guadalajara, Jalisco, 1978). Es licenciado en Derecho y en Letras Hispánicas por la Universidad de Guadalajara. También es maestro en Literatura Mexicana por la misma casa de estudios. Ha participado en diversas antologías literarias nacionales e internacionales: El microcuento en el lenguaje radiofónico: análisis de sus formas discursivas (2012), Poquito porque es bendito (2013), Minificcionario de amor, locura y muerte (2013), Ambiente reflexivo. Escritura que inspira conciencias (2014), Internacional microcuentista. Revista de lo breve (2015), Vamos al circo. Minificción Hispanoamericana (2016), Plesiosaurio. Primera revista de ficción breve peruana (2016), Cortocircuito. Fusiones en la minificción (2017), Hemisferios: Alianzas de la táctica a la práctica (2017), Antología de microrrelatos policiales (2017) y Para comerte mejor (Caperucita roja a través de los siglos) (2019). Estudia el doctorado en Humanidades de la Universidad de Guadalajara y coordina la editorial de textos breves Effictio Editores. Twitter: @PauloVerdin



Se busca

Mató a su niño interior con el nudo de su corbata. Recompensa: sueldo inicial base y prestaciones de ley.


Las mil y una noches: la microserie

I
Su insomnio era tan grande, que en vez de contar borregos, contaba noches.

II
Estaba cansado de cuentos: “que si esto, que si lo otro, que si los niños, que si el dinero...” El sultán nunca entendió a Sherezade.

III
“Todos los hombres son iguales, nunca escuchan”, pensó para sus adentros Sherezade, mientras repetía otra vez la misma historia.

IV
“Me gustas cuando callas”, dijo el sultán a Sherezade en la mil y dos noches.

V
“¡Esos son puros cuentos!”, gritó el sultán iracundo, “exijo que me digas con quién estuviste esas mil y una noches”.


Apocalipsis creativo

Cierro la ventana para imaginar historias. Sufro. Mis personajes siguen borrosos, sucios, empañados, sin tener vida. La contaminación los ha alcanzado.


Cuauhtémoc

Todo estaba perfectamente planeado: el aceite hirviendo, las brasas al rojo vivo, la quema de los pies, también un confesor. El tesoro de Moctezuma finalmente sería suyo, pero falló algo, se olvidaron de llevar un traductor.


—Me quiere… no me quiere… me quiere…

Al desprender la última hoja, descubrió con gran tristeza, que no era cierto lo que decían sobre el trébol de cuatro hojas.


viernes, 31 de mayo de 2019

Perla C. Hermosillo


Es doctora en Educación, maestra en Literatura Mexicana y licenciada en Letras Hispánicas por la Universidad de Guadalajara. Sus minificciones han sido publicadas en los libros Resonancias (2018), Corto circuito. Fusiones de la minificción (2017), Vamos al circo. Minificción hispanoamericana (2017), Dispara usted o disparo yo. Antología de microrrelatos policiales (2017), Hemisferios: alianzas de la táctica a la práctica (2017), Ambiente Reflexivo. Escritura que inspira conciencias (2014), Ballenas en hormigueros. Antología hispanoamericana de minificción (2014), Poquito porque es bendito. Antología de microcuentos y cuentos breves (2013) y Minificcionario de amor, locura y muerte (2013). Dirige la empresa editorial Effictio editores y es profesora en el Centro Universitario de los Valles de la Universidad de Guadalajara y en el Instituto de Estudios Superiores de Occidente (ITESO). Twitter: @HermosilloPerla



Lección de vida

Su amiga hacía todo mal: se involucraba con hombres inestables o casados; comía frituras en exceso y luego se quejaba de su gordura; quería controlar la vida de los demás y sufría de dependencia emocional con la gente que la rodeaba. Un buen día, cuando le estaba dando clases de control de crisis a su querida compañera, se dio cuenta que, en realidad, se encontraba hablándose a sí misma frente al espejo.
Resonancias, 2018


Acrobacias

Las miradas iban y venían al compás del trapecista que se mecía con placidez en las alturas. Todos dejaron de comer palomitas cuando el hombre hizo un extraordinario salto para colgar de cabeza. Terminó su participación con una asombrosa pirueta. El público se puso de pie entre una exclamación de asombro al unísono. Los aplausos eran interminables.
Los niños salieron sonriendo, entre murmullos y efusivas expresiones de satisfacción. Nunca antes habían disfrutado tanto de la función que se representaba para ellos cada lunes en la escuela. Esta vez los títeres habían estado espectaculares.
Vamos al circo. Minificción hispanoamericana, 2017


