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lunes, 4 de febrero de 2013

Edith Esquivel Eguiguren


Edith Esquivel Eguiguren. Asiste a talleres de creación literaria desde el año 2000. Cuenta entre sus profesores a Diana Amador, Luis Francisco Acosta,  Citlali Ferrer y Francisco Rebolledo. Creadora de la plaqueta cultural Tecolote del Instituto Tecnológico de Zacatepec, ha publicado textos breves en distintas revistas como 5 Sentidos, Mitote, La Piedra y El perro azul. También ha participado en los libros antológicos Las ocho lenguas de Medusa, de Ediciones La Cartonera,  La calle: domicilio conocido de Ediciones Clandestino y Veinte cuentos para leer en…, de EdicioneZetina. Fue beneficiaria del programa de estímulo a la creación y al desarrollo artístico (PECDA) Morelos 2011 con el proyecto: Alicia en el ombligo de la Luna. Cuentos de té, tacos y el sombrerero loco.



Oda a mi celular

Celular, te amo. Tu tamaño es inversamente proporcional al de mi felicidad.
Me acompañas, hablas con la voz de los amigos más queridos, destilas la sabiduría de mis padres y abuelos.
Cuando me marcan, brillas como una ciudad de noche, vibrando con el ritmo de miles de canciones de moda.
Tienes todas tus teclas en su lugar, suaves y firmes a la vez. Me envías mensajes cariñosos que me reaniman y fortalecen.
Das la hora y la fecha, avisas de eventos importantes y citas impostergables. Eres mi guía en este mundo confuso.
Cuando sin querer te golpeo, no guardas rencor. Eso sí, eres demandante al pedir que te conecten al enchufe… ¿pero quién no se pone de malas con hambre? Al alimentarte regresas a la vida y yo contigo.
Celular, nunca olvidaré las horas interminables que jugamos, las emociones a tu lado, nuestras fotos de viajes, y las canciones que cantamos.
Estaremos juntos siempre, siempre, hasta que me llegue la promoción anual de mi plan y te cambie por otro, pero aparte de eso, siempre.


¿Se siente solo?

No espere más. La terrible soledad en las ciudades ha provocado depresión y suicidios masivos. Afortunadamente, un grupo de científicos de la Universidad de Massachussets  ha desarrollado un nuevo sistema anti-soledad que, por ser lo último en tecnología, ha vuelto obsoletos los ya existentes en el mercado.
¿Qué es? Un novedoso invento que próximamente estará a la venta: SOLITUDE KILLER. Es muy sencillo de usar: solo debe encender el equipo, adoptar una posición cómoda y cerrar los ojos. Inmediatamente sentirá una cálida presencia acompañándole. ¡Así de sencillo! Los resultados pueden variar de persona a persona, pero lo importante es que tan pronto encienda el SOLITUDE KILLER, su soledad sufrirá náusea, mareo, convulsiones lentas y sus patitas se colapsarán de repente, haciéndola caer de bruces. Morirá después de algunos minutos. Deshacerse de la soledad será tan fácil como tirarla al retrete. (La soledad es biodegradable y se disuelve en agua sin problemas).
El efecto del SOLITUDE KILLER no es permanente. Una vez apagado el aparato, una soledad igual o mayor a la anterior se instalará en su casa en un plazo no mayor a cinco días. El SOLITUDE KILLER  incluye baterías y seis meses de garantía. No se use en exteriores.


Tome su turno

Dios no me ha abandonado: me tiene en lista de espera.


Un calcetín

Los científicos concluyeron que el planeta es, en realidad, un par de calcetines, que DIOS se pone, lava, guarda y se vuelve a poner. Por eso suceden los ciclos de noche y día, los terremotos, tsunamis, inundaciones y tempestades. Y por eso apesta.


Sexo como deporte

El sexo es el único deporte donde se pierde si se anotan puntos a solo minutos de comenzado el partido.


