jueves, 8 de mayo de 2014

Armando Gutiérrez Méndez


Armando Gutiérrez Méndez (León, Guanajuato., 1971) es licenciado en Derecho. Recibió el Premio Nacional de Cuento Efrén Hernández en 2005 y el Premio de Bellas Artes de Cuento San Luis Potosí en 2010. Publicó Apilados cráneos de mamut de piedra (Ediciones La Rana, 2006) y El rehilete (Ficticia Editorial, 2010). Además, ha aparecido en las antologías Palabras germinales (Ediciones La Rana, 2001), Contar para vivir. Antología de Cuento Corto (Universidad Iberoamericana, 2002), Una cierta alegría en no saber a dónde vamos. Cuento de Guanajuato, 1985 - 2008 (Instituto Cultural de León, 2009), Poquito porque es bendito. Antología de microcuentos y cuentos breves (Universidad Iberoamericana, Instituto Cultural de León, 2013) y Alebrije de palabras: Escritores mexicanos en breve (BUAP, 2013). 



La metamorfosis

Al despertar una mañana, tras un sueño intranquilo, se encontró en su cama convertido en un monstruoso ser humano. No estaba soñando. Al descubrirlo, su madre retrocedió asustada y se desplomó en medio de sus numerosas patitas delgadas. El padre, menos impresionable, lo amenazó con las tenazas de su boca: en sus ojos brillaba un sincero deseo de devorarlo.


Corpúsculo luon

El luon es un corpúsculo que, en reposo, vive 4.30 microsegundos. Sometido a una velocidad cercana a la de la luz en el vacío, apenas envejece .43 microsegundos en el instante en que los luones inmóviles, al terminar su período vital, ya han desaparecido.


La tierra cóncava

Antes de internarse en el Polo Sur, de donde ya no regresaría, el capitán francés Justin Prérogue escribió en su bitácora: “Y declaro que la tierra es cóncava, que el cielo no es infinito, sino circunscrito, que el Sol es un guijarro ignífero situado en el centro de la Tierra, que las estrellas son chinas brillantes que forman parte del gas que llena el interior del globo, que lo que llamamos planeta son pequeñas esferas de piedra, huecas también, y que en el interior de cada una de ellas existe otro mundo, por lo tanto, concluyo que nuestra propia esfera terrestre está contenida dentro de otra más grande, dotada ella misma de un universo particular, y así sucesiva e infinitamente”.


Historia de muñones

Al despertar una mañana e intentar calzarse las botas, se dio cuenta de que había amanecido sin pies: en su lugar sobresalían dos perfectos muñones. Ahora pasa los días sentado en un sofá frente a la puerta de su casa, mirando a la gente caminar. Su carácter se ha agriado y le empiezan a brotar ampollas en las nalgas. Un día, al expurgar con un palillo su oreja, en vez de cerumen extrajo un pedazo de cerebro. Ahora tiene la mirada perdida y la baba le escurre por la boca. No hay quien lo cuide y el sillón se halla colmado de mierda y orines. Una mañana amaneció muerto de inanición, sentado en el sofá, detrás de la puerta de su casa. Su cuerpo fue arrojado a la fosa común y nunca nadie más se volvió a acordar de él.


La banda del marro

Era un ladrón, pertenecía a la Banda del marro. Con un marro quebraba el cristal de las vitrinas y nos apoderábamos de los relojes más finos. Salía a la calle y caminaba tranquilo al auto que esperaba. Cuando lo balearon los policías, corría desaforado y pude esconderme en una finca abandonada. Estaba enroscado como un gusano. Tenía una mueca terrible. El policía que me encontró tuvo que calmarme y hasta me dio ligeros golpecitos en la cabeza y en la espalda. El estómago estaba destrozado. Me oriné en los pantalones. Parecía un niño desvalido. Me subieron a una patrulla y alcancé a ver cuando lo subían a un vehículo del servicio forense. Era un hombre cabal, valiente. En vez de correr prefería el enfrentamiento frontal. Era todo lo que tenía en el mundo. Hubiera preferido estar yo en su lugar.



Todos los textos fueron tomados de Armando Gutiérrez Méndez, El rehilete, Fictia Editorial, 2010.