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lunes, 4 de marzo de 2019

Cristina Rentería Garita



Cristina Rentería Garita (Puebla, 1980). Doctora en Ciencias Sociales (SNI-Candidato México, Sistema Nacional de Investigadores) y ex funcionaria internacional en el Sistema de Naciones Unidas para América Latina y el Caribe. En 2015 (y 2016), en el marco del Festival Eñe (Madrid), fue seleccionada para participar en la actividad Cuatro Editores en Busca de Autor; fue incluida en la antología Anónimos, del Festival Internacional de Poesía “Cosmopoética” (Córdoba) y fue reconocida como una Incunable (Joven talento inédito) por la revista Skeimbol. Publicó en el número dos de la Revista TALES, dedicada exclusivamente al cuento. En 2016 fue una de las tres finalistas del prestigioso concurso de literatura de terror “Se Buscan Hijos de Mary Shelley” (Madrid). En 2018 obtuvo la Mención Honorífica en el Premio Nacional Dolores Castro (México), con su primera obra Oír con los Ojos y ganó el concurso “Día de Muertos”, de la plataforma literaria Zenda. En lo académico, ha publicado textos de análisis literario. Actualmente cursa el Doctorado en Educación especializándose en Literatura Comparada México-España y es profesora de inglés bajo el sistema Cambridge.
Otras obras inéditas: Oír con los ojos, Juan y los Murmullos, Antes de Ahora.

Instagram, @renteriagarita
Twitter, @renteriagarita



IV
Llegó El Tapado

En la carrera sólo existe una certeza: desconfiar.
Los candidatos se miran a los ojos, se estrechan el antebrazo y toleran su repudio. Allá ven la línea de meta: una banda presidencial verde, blanca y roja.
El disparo marca el inicio. Los candidatos publican sus asesinatos, exponen a sus bastardos, reclaman justicias enmohecidas con discursos y promesas. No contravienen una ley sagrada, el honor de la silla: no hay presidentes maricas. Corren estirando la zancada en busca de una ventaja mínima, la definitiva. De pronto, a unos metros del final El Tapado, a paso tranquilo, cruza la banda. Del otro lado, el presidente saliente lo reciben en un abrazo.
Los candidatos recogen aire, y su orgullo, con las manos en las rodillas. Ahora, el podio. El Tapado les da una palmada en el hombro. Quizá para la próxima. Se muerden la lengua, toleran el ridículo; sonríen lo mejor que pueden e intentan salir junto al Tapado: el que se mueve, no salen en la foto.


XIII
Y entonces

Viene la niña y te ofrece la foto, sólo un trozo. Tú la tomas entre tu índice y tu pulgar, la miras y los ojos se te llenan de lágrimas. Gritas enfurecida, jalas a la niña de una oreja. ¿Por qué lo hiciste?, le gritas con las venas vivas en el cuello. ¿Por qué lo hiciste? repites y repites sin darte cuenta que tu palma se entume al choque con su mejilla blanda. Por ayudarte, te responde entre retazos de frases y mocos cayéndole en cascada. Tú aprietas la mandíbula, azotas la puerta.
Te encoges en una esquina, buscas consuelo: te balanceas como te has enseñado tú misma. Así calmas a la vida cuando insiste en perseguirte con sus miedos y sus recuerdos. La muy puta te ha elegido a ti, tú no la elegiste a ella. Te puso en el coño de una mujer que te arrojó a las luces amarillas de la miseria y te destetó a los tres meses: lo mínimo para encaminar a una cría.
La vida te ha ido comprometiendo al consuelo: chupándote el dedo para calmar el frío de la soledad, agazapándote al regazo de tu hermana que comenzó a jugar a las muñecas contigo en brazos. Tú hubieras querido vestidos de princesa, pechugas de pollo, panes de dulce y de sal; que pegaran por ti, ser el hermano y arrancarte con mostaza, con horas en bicicleta o con tés de orégano y baños de tina, esa semilla que llora al otro lado de la puerta, a la que no quieres odiar pero que te recuerda que la vida, al menos esta, no la eliges, te elige.
Te pones de pie, vas a la cocina y buscas un chuchillo. Abres la puerta del cuarto: ahí está la niña, comiéndose las uñas.
Y entonces, decides que la vida ya no va a elegir por ti.  


