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martes, 27 de noviembre de 2018

Juan Marcelino Ruiz




Juan Marcelino Ruiz (Ciudad Juárez, 1963). Radica desde hace varios años en Ciudad Cuauhtémoc, Chihuahua, donde se desempeña como profesor en una escuela de educación primaria.
Algunos de sus textos aparecen en revistas y diarios del norte y centro del país. Ha publicado 8 libros en los géneros de novela, cuento, microficción y poesía.



Génesis

Cansado de adorar piedras y planetas, el hombre decidió crear un dios a su imagen y semejanza. Con saliva fue amasando sueños y temores. Una vez que la figura tuvo la forma deseada sopló sobre su rostro para darle vida. Y el hombre vio que era bueno… 
Tiempo después el hombre descubrió que el dios estaba triste, por lo que intentó arrancarle una costilla para formar con ella a una compañera, pero el dios no lo permitió, pues todos sabemos que los dioses no soportan el dolor. 
Así, el dios quedó para siempre solitario y, ajeno al más sagrado de todos los placeres, tomó la mala costumbre de juzgar y criticar a los demás.


Cuento chino

Antes de partir a la guerra, Mun-Wah juró que volvería cuando comenzaran a florecer las ramas del naranjo.
Bajo el amparo de aquella promesa, con la vista clavada en el poniente y las mejillas pintadas de carmín, Jiang Li espera el regreso de su prometido sobre una de las torres de la Gran Muralla.
A la distancia, la joven advierte la presencia de un jinete, apenas un punto rasgando la tranquilidad del horizonte; es él, lo reconoce por el estandarte de batalla atado a sus espaldas. Cuando se acerca, se da cuenta que el caballo no toca el suelo con sus patas, en su galope silencioso no se detiene ni tuerce el rumbo hacia la puerta que comienza a abrirse.
Casi a punto de estrellarse contra el muro, hombre y corcel se elevan por los aires, se vuelven humo, mientras una fina lluvia de pétalos de azahar se funde con el llanto de Jiang Li.


Prometeo

En lo alto de un acantilado, lejos de cualquier ayuda humana o divina, Prometeo permanecía sujeto por gruesos eslabones: era el castigo por despertar la furia de Zeus.
Cada mañana, un águila llegaba puntual a devorarle el hígado que se regeneraba por la noche en medio de los más grandes dolores.
La condena pudo ser eterna, pero los dioses se apiadaron de aquella pobre ave al ver que a diario debía soportar el monótono sabor de la inmortalidad.


Cinturón de castidad

Los ojos de John se humedecieron cuando Sir Orlando le anunció que mientras él estuviera luchando a muerte contra los moros en el sagrado intento por recuperar Tierra Santa, dejaría a su cargo la llave del cinturón de castidad de su esposa Lady Marie.
Era la mayor muestra de confianza hacia un vasallo por parte de su señor. Si el guerrero regresaba vivo, le recompensaría ampliamente por haber cuidado de su honor; si moría en batalla, sería su obligación destruir la llave evitando que cayera en manos de hombre alguno.
Los ojos de John, se humedecieron más aún, cuando fue llevado a rastras con el castrador de cerdos como una última medida precautoria.


Objeto violador no identificado

Cuando Ofelia anunció su embarazo, sus padres la calificaron de ingrata; las vecinas, de liviana; las solteronas, de mosca muerta; su novio, de traidora y, todos, absolutamente todos, de mentirosa, por decir que el fruto que llevaba en sus entrañas era producto de una violación después de haber sido raptada por un ovni.
Nadie le creyó, al menos hasta el momento del parto. El médico lanzó al recién nacido sobre el plato de la báscula, no por lo del pesaje de rutina, sino como un acto reflejo para deshacerse de aquella criatura de piel grisácea y enormes ojos carentes de pupilas.
El “bebé” se incorporó adoptando la postura de un piloto, se aferró con sus pequeñas manos al borde de la bandeja a la que había sido arrojado y, poco a poco, comenzó a ganar altura. Atravesó como un rayo el ventanal a bordo del vehículo improvisado, para convertirse en un punto de blanquecina luz más allá del horizonte con dirección a Próxima Centauri.

lunes, 7 de diciembre de 2015

Paola Mireya Tena




Paola Mireya Tena (1980, México). Pediatra de profesión, escritora por afición. Ha participado como ponente en sesiones dedicadas a la lectura (Pialte, Tenerife, 2014; Jornadas del Día del Libro del Ayuntamiento de El Rosario, Tenerife, 2014). Ha publicado algunos de sus microcuentos en diversas antologías del género (Señales mínimas, Ediciones Idea, 2012; Érase una vez… un microcuento, Diversidad Literaria 2013; Saborea la locura, Chiado Editorial, 2013). Actualmente, participa activamente en  las redes sociales con el pseudónimo de @cromatide. Sus microcuentos pueden ser leídos en www.microficciones.tumblr.com y www.facebook.com/microficciones.