Gajes del oficio

Directora: Fernanda Siniestrosa
Actores: Daniel de la Muerte, Ernesto Matamoros
País: México
Sinopsis: Un pueblo pierde la tranquilidad repentinamente. De las tumbas del antiguo cementerio emergen cuerpos putrefactos que se dirigen hacia las casas en busca de carne fresca. Arrastran pesadamente los pies y se les caen algunas extremidades en su trayecto. Un zombi se detiene a mitad del camino. Se queda inmóvil. Se arranca la máscara y la observa con curiosidad. El director se enfurece ante la actitud del actor, quien, después de diez tomas de la misma escena, prefiere retirarse tranquilamente a su camerino para maquillarse. Todos los involucrados en la filmación de esa película entenderán que el poder de la vanidad es parte del oficio.
Cortocircuito. Fusiones de la minificción, 2017


Diálogo en la oficina

—¿Cuáles son las pistas? —pregunta el detective.
Su compañera se levanta del escritorio y busca la información en el archivero. Él la mira con atención. Le gustan sus tacones negros que lucen sensuales en sus pequeños pies. Ese traje gris delinea su silueta a la perfección, aunque su falda no tiene bastilla. Lo que más le fascina son sus manos, muestra de una delicadeza exquisita. Nota una ligera mancha azul en su dedo índice.
— Una pisada, un hilo y una nota suicida, responde la detective.
—¿La huella en la tierra es aproximadamente del número 3?
—Sí
—¿El hilo es de color gris?
—Sí
—¿La nota está escrita con tinta azul?
—Sí
Los dos detectives se miran a los ojos unos segundos. Ágatha le descarga la pistola en el pecho. Orgullosa, sonríe: esta vez superó a Poirot.
Dispara usted o disparo yo. Antología de microrrelatos policiales, 2017


Cenicienta

El hada madrina convirtió sus harapos en un hermoso vestido de encajes blancos. Acomodó sus cabellos maltratados en un elegante peinado alto y adornó su cuello con bellísimos diamantes. Lo más precioso de todo el atuendo eran las zapatillas de cristal. Estaba lista para ir al baile en esa cálida noche de primavera. El imponente carruaje y los majestuosos corceles avanzaban a paso veloz hacia el palacio cuando una horrible tormenta comenzó a caer en el bosque. Antes de que las ruedas se atascaran en el lodo, se refugiaron en las ruinas de una cabaña. La tormenta se transformó en una atroz granizada, luego una inundación arrasó con todo a su paso. El reloj marcó la medianoche. Al verse en harapos arriba de un árbol, la calabaza hecha pedazos y cuatro ratones muertos flotando en el agua, Cenicienta maldijo, desde el fondo de su corazón, el calentamiento global.
Hemisferios: alianzas de la táctica a la práctica, 2017


martes, 9 de abril de 2019

Ricardo Sigala Gómez



Ricardo Sigala Gómez (Guadalajara, Jalisco, 1969) es maestro en Literaturas del Siglo XX por la Universidad de Guadalajara. Es autor de Periplos. Notas para un cuaderno de viajes y Paraíplos (narrativa breve), Domar quimeras (poesía) y Extraño oficio (ensayos). También es autor de Letra sur. Ejercicios de periodismo cultural y de La cristalina del silencio. Muestra de los Juegos Florales de Zapotlán el Grande.
Ha coordinado talleres literarios en diversas instituciones desde hace más veinte años. Ejerce la docencia en la Licenciatura en Letras Hispánicas del Centro Universitario del Sur (CUSur) de la Universidad de Guadalajara.
            Fue director de La gaceta del CUSur, es titular del programa de radio Cumbres de Babel, Letras del mundo, que se transmite por Radio Universidad de Guadalajara Ciudad Guzmán. Es columnista en diversos medios periodísticos de Ciudad Guzmán, como El volcán y Señal informativa región sur.



Un siglo de estos

Por estos días, después de siglos, la cabeza de Orfeo cuenta su historia en las tabernas a cambio de que alguien le incline, sólo un poco, el vaso hacia su boca.