XIV
Cerca

Con los ojos cerrados, oigo a mi mamá y a mis tías. No me pierden de vista, me buscan más defectos expuesta aquí, en la cama del hospital. No ocultan su desprecio, pero yo confío en lo que he imaginado para mi vida. A veces, sólo se necesita el vientre plano.
Susurran.
—…es que la sobrina está bien gordita. No se ha hecho el bypass porque no tiene para pagarlo.
—Sí, caray… Ya tiene 32 y así, ¿cómo?
—¿Qué tal cooperamos y entre todas le pagamos la operación?
Abro los ojos. Silencio.
Cerca, al oído, mi mamá me dice:
—No te preocupes, hija. Tú si te vas a casar.


XVIII
Octubre

Hojas secas en el suelo. El lechero no dejó la leche ni el tren paró en la estación, pero no temimos. Entre las sábanas, dentro de nuestros sueños, su mirada diáfana, sus dientes blancos moderaban palabras de cómo el mundo se iba levantando para asomarse a nuestra gloria. Mi marido agita mis hombros y me trae a la realidad frente a la taza de café. En la televisión su mirada diáfana nos custodia sin estar. Aprieto la mano de mi marido.
Hoy mi hijo tampoco ha llegado a casa.  


XIX
Vivos se los llevaron

Un sábado de noviembre, de la mano de mi abuela, les dije adiós. Sabía que mis padres se iban a Jalisco por el puro gusto de recorrerlo. Durante una semana su vocho fue visto por kioskos, canales de riego, templos al Altísimo. En cada lugar, se hacían una foto con la Polaroid y la echaban al correo. En Casimiro Castillo se terminó su rastro.
Hace tres meses murió mi abuela y, aunque siempre pensé haberme resignado a la pérdida de mis padres, he vuelto y revuelto las Polaroid, empeñado en hacer la ruta de mis padres por Jalisco. A unos kilómetros de Casimiro Castillo veo todo con claridad. Mis padres como en las fotos, ella de pantalón acampanado y él de camisa de terlenka, corren en dirección contraria a una mujer ensangrentada. Mi madre golpea con los nudillos en la ventanilla del vocho, mi padre me dice, olvídanos, será el único lugar seguro.

lunes, 7 de enero de 2019

Sara Paola Mateos



Sara Paola Mateos (Puebla, 1995) estudió la licenciatura en Literatura y Filosofía en la Universidad Iberoamericana Puebla. En 2016 fue ganadora de la beca de creación literaria del PECDA, dentro de la categoría “Jóvenes creadores: Cuento”.
Ha participado en eventos como el “IV Coloquio por el Día Mundial de la Filosofía” (Ibero Puebla, 2015), en el “Congreso de Filosofía Moderna: en el tricentenario del fallecimiento de Leibniz” (UPAEP, 2016), y en el “Primer Congreso Interuniversitario: un horizonte compartido” (BUAP, 2018).
Ha publicado textos literarios en las revistas Contratiempo, Crítica, Cuaderno de hojarasca, Rúbricas y Argonauta, en el boletín semanal Torpedo y el suplemento digital de cultura Consultario. Ha impartido talleres de cuento para niños. Actualmente da clases en la Academia Militarizada Ignacio Zaragoza.



Predestinación

Poco antes de llegar al cruce de dos caminos, una camioneta roja se le adelantó a un automóvil gris y le cerró el paso. Bajó un prototípico cowboy vestido con vaqueros, botas y camisa a cuadros. Iracundo, fue a sacar al personaje asustado que viajaba en el otro vehículo. Tomándolo del cuello, lo recargó sobre la portezuela, sacó una pistola y le apuntó a la sien.
―¡Por favor!―suplicó―, tú sabes la verdad, no los maté, ¡no pude haber sido yo!
―Lo sé pero, para que la historia siga, es necesario… ―dijo y disparó.


Mismidad

Un lunes por la mañana se dispuso a encontrarse a sí mismo. Hurgó entre los orificios de sus orejas, en la ciénaga de su estómago, en las arrugas de sus codos, pero no se veía a sí mismo por ninguna parte. Entonces se puso a buscarlo en el mundo: en el interior de un buzón de cartas, en los pliegues del sillón, las ranuras de las llantas,  las estrías de las alcantarillas y el polvo de los ventanales. Para cuando al fin se encontró, ya era otro.


