jueves, 7 de julio de 2011

José T. Espinosa-Jácome


José T. Espinosa-Jácome nació en Veracruz, México. Estudió la licenciatura en lengua y literatura hispánicas en la Universidad Iberoamericana. Hizo la maestría en Literatura Chicana en Denver University y obtuvo el doctorado en Letras Mexicanas en la Universidad de Nebraska, Lincoln. Ha sido periodista, escritor de libretos para la televisión, traductor de tiras cómicas, productor, conductor, actor, y animador del programa Los Signos en Rotación, para KZUM, y ha sido también compositor de música popular. Ha publicado Con el sereno ritmo de una gota de agua (poemas), y un estudio psicoanalítico La focalización Inconsciente en Pedro Páramo. El Bulletin Hispanique publicó en 1998 su artículo Palinuro: Escultura del artista adolescente capítulo de su libro sobre Fernando del Paso. Su libro, Las bicicletas de Boulder, publicado por editorial Eón en 2006, recibió el Chicano/Latino Literary Prize en el género de poesía, que otorga la Universidad de California, Irvine. En 2008 apareció su libro De entre los sueños: el espectro surrealista en Fernando del Paso. Ha enseñado en Athens Georgia, en Yale, y en la actualidad es Assistant Professor en Ball State University de Muncie, Indiana.



Ombligo

Era yo una letra i, con la luna en mi cielo.  


Abulia

Cuando todos en el pueblo se empezaron a suicidar, nos dimos cuenta de que la Parca no estaba haciendo su trabajo.


Y al armadillo aún le crecía el pelo después de muerto

Era un charango que cuando lo rasgaban le salía un ángel por entre las cuerdas.


El Devenir del Ometeotl

Existo porque nombras. Naciste al inventarnos. Desde entonces ―inseparables―,  tú volumen, yo luz; y los dos somos fuego, polvo… nada.


El cielo fue testigo

Honorable Sr. Juez, honorable Jurado: ruego a vuestra magnanimidad que seáis indulgentes con la acusada ―mejor conocida en el barrio como La Tacha―, ya que su culpa singular estriba en llamarse Eutanasia, y todo como resultado de un error de imprenta en el santoral que utilizara el cura el día de su bautizo, el cual debía de registrar ―entre los santos que se celebraban aquel día―, el de Santa Atanasia. Tal vez por esta razón, cada cual que oía su nombre, imploraba y aún exigía, que le dieran la muerte entre sus brazos.

1 comentario:

Piel dijo...

Una persona muy interesante.
Saludos.