viernes, 20 de febrero de 2015

Amador González de la Cruz


González de la Cruz Amador o Amador González de la Cruz trabaja en el Instituto Tecnológico de Ciudad Victoria. Es un apasionado del campismo e instructor del Agrupamiento Deportivo Cóndor. Participa en el taller de José Luis Velarde desde el 2011.



La esquina

Los cuerpos semidesnudos llegan a compartir la banqueta, la penumbra deja ver siluetas; mujeres, hombres, mujeres en cuerpos de hombres, la nicotina y el humo de los escapes se confunden.
Placer, fantasías, mercado de carne viva, trajes, camionetas o a pie no importa el color de piel solo el oro la plata es el lenguaje.
Me abstrae de este espacio el reflejo de la luna y el cielo estrellado frente a mí, en un charco sobre el asfalto.
Gritos, discusiones, golpes. Un disparo acalla todo sonido, la esquina se vacía, un cuerpo se derrumba, el reflejo del cielo queda rojizo.
Es humano, es civilizado; mejor reviso la basura, ya me dio hambre.


La habitación

Frente a la cruz que posa  como guardián en la cabecera de la cama susurra una plegaria Mariela.
Busca en la cruz alguna respuesta, una melodía invade la habitación, un gorrión se posa en el marco de la ventana. Trata de tocarlo. El canto se transforma en graznido. Las plumas cambian al negro; es ahora un cuervo que emprende su vuelo. Obscurece en la habitación.
La mirada de Mariela regresa a la cruz, para descubrir su cuerpo en la cama pálido, frio; solo murmura: ya maté mi cuerpo, ¿ahora qué hago con mi alma?


Nostalgia

Recuerdo la niñez, los juegos de los amigos, el compartir por compartir. Casi huelo las tortillas hechas a mano de la abuela, los coscorrones del abuelo al nombrar a otro equipo que no fuera el suyo. Mi madre tratando de acomodarme el pelo para ir a la iglesia; mi padre. A él lo recuerdo más, aunque fue poco el tiempo que conviví con él. Recuerdo su partida esa mañana; me hacen falta sus consejos, de haberlos seguido no estaría sentado en esta caverna de concreto.


La espera

El sol roba las sombras y deja ver un nuevo día, el aroma del café se siente, me invade la nostalgia, recuerdos del hogar, la familia; trato de ponerme de pie, esta banca en la central de camiones es muy dura, prefiero quedarme abajo de los puentes. Son más tranquilos. No sé porqué hoy es diferente, quizá hoy Marta descienda del camión.


Fiel amante

Sus cuerpos se unían entre sabanas blancas de seda suave, leves quejidos ahogaban el silencio. De un golpe lo hacen despertar; el cuarto, la cama, la mujer, se esfuman entre neblina.
Al abrir los ojos contempla a un hombre de uniforme azul.
—Hey, hey mugroso. Aquí no se puede dormir.
El hombre de harapos y cara barbuda se levanta murmurando.
—Es temprano. Volveré más tarde a soñar contigo Marisol.



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