Horizonte de sucesos

Ávido por alcanzar la divinidad, el escritor pensó que cada texto sería el peldaño de una escalera interminable que lo llevaría a dominar el infinito. Sin embargo, cuando estaba próximo a terminar su labor, descubrió aterrado que la tinta de su pluma fuente se había diseminado en los papeles, formando una mancha creciente que pronto se convirtió en un agujero negro. La voracidad de aquel hoyo engullía todo lo nombrado y lo atraía irremediablemente a sus fauces. El escritor se encontró en el interior del horizonte de sucesos, donde podía mirar hacia fuera, pero en cambio a él y su universo coleccionado nadie los veía, ningún dios admiraba su vasta obra. Desesperado, quiso volver al principio, pero la curvatura espacio-tiempo se lo impidió. De su empresa frustrada apenas quedarían unas briznas de polvo cósmico, con las que otro dios trazaría figuras para divertirse y que luego les infundiría vida para volver a reírse de sus ansias de inmortalidad y sus desastres con la tinta.


Silencio socrático

Se dice que Sócrates, por sabia prudencia, no escribió una sola palabra. Pero yo, su amada Jantipa, lo adivino atormentándose silenciosamente en una prisión de laberintos, víctima de su innato ánimo de ajedrecista.  En su mente fraguaba todas las posibilidades a donde lo podría llevar la simple mención de una palabra: los caminos que abriría, los que cerraría, las encrucijadas inevitables y las secuelas que no podría detener. Como nunca tuvo tiempo de concluir ese mapeo, nunca se decidió a escribir nada. De su desesperación muda tampoco quedó huella.


Unísono

El hombre se encerró en la habitación con su instrumento y clausuró la puerta. Nada más había, salvo ellos dos. Lo recargó en la pared y luego se sentó enfrente, le aterrorizaba la silueta que proyectaba en el piso y la posibilidad de escuchar su eco. El desafío sólo acabaría cuando uno cediera, y el hombre no estaba dispuesto a hacerlo. Ya le había ofrecido a aquel bulto sonoro innumerables años y secretos.
Pasaron los días, quizá los años. Musgo silencioso vino a asentarse en la piel del hombre. La superficie del instrumento apenas había sido cubierta por una capa de polvo. Hubiera bastado pasar un trapo para ser el de antes, eterno a sí mismo. Él, en cambio, había envejecido. Podía haberse cambiado de ropa y rasurado la barba, pero los grumos asentados en su memoria no iban a disolverse.  La partida estaba perdida, lo sabía. Lo supo desde el día en que su padre le colgó un pesado estuche, diciéndole que alguna vez eso sería él, y se fundirían al unísono.
…Cuando la puerta volvió a abrirse por unos dedos temblorosos, sólo hallaron un contrabajo lustroso recostado sobre el piso. Sobre él reposaba cuidadosamente un arco, que parecía suspendido para tocar, eternamente,  la misma nota.

Correo: sarapaola.mateos@gmail.com
Facebook: Sara Paola Mateos

miércoles, 5 de julio de 2017

Juan Flores G.


Nació en Tepatlaxco, Puebla en 1995. Es poeta, narrador, pianista y estudiante de Contaduría Pública en la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla. Cursó el Diplomado en Creación Literaria por parte de Bellas Artes y el IMACP (Puebla. 2014-2015). Obtuvo el Primer Lugar en el Concurso Internacional de Mini-ficción “Agustín Monsreal” (2016). Se hizo acreedor del Segundo Lugar en el “XVII Premio Filosofía y Letras” de la BUAP, en la categoría de Cuento (2016). Ha participado en diversas actividades culturales en el estado de Puebla fomentando la creación artística y la lectura. Su poesía aparece en las revistas: Revarena (Querétaro. 2015 y 2016), Monolito (2015), Estudiantes BUAP (Puebla. 2015), La semilla amarilla (Colombia. 2016). Fue incluido en la antología Vamos al circo. Ficción Hispanoamericana convocada por Agustín Monsreal y Fernando Sánchez Clelo. Fue seleccionado en el libro de cuentos Puebla en 100 palabras (2014), también participó con un cuento en un homenaje a Jesús Gardea (Editorial Aldea Global. 2015)



Cuestión de perspectiva

Se ahogó en un vaso de agua sólo para demostrar que sí estaba medio lleno y no medio vacío.


Camaleón fallido

El hombre utilizó tantas máscaras que olvidó cuál era su verdadero rostro.


El herrero

El infierno le pareció el único lugar lo suficientemente caliente y llameante para forjar un alma buena.


