miércoles, 29 de junio de 2011

Ricardo Robles Cruz


Ricardo Robles Cruz, nació en la ciudad de México y desde muy pequeño se aficionó a leer y escribir historias, en la adolescencia formó un grupo de Jazz y rock en el cual dio a conocer sus canciones. Luego de rockear un rato se fue a la universidad y, sin dejar de escribir, se la pasó muy bien entre catedráticos y artistas. Fue entonces que comenzó a escribir minificciones, sin percatarse que el género ya había sido inventado (lo descubrió al caer en sus manos una revista de El cuento publicada por Edmundo Valadés). La magia y el misterio de unas cuantas líneas que constituían una historia, lo sedujeron. Nunca volvió a ser el mismo, la posibilidad de narrar en ultracorto lo atrapó para siempre. Más tarde fue funcionario bancario y compositor retirado. Al aburrirse de las finanzas ajenas, hizo algo por las propias y fundó un negocio, todo esto sin dejar de escribir. Luego vinieron colaboraciones en revistas, periódicos y algunos libros publicados. Al tiempo llegó a Ficticia, ciudad de cuentos e historias, donde actualmente es Ex coordinador del Taller de Minicuento de Ficticia. Para no extrañar la actividad ficticiana, realiza el taller del día seis. Y anda viendo en que otro negocio se mete y que mitote cultural lo apasiona.



El extraño

Al llegar a mi departamento la llave no entraba en la cerradura; entonces un sujeto, idéntico a mí, abrió la puerta y me miró receloso:
―¿A quién busca?
―Yo vivo aquí ―contesté enérgico.
―Si no se retira, llamaré a la policía -amenazó y, cerrando con brusquedad, me dejó solo en mi confusión.
Arremetí contra la puerta. El tipo volvió y, desafiante, me informó que había solicitado una patrulla. Busqué colérico entre mi ropa alguna identificación. Para mi sorpresa, lo que encontré fue una pistola. El impostor se echó hacia atrás, pero ya no pude evitar el disparo. La bala dio justo en el pecho y aquel hombre quedó en el suelo, sangrando.
Ahora entro, y angustiado mojo mi cara con agua fría. Cuando alzo la cabeza, el rostro que veo en el espejo no es el mío.


Compulsivo

Encendió un cigarro. Al consumirlo, se fumó un dedo, luego otro, después la mano y, sin poder contenerse, siguió con el resto de su cuerpo. Con el último aliento trató de tomar otro cigarro, pero sus cenizas se desmoronaron antes de alcanzarlo.


Destino

Al desayunar ojeaba el periódico; una ráfaga de aire entró por la ventana, se desprendieron las letras del matutino y dejó las hojas en blanco: vocales, consonantes y toda la puntuación se regaron sobre el mantel. Con la cuchara fue devolviendo la tipografía a su lugar, pero al hacerlo se formaron noticias nuevas. Leyó con azoro la nota de su suicidio… Se apresuró a realizarlo.


Encuentro en las alturas

Sobre el horizonte nocturno, el Arcángel aleteaba suave estabilizando su vuelo. Al planear se deslizaba adentrándose en las nubes. Entonces, lo vio venir pero no tuvo tiempo de esquivarlo. El impacto lo arrojó lejos y sus plumas se dispersaron por el cielo.
La segunda guerra mundial había comenzado.


Sueños húmedos

Soñó que corría entre la lluvia. Despertó empapado, se quitó la pijama mojada y poniéndose su impermeable, acercó el paraguas a la cama. Volvió a dormir. Se vio paseando en un día soleado.

2 comentarios:

senddero dijo...

Escelente, todas muy buenas.... la primera tiene un final inesperado un abrazo Rub

carlos de la parra dijo...

Opino igual que el anterior.
Muy festivo éste maestro.