viernes, 24 de abril de 2015

César Navarrete Vázquez


César Navarrete Vázquez. Sus orígenes se remontan al estado de Guerrero, al pueblo de Tlalchapa. Su tío abuelo fue el guerrillero Genaro Vázquez Rojas. Estudió Ciencias de la Comunicación y es profesor universitario. Su fascinación por otras culturas hizo que, desde muy joven, se interesara por las lenguas; lo que a la postre lo convirtió en traductor empírico de poesía —ha traducido directamente doce idiomas, y conformado un par de antologías virtuales de poesía alemana y árabe—. Dicho interés le ha llevado a más de veinte países y a devenir en fotógrafo, cronista de viaje, etnomusicólogo y documentalista. De todo lo anterior, jamás recibió compensación económica alguna. Está vinculado con la televisión cultural desde hace más de diez años. Sin embargo, nunca ha permitido que su trabajo —lo que hace para sobrevivir— se interponga con sus vocaciones tardías: la lectura, la traducción y la escritura. Es enemigo de las becas y los premios. Escritor de vena satírica, ha publicado dos libros: Poenimios (Tierra Húmeda Editorial de Poesía, 2014) y Fábulas-o-heces (Edición de autor, 2014). Administra los blogs: Palabras deviento (literatura y traducción) y Cuadernos de sal (viaje, fotografía y crónica).




De Fábulas-o-heces*


El hijo de la... cabra

Una cabra parió un cabrito. Éste creció, y se convirtió en lo que tenía que ser.


Los armiños
[En una época en que los reencuentros están de moda]

Hace tiempo separaron a una familia de armiños. Más adelante, los miembros se reencontraron... en un abrigo.

Y después dicen que los reencuentros familiares no ponen la piel de gallina.


La tristeza de la paloma

Hay palomas, hembras —y no miento, pregúntenle a un ornitólogo—, que no pueden poner huevos cuando se sienten solas.

Mujeres, aunque se sienten sobre mucho güevos, de todos modos se sentirán solas.


El linaje de la araña cangrejo australiana

Tras romper el cascarón, las crías devoran a su madre —comienzan por las patas, succionándole los jugos hasta desangrarla.

Yo conozco a muchos hijos de la chingada que son así.


La hiena y el ser humano


Depravada y golosa, ama el fuerte sabor de las carnes pasadas

Juan José Arreola, Bestiario, Bestiario, La hiena.



—¿De qué te ríes con semejante carcajada histérica, hiena?
—Me río tanto, humano idiota, de que supongas que me río.

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N. del A. Lo que los seres humanos denominan la «risa» de la hiena es un sonido que este carnívoro emite ya cuando encontró alguna carroña —o alimento—, ya cuando está en celo.



El escarabajo es-terco-lero, lero...

siempre trabajo calladito, sin tratar de lucirme más
que por mis esfuerzos en llevar a cabo mi ruda tarea de estercolero

Godofredo Daireaux, Fábulas argentinas, El escarabajo y el picaflor.


Un escarabajo rueda la gran bola de estiércol con que agasajará y conquistará a su hembra: la es-cara-baja.

Escribo esto para quien me entiende: las mujeres casadas y las que no lo son.


El ser humano y la cucaracha

Un humano amenazaba a un ortóptero mientras gritaba para hacerse notar: —¡Te aplastaré como a una cucaracha! —Si te fijas bien, en realidad soy una cucaracha; por tanto, si me aplastas, tendrás que hacerlo como a una.


El sapo literario

Un anuro voraz, que tragaba luciérnagas luminosas, realizaba «actividades literarias» (e. d. borracheras), durante las cuales sus contertulios alababan animosamente el resplandor de su barriga.

Si les apetece, bufónidos insaciables del submundo escritural, pueden engullir esta fabulita para que sus prominentísimos abdómenes brillen lo que no sus cabezas —preferente-mente— calvas.


La tortuga «Rheodytes Leukops»

¿Te sorprendes de que la tortuga de la cuenca de Fitzroy respire por el recto, siendo que abundan hombres —como tú, verbigracia— que piensan con el pito?
(Tal actitud sorprendería aún más al mismísimo reptil.)

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N. del A. Este quelonio, descubierto apenas en 1980, se localiza únicamente en Australia. Es famoso por su método de respiración: aspira el agua por medio del ano, extrayendo el oxígeno de ésta y después la expele nuevamente.

La cucaracha descerebrada

«Está comprobado científica/mente» —argumento indispensable para que muchas cabezas huecas de esta época consientan o reprueban algo—, que la cucaracha vive hasta nueve días sin cabeza, muriendo sólo porque no pueden comer.

¡El mundo está lleno de gente que (sobre)vive sin cabeza no nueve días, sino toda una vida! Dicho sea de paso, también «está comprobado».

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N. del A. Las cucarachas tienen el cerebro en el cuerpo, no en la cabeza.



De Agreguerías

El cabestrillo le hace honores a la bandera.

Mascar chicle para el mal aliento me sabe a cliché.

Los puentes levadizos son los limpiaparabrisas del horizonte.

La cuchara es la catapulta con que el niño hace papilla a sus enemigos.

La gelatina comienza a temblar cuando ve acercarse al niño hambriento.

La sopa de letras da la sensación de que uno se come sus propias palabras.

El chaleco fue alguna vez un suéter al que torturaron en el potro de castigo.

El fumador se convierte en su propio enterrador cuando llena su pipa con tabaco.

Al casado infiel le indigna profundamente que le hayan adulterado la bebida en el bar.


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*De Fábulas-o-heces (Edición de autor, 2014)