domingo, 13 de febrero de 2011

Agustín Monsreal


Agustín Monsreal nació en la ciudad de Mérida, Yucatán, en 1941. Inició su carrera literaria  en el volumen colectivo 22 Cuentos 4 Autores  (1970). Un año después obtiene el Premio Nacional de Cuento  del INJM. En 1978 fue finalista en el Premio Nacional de Poesía de Aguascalientes con Canción de amor al revés y ganó el Premio Nacional de Cuento de San Luis Potosí con Los ángeles enfermos (1979). En 1987 obtuvo el Premio Antonio Mediz Bolio  con La banda de los enanos calvos. En 1996 se hizo merecedor al mismo premio, pero ahora por su trayectoria literaria. En 1999 fue galardonado con la Medalla Yucatán y en 2009 el Congreso de Yucatán  lo laureó con la medalla Héctor Victoria Aguilar, máxima presea que se otorga a nombre del pueblo yucateco.
            Agustín Monsreal ha publicado los libros de poesía  Punto de fuga (1979), Canción de amor al revés (1980), Cantar sin designio (1995), Perseverancias de amor (2008); y los libros de cuentos Los ángeles enfermos (1979), Cazadores de fantasmas (1982), Sueños de segunda mano (1983), Pájaros de la misma sombra (1987), La banda de los enanos calvos (1987), Lugares en el abismo (1993), Infierno para dos (1995), Diccionario de juguetería (1996), Las terrazas del purgatorio (1998), Tercia de ases (1998), A la salud del cuento (2003), Cuentos de fugitivas y solitarios (2004), Los hermanos menores de los pigmeos (2004), Diccionario al desnudo. No ilustrado (2009) y Desde el vientre de la ballena (2010).
            Su obra se ha incluido en más de 35 antologías y se ha traducido a múltiples idiomas. Desde 1995 en la ciudad de Mérida se instituyó el Premio de Cuento Agustín Monsreal.



CONTRADICCIONES IMPECABLES*


Reencarnación

¡Carajo, otra vez perro!


Desde el balcón

Te vi. Qué mejor prueba de que Dios existe.


Viernes por la noche

Eres la mujer de mi vida de aquí hasta el domingo.


Sí, pero no

La montaña vino a Mahoma, y lo aplastó, por supuesto.


Regla de juego

Cualquier bufón sabe que de la alegría a la angustia hay la misma distancia que del tedio al vacío.


Páramo y Rayuela

Susana le demostró a Pedro que sí hay mujer imposible, y la Maga a Oliveira que no hay mujer propia.


Amores correspondidos

Cada que se veía al espejo, veía un sapo. Vino ella, le dio un beso, profundo, largo, y se rompió el espejo.


Un episodio infantil

Cien años tuvo que esperar la Bella Durmiente para que pasara por ahí un Príncipe Necrófilo y la besara.


Un bordado de hadas

¡Cuidado! Si te descuidas, esta mujer única, extraordinaria, digna, perfecta, se puede convertir en tu esposa.


El dolor de los pequeños

Dios tocó a la puerta, como cada fin de año, pero mamá no quiso abrirle porque ya no quería tener más hijos.


Disparatario

El cirujano estético se gana la vida echando a perder lo que de por sí está mal hecho, le enmienda la plana a la naturaleza y la vuelve incongruente, falsa, inverosímil, fea.


Tolerancia a la frustración

En las relaciones conyugales siempre existen vencedores y vencidos, y los vencidos siempre terminan dominando a los vencedores a fuerza de fatiga, de aburrimiento, de sueño, de bostezos.


Rosa y azul

Se casaron y poquito después, muy poquito después, ella se transformó en rana y él en sapo. Los dos, en la misma cama, espalda con espalda, se acogían cada noche a la esperanza del beso redentor.


Blancanievesmente

Cadenciosa, provocativa, seductora, fascinante, embaucadora, apetitosa, cautivadora, exuberante, continuaba su juego, alargaba la intención de sus contorsiones; al espejo, insobornable, le seguía pareciendo la misma muchachita fea, descuerpada e insípida de siempre. En cambio su madrastra…


Garabato al calce

¿Y yo? A cualquiera de ellos lo atiendes, vas a visitarlo, lo cuidas si se enferma, le hablas por teléfono todos los días, le escribes si está fuera de la ciudad, le festejas y celebras la menor cosa que hace, ¿y yo? ¿Qué tienen ellos que no tenga yo? ¿Valgo menos yo que cualquiera de tus otros hijos?


No me hagas reír

El niño le dijo al hombre gordo:
―Oye, hombre, ¿por qué estás tan gordo?
Y el hombre gordo le dijo:
―Porque me como a los niños.
Y el niño salió disparado, lejos del hombre gordo.


Entre dos aguas

Sueño que te sueño mientras sueño. En mi sueño estás despierta mirándome soñarte. Me acerco para tocarte pero no puedo porque tú estás despierta y yo soñando que te sueño mientras sueño. Entonces decido despertar dentro del sueño y te miro mirarme soñar que he despertado para acercarme a tocarte y que me miras mirarte despierta dentro del sueño donde nos miro despiertos a los dos mirándonos sabiéndonos parte de mi sueño donde nos sueño despiertos y mirándonos mirar que nos estoy soñando mientras sueño.


Laberinto sin salida

Solo, completamente solo; triste, horriblemente triste; y desgraciado, pertinazmente desgraciado, Lázaro decidió morir.
            Y murió.
            Sin embargo, vino su primo, que según decían era chamán y tenía poderes y andaba haciendo prodigios sin mirar a quién y sin preguntar si la gente quería que los hiciera, y lo revivió.
            Solo, triste y desgraciado, Lázaro ya no soporta más la vida, pero tiene miedo de morir por segunda vez, y de volver a encontrarse con el milagrero de su primo.

*Agradecemos al maestro Agustín Monsreal los textos proporcionados para esta antología.
Sitio web: www.agustinmonsreal.com