sábado, 18 de junio de 2011

Eréndira Herrera


Eréndira Herrera (México, D. F., 1960). Rara mezcla de escritora-empleada-budista-ambientalista. Comenzó a escribir poemas en la escuela secundaria, pero lo abandonó tras el nacimiento de su hija.  Retomó la escritura hace 7 años, principalmente en la Marina de Ficticia, y lo considera una experiencia por demás interesante, satisfactoria, única, pero que sobre todo, que le ha ayudado a crecer como escritora.



A la moda

Se hizo colocar un ‘piercing’ en la punta de la nariz, una hilera de estoperoles en las cejas y una catarata de aretes en las orejas. Tapizó con broqueles los labios, con dijes las mejillas. Para verse más moderna, se cubrió con picas, clavos, espinas, colmillos, balines, piedras y argollas desde el cuello a los tobillos: ¡Hasta un desarmador de cruz se puso! Pese a todo, notó que le faltaba algo, que se veía levemente ‘out’, y comenzó a entretejer cadenas, a enlazar unos herrajes con otros hasta volverse una enramada ambulante cuyo tintineo al caminar trepana con ruido metálico ideas y deseos, en un desesperado intento de aprisionar entre los eslabones así sea nomás un pedacito de espíritu ‘á la mode de Lacroix.’


Infidencias*

—¡Mamá, tienes que ayudarme!
—¡Cálmate!, ¿qué te pasa?
—¡Papá! Se metió de nuevo en nuestra habitación y forcejeó con Ana hasta vencerla. Quiere hacer lo mismo conmigo, ¡protégeme, necesito que me ayudes! ¡Por favor! ¡No quiero volver a verlo!
—Fácil, ¡te vas!, él se queda.

Sólo era una pregunta

Miguel y Pedro recién se conocían en un bar. Entrados en la plática, Miguel pregunta:
―¿Qué opinas de las mujeres que dejan a sus hijos por otro?
―¿Qué opinooo?! ¡Que son unas putas! ¡Son de lo peor! ¡A esas deberían matarlas a madrazos! ¡Mira que dejar a los hijos por otro infeliz! ¿No me digas que es tu caso?
―Pues … sí, pero, yo soy el otro.


Miss Paradigma

Las Dríadas,  Orestíadas, Nisíadas y Limoníadas se retiraron protestando del concurso. Las Cirugías Estéticas obtuvieron los primeros lugares.


La lección

Lo persiguieron por el vecindario. Ismael no podía correr con los tacones y la falda ajustada. Gritaba desesperado, sus lágrimas mezcladas con el maquillaje, hacían de su rostro una grotesca máscara. En la carrera, extravió una peluca. Lo alcanzaron en la puerta de su vivienda, en donde pensaba refugiarse, lo empujaron dentro y le propinaron una tremenda golpiza, hasta que su líder, Raúl, pidió a todos que se detuvieran:
—¡Ya muchachos!, ¡creo que con eso tiene este pinche puto!, déjenme a solas con él, le daré una lección extra —el grupo salió, no sin antes injuriar y escupir encima de Ismael, quien yacía boca abajo, llorando lastimosamente. Cuando cerraron la puerta, Raúl se inclinó sobre él, le arrancó lo que restaba de las pantimedias y una tanga; se abrió los pantalones y lo penetró salvajemente, mientras lo sujetaba fuertemente por los cabellos y le susurraba al oído:
—Esto es por tus desprecios ¡cabrón!, ¡ahora sí que te acordarás de mí!

Contacto:  egherrer@yahoo.com
*Primer lugar en la Marina de fictica enero de 2005, del tema: Sexualidad marginal.

1 comentario:

carlos de la parra dijo...

Festiva y múltiple mirada a éste mundo diverso.