¿Quién hizo la lista?

La muerte se quedó catatónica al ver que ella misma era la última en su lista de víctimas.


Amor muerto

Le hizo el amor como nunca lo había hecho antes, sin embargo, la mujer seguía sin inmutarse, sin decir una sola palabra. El hombre, frustrado y rencoroso por la actitud de su amante, tomó el cuchillo y la apuñaló varias veces dejándola más muerta de lo que ya estaba.



sábado, 3 de junio de 2017

Rodolfo Luna


Originario de Xicotepec de Juárez, Puebla. Ha participado en talleres organizados por la Sociedad General de Escritores de México: “Sátira, Ironía y Humor en la Literatura”, curso a cargo del Maestro Lazlo Moussong, “Taller de Creación Literaria” con el autor Mario Islasáinz, “Taller de Novela Breve” impartido en el Complejo Cultural Universitario de la Buap, es miembro fundador del Taller Literario Xicotepec. Durante dos años llevó un taller sabatino al Centro Regional de Readaptación Social. Trabajos suyos fueron incluidos en la Antología de Cuento y Poesía de la Escuela de Escritores de Sogem, Puebla. Entre otros medios ha publicado en la revista Pasto Verde, el suplemento cultural Río del periódico Intolerancia, la revista Tierra adentro. Participó en la antología Puebla Directo, quince relatos de la ciudad, editada por el Instituto Municipal de Arte y Cultura. Es autor de la colección de cuentos titulada Hallarás tus días. Su obra El Ruido de Una Piedra obtuvo el primer lugar en el concurso de cuento Mujeres en vida organizado por el Centro de Estudios de Género y la Facultad de Filosofía y Letras de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla.



Victorias inmortales

Aracné se tenía por la mejor tejedora, no solo de la tierra sino también del cielo. Palas consideró tal orgullo digno de pena y para mostrar el error elaboró una tela, tan espléndida como amenazadora. En la obra aparecían castigos impuestos por los habitantes del Olimpo a desgraciados humanos. Su adversaria tejió en respuesta otro prodigio aún más impresionante donde enlistaba culpas de los altos dioses. Sobrepujada, la Señora de la Guerra golpeó a la mujer y ésta corrió a ahorcarse. Palas la condenó a vivir perpetuamente suspendida, deforme y miserable. Pero el mayor triunfo de la artista sobre la deidad se dio cuando, convertida ya en un diminuto monstruo de ocho patas, Aracné volvió a tejer.


De la perfección

Esculpió Pigmalión la figura de una mujer, tal fue su arte que ningún defecto empañaba la obra. Extasiado por la brevedad de aquella cintura, las curvas ceñidas de los muslos, la firmeza de los pechos, la gracia del pelo cuya caída eternizaba el marfil, contempló, en fin, la perfección y no pudo sino enamorarse. Llegadas las fiestas de la diosa suplicó a Venus convirtiera su artificial doncella en una verdadera persona. En ese momento los rizos de la escultura perdieron su rigidez y el viento les hizo flotar despeinados, muy despeinados.


Diana al descubierto

No siempre la fiera Diana ha dedicado todo el tiempo al ejercicio de la caza, causa tanto de su extrema habilidad con el arco como de la firmeza de sus miembros. Hubo meses en que prefería darse largos baños en una gruta, pasar las horas tumbada en compañía de ninfas. En esos días, accidentalmente, un hombre tuvo la desgracia de sorprenderla desnuda. Ella tomó las armas y por primera vez erró el tiro. El joven fue metamorfoseado en ciervo. Algunos hallaron justo el castigo por estar en proporción al pudor de la casta diosa. Mas ¿qué culpa hay en lo involuntario? Confundidos, los perros desgarraron al amo. Acteón pereció ignorando que todo era para evitar el escándalo de una palabra: celulitis.


Narradores

Como todas las mañanas sin escuela, Ángel visitó a su tío para que le contara algo. Ese día lo acompañó David. Hechas las presentaciones los niños se sentaron en el piso mientras el comerciante usaba el banco alto. La historia tenía un laberinto, un monstruo que comía doncellas y muchachos, un héroe malagradecido, un barco con velas negras. A poco Daniel se unió al grupo, después Fermín, Isidro, Felipe… Cuando terminaron las vacaciones el hombre de la tienda suspiró aliviado al ver su mañana por fin dedicada a los clientes. Esa tarde llegó David, tomó el banco alto indicando el suelo con la mano y empezó a contarle al tío de su amigo la historia del minotauro. 


