viernes, 9 de septiembre de 2011

Josué Barrera


Originario de Torreón, Coahuila (1982), ha vivido en Tamaulipas, Nayarit y más de quince años en Sonora. Es Licenciado en Psicología y Maestro en Ciencias Sociales en la línea de investigación de Estudios Históricos de Región y Frontera por El Colegio de Sonora. Fue director de la revista literaria La línea del cosmonauta (2005-2009) y desde 2007 coordina el archivo electrónico de literatura sonorense “Proyecto Faz”. Sus temas de interés giran en torno a las políticas culturales, revistas literarias e historia cultural. Es autor de los libros de cuentos: Conducta amorosa (Instituto Sonorense de Cultura, 2007), Pasajeros (Jus, 2010) y La brevedad constante (Universidad Autónoma de Coahuila, 2011), así como compilador de Naves que se conducen solas: narrativa en Sonora (Forca, 2011).
Los textos que aquí se muestran son de su libro de cuentos cortos La brevedad constante.



Asfixiada

Despertó de un terrible sueño: había soñado que Rodrigo tenía relaciones con ella. No le alcanzaron los golpes para quitarlo de encima. Su debilidad ante él, permitió que le arrebatara la blusa, le subiera la falda e introdujera su miembro con rudeza. Ella gritó, golpeó, arañó a Rodrigo, odiándolo, deseando que se muriera, que esa escena no fuera real sino una de esas pesadillas que tenía. Lo siguió sintiendo encima de ella, su cuerpo se debilitó, sus fuerzas cesaron y accedieron a los impulsos de él. Lo odió tanto que cerró los ojos para no ver el resto del acto, y siguió pensando que eso era parte de un mal sueño hasta que sintió que él se alejaba. En ese momento despertó. Se halló en la cama con su cuerpo lleno de sudor, agotada, asfixiada de sentirlo y a un lado de él, quien dormía en paz.


Los tiempos de Sade

―¿Qué pasaría si los personajes masculinos de Sade vivieran en estos tiempos? ―preguntó el Señor H.
―Seguirían siendo sacerdotes ―respondió el Señor U.


Pieza

Encontrar una pieza de rompecabezas mientras caminas por la calle es señal de que las cosas no están bien. Se piensa entonces que hay un mundo incompleto que se ha detenido por fallas mecánicas o que hay una persona que ha perdido una parte de sí.


El principito

El principito aparece entre las grandes dunas que adornan el desierto. Camina pensativo con el pelo desaliñado. A lo lejos reconoce la figura de un piloto que ha tenido que aterrizar por emergencia en ese páramo. Decide acercarse. En vez de ayudarlo le pide que le dibuje un cordero. El piloto accede. Después conversan. El principito le cuenta todos los sitios que ha recorrido y las personas que ha conocido en cada lugar. Al terminar su historia se marcha. Atraviesa despacio las grandes colinas de arena hasta que desaparece, inhóspito y solitario, al abrir la puerta del camerino.


Confesión

Antes de que mi víctima hable, lo confieso: yo lo maté.