(En Domar quimeras, Unidad Editorial de CULagos, 2018)


Paquete para la abuela

Caperuza se puso el impermeable rojo y salió a la casa de la abuela. Tenía que llevarle un paquete que su madre había cocinado. Lo hacía con gusto, ya sabemos que las abuelas tratan tan bien a sus nietos y ésta no era una excepción, Caperuza había sido más que mimada por la madre de su madre, además no era mala idea compartir el vino con ella, como siempre sucedía. Caperuza abordó el camión en el parador, en él cruzó las aguacateras, los invernaderos y el resto de nuevos cultivos, con su aburrida monotonía y sus molestas emanaciones de fertilizantes.
Fue en ese momento en que se detuvo a pensar si en verdad era bueno que ya no hubiera lobos, pues sistemáticamente llegaba a la casa de la abuela y se encontraba en su lugar con sicarios cobrando el derecho de piso, policías en espera de la “contribución”, militares con sus mecanismos inciviles y obscenos.


Desconfianza

Algunos desconfían de los medios de comunicación y por supuesto de los discursos de los políticos. “Yo desconfío de las palomas”, asegura José, y se sienta a la puerta de su casa con un rifle en la mano, en tanto María sonríe coqueta hacia las alturas.


Las hienas

Las hienas adoptaron la costumbre de acercarse demasiado a nosotros. Al principio las vimos con temor pero la naturalidad con que nos rondaban nos llevó a perderles el miedo, y las llegamos a ver como un exotismo propio de nuestro pueblo. De qué nos preocupamos si ellas se alimentan de carroña, decíamos seguros. Ellas se fueron metiendo cada vez más en nuestras vidas, comenzaron a circular por nuestras calles y banquetas, sentían una inclinación natural por los mercados y las carnicerías,  nuestros parques estaban decorados con su presencia. Se fueron metiendo tanto en nuestras vidas que no nos importó que devoraran nuestros gatos y perros bajo el argumento de que ellas sí habían logrado exterminar las ratas de la ciudad. Entraron inevitablemente a nuestras casas, a nuestras alcobas, fue natural que al comer de nuestras manos, mordieran algún dedo, o la palma. Su amor por nosotros ha crecido y nuestra fascinación las deja devorarnos de a poco. A veces pelean brutalmente por una costilla, a nosotros nos preocupa que puedan hacerse daño.


Entrega

Él le dijo que estaba dispuesto a entregarse en cuerpo y alma. Ella, tan práctica y literal, le tomó la palabra. Se tomó su tiempo y comenzó, con la calma y la paz que la caracterizaban, a olfatear su cabello, después se detuvo en su piel. Más tarde lo besó, primero en los labios, luego su exploración la llevó a lugares insospechados y la llenó de una intensidad que él desconocía. Ella le habló del sabor de su piel y su saliva. Los primeros mordiscos fueron muy estimulantes, pero las mordidas comenzaron a inquietarlo, sin embargo son las cosas que uno debe aceptar por amor. Cuando arrancó los primeros trozos de carne imaginó una fantasía gore. Ella le habló del sutil sabor de la orina, levemente olorosa, de los riñones. El hígado era francamente amargo, la acidez de las tripas la llevaron a la cocina para experimentar entre fritura y especias. Tras un último suspiro, ya no alcanzó a escuchar qué opinaba ella de su corazón.


lunes, 11 de diciembre de 2017

Manuel Fons


Manuel Fons (1982, Guadalajara, Jalisco) es un escritor y pintor mexicano. Estudió las carreras de Artes visuales y Letras hispánicas en la Universidad de Guadalajara y en La Mount Royal University (MRU) en Calgary, Canadá. Es autor de los libros Manuscrito hallado en un manuscrito, Breviario del vicio y Gedankenexperiment.



Haraganería metafísica

Era un tipo tan haragán que cuando murió, en lugar de caminar a la luz al final del túnel, se sentó a esperar el tren durante el resto de la eternidad.


¿Qué es el arte?

La galería rechazó el autorretrato hiperrealista de un elefante por considerarlo carente de discurso, un mero alarde de su virtuosismo. En su lugar pusieron la más reciente obra de un artista conceptual: un zapato viejo que representaba la ineluctable finitud del ser.