Vano esfuerzo

Mi amigo el pacifista suele quejarse de su hijo, pues éste ama la violencia pese a los muchos azotes que le dio en su niñez para corregirlo.


jueves, 9 de junio de 2016

Fabiola Morales Gasca



Fabiola Morales Gasca es titulada del ITP en Informática y egresada de la Maestría de computación en la FCC de la BUAP.  Ha aprendido el oficio de Escritura en la Casa del Escritor y en la SOGEM, donde terminó el Diplomado en creación Literaria. Es autora de  Para tardes de Lluvia y de Nostalgia (2014)  y Crónicas sobre Mar, Tierra y Aire (2016) editado por la BUAP.  Seleccionada en diversas antologías de México, España y Paraguay. Es una lectora voraz y escritora incansable.



Games

Las jugadas de los dioses coincidieron en esa calle. Tú cruzaste y yo te contemplé desde la silla de este triste café. Venias hacia mí sonriendo, cuando pasó el veloz auto. Sólo una estela dorada quedó de aquel breve amor, los dioses no jugaron bien sus cartas.


Poesía

Su espíritu sensible no soportó la realidad, por eso se  colocó alrededor del cuello una cuerda de  palabras. Se buscó la trabe más ancha de la casa y arrastro hasta ahí la vieja mesa, luego se subió a ella, amarró la cuerda y decidido se dejó caer. Empezó a asfixiarse y algunos versos empezaron a brotar. La respiración le falló, los ojos le saltaban y el cuerpo se empezaba a sacudir; de la fuerte cuerda cayeron algunas palabras y él se fragmentó en una decena de poemas para nunca más morir.


Reflejos

Se observa a sí mismo a través del espejo. Ese, el de enfrente, más joven, imperfecto, loco y menos neurótico, sonríe sin malicia. Las contrariedades de la vida no le han afectado aún. Ese otro no conoce teorías sobre limitaciones y mucho menos las ha experimentado. El otro, reflejándose a un lado es más viejo, lobo de mar experimentado en decepciones, contempla con cierta envidia la piel joven que se desgastará. Amargado, resentido y más neurótico,  sabe a ciencia cierta que el futuro no sonreirá al mancebo. El lobo acerca su boca al oído del joven y susurra palabras imperceptibles sobre las carencias cercanas. Uno pregunta y otro responde. Yo, observo a los dos contemplándose con vanidad en el espejo. Ninguno de los dos puede verme. La muerte nunca se refleja, sólo me presienten.  Les sonrío de forma voraz, sarcástica, el futuro, no hay futuro, no hay nada; ambos tienen una eternidad en la oscuridad.


Puzzle

Te sientes abatida y sobre el sofá dejas caer tu decrepito cuerpo. Intentas respirar pero no puedes. Tu última hija ayer se ha casado y tú marido hoy deja la casa, te mostró el boleto de avión y ya ha pedido el taxi que lo llevará al aeropuerto. Sabes que es nulo lo que ahora hagas. La vida se cae en pedazos, no puedes hacer nada para reconstruirla. Ahora él con  maleta en puerta también es un puzzle para armar. Te llenas de furia, quieres acabar con todo; cortas la realidad hasta no queda nada por reconstruir. Una nerviosa voz te dice que te apures a limpiar la sangre y colocar su cercenado cuerpo en la maleta antes de que se la lleve el taxi.


Papiroflexia

Envuelvo con sumo cuidado los amaneceres naranjas, el violeta de los atardeceres. Envuelvo las sonrisas y la impresión de las calles llenas de bicicletas. Empaqueto los olores, las rabietas, las cosquillas.  Doy forma caprichosa al papel de los fugaces momentos. Hago avión a todos los besos, y los  dorados abrazos. Doblo los orgasmos y anticipo las emociones desbordadas a papeles rojos o verdes. Guardo todo. Al final sé que desenvolveré cada cosa; por si acaso la muerte me llega, por si acaso la vida no me basta.  Atrapo cada instante, la papiroflexia no es fácil.

martes, 30 de diciembre de 2014

Günter Petrak


Nació en Puebla, en 1958. Como autor ha publicado artículos y ensayos  en revistas nacionales e internacionales (un par de sus ensayos han sido traducidos al inglés y al hindú y recientemente uno de sus poemas ha sido publicado en italiano) además de tres libros de cuentos (El mar azul de sus ondulaciones, Para leer la tarde, Los hombres de maíz y otras historias), una novela (Ciudad de otros) y un libro de texto sobre Redacción que ha vendido más de ocho mil ejemplares. También tiene en imprenta una nueva antología de cuentos: Eros desarmado. Fue becario del Fondo Nacional para la Cultura y las Artes 1998 y ha obtenido reconocimientos en varios concursos de cuento a nivel nacional. También aparece en diversas antologías del género [1].



