sábado, 20 de abril de 2013

Pilar Alba



Pilar Alba (Zacatecas, Zac. 1974). Es licenciada en Filosofía y maestra en la misma disciplina, por la Universidad Autónoma de Zacatecas. Egresada del doctorado en Humanidades y Artes de la misma Universidad. Actualmente se desempeña como docente de la Unidad Académica Preparatoria. Ha sido becaria del Fondo Estatal para la Cultura y las Artes de Zacatecas, en el área de Literatura. Incluida en las antologías: 17 Muchachos en el Mar de los Feacios y Cuatro escritoras en busca de un lector. Incluida también en el libro de la Selección Nacional del XII Premio de Cuento Carmen Báez. Ha publicado los siguientes libros: En la Casa de los Espejos (minificciones), Las Raíces del Vuelo (minificciones), De allá del mar vendrás (novela corta), Mujeres de Sal (poesía), Mírame a los Ojos (cuentos) y Dos pájaros de cuenta (minificciones). Colabora constantemente en revistas y periódicos a nivel estatal y nacional.


Lo que yo quiero

Yo lo que quiero es coger, sí, coger con usted; así nomás, porque sí, como si nada, como quién no quiere la cosa. Coger sin nada más, sin “quieres ser mi novia”, sin “déjame pensarlo”, sin esperar meses o años. Ni ramos de flores o chocolates, sin enormes y patéticos osos de peluche que van a parar al frente, para adornar, del camión de la basura. Así, coger, sin pudor y sin recato. Sintiendo los cuerpos, el calor, el tacto. Sin ritos civiles ni religiosos, sin orquesta ni motivos en blanco. Pasar la noche cogiendo, una hora o nomás un rato; sentir que la cama se hace grande enorme y que aquí nadie, ni Dios, podrá molestarnos. Coger sin promesas de para siempre, sin lágrimas de impotencia, sin palabras de despedida. Coger conocernos en el cuerpo, sin contratos ni apellidos, sin embarazos ni descendencias, sin pensión alimenticia, sin odios ni juzgados. Coger, “sentir bonito”, “morir chiquito”, “tocar el cielo”, “como un columpio”… arriba, abajo, por un lado por el otro. Sin miedos ni preservativo, sin pastillas al día siguiente. Sin consciencias ni culpas. Coger con la embriaguez de la pasión con el ardor del deseo, coger sin nada más, aunque no nos volvamos a ver, aunque no sepamos después donde volver a encontrarnos. Aunque no me acuerde ni cuál es su nombre.


No mires atrás

No mires atrás, me decía constantemente la abuela durante mi infancia, y me recordaba la infinidad de relatos acerca de mujeres que al voltear quedaron convertidas en piedra, sal, arena…
Yo me quedaba pensando, imaginando en mi cabeza esas historias que tantas pesadillas me provocaron cuando era niña.
Fue hasta ahora que necesité tomar en cuenta el consejo.
Caminé rápido, siguiendo su indicación, sin voltear atrás, para no quedar como todas aquellas mujeres.
Mirando fijamente adelante continué la marcha. Nunca volteé, la abuela seguramente estará orgullosa.
Y, sin embargo, ahora no sé qué hacer,  aunque lo quiera ya no puedo volver la vista atrás, pero siento como los ojos llenos de arena derraman saladas lágrimas que caen hasta perderse en mis pies que comienzan a convertirse en piedra.


Lo sé

Sé que romperé tu corazón. Lo sé. Se quebrará en pedazos como un jarro lleno de agua que se resbala de las manos haciéndose añicos en el suelo, mojando la tierra, desprendiendo un olor a lluvia. Chasqueará como una rama que se parte sobre la rodilla para poder atizar el fuego con el cual se aminorará el frío de la noche. Crujirá, como la hoja seca que se pisa a propósito para poder cruzar y continuar el camino.

Sé que romperé tu corazón, lo sé, por más que intente evitarlo, por más que rodee por las calles, llegaré a tu casa, llamaré a la puerta; abrirás con ella tu corazón y me lo pondrás enfrente, sobre una bandeja.

Y entonces será inevitable, sucederá lo antes dicho, lo sé: Porque tus ojos me miran de esa manera, porque tus brazos me rodean mientras tus labios susurran en mi oído, suplicando: rómpelo.


Busca otro amor

Voy a cambiar mi número de celular sí, definitivamente, no, no le pienso contestar. Lo bueno que nunca supo mi dirección, sino ya me imagino que estaría aquí diariamente esperando cuando saliera a la calle. Ahí está otra vez la llamada, el mismo número, con ésta van ya 50 llamadas perdidas, y aún así no se da por vencido. Y eso que ya hace más de dos meses que no me paro en ese antro, no he vuelto desde ese día, me han dicho que ahí se lo han encontrado, sentado en la barra con una cuba de hielos derretidos, volteando a la puerta cada vez que llega alguien. Ahí está otra vez, ahora es un mensaje. Al principio sólo me ponía dos o tres palabras: miss you, loviou, vas a venir?, TQM. Pero, ahora se avienta parrafadas y parrafadas de reclamos, reproches y, últimamente, súplicas. Ya me tiene hasta mi madre. Noooo, no cometí la burrada de darle mi correo electrónico, si así de dañado está, ya me hubiera hackeado mi cuenta. Si ya sé que no es para tanto, hasta me parece extraño que aun no le haya caído el veinte. Que no se da cuenta, a mí me gusta salir, divertirme, si conozco alguien escaparme con él buscar un sitio solitario, su departamento, el coche o un motel. Pasar un buen rato, reír, juguetear, un par de besos, caricias, sentir bonito… nada como para azotarse, yo paso del amor, cero enamoramiento… regresar con mis amigos o tomar un taxi, y a otra cosa mariposa, que si te vi… ni me acuerdo.


El sapo

Besé al sapo a pesar de la repugnancia que el color, textura y aroma me provocaban….
Esperé pacientemente, deseando que la leyenda tuviera un mínimo fundamento.
Pasaron los días, semanas, meses… años.
El sapo siguió ahí, encerrado, en su caja de cristal…
Mi piel, su color, textura y aroma se volvieron ahora repugnantes.

2 comentarios:

Diego Alejandro Majluff dijo...

"No mires atrás" me gustó mucho. Me he guardado todos los textos para tenerlos en mi computadora.
Saludos.

David Ramirez dijo...

Quisiera saber el significado del texto "Lo que yo quiero"