Burocracia infernal

Cuando Dante leyó la lista de requisitos para emprender su aventura, que incluía carta de exposición de motivos, cuatro fotos tamaño infantil y dos, credencial, original y copia de pasaporte, comprobante de domicilio, tres cartas de referencia, supo que la burocracia mexicana se había apoderado del infierno y que nunca podría ver a Beatrice.


Mímesis digital

El autómata aprendió tan bien el ajedrez de café que, cuando ganaba, pedía más cerveza y, cuando perdía, se disculpaba por su estado de embriaguez o porque llevaba días sin dormir bien o porque su programador no había hecho un buen trabajo.


Las misteriosas leyes de la física y la química

Ella fascinaba a quien la escuchara, incluso hablando sobre temas tan impopulares como el clima; él, aun discurriendo sobre viajes en el tiempo o los archivos secretos del Vaticano, aburría hasta al más curioso. Ella era la única que lo escuchaba con interés; él es el único que bostezaba con ella. Cuando intentaron hacer el amor se produjo una terrible implosión que se los tragó al instante y liberó una extraña energía. Nadie en la ciudad se salvó: unos murieron de risa; otros, de aburrimiento. 


Sabiduría algorítmica

Su esposo es una basura de ser humano, pero un prodigio en la cama; nadie la ha hecho sufrir ni gozar más que él; es una bestia en el mejor y peor de los sentidos. Lo odia con todo su ser, pero lo ama con todo su cuerpo. En otros tiempos, eso habría implicado un dilema filosófico, emocional y legal, pero gracias a las nuevas querellas digitales, sustentadas en lógicas difusas, un software delimitó la frontera precisa entre el amor y el odio, la pertenencia y la libertad, con base en un algoritmo. La querella se realizó por internet y, después de ingresar los datos pertinentes, la resolución tardó 1.223 segundos. Su estatus marital quedó así: divorciada de él, casada con su pene.


Blog: http://manuelfons.blogspot.mx

miércoles, 8 de noviembre de 2017

Gabriela Ortiz Quintero


Gabriela Ortiz Quintero (Guadalajara, Jalisco) es abogada dedicada a la justicia en materia penal. Desde el año 2011 se integró y participa en el taller de literatura breve “Al gravitar rotando” en Guadalajara, Jalisco, en donde ha publicado breves en los Anuarios de textos breves 2014, 2015, 2016 y 2017 de ediciones Al Gravitar Rotando, La sonámbula, de los Imposible ediciones y Dos filos. También publicó en el libro Hecho a breve, compilación de cuentos y textos breves. Tiene una publicación que es parte de la colección La ronda de los solos: Prolapsos vitrales, compilación de aforismos, microcuentos y micoficciones. Publicaciones realizadas a través de la editorial Al Gravitar Rotando.



Epitafio

Decía el epitafio de un par de amantes “Decidieron echarse un tiro”, sus cadáveres fueron encontrados con una bala en el pecho por motivo de un crimen que jamás fue resuelto.


Azar

Ojalá el azar oliera a azahares, pero el azar es unas veces pestilente y otras dulce como el olor a las frutas maduras o a las flores. Podría hacer una larga lista de los olores que tiene el azar. Pero antes de ello debo determinar si es por azar que estoy escribiendo.


Cuántica

De mecánica cuántica entiendo la mecánica. Más propiamente dicho, de los talleres mecánicos entiendo una cosa: un importante insumo de todos los talleres mecánicos es tener posters y calendarios de voluptuosas mujeres semidesnudas que denotan: física, fricción, volumen y calentamiento. Como ciencia, pura ciencia.


Gräfemberg

Vincenzo y Giulia Puppo, dos investigadores del departamento de Biología de la Universidad de Florencia, recientemente aseguraron que filosofal Punto G no existe. Así las mujeres durante años nos dividimos entre clitorianas y vaginales. Después de esta noticia continuamos divididas, entre las que creen en la ciencia o las que creemos en la magia.


Inversiones

Llevo practicando yoga más de seis meses, hoy por fin pude pararme de cabeza y descubrí porqué San Antonio no funciona


Día de reyes

El 6 de enero desperté muy temprano, vi que no me trajeron nada, absolutamente nada los reyes malditos. Corrí por un bidón lleno de gasolina, incendié el arbolito e incendié también la casa ... ¿Qué hubieran hecho ustedes?


