domingo, 2 de junio de 2013

Judith Castañeda Suari


Judith Castañeda Suarí (Distrito Federal, 1975). Ha escrito los libros La distancia hasta el espejo (Premio Nacional de Literatura Joven “Salvador Gallardo Dávalos”, 2005), Dios de arena (Premio Nacional de Cuento Joven “Alejandro Meneses”, 2007) y Aire negro (Premio Nacional de Narradores Jóvenes “María Luisa Puga”, 2007). Participó en la exposición Volcanes, explosiones de poblanidad, y en las antologías La muerte es un sueño (2009), Puebla directo, 15 relatos de la ciudad (2009), Antología mínima del orgasmo (2010), Volver a los diecisiete, cuentos de lolitos (2010) y Piezas cambiantes (2010). Fue alumna en talleres de cuento a cargo de Beatriz Meyer, Alejandro Meneses y José Prats Sariol. Ha sido becaria del Fondo Estatal para la Cultura y las Artes en 2006 y 2009. Publica en suplementos culturales locales y en la revista Crítica.



Desobediencia

Un día, al fin, se atrevieron a entrar en territorio vedado por la voluntad del creador. Descubrieron varios pares de alas asomándose entre barrotes de oscuridad. Era cierto entonces: existió un cielo anterior y el nuevo, donde moraban, había sido alzado por los expulsados de los abismos.


Narciso

Terminó por amarlo aunque lo vio sólo unos segundos, más allá del cristal, mientras alisaba sus cabellos. Cuando su mirada castaña estaba a punto de alejarse no pudo soportarlo y lo tomó de la mano. Permanecerían juntos siempre. Desde entonces él está a su lado, frente a aquel edificio, sin desviar los ojos de la ventana.


De sangre azul

Voy a limpiarlo en cuanto acabe de pintar el cuarto, dijo después que los vecinos señalaron el camino de huellas azules a medio patio, la brocha todavía goteando pintura. Por la noche, más de tres Pegasos nacieron de esas huellas y abriendo unas alas ultramar, se perdieron en el índigo del cielo.


Rebelión


“Ni creas que voy a permitirlo, sé lo que ocurrió con la otra y no quiero sufrir un destino igual”, se quejó, aferrándose a su sitio. Él no tuvo más remedio que desistir. Y entonces, luego de muchísimos años, Dios expulsó al hombre del Paraíso, otorgándole la muerte a un Adán solitario, sin hijos.