martes, 30 de diciembre de 2014

Günter Petrak


Nació en Puebla, en 1958. Como autor ha publicado artículos y ensayos  en revistas nacionales e internacionales (un par de sus ensayos han sido traducidos al inglés y al hindú y recientemente uno de sus poemas ha sido publicado en italiano) además de tres libros de cuentos (El mar azul de sus ondulaciones, Para leer la tarde, Los hombres de maíz y otras historias), una novela (Ciudad de otros) y un libro de texto sobre Redacción que ha vendido más de ocho mil ejemplares. También tiene en imprenta una nueva antología de cuentos: Eros desarmado. Fue becario del Fondo Nacional para la Cultura y las Artes 1998 y ha obtenido reconocimientos en varios concursos de cuento a nivel nacional. También aparece en diversas antologías del género [1].



Para leer la tarde

Anclado a la mecedora de las tardevelas, miro más allá de los cañaverales al reloj, desde la ventana de verdeplanta. Adormecido por la Amnesia Tropical he intentado leer la tarde; pero es un acto doloroso porque las acuosolabras se escapaban entre los dedos y no puedo guardarlas en una red de pescadores. También es doloroso el parto de escribir, como lo es igualmente el tener recuerdos que se clavan, afilados hasta la empuñadura. Pero me he empeñado en leer el crepúsculo mientras la quilla de una nave marinera va arando el mar labrantío cual hortaliza de algas y de océano; aunque el cerebro me reviente en luces de arrullococos como en ese tiempo cuando oí, insistentemente en mi cabeza, el gritofuria de la naturaleza que convirtió el horizonte en una ola-lontananza, enorme como el monstruo de Loch Ness. Y aprendí entonces que dejando deslizarse las ideas, podía sentir una nueva forma de abecedario naciendo de las olas y las hojas largas y pulidas de los árboles de plátano en los platanales. La furiagrande de la naturaleza soplaba un insistente nombre que no entendí, hasta que alguien viviendo del palidoópalo del río me dijo que era inglés: “Candie Banana Chewing Gum Corporation”. Era un parásito chupasangre como los mosquitos. Aunque puedo decir en su descargo que la hermosa rubiateñida que trajo consigo tenía unos jugosos pezones sonrosados, como flores comestibles. Y sus labios eran ciruela-rábanos que lo mismo entonaban monísimo “darling” que escupían picantes cebollas en el Preludio en Do Mayor de un par de senos en la sinfonía de los pepinos. Bueno, esa es la historia de la güerita, pero la naturaleza no sólo habla ironías en su demencia vegetal, arma también de arsenales mortíferos cada agujero y cada púa que los hombres le embuten en escarnio a la orgullosa tierra de caparazones orugando. Lo saben los autóctonos que cosechan siembras mientras la rasquen con cariño y no le quieran hacer permanente tintepelo. Pero la CBCGC (Candie Banana etcétera) machacó los pinorobles en tabletas tablas, para hacer tabletas refrescantes del aliento con chicle natural combinado con plastiquímicos imitativos, lo mismo del azúcar que de la savia de la sabia naturaleza fotosintética que no requiere de sintéticos. Más leer la tarde me pone triste y ansioso por terminar la lectura, antes de que el “close up” nativo del ocaso me deje a oscuras recordando ensueños. Y he aquí el texto descifrado: el crepúsculo escribió “muerte” con faltante ortografía y escupió con toneladas de agua la Banana Corporation. [2]


El juicio

El juicio se internó por un inexplorado territorio dialéctico de argumentos y contraargumentos, de criterios y anticriterios, donde los códigos morales fueron anatemizados acaloradamente por unos y defendidos con furia por otros. Todos se creían poseedores de la verdad, de modo que poco era de extrañar que el debate desembocara en una ardorosa confusión. Así, llegado el momento del veredicto, nadie supo quién era más culpable: el maniático que ocultaba su impudicia debajo de la gabardina, o el juez, que exhibía llanamente su pudor… [3]


Los dichos del Petrakuende

Una de las ventajas del texto oral es que lo puedes seguir practicando en la vejez

Me encanta tener texto con más de dos…

Practiquemos texto salvaje hasta alcanzar el sarcasmo.

Desistí del amor platónico cuando conocí el amor textual.

Hay mujeres temerarias que practican el texto oral sin protección…

Las librerías, ¿son sitios  de explotación y comercio textual?

Quisiera ser un hombre con más potencia textual…

La inactividad textual es peligrosa: produce olvido.

El primer amor te elige a ti, el último casi siempre lo eliges tú.

Mi fantasía textual es que me comas y punto…

Soy un maniático textual: no me resisto a jugar con la lengua.

Mi vida textual está llena de paréntesis, interrogaciones, tildes y guiones bajos…a veces es sólo puntos suspensivos…

Mi deseo más poético es satisfacerte textualmente todas las noches…

Cachondo es mojar la pluma. Perverso es chuparse la gallina entera.

Me declaro abiertamente heterotextual: disfruto del texto con diversos géneros…

No porque se inflame el textículo habrá de convertirse en novela.


Si usas la lengua practica el texto seguro. Interrogaciones y exclamaciones incluyen 69 obligatorio. ¡Ábrelas y ciérralas!: ¿? ¡!



[1] Semblanza. Cortesía del propio Günter Petrak.
[2] Revista El Cuento No. 103 – 104, Julio – Diciembre 1987.
[3] Revista El Cuento No. 125, Enero-Marzo 1993.