Contacto: medithi@yahoo.com


lunes, 15 de octubre de 2012

Efraim Blanco


Nacido en Nueva Rosita, Coahuila, criado en Morelos. Es egresado del Diplomado en creación literaria de la Escuela de Escritores “Ricardo Garibay” del Estado de Morelos (ICM/SOGEM). Estudió Letras Hispánicas en el CIDHEM.
Ha publicado el libro de poemas  Imaginando sueños (Editorial ACD, 2000), y los libros de minificciones  Estos pequeños monstruos, Absurdos y Había una vez un blog. Ha publicado textos en periódicos estatales y nacionales, páginas de internet y revistas como Voz en Tinta, Atemporia, El Perro Andaluz, México Volitivo, ConVersa y La Piedra.
Primer lugar de Poesía en los Juegos Florales Cuernavaca 2010 Bicentenario con el poema “Los que amasan la tierra”.
Ganador del primer concurso de minificción por twitter de revista La Piedra.
Es el ganador del XI Concurso Nacional de Cuento “Juan José Arreola” con el libro Dios en un Volkswagen amarillo.
Tiene una columna literaria semanal titulada “En el ápice” en el diario el Regional de Morelos.
Incluido en la compilación internacional de poesía erótica Garage 69, publicada por la editorial Cascada de Palabras de México, D.F.
Incluido en la selección de 100 minificciones finalistas del concurso latinoamericano de Hipérbola.org (twitteratura: concurso de nuevas narrativas).
Se incluyen algunos de sus cuentos en la compilación best-seller de editorial Gandhi: El último libro del mundo.

La fe

El autor decide prenderle fuego a toda su obra por ser poca realista y se suicida. En el bosque encantado, un leñador huye de las llamas rezando al cielo por su salvación.


Del amor y otros fetiches

Se dedicó al encantamiento de letras y números ―casi siempre por encargo― durante toda su vida. Un romance furtivo con un guión largo tuvo una sorpresa inesperada.

―0―

Un hombre lee toda su vida de cabeza. Una mañana, harto de empezar siempre por el final de cada libro, decide leer de pie y llora con esos principios tan vacíos y desoladores, donde nadie muere.

―0―

Existe un mundo donde cada ser y cada cosa nacen con su nombre escrito en la espalda. Sólo puede ser leído por otros. Algunos mueren sin saber nunca quienes son. En ese mundo nadie sabe hablar.

―0―

Los libros más viejos se reúnen cada noche y toman entre sus manos a pequeños humanos empolvados. Soplan sobre ellos y luego los comienzan a leer antes de irse a dormir.



viernes, 28 de septiembre de 2012

Roberto Abad


Roberto Abad (7 de junio de 1988, Cuernavaca, Morelos). Escritor y músico. Egresado de la licenciatura en Ciencias de la Educación por la Universidad Autónoma del Estado de Morelos (UAEM, 2011). Ha tomado talleres de narrativa y poesía con escritores como Francisco Rebolledo y Alejandra Atala. Recibió el Premio CONAFE en 2011, el primer lugar estatal 2012 en el Concurso de Cuento del Diario de Morelos y también obtuvo el primer lugar Nacional en el Certamen Carta al Padre, organizado por la editorial Par de Tres. Ha publicado en medios impresos locales y nacionales; actualmente, colabora en la columna El cine nuestro de cada día, en el periódico Regional del Sur.



Primitivos

Al final de los tiempos, de todo el lenguaje sólo una vocal sobrevivió, y con ella bastó para contarse la historia del mundo.


El porvenir de las parejas

Dijimos "acepto" porque creímos que el futuro iba a ser alentador, y lo fue: nos divorciamos.



Naturaleza desafortunada

Aquella vez que intentó autosatisfacerse, sintió pena de su naturaleza. Pobre hombre manos de tijeras.


Los traumas del verdugo

Nadie se daba cuenta, pero debajo de la máscara había un hombre sensible que lloraba cada vez que una cabeza caía a sus pies.

Cine interesante

No era una película de zombis ni de lobos ni de vampiros, ni de ninguno de esos lugares comunes. Era de amor, y daba miedo.

Facebook: Roberto Abad

lunes, 17 de septiembre de 2012

J. Andrés Herrera


J. Andrés Herrera escribe porque quiere. Nació en Cuernavaca, Morelos, en 1990. Estudia Lengua y Literaturas Hispánicas en la UNAM. Ha colaborado con poesía y cuento en algunas publicaciones impresas y digitales como Punto en línea, Habitantes de Moria, Estro, Hotel, La Piedra y Radiador Fanzine. Colabora habitualmente con la revista Tajo de Lima. Es escandaloso. Fuma reggae y baila maconha. Le gusta la cumbia futurista.