Zorra

La palabra zorra tiene varias acepciones: una constelación, un mamífero, un vehículo ferroviario y también la vagina, la vulva o una puta. No he encontrado mejor palabra que zorra para convertir este punto final en un punto de equilibro.



miércoles, 9 de agosto de 2017

Martha J. Ramírez


Martha J. Ramírez nació en Guadalajara en el tiempo que sus padres recalaron ahí, en 1962, pero su crianza y educación en Monterrey la hacen sentirse orgullosamente regia. Es comunicóloga y había trabajado como editora de periódicos y revistas y como traductora antes de dejarse atraer hacia las nuevas fronteras de la comunicación en el periodismo ciudadano, el marketing de contenidos y el análisis de comunidades en redes sociales. En 2011, cursó el Diplomado de Creación Literaria del INBA y descubrió el gusto por escribir que vino a completar su pasión por la lectura. Al año siguiente, tomó los cursos de Especialización de Cuento y Novela del INBA, y participó en 2016 en el Seminario para las Letras Guanajuatenses Efrén Hernández y en el Festival Internacional de Escritores y Literatura de San Miguel de Allende. Escribe minificción y cuento y ha publicado como parte de la antología Feria de la realidad. 19 miradas (Ediciones La Rana, 2013) y sus colecciones La vida en un instante (edición digital en Ediciones La Rana, 2014) y Cambio de rumbo (Los Otros Libros, 2016).



Testigo de excepción

Desde el ventanal, presencié el asesinato. En esa noche lluviosa, lo vi todo. Observé cómo el hombre se acercó a la mujer y le disparó cuando ella se negó a entregar su bolso. Él huyó, pero distinguí claramente sus rasgos y su complexión. Incluso lo reconocí cuando se unió a los curiosos. Sentí la frustración de no poder denunciarlo. Es el inconveniente de ser un maniquí de escaparate.


Salida falsa

El mejor momento del día era por la mañana, cuando descorrías las cortinas. El sol me atravesaba iluminando la habitación, mientras yo enmarcaba la vista aérea de la ciudad y la volvía parte de tu decoración. Todo cambió en el momento en que decidiste usarme como puerta de escape, dejándome abierta a todo tipo de conjeturas.


Resignación

Llueve. Bajo los arcos donde espera al amor día con día, la mujer siente morir su esperanza con cada gota que la salpica, con cada piropo soez que le lanzan, con cada mirada lasciva que la recorre. En un profundo suspiro, exhala todo su romanticismo mientras se acerca sonriente al hombre que la llama desde su auto. Hoy tampoco será.


Ni nos ven ni nos oyen

Escucho un llanto desgarrador que interrumpe la fiesta. Me separo del grupo y me acerco al rincón de donde proviene. Descubro a una mujer desconsolada que se vuelve y fija su mirada en mí. Me pregunto cómo es que para los demás pasa inadvertida.
Bueno, en verdad ni siquiera me escuchan o me ven a mí. Es que desde hace un tiempo suelo ser transparente y silencioso, y esta es la primera vez que me encuentro frente a otro fantasma.


Naufragio

Zozobré en cuanto abrí sus páginas. Me sumergí en la historia, me aferré a los personajes, floté a la deriva en el argumento y terminé encontrando refugio en sus palabras.
Tu llegada me rescata, pero mi único anhelo es volver a esa isla rodeada de un mar de letras.

martes, 19 de abril de 2016

Luis Felipe Lomelí



Luis Felipe Lomelí (Etzatlán, Jalisco, 1975). Narrador, ingeniero físico, ecólogo y candidato a doctor en filosofía. Ha sido becario de diversas instituciones: ITESM, Organización de Estados Americanos, Centro de Escritores de Monterrey, FOECA de Jalisco, Jóvenes Creadores del Fonca, Fundación para las Letras Mexicanas y del CONACyT. Miembro del SNCA del Fonca desde 2012. Premio Nacional San Luis Potosí 2001 por Todos santos de California. Premio Latinoamericano de Cuento Edmundo Valadés por El Cielo de Neuquén. A plublicado los libros de cuento: Todos santos de California, INBA/Tusquets, La flauta mágica, 2002; 2014; Ella sigue de viaje, Tusquets, Andanzas, 2005; Okigbo vs. las transnacionales y otras historias de protesta, La Pereza Ediciones, Miami, 2015; novela: Cuaderno de flores, Tusquets (Andanzas), 2007; El alivio de los ahogados, Cuadrivio, 2013;  Indio borrado, Tusquets (Andanzas), 2014. Sus textos han aparecido en diversas antologías, revistas y periódicos nacionales e internacionales.