David para Miguel Ángel

Miguel Ángel coge un pedrusco de mármol y lo encaja justo entre los dedos del pie; luego trozos grandes que cubren el hueco de las piernas y atrapan los muslos. Otros más, largos y delgados, sobre las líneas del abdomen y otros triangulares que concuerdan con la base del cuello. Acomoda pequeñas piedrecitas entre los deliciosos rizos de su cabello y por último su rostro, que desaparece dentro del recién formado bloque de mármol. Miguel Ángel le dice entonces “¡habla!”, y al no obtener respuesta comprueba satisfecho que su decadente belleza será, desde ese momento, solo para él.


Folie à deux

Bueno, pues está todo decidido. Cierra los ojos, respira profundo y se lanza al vacío desde la ventana de su habitación de hotel. Un viento contrario frena la velocidad de su caída y de ahí en adelante no recuerda nada más. Hasta que abre los ojos en la blancura deslumbrante de aquel hospital de la Seguridad Social. Y se desconcierta. La muerte se asemeja bastante a estar vivo, piensa. La enfermera que le lleva la medicación y un vaso con agua parece casi vital. El recepcionista que lo despide al dejar el nosocomio parlotea animado. Y el aire de la calle, el trajín de los coches, la gente comprando verduras y los ciclistas por las aceras, todo es muy igual. Se siente algo decepcionado, la verdad. Esperaba que la muerte fuera otra cosa, algo más trabajado, no esta suerte de mundo-muerte, mala copia del mundo-vivo.
La diferencia es que en este mundo-muerte no se sueña. O al menos eso cree él, porque al despertar en la cama, imitación de la suya en el mundo de los vivos, no recuerda nada ni lo angustia tampoco ese dejo de añoranza por el sueño perdido, como le pasaba antes de morir. Y así se lo cuenta a la mujer sentada a su lado en el tranvía. No trabaja más; le parece tremendamente banal su necesidad previa de ganar dinero. Ya no lo amarga la prensa, su fondo de jubilación, la contaminación del agua, el miedo al cáncer o a los secuestradores. Reflexiona, viaja en tranvía y comparte sus conclusiones con cualquiera que tenga la desgracia de sentarse junto a él. Disculpe que le abra los ojos: este no es el mundo-vivo. Habita usted dentro de una copia barata, el mundo-muerte. Lo siento. Casi la totalidad de los viajeros lo ignoran pero en ella sus ideas calan; le siembran el germen de la duda.
Y a ella le da por seguirlo sin saber muy bien por qué. La brutalidad de descubrir que vivía engañada, o más bien, moría engañada, sacude su mundo hasta los cimientos, y de los escombros de sus murallas surge la poderosa figura del líder que anhelaba. Pero él no parece darse cuenta de la responsabilidad que ha adquirido. Ella debe ayudarlo. Lo tiene claro.
Una noche, cuando él dobla una esquina oscura, se encuentra de pronto con la hoja muy afilada de un cuchillo que penetra su pecho de modo limpio y preciso, casi quirúrgico, sin provocarle ningún dolor, sólo sorpresa, mientras observa las femeninas pupilas dilatadas de anhelo. Y después de la sensación de un algo viscoso que le corre por el abdomen y baja luego por sus piernas, no recuerda nada más. Hasta que abre los ojos en la blancura deslumbrante de aquel hospital de la Seguridad Social...


Obsolescencia programada

Está obsoleto, me dijeron. A mí me parecía que aún podría funcionar unos años más, pero quién soy yo para cuestionar. Todo caduca; por ejemplo la primavera, que no entró este año porque se volvió obsoleta, y cuando nos quejamos dijeron que hay otras estaciones novedosas, que ya nos enviarían el catálogo 2016. Hace un mes nos caducó el gato; jugaba con una bolita de estambre cuando se quedó quieto, como congelado. Me enviaron otro por correo a contra reembolso, uno azul con nuevas funciones. Así que cuando me han dicho que nuestro amor está obsoleto, ¿quién soy yo para contradecir a los que saben? Tendremos que olvidarnos el uno del otro y buscar nuevos modelos, creo yo. Dicen ellos.