La lista

Antonio Arisca, gramático de profesión y vicio, famoso trotamundos, supo que pronto moriría. Leyó la última línea de las cosas que se propuso hacer antes de morir.
Me falta una acción en subjuntivo: que odie la gramática.
          Rio. Cerró el libro. Pensó en todos los paisajes perdidos año tras año por leer durante los viajes. Evocó con fuerza y sintió un odio incontrolable. Se puso rojo,
rojo,
rojo,
y fue cayendo en silencio, sorprendido, con la pluma sobre el papel, en un intento de tachar esa última línea.
...

Y así su cuerpo se vuelve una quemadura todo con las rodillas flexionadas a la altura de la cara.  Se suceden estelas llameantes. Siente la vibración del piso, suspendido en vértigo, flotando a 80 kilómetros por hora. Una roca incandescente su existencia penetrando el túnel oscuro como misil.
Abre los ojos y el pasillo se alarga infinitamente. Nada ocurre más que lo inmediato. Todo se repite en una segunda narración del mundo. Se reinventa este placer, esta sensación de, este placer, esta sensación de, este placer, esta sensación de incendio; y entre ambas rodillas mete la cabeza. Nada pasa en el silencio.
De pronto, como colibrí estampándose contra el concreto, una seca desconexión del vuelo. Un derrame a tropel. Diez mil hojas muertas cayendo al mismo tiempo.
Se estira. Alzando la cabeza, mira todo. Recorre el lugar. Lo siente revelarse en profundidad y superficie. Apoya la espalda casi recta. Aprieta el puño. En la palma quema la humedad. Un zumbido como hormigueo vibra en su piel, asciende hasta los oídos. El chirriar del movimiento, el romperse de las cosas. Lleva el puño a la nariz. Cierra los ojos. Inhala.


Ese baile

Inicias con tus voces. Una boca se abre y derrama pájaros sobre el suelo. Aquí sentado siento cómo todo final cabe en cualquier momento y de antes, nunca, siempre, después, de una cueva escapa niebla que invade un cuerpo; es tu mi su cuerpo, el cuerpo ése que andamos descubriendo. La llama que no se apagó después de la ceguera. Lo miramos. ¿Cómo chingados llegamos a esto?, pregunta un ave. Bailamos, sordos, sobre las plumas, en silencio.


La noche

En alguna calle de la ciudad, cerca de un charco, descansa un panfleto; apenas seco, poco legible, pero conserva las palabras suficientes para rescatar la idea de su existir.
En cierta casa de la gran urbe, una mujer prepara la cena. Sabe que su muchacho llegará en cualquier momento, después de un día cansado.
En una avenida enorme, un camión del transporte público se marcha luego de bajar algunos pasajeros. Un chico camina rumbo a casa. Las pequeñas gotas lo obligan a andar cabizbajo.
Mira un papel tirado y lee unas palabras decisivas. Ahora sabe lo que tiene que hacer. Camina deprisa. Al llegar a casa, saluda a su madre y se dirige a la habitación. Dentro de una caja de libros toma una escuadra .380. Sin meditarlo, lleva rápidamente el arma a su boca y dispara.
En algún eco de la humanidad, se ha silenciado un palpitar joven. Una mujer espera que su hijo baje a cenar, un panfleto se deshace con la lluvia; y la civilización inexorablemente avanza. Nadie descansa en la ciudad.


Afrodita

Hoy duermo entre sus piernas. Mi aposento son sus brazos. Ella sabe entregarse. Su desnudez me embelesa.
Despierto. Se marchó. Me tengo que ir. Yo solamente sé desear. Su madurez me envilece.
Inasible
Sentado, tembloroso, bóxer abajo. Metí el estuche a la bolsa derecha del pantalón. Todo iba dentro. No dejé que saliera el humo, pero seguramente escapó un poco de mi boca. Ansioso, esperé un rato para que se limpiara el aire.Luego de cruzar la puerta: un empujón abanicando para sofocar el olor. Camino al local, atravieso la habitación. La sala contempla a esa señora dormida. Paso lento. No se vaya a dar cuenta, pienso.Llego a la pantalla, jalo el banco. La internet. Gracias, Lo Supremo, por la Internet. Youtube, Coltrane, Blue train, diez minutos. Jazz.
Regresó el humo. Arde la canción.