Para leer la tarde

Anclado a la mecedora de las tardevelas, miro más allá de los cañaverales al reloj, desde la ventana de verdeplanta. Adormecido por la Amnesia Tropical he intentado leer la tarde; pero es un acto doloroso porque las acuosolabras se escapaban entre los dedos y no puedo guardarlas en una red de pescadores. También es doloroso el parto de escribir, como lo es igualmente el tener recuerdos que se clavan, afilados hasta la empuñadura. Pero me he empeñado en leer el crepúsculo mientras la quilla de una nave marinera va arando el mar labrantío cual hortaliza de algas y de océano; aunque el cerebro me reviente en luces de arrullococos como en ese tiempo cuando oí, insistentemente en mi cabeza, el gritofuria de la naturaleza que convirtió el horizonte en una ola-lontananza, enorme como el monstruo de Loch Ness. Y aprendí entonces que dejando deslizarse las ideas, podía sentir una nueva forma de abecedario naciendo de las olas y las hojas largas y pulidas de los árboles de plátano en los platanales. La furiagrande de la naturaleza soplaba un insistente nombre que no entendí, hasta que alguien viviendo del palidoópalo del río me dijo que era inglés: “Candie Banana Chewing Gum Corporation”. Era un parásito chupasangre como los mosquitos. Aunque puedo decir en su descargo que la hermosa rubiateñida que trajo consigo tenía unos jugosos pezones sonrosados, como flores comestibles. Y sus labios eran ciruela-rábanos que lo mismo entonaban monísimo “darling” que escupían picantes cebollas en el Preludio en Do Mayor de un par de senos en la sinfonía de los pepinos. Bueno, esa es la historia de la güerita, pero la naturaleza no sólo habla ironías en su demencia vegetal, arma también de arsenales mortíferos cada agujero y cada púa que los hombres le embuten en escarnio a la orgullosa tierra de caparazones orugando. Lo saben los autóctonos que cosechan siembras mientras la rasquen con cariño y no le quieran hacer permanente tintepelo. Pero la CBCGC (Candie Banana etcétera) machacó los pinorobles en tabletas tablas, para hacer tabletas refrescantes del aliento con chicle natural combinado con plastiquímicos imitativos, lo mismo del azúcar que de la savia de la sabia naturaleza fotosintética que no requiere de sintéticos. Más leer la tarde me pone triste y ansioso por terminar la lectura, antes de que el “close up” nativo del ocaso me deje a oscuras recordando ensueños. Y he aquí el texto descifrado: el crepúsculo escribió “muerte” con faltante ortografía y escupió con toneladas de agua la Banana Corporation. [2]


El juicio

El juicio se internó por un inexplorado territorio dialéctico de argumentos y contraargumentos, de criterios y anticriterios, donde los códigos morales fueron anatemizados acaloradamente por unos y defendidos con furia por otros. Todos se creían poseedores de la verdad, de modo que poco era de extrañar que el debate desembocara en una ardorosa confusión. Así, llegado el momento del veredicto, nadie supo quién era más culpable: el maniático que ocultaba su impudicia debajo de la gabardina, o el juez, que exhibía llanamente su pudor… [3]


Los dichos del Petrakuende

Una de las ventajas del texto oral es que lo puedes seguir practicando en la vejez

Me encanta tener texto con más de dos…

Practiquemos texto salvaje hasta alcanzar el sarcasmo.

Desistí del amor platónico cuando conocí el amor textual.

Hay mujeres temerarias que practican el texto oral sin protección…

Las librerías, ¿son sitios  de explotación y comercio textual?

Quisiera ser un hombre con más potencia textual…

La inactividad textual es peligrosa: produce olvido.

El primer amor te elige a ti, el último casi siempre lo eliges tú.

Mi fantasía textual es que me comas y punto…

Soy un maniático textual: no me resisto a jugar con la lengua.

