jueves, 24 de febrero de 2011

José de la Colina



José de la Colina (Santander, España, 1934), narrador, editor y crítico.  Al término de la guerra civil española su familia se traslada a Francia, Bélgica, Santo Domingo, Cuba y México, donde reside desde 1940. Publica a los 21 años su primer libro Cuentos para vencer a la muerte. Ha sido miembro de los consejos de redacción de Revista Mexicana de Literatura, Plural y Vuelta, subdirector del suplemento cultural sábado del diario unomásuno y director del Semanario Cultural del periódico Novedades. Ha colaborado con un sinfín de revistas como Revista de la Universidad de México, Letras Libres, México en la Cultura, Casa de las Américas (Cuba), Le Chanteau du verre (Bélgica), Contrechamp y Positif (Francia). En el año de 1994 ingresa al Sistema Nacional de Creadores Artísticos. Su narrativa breve se compone por La tumba india (1984), Tren de historias (1998), Álbum de Lilith (2000), Traer a cuento / Narrativa (1959-2003) (2004), Muertes ejemplares (2005), Portarrelatos (2007). En 2002 le fue otorgado el premio Mazatlán de Literatura.



La culta dama

Le pregunté a la culta dama si conocía el cuento de Augusto Monterroso titulado "El dinosaurio".
―Ah, es una delicia ―me respondió― ya estoy leyéndolo.


Las sirenas

Otra versión de la Odisea cuenta que la tripulación se perdió porque Ulises había ordenado a sus compañeros que se taparan los oídos para no oír el pérfido si bien dulce canto de las sirenas, pero olvidó indicarles que cerraran los ojos, y como además las sirenas, de formas generosas, sabían danzar...


La bella durmiente

El príncipe despertador besó a la bella durmiente, que despertó mientras él se dormía, y ella entonces lo besó a él, que despertó mientras ella volvía a dormir, entonces él...


Una pasión en el desierto

El extenuado y sediento viajero perdido en el desierto vio que la hermosa mujer del oasis venía hacia él cargando un ánfora en la que el agua danzaba al ritmo de las caderas.
―¡Por Alá ―gritó―, dime que esto no es un espejismo!
―No ―respondió la mujer, sonriendo―. El espejismo eres tú.
Y en un parpadeo de la mujer el hombre desapareció.


El final del principio

Aprovechando que Dios, tras haber trabajado seis días de la semana en la creación del Mundo, se había tomado el domingo y retirado a descansar, el Diablo entró en la Tierra y fundó la Historia.


Eurídice

Habiendo perdido a Eurídice, Orfeo la lloró largo tiempo, y su llanto fue volviéndose canciones que encantaban a todos los ciudadanos, quienes le daban monedas y le pedían encores. Luego fue a buscar a Eurídice al infierno, y allí cantó sus llantos y Plutón escuchó con placer y le dijo:
—Te devuelvo a tu esposa, pero sólo podrán los dos salir de aquí si en el camino ella te sigue y nunca te vuelves a verla, porque la perderías para siempre.
Y echaron los dos esposos a andar, él mirando hacia delante y ella siguiendo sus pasos...
Mientras andaban y a punto de llegar a la salida, recordó Orfeo aquello de que los Dioses infligen desgracias a los hombres para que tengan asuntos que cantar, y sintió nostalgia de los aplausos y los honores y las riquezas que le habían logrado las elegías motivadas por la ausencia de su esposa.
Y entonces con el corazón dolido y una sonrisa de disculpa volvió el rostro y miró a Eurídice.

3 comentarios:

Patricia dijo...

Conocía La culta dama, con los otros el placer de leerlos fue a estrenar.

Elisa dijo...

Yo, igual que Patricia, sólo conocía La culta dama, los demás me han encantado, especialmente Eurídice.

Oscar mtz dijo...

Eurídice. soberbio. encantador.