martes, 9 de diciembre de 2014

Julio César Sánchez Chilaca


Julio César Sánchez Chilaca (1981, Puebla, Puebla). Estudia la licenciatura en Artes Plásticas, en el Instituto de Artes Visuales del estado de Puebla. Así como en los talleres de poesía de la sociedad de escritores de México (SOGEM) de Puebla, del 2008 hasta la fecha. En 2004 obtuvo el primer lugar en el concurso de cuento del periódico Síntesis, con el cuento un día en la vida publicado en el mismo diario; así como el primer lugar en el concurso de poesía convocado por la BUAP (Benemérita Universidad Autónoma de Puebla), y con la obra Dulces sueños obtuvo el premio Nacional de Cuento Tintanueva 2012. Es incluido en la antologia Cuando la luz se descifra 2013, y recientemente en el 2014 publicó el poemario: Serena oscuridad.


Té de tila

Bebiendo sorbos del té de tila, la anciana  fue a recostarse a su cama. Sintió cómo poco a poco se relajaban los nervios, pues desde hace varios meses sufría la paranoia de que alguien merodeaba su hogar. Al irse tranquilizando con la bebida, descubrió que las sigilosas pisadas eran en realidad el crujir del viejo piso de madera, y que aquellos objetos puestos en otros sitios, eran movidos por ella misma y a su mala memoria. La tranquilidad fue retornando aquella noche.
Bajo un sopor insostenible, apenas pudo apagar la lámpara antes de hundirse en su sueño, a la vez que una sombra tétrica acechaba desde el umbral de la habitación.


Amnesia

Después de aquel duro golpe, olvidó todo, inclusive que había muerto.


Inesperado

Sin que nadie la llamara, la niña apareció de súbito en el umbral de aquella pieza donde se encontraban los policías y su padre. Ella, con los labios pálidos y temblorosos, señaló a su progenitor como el asesino de su mamá. También dijo cómo después de degollarla la arrastró hacia el sótano, mientras ella estaba oculta debajo de la mesa. Los agentes lo aprendieron, a la vez que el criminal quedaba atónito y confundido, porque estaba seguro de que su hija era muda.



La cita

Jorge bebía una taza de café mientras esperaba a Laura, su prometida, en aquel íntimo restauran. Muy pronto los aromas que flotaban desde la cocina lo sumergieron en la mezcla del amor por Laura y el vislumbre de imaginar los alimentos, además de la forma en cómo elaborarlos con esa destreza que él poseía. Fue fantaseando cómo cortaría la carne suave y blanca de su novia, en primera intención para cocinar ese filete tipo rib eye con sala agridulce que por tanto tiempo se había privado; su hígado en posterior en ese pate acompañado de pimientos verdes, para después concluir con la medula al guisarla en una fina sopa.
––¿En qué tanto piensas, Jorge? ––le preguntó Laura, mientras le daba un beso en la mejilla.
––Solo puedo pensar en ti.
Ella dibujo una sonrisa en los labios.


Sempiterno

La mujer retrocede ante aquel precipicio con el rostro pálido y sus pupilas dilatadas por el temor, sin embargo,  la tierra se afloja y cae dentro de esa oscuridad infinita bajo un grito que hace despertar al hombre que la sueña.
Él enciende la luz para retornar a la seguridad de su cama. Se descubre agitado, bañado en sudor frío. Estando más sosegado, piensa que no hay nada de qué preocuparse, que sólo se trató de una pesadilla y que no puede encerrar ningún mal augurio, porque ni siquiera conoce a la mujer. Entonces decide ir a tomar un vaso de agua. Al hacerlo y dar los primeros pasos, sus ojos se llenan de terror: descubre que se encuentra al borde de un despeñadero al que caerá, dando un alarido que despertara a una mujer desconocida.


1 comentario:

Carlos de la Parra dijo...

Agradable muestra que presentas con los textos de éste joven maestro.
Brillante manera de armar los relatos con golpe muy especial de sorpresa.