Mi vida textual está llena de paréntesis, interrogaciones, tildes y guiones bajos…a veces es sólo puntos suspensivos…

Mi deseo más poético es satisfacerte textualmente todas las noches…

Cachondo es mojar la pluma. Perverso es chuparse la gallina entera.

Me declaro abiertamente heterotextual: disfruto del texto con diversos géneros…

No porque se inflame el textículo habrá de convertirse en novela.


Si usas la lengua practica el texto seguro. Interrogaciones y exclamaciones incluyen 69 obligatorio. ¡Ábrelas y ciérralas!: ¿? ¡!



[1] Semblanza. Cortesía del propio Günter Petrak.
[2] Revista El Cuento No. 103 – 104, Julio – Diciembre 1987.
[3] Revista El Cuento No. 125, Enero-Marzo 1993.

martes, 9 de diciembre de 2014

Julio César Sánchez Chilaca


Julio César Sánchez Chilaca (1981, Puebla, Puebla). Estudia la licenciatura en Artes Plásticas, en el Instituto de Artes Visuales del estado de Puebla. Así como en los talleres de poesía de la sociedad de escritores de México (SOGEM) de Puebla, del 2008 hasta la fecha. En 2004 obtuvo el primer lugar en el concurso de cuento del periódico Síntesis, con el cuento un día en la vida publicado en el mismo diario; así como el primer lugar en el concurso de poesía convocado por la BUAP (Benemérita Universidad Autónoma de Puebla), y con la obra Dulces sueños obtuvo el premio Nacional de Cuento Tintanueva 2012. Es incluido en la antologia Cuando la luz se descifra 2013, y recientemente en el 2014 publicó el poemario: Serena oscuridad.


Té de tila

Bebiendo sorbos del té de tila, la anciana  fue a recostarse a su cama. Sintió cómo poco a poco se relajaban los nervios, pues desde hace varios meses sufría la paranoia de que alguien merodeaba su hogar. Al irse tranquilizando con la bebida, descubrió que las sigilosas pisadas eran en realidad el crujir del viejo piso de madera, y que aquellos objetos puestos en otros sitios, eran movidos por ella misma y a su mala memoria. La tranquilidad fue retornando aquella noche.
Bajo un sopor insostenible, apenas pudo apagar la lámpara antes de hundirse en su sueño, a la vez que una sombra tétrica acechaba desde el umbral de la habitación.


Amnesia

Después de aquel duro golpe, olvidó todo, inclusive que había muerto.


Inesperado

Sin que nadie la llamara, la niña apareció de súbito en el umbral de aquella pieza donde se encontraban los policías y su padre. Ella, con los labios pálidos y temblorosos, señaló a su progenitor como el asesino de su mamá. También dijo cómo después de degollarla la arrastró hacia el sótano, mientras ella estaba oculta debajo de la mesa. Los agentes lo aprendieron, a la vez que el criminal quedaba atónito y confundido, porque estaba seguro de que su hija era muda.



La cita

Jorge bebía una taza de café mientras esperaba a Laura, su prometida, en aquel íntimo restauran. Muy pronto los aromas que flotaban desde la cocina lo sumergieron en la mezcla del amor por Laura y el vislumbre de imaginar los alimentos, además de la forma en cómo elaborarlos con esa destreza que él poseía. Fue fantaseando cómo cortaría la carne suave y blanca de su novia, en primera intención para cocinar ese filete tipo rib eye con sala agridulce que por tanto tiempo se había privado; su hígado en posterior en ese pate acompañado de pimientos verdes, para después concluir con la medula al guisarla en una fina sopa.
––¿En qué tanto piensas, Jorge? ––le preguntó Laura, mientras le daba un beso en la mejilla.
––Solo puedo pensar en ti.
Ella dibujo una sonrisa en los labios.


