martes, 22 de noviembre de 2011

Eduardo Perezchica Vega


Escritor, Educólogo y Geek. Nace en Sinaloa, vive en Mexicali desde 1990. Licenciado en Ciencias de la Educación por la UABC. Ganador del 2do. Certamen de Literatura Nuevos Valores Universitarios 2005, en la categoría cuento, siendo publicado en la antología En cámara lenta (slow motion). En junio de 2007 publica el e-book Del Duelo a la Catarsis (…y otras fábulas sin moraleja). Desde octubre de 2007 coordina el blog literario y proyecto editorial Literatura Libre, al mismo tiempo que procura publicar algo en su blog personal Fábulas sin moraleja. Es coantologador de Ni desierto, ni maquila, ni frontera. Nueva narrativa mexicalense.



Tus ojos

…y quedaron tus ojos capturados para siempre en el negativo del rollo fotográfico (¿o sería una cámara digital?). Quedaron prendidos en el aire hasta que los recibí impresos, en un sobre que al abrirse me mostró tus ojos hablándome del recuerdo y de la noche; hablándome de un “cállate la boca, ven y dame un beso“.

No supe finalmente quién tomó la foto, pero imagino (quiero imaginar) que era a mí a quien dirigías la atención y me invitabas. No sé, no recuerdo dónde estuve aquella noche. No amanecí entre tus brazos; no pasé por ti a tu casa inicialmente; no te llevé hasta la cama conmovido y en silencio; no te llevé, tampoco, a ese lugar lleno de desconocidos dónde podríamos charlar sin temor a decir lo que sintiéramos sincero; no te tomé por la espalda y te ceñí a mí mientras bailábamos un electrotango cadencioso, cachondo y cada vez más lejano; no te dije nunca “te amo tanto, que soy capaz de amanecer contigo; abrir mis ojos y no huir“.

No supe quién tomó la foto. Esa tarde decidí no ir para no verte: de repente me rocé con el vértigo de los sentimientos eructándome, esa acidez de la ilusión a punto de romperse: un riesgo. No supe quién tomó la foto, pero el muy cabrón ha tenido el descaro de enviarme una copia para mostrarme las posibilidades de todo aquello que pudo suceder y quizá le sucedió contigo, mientras yo me tomaba un alkaséltzer para el corazón, eferveciendo en un tarro que se evaporaba insistentemente.

Soy un pendejo, quizá no te lo había dicho.


Brindar

Chocamos nuestras copas, así como en otros tiempos: en parte para brindar la tregua, en parte para dar seguridad al enemigo y que confíe, que nada raro hay en su bebida. Pero al bebernos el primer trago ya se habrá dado cuenta: mi venganza es un compromiso y morir es un precio muy bajo. Si me lo permite el veneno, caeré al suelo con una sonrisa amplia.


—0—


Bello arte el de lanzar palabras al mar como carnada y esperar, pacientemente, recompensa. Mientras uno pretende descifrar señuelos ajenos.


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Ansiaba cambiar de vida, de nombre, de ciudad. Dejarlo todo. Pero la sola idea de las eternas horas con la burocracia le hacía desistir.


—0—


Y a veces solo deseo que me pienses y me busques, para dejarme encontrar. No, no estoy perdido. Me oculto para exponer mi ausencia.


@pereztxts

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