Remordimiento

Ayer abandoné a un hombre nadando desesperado contracorriente en el río Mississippi. Siento remordimiento. Hoy tengo que abrir el libro y saber qué fue de él.


El secreto de Santa Hildegarda

La abadesa Hildegarda había sido santa desde el mismísimo día de su concepción. Santa era cuando se escapó de casa para ordenarse monja en contra de los deseos de su padre y también al iniciar las visiones místicas. Lo era al curar mediante milagros y también el día que aquel hombre herido se ocultó en su monasterio de reclusión. Mientras lo escuchaba confesar que era un noble perseguido y excomulgado, santa aún al mirarse en sus ojos y consumirse abrasada en un calor delicioso y desconocido que la recorrió entera de pies a cabeza. También cuando él murió y ayudada por las hermanas de la orden lo sepultó en la tierra bendita del panteón de la abadía, sabiendo que estaba prohibido, como tuvo a bien recordárselo el obispo al acudir a reclamar el cuerpo, y cuando ella le replicó que en su lecho de muerte el hombre se había arrepentido de sus pecados y suplicó perdón. Santa cuando los servidores del obispo excavaron en el cementerio y nada encontraron, pues cada huella borrada fue y cada rastro oculto, marchándose sólo con manos vacías pues la abadesa no confesó donde había ocultado el cuerpo del noble. Hildegarda siguió siendo santa hasta el día de su propia muerte, aun cuando su último pensamiento al terminar cada día fuera para el hombre que estaba enterrado bajo su propio lecho, en su celda de la abadía de clausura.

martes, 15 de octubre de 2013

Odilón Ortiz Trujillo


Odilón Ortiz Trujillo. Parral, Chihuahua, 1945.
Becario de la Escuela de Escritores de México (SOGEM).
Beca para Escritores con trayectoria Premio estatal H Ayuntamiento de Toluca, 2011.
Promotor Cultural de Salas de lectura. CONACULTA. Sala itinerante 101.
Coordinador de talleres de Creación literaria.
Becario FOCAEM, Grupos artísticos, 2004.
Becario FOCAEM, Creadores, 2006.
Becario por CONACULTA, Instituto Mexiquense de Cultura y Universidad Campus Siglo XXI, en Promoción, difusión y gestoría cultural, nivel 1.
Cofundador del Grupo Literario Urawa 1993.
Sus textos aparecen en más de una veintena de antologías, suplementos y revistas literarias.



Sueño dorado

Con la muerte de papá, víctima de un secuestro fallido, mamá y yo pudimos realizar el sueño dorado de ella, con el pago del seguro, recorrer el mundo sin él.


Drácula

En el momento que Braham Stoker quiso acabar con su obra maestra, esperó paciente a que éste abriera el sarcófago y le clavó los colmillos.


Más allá

Doña Paula vivió con la angustia de que su hijo fuera escritor. Javier, abstraído, pasaba las tardes bajo el ocote mirando al cielo.
—¡Mamá!, ¡asómese a verme!
Al ver absorto a Elías, desde el Cielo, doña Paula se sorprendió que dentro de la imaginación de su hijo cabía todo, incluyéndola a ella.


Mutis

El adivino descansa la prótesis, tocan a la puerta, se pregunta quién podrá ser.


Llamada perdida

El pájaro carpintero estuvo oradando el tronco del árbol crocitado, un ruido diferente al tap, tap, tap, resonó, el pájaro cayó con el pico roto al topar con un clavo del poste de teléfono.