Sempiterno

La mujer retrocede ante aquel precipicio con el rostro pálido y sus pupilas dilatadas por el temor, sin embargo,  la tierra se afloja y cae dentro de esa oscuridad infinita bajo un grito que hace despertar al hombre que la sueña.
Él enciende la luz para retornar a la seguridad de su cama. Se descubre agitado, bañado en sudor frío. Estando más sosegado, piensa que no hay nada de qué preocuparse, que sólo se trató de una pesadilla y que no puede encerrar ningún mal augurio, porque ni siquiera conoce a la mujer. Entonces decide ir a tomar un vaso de agua. Al hacerlo y dar los primeros pasos, sus ojos se llenan de terror: descubre que se encuentra al borde de un despeñadero al que caerá, dando un alarido que despertara a una mujer desconocida.


lunes, 8 de septiembre de 2014

Mario Luis Vigueras Cuéllar


Me llamo Mario Luis Vigueras Cuellar. Nací en la ciudad de Puebla, el 21 de junio de 1967, mis padres fueron veracruzanos. Él, Mario Vigueras Quiroz de Jalapa, Veracruz. Mi madre, Oliva Cuellar Gómez, de Rinconada, Veracruz, ambos fallecidos. Además  tengo una hermana mayor de nombre María Guadalupe Oliva Vigueras Cuellar. Hice la licenciatura en lingüística y literatura en la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla. La licenciatura en español, en  la Normal Superior Federalizada. Trabajé en la SEP a nivel de secundaria y en la BUAP, en la Preparatoria 2 de Octubre de 1968, donde cursé la maestría en ETAC, con la participación de la BUAP, en Ciencias de la Educación. Estoy casado con Mariana Morales Alcántara y tenemos dos hijos: Mariana Vigueras Morales de 19 años de edad y Luis Mario Vigueras Morales de 10 años. En la secundaria Técnica 51 imparto la materia de Español. Actualmente, vamos teniendo algunas colaboraciones importantes, dos libros en España, de los cuales menciono sus nombres: Sugiéreme, relatos y cuentos (Editorial Mablaz, 2013). Y Gritos contra la violencia de género, de la misma editorial (2014). Participo en el libro Minificcionistas de El cuento, revista de imaginación (Ficticia Editorial, 2014), ya que el maestro Edmundo Valadés tuvo a bien publicarme en su revista hace años; ahora estoy terminando una novela que llevará por nombre: Voces en lucha.



Chiste

Siempre he sido muy malo para contar chistes, así que cuando dije el último comenzaron los aplausos.


Televisión

Oh, Dios de la tecnología, no permitas que tantos idiotas caigan en tus manos, haz el favor de ponerles de vez en cuando un libro, ojalá que sus páginas sean de su agrado y dales la inteligencia necesaria de que puedan discernir entre lo bueno y lo malo, si el televisor permanece apagado más tiempo del necesario, te prometo que daré gracias por escrito el resto de mi vida.
¿Y qué hizo, apagó el televisor? No, sólo le cambió de canal, ahora está en silencio viendo su programa favorito, es la única forma de tenerlo sentado varias horas sin que proteste.


De hombres y soluciones

Por las tardes de un domingo cualquiera se nos puede encontrar fácilmente viendo un partido de fútbol, con los amigos, compartiendo las botanas, desarrollando nuestros voluminosos vientres, pero como casi siempre ocurre, nuestro equipo favorito es goleado y entonces por la tristeza que nos provoca le entramos duro y macizo a la bebida, a las cervezas, entonces para el lunes, sin ganas, pues no asistimos al trabajo.
Soluciones al problema: Uno, o juega mejor nuestro equipo o mejor nos cambiamos de equipo. Dos, que los partidos no los pongan el domingo, mejor sean los sábados, para que no falten a sus trabajos el lunes. Y finalmente, con los resultados que presentan actualmente en el fútbol mexicano, lo más seguro será que ya no vea fútbol o de plano vaya pensando en ver otro tipo de deportes, que hay muchos y variados y que han dado mejores resultados que el fútbol.


Lógico

Si se pagan mejores salarios hay más dinero, y si hay más dinero se pueden comprar más cosas, hay más acciones y con  las acciones se mueve el mundo, lo que no entiendo es porque dicen que Edmundo no quiere trabajar, si lo veo que anda de un lado a otro, no suena lógico que lo señalen como un mal elemento cuando hay tantos en la política que hacen lo mismo que Edmundo y ganan más dinero.


El color

Se dice que hay personas que ven en blanco y negro, que no distinguen el color, tengo un amigo con esa cualidad, lo admiro porque ha logrado obtener un doctorado en pedagogía, que bueno que tiene esta cualidad, porque se hubiese decepcionado, de ver que este mundo donde todo lo vemos de colores, hay personas que se empeñan, parece que lo dicen algunos necios racistas, en ver todo en blanco y negro.


Inicio y final

Llegué por fin.