El emigrante

—¿Olvida usted algo?
—¡Ojalá!

lunes, 8 de febrero de 2016

Juan Carlos Gallegos Rivera






Juan Carlos Gallegos Rivera (Guadalajara, Jalisco, 1983). Egresado de la Maestría en Estudios de Literatura Mexicana de la Universidad de Guadalajara. Autor del libro La rubia despampanante y otras microhistorias (Effictio, 2014). Algunos de sus textos de ficción aparecen en Antología de cuento breve (Plenilunio, 2006) y Poquito porque es bendito. Antología de microcuentos y cuentos breves (Universidad Iberoamericana León, 2013). También ha publicado ensayos sobre la minificción en La estética de lo mínimo. Ensayos sobre microrrelatos mexicanos (U de G, 2013) y Plesiosauro. Primera revista de ficción breve peruana, además del ensayo “La música en el espacio exterior. Canciones más allá de la atmósfera, 1961–2015”, publicado en la revista virtual Replicante. Ha ganado una vez y ha obtenido cinco menciones en el concurso de minificción convocado cada mes por Alberto Chimal en www.lashistorias.com.mx Es también coautor de la obra de teatro infantil Un grito ecológico.







Soldía



Ha amanecido. En el horizonte se eleva una gran sandía luminosa que irradia su verde luz por el cielo, en el que miles de peces rojos nadan bajo gigantescas ovejas flotantes. Hay mucho más que podría mencionarse, pero Alicia no lo quiere ver. Con la ojeada que ha dado al cielo tras abrir la ventana es suficiente para que haga una mueca de auténtico fastidio y diga “otra vez el narrador anda de excéntrico”.





El drama de un lápiz



Después de comprarlo le dijo que juntos escribirían una historia, la primera de varias, y él esperó pacientemente el momento en que se habrían de poner a trabajar, mas éste no llegaba. Un día, el cajón donde estaba guardado quedó entreabierto. Se asomó, y se dio cuenta de que aquel joven escribía sin necesidad de lápices o borradores: usaba una computadora. En ella guardaba las historias, escritas en papel cibernético, las cuáles modificaba cuantas veces quisiera, sin dejar manchones, y escribía mucho más rápido que si lo hiciera a mano. El lápiz se hundió en el cajón, con su cabeza aún intacta por el sacapuntas, y comenzó a llorar. Su cilíndrico corazón estaba roto. Al día siguiente el joven, mientras buscaba algo, descubrió junto al lápiz manchas de grafito, como si fuera tinta que se había escurrido de una pluma.





[La rubia despampanante] 13



Se abre la puerta del elevador y sale una rubia despampanante. Decido ir tras ella luego de observarla unos segundos, descaradamente. La alcanzo y la tomo del brazo. Ella voltea y me mira. Voy a besar sus labios, sensuales como los de Angelina Jolie, cuando Heráclito, quien también sale del elevador, dice “ya no es la misma rubia”. Me doy cuenta de ello. La suelto y la dejo ir, frustrado.
 



[La rubia despampanante] 14



Se abre la puerta del elevador y sale una rubia despampanante. La observo descaradamente mientras camina durante unos segundos. Decido ir tras ella. Cuando llego al sitio donde estaba cuando decidí seguirla, la rubia ya está unos metros más adelante. Cuando llego ahí, ella está un poco más allá. Cuando llego a ese nuevo lugar, ella ya avanzó más. Seguimos así por minutos. Junto al elevador observa Zenón de Elea, quien me escucha exclamar desesperado “¡malditos filósofos griegos!”.





El soñador

A la memoria de S. E.



Sueño. Sueño que Sueño. Oníricamente me observo soñar que sueño y también puedo observarme observar que sueño. Me recuerdo soñando ya y también observándome que soñaba. Y me sueño recordando que me observo soñar y me recuerdo observándome recordar que soñaba y sueño observándome soñar que recuerdo haberme observado soñar que me observaba soñar que recordaba haberme observado soñar que soñaba y que soñaba que sueño que soñaba. También puedo observarme soñando que ya había soñado que me imaginaría soñando que había soñado que me imaginaba soñando que me observo soñar que sueño.



Contacto: Twitter @JnCrlsGllgs