domingo, 4 de diciembre de 2011

Roberto Bañuelas


Roberto Bañuelas nació en Ciudad Camargo, Chihuahua. Es compositor, cantante, pintor y escritor. Estudió canto, piano y composición, en el Conservatorio Nacional de Música. Debutó como concertista en La Creación de Haydn, y en ópera con La bohème de Puccini, interpretando el papel de Marcelo, en 1958.
Como primer barítono ha alternado con destacados cantantes contemporáneos como Franco Corelli, Luciano Pavarotti, Plácido Domingo, Gianni Raimondi, René Kollo, Martí Talavera, Boris Christoff, Montserrat Caballé, Mirella Freni, Gundula Janowitz, Gwyneth Jones, Teresa Stratas, Katia Ricciarelli, Cristina Deutekom y Fiorenza Cossotto.  Actuó en producciones de Herbert von Karajan, Peter Ustinov, Franco Zeffirelli y John Dexter; bajo la dirección musical de Rafael Kubelik, Nello Santi, Leone Magiera, Giuseppe Patane, Nicola Rescigno, Anton Guadagno, Lorin Maazel, Mark Janovsky, Jesús López Cobos y Miguel Martínez. Ha sido dirigido por los más importantes directores de nuestro país, entre ellos: Carlos Chávez, Luis Herrera de la Fuente, Fernando Lozano, Sergio Cárdenas, Francisco Savín, Enrique Diemecke, Héctor Quintanar, Enrique Bátiz, Enrique Barrios y José Guadalupe Flores, entre otros.
Ha publicado tres libros de cuentos: Ceremonial de cíclopes (CV Editores), Los inquilinos de la Torre de Babel (Universidad Autónoma de Tamaulipas) y Memorias del exilio interior (Tintanueva Editores).  También la novela El valle de los convidados de piedra (Universidad Autónoma Metropolitana), el libro de poesía Trashumancia del amor cautivo (Tintanueva Editores), la novela Templo iluminado de la soledad (Editoria Doble Sol, Argentina); El canto y Diccionario del cantante, (Editorial Trillas) y Memorial de poetas entre lobos, editado por la Fundación René Avilés Fabila y el Politécnico Nacional, así como Nueve canciones, publicadas por la UNAM. Publica sus minificciones regularmente en la revista El Búho.
Como pintor ha presentado diversas exposiciones de pintura y dibujo en Hamburgo, Berlin y la ciudad de México.
En 2007 fue el estreno mundial de su primera ópera de la Trilogía Agamenón; en 2008, la segunda, con el título de El retorno de Orestes, y en febrero de 2009, El juicio.
En 2007 le fue otorgada la Medalla Mozart, por obra y trayectoria; en mayo de 2008, las fundaciones Sebastián y René Avilés Fabila, le otorgaron Medalla y Placa por su actividad como cantante, compositor, pintor y escritor. El 2 de junio del mismo año, el Instituto Nacional de Bellas Artes le otorgó la medalla de oro por 50 de trayectoria artística. En octubre de 2010, la Sociedad de Autores y Compositores de México le entregó el reconocimiento Trayectoria 50 y más…



La mejor curación

Nuestro gobierno, en defensa de la economía y la justicia, no gastará más dinero en casos de salud sospechosa ni en construcción de manicomios; en virtud de lo antes expuesto, será inútil que vagos y fracasados se hagan pasar por locos subversivos con el fin de ser apre­hendidos y alimentados con cargo a las reservas del Estado. A partir de hoy, se decreta la total libertad de morir de hambre a los agitadores que amenacen la estabilidad de las institu­ciones que han procurado el bienestar y progreso de la clase trabajadora.
            Si algún país, en su hipócrita defensa, expuesta a título de “derechos humanos (para gente inhumana), acepta hacerse cargo del presente superávit de parásitos sociales, este gobier­no concederá documentos y garantías para una perfecta y reglamentada emigración.


Las voces del árbol

—Cuando se acercaron los hombres empuñando afiladas hachas, el árbol centenario sintió que se le congelaba su largo corazón y que su fin sería el de morir para ser transformado en toscos mue­bles o de terminar quemado como un pobre iluminado acusado de herejía contra el imperio de la verdad dogmatizada.
Fue cortado y pulido en láminas vibrantes hasta quedar convertido en familias de instrumentos de cuerda que cada día cantan en ensayos y conciertos, como transmigración organizada de asociación de pájaros canoros que durante varias generacio­nes se habían posado en las torres de sus ramas.


La fuerza del destino

Los caballos, concentrados en el motor de ocho cilindros, se desbocaron al sentir la recta pro­longada de la carretera y Ambrosio, conductor nostálgico de auto prestado, no pudo controlarlos. Asido con desesperación al volante forrado de piel, visualizó en un instante la mitad del accidente que le costó la vida a su amiga Elisa.
Además del fallo de los frenos y de la crueldad del destino, el juez ya dictó sentencia.


Intercambio de eslabones

Cuando el hombre (el más inteligente y voraz de los depredadores) estaba acabando con las selvas, los monos (sus más resignados parientes) optaron por emigrar hacia las ciudades más cercanas a los restos de su hábitat. Transcurridos algunos años de penosa adaptación y lento aprendizaje, muchos de los inmigrantes adquirieron, en grupos diferenciados, actitudes de vanidad, sometimien­to servil, elegancia afectada, simulación circunstancial, pragmatismo cínico y mal uso del poder.


Excelente servicio

Después de terminada la fiesta —en las orillas de un tur­bio amanecer— nos quedó la inmensa tarea de limpiar la casa y de dar sepultura a un desconocido que encontra­mos debajo de la mesa de billar.


Textos tomados de la revista El búho.