lunes, 18 de abril de 2011

Itzel Saucedo Villarreal


Itzel Saucedo Villarreal nació en Puebla en 1978. Ama las letras, el cine, los viajes, la fotografía y la música, más al rock. Es una apasionada defensora de los derechos de los animales.
Estudió la licenciatura en Lingüística y Literatura Hispánica; posteriormente, cursó la Maestría en Ciencias del Lenguaje. Es prófuga de la tesis.
Fue becaria del FONCA (Puebla) (1999-2000) en la disciplina de cuento, y editora de la extinta revista literaria Botella al Mar.
En 2007 ganó con el cuento Acecho el tercer lugar en el Primer Concurso de Cuento convocado por Palabras Malditas.net. En ese mismo sitio publicó dos minificciones (2010). Sus textos fueron considerados para antologías de cuento en el estado de Puebla y Veracruz. Actualmente es correctora de estilo y profesora de lenguaje y literatura.




El detective entró a la habitación donde yacía el cuerpo desmembrado. El charco de sangre era extenso y el policía tuvo que aguantar las arcadas. Abrió el clóset. Ahí estaban las piernas, envueltas en plástico adherible. No lo soportó más.
En la sala estaba la esposa. Tenía el maquillaje corrido, los ojos hinchados y un pañuelo arrugado entre sus manos.
––Tenemos conocimiento de un percance previo que tuvieron con el homicida ―dijo el investigador, leyendo su libreta de notas.
―Todo fue un malentendido, no lo habíamos visto y sin querer lo golpeamos con el carrito del súper. Martín trató de disculparse pero nada lo tranquilizaba. Incluso amenazó con aventar algunas cosas…
––¿Y su esposo hizo o dijo algo más? Algo que pudiera provocar…esto.
––No. Después de todos los insultos, lo único que mi marido le contestó fue que ni en mil años se rebajaría a su nivel. De pronto se calmó, parecía desconcertado; se dio la vuelta y antes de salir nos dijo: “Eso lo veremos”.
––Detective, lo agarramos –interrumpió un policía– lo traemos en la patrulla.
En el automóvil, con la frente en alto, se encontraba esposado Israel, el enano.



El fotógrafo captura la imagen perfecta: un niño con el casco de un bombero, la mirada perdida. En segundo plano, las llamas devorando los escombros. La dramática foto sería famosa y su nombre, reconocido mundialmente.
―Sólo se salvó el niño. ¡Qué tragedia! ―dice un tragafuegos con la voz ahogada.
―Sí, qué tragedia ―le contesta; y en la bolsa del pantalón, sus dedos acarician una caja de cerillos.


Retraso

El monstruo avanzaba, corría cada vez más rápido. Se acercaba peligrosamente. Pero de nada le sirvió el esfuerzo, la chica ya no estaba. El monstruo había llegado tarde a la pesadilla.


Metamorfosis

Goyito leía en su habitación cuando sintió el cosquilleo del que tanto le habló su bisabuelo.
Se tiró boca abajo y una cáscara marrón nació de las grietas de su piel. Sus extremidades adelgazaron y su frente se vio herida por dos pequeñas antenas que se movieron curiosas, buscando reubicarse en el mundo.
Salió eufórico a contarle a su madrastra, que nada sabía del secreto milenario. Un chanclazo veloz terminó con la leyenda kafkiana.


Sitio web: liluma ronronea

3 comentarios:

Taller de minificciones dijo...

Bien!!! que ya estas antologada. Déjame saber si ya visitaste tu sitio en el Arca Ficticia

Donovan Bravo dijo...

Creí leer Ama de casa en vez de Ama las tras jejeje... bien, me gusta.

Anónimo dijo...

Ella es mi profesora de leguaje :3