jueves, 24 de marzo de 2011

Luis Miguel García-Velázquez


Luis Miguel García-Velázquez [@GrumetePirata] es matemático, narrador, poeta e intenso, según dicen. Originario de Zamora, Michoacán, actualmente estudia el doctorado en Ciencias Matemáticas en el IMATE de la UNAM. Nueve de sus cuentos cortos y poemarios han sido ganadores de convocatorias nacionales y publicados en las respectivas antologías, además de que algunos de ellos ―y otros más― han saltado a las páginas de impresos tan diversos como el libro Concha Urquiza: Entre lo místico y lo mítico, los periódicos Cambio de Michoacán y Expreso de Sonora, y las revistas Fedra de Guadalajara y Río Grande Review de Texas.
Fervoroso creyente de las redes sociales, Grumete Pirata trabaja en la edición final de Los Libros Inexistentes (poemario germinado en Facebook), atiende su recién abierta Casa de Olvido y libera su personalidad obscura en la tierra prometida del Tweeter.



Génesis

Antes lo tuve todo, justo cuando nada sabía.
            He comido del árbol del bien y el mal. Ahora estoy mucho más lejos. En el Génesis, los cuerpos desnudos son la metáfora de las mentes desprovistas de certezas; antes de la manzana había curiosidad, pero no morbo. Antes de morder todo era bueno y el deseo no era otra cosa que una verdad absoluta y, por lo mismo, una rotunda mentira.
            Si yo fuera un Dios, también querría preservar mi creación del dolor y de la angustia de haber perdido su inocencia. Pero si yo fuera un Dios no podría soportar el ver correr a mis criaturas revolcándose un día y otro en el candor del que sospecha pero no entiende nada.
            Si yo fuera Él también habría plantado ese árbol y habría creado a la serpiente para sabotearme a mí mismo; también habría inventado el libre para echarle la culpa a mis criaturas y dormir eternamente en la paz de los justos. Pero Yo no puedo hacerlo, porque ya he mordido la manzana y ahora sé.
            Y eso sí, ni siquiera Dios puede engañarse a sí mismo.


Al vuelo, las campanas

Con la guitarra por el cuello y la boca hecha un jarro de vino tinto, la mujer de blanco se enredaba entre sus ropajes de novia y sus largos collares de perlas, que parecían las cuerdas reventadas de un títere. El padrino botó la chaqueta y la corbata, la madre se llevó ambas manos al pecho mientras comenzó a emitir ese rugido gutural tan parecido al de un motor que no termina de encender. Es un hecho que esta boda iba rumbo al desastre, porque en el salón ninguno de los invitados se atrevía a bailar. Amalita, mi hermana se cortó el pie derecho con una copa rota y del susto empezó a correr de un lado para otro, mientras que el rastro de su sangre apelmazaba un camino de pétalos pisoteados sobre la alfombra. Yo, para animarme un poco, me puse de pie para alzar mi copa y propuse en voz alta un brindis a la salud del novio, para que pronto se recuperara de esa gripa que le impidió acompañarnos el día de hoy.
Fue hasta entonces que ella comenzó a llorar.


Hansel

Cuando acabé con la hogaza comencé a desmoronar mi sexo, todo para no interrumpir el rastro. Luego tuve que sacrificar mi pie izquierdo, mi nuca, mi hombro derecho y así seguí andando hasta que, poco a poco, quedaron las migajas de mi cuerpo repartidas a lo largo del camino. Al atardecer, mis ojos te vieron pasar por el bosque, cantando alegre, rumbo a su casita de jengibre.



Sitio web: Casa de olvido

2 comentarios:

Patricia dijo...

Un gusto conocerte, Luis Miguel. Si no te incomoda he de visitar tu Casa

Grumete Pirata dijo...

Serás muy bien recibida, Patricia. ¿Gustas una taza de té?