martes, 22 de marzo de 2011

Abelardo Hernández Millán (1945-2013)


Originario de San Gabriel Zepayautla, municipio de Tenancingo, Estado de México, México.

Narrador. Obtuvo el Premio de Cuento Breve convocado por el Centro Toluqueño de Escritores en el año 2000. Algunos de sus cuentos están incluidos en Mar de palabras (Francisco Javier Estrada, 2002) y antologados en Antología del Centro Toluqueño de Escritores, 1983-2000 (Enrique Garciamoreno Chávez y Reynaldo Fernández González, 2002) y Los mil y un insomnios (CTE, 2006). Su libro Cuentos breves ha sido publicado (34 mil ejemplares) por la Comisión Nacional  de Libros de Texto Gratuitos (2008) y se encuentra distribuido en todas las bibliotecas de las escuelas secundarias del país. En mayo de 2008 apareció su libro de cuentos Juegos para armar. En octubre de 2008 fue publicado el libro de poesía 6 a las 9, en coautoría con otros cinco escritores. La antología Cuentos del sótano II (noviembre de 2010) incluye un cuento suyo. El libro México lindo y querido. Reunión actual de la poesía mexicana con causa (Universidad Autónoma de Nuevo León, 2011) recoge tres textos de su autoría. En el año 2012 aparecieron publicados los libros Átomos literarios (cuento brevísimo) y Espiral de tintero (poesía), en coautoría con otros escritores mexiquenses.

Durante diez años consecutivos participó en eventos literarios organizados por la Unión Nacional de Escritores y Artistas Cubanos (UNEAC) y, durante 11 años consecutivos, en el Festival Internacional de Cuento Brevísimo que realiza el Centro Toluqueño de Escritores. Coadyuvó a la edición de doce libros de poetas cubanos, así como de varios números de La Hoja Murmurante de escritores chiapanecos.

Fue coordinador del Taller de Cuento Brevísimo (Centro Toluqueño de Escritores, 2004), del Taller Literario Urawa (2010-2012). Actualmente coordinaba el Taller-Tertulia de Literatura y Cultura en Malinalco Estado de México (2012).


Narrador de cuentos brevísimos. Publicó tres libros sobre el género (2000, 2008 y 2012); obtuvo un premio regional (2001) y uno nacional (2008). Varios de sus textos se encuentran incluidos en diversas antologías. Un texto suyo apareció en El libro de los seres no imaginarios (minibichario), en 2012, y otro en Alebrije de palabras: Escritores Mexicanos en breve, en 2013. Fue coautor en dos libros de poesía (2008 y 2012) y coordinador de varios talleres de Literatura.



Impaciencia

¿Por qué no vienen? Tal vez están demasiado ocupados en sus conversaciones profesionales; o quizá se encuentran absortos en alguna plática de su interés. El caso es que no se apuran; y yo aquí esperándolos desde hace como tres horas. O a la mejor no vienen porque consideran que no vale la pena tratar asuntos conmigo, a fin de cuentas un desconocido que no representa nada para ellos. Claro se ve que no tienen prisa. Es cierto que nunca destaqué en ningún oficio ni fui persona influyente pero… vaya, por fin escucho los pasos del doctor y de su ayudante; ya se acercan hasta donde me encuentro tendido en espera de que me practiquen la autopsia.


Socialismo real

Sergio y Raúl son hermanos gemelos. El primero vivía en Miami y el segundo en La Habana. Una prohibición gubernamental les había impedido, durante largos años, encontrarse de nuevo en la isla. Un día la situación cambió. Sergio decidió visitar a Raúl. Después de varios días de convivencia, éste propuso: chico, seré yo quien regrese a Miami, pues quiero conocer los Estados Unidos; luego solicitaré permiso para regresar a La Habana y entonces tú volverás a Miami con tu esposa y tus hijos. Convenido, dijo Sergio.
Descubierto el ardid, el gobierno cubano resolvió impedir el retorno de Raúl a Cuba, quien se quedó a vivir en Miami, con casa, esposa e hijos nuevos; mientras Sergio permanece en La Habana, ocupado en construir una balsa que lo lleve a Miami.


Reencuentro

Después de años sin saber de ella, encontró a su primera novia deambulando por las calles de La Merced, maquillada, en minifalda, con mallas oscuras y zapatos de tacón alto; no se le ocurrió más que decirle: me da mucho gusto encontrarte vivita y culeando.


Urbe

De común acuerdo, la pareja de ancianos había cambiado su residencia a la gran ciudad capital, para disfrutar sus últimos años de vida. “Cómo iremos a morir” se preguntaban uno al otro con inocente y morbosa frecuencia. “Nos atropellará un tranvía”, opinaba él entre alegre y aprensivo. “Nos caeremos de la escalera”, comentaba ella con voz juguetona y triste. Luego parecían olvidarse del asunto y seguían cumpliendo las tareas de su rutina cotidiana. La asesina serial conocida como la “mataviejitos” se encargó de dar respuesta a todas sus preguntas.


En la selva

Esa noche, el grupo de turistas rodeaba la fogata junto con algunos indios lacandones que los habían guiado en el recorrido vespertino. Las brasas crepitaban entre el prolongado silencio. Presidía la reunión el más viejo de la tribu. De pronto un lacandón joven se puso de pie y, con el entrecejo fruncido, dirigió su mirada hacia un horizonte invisible y olfateó con avidez entre aromas de humo y carne asada. “Ahorita vengo”, dijo. Extrañado, alguien del grupo preguntó al viejo lacandón de qué se trataba. Luego de un instante respondió: “escuchó el trote de un pequeño venado y salió a cazarlo”. Algunos integrantes del tour se asombraron con la respuesta; otros la tomaron con recelo. Todos quedaron estupefactos cuando, al cabo de un rato, el joven cazador regresó con un venadito cargado sobre sus hombros y lleno de flechas clavadas en el cuerpo. No sabiendo cómo retribuir la consumación de tal hazaña, los viajeros se apresuraron a reunir más dinero en agradecimiento por la gran lección de Historia ahí manifestada. “Es como si nos hubiéramos trasladado a la época en la cual la caza era tarea principal de sobrevivencia”, exclamó uno de ellos; “nadie me va a creer cuando platique lo que hoy aquí hemos presenciado”, dijo otro. Luego se retiraron a dormir entre comentarios de entusiasmo suscitados por el gran acontecimiento. No escucharon cuando, satisfecho, el lacandón viejo dijo al joven en voz baja: “lleva otra vez el cervatillo al escondite secreto, arregla las flechas de nuevo y no se te olvide ponerle más hielo para conservarlo en buen estado”.

2 comentarios:

Patricia dijo...

Hernández Millán consige un efecto extraordinario: cuenta dramas que se leen con una sonrisa

Yabel René dijo...

el 30 de Octubre de 2013 Hernández Millán murió. QDEP