martes, 1 de octubre de 2019

Convocatoria para el libro "Identidad(ES) minificciones alternas"



CONVOCATORIA

 Para el libro Identidad(ES) minificciones alternas

Con la intención de compilar un libro de minificciones que den cuenta de otros cuerpos, identidades, deseos y prácticas alternas a la heteronorma; y que a la vez funcionen como denuncia ante la violencia que a diario se ejerce en contra de aquellas personas que no se ajustan a los parámetros de normalidad en la sociedad, se convoca a colaborar a la comunidad LGBTTTI+ (Lesbiana, Gay, Bisexual, Transexual, Transgénero,  Travesti, Intersexual, y más) mexicana.

Algunas líneas sugeridas a explorar son: Comunidad LGBTTTI+, infancias TTTrans, LGBTTTIfobia, VIH: estigma y estereotipo, deseo, crímenes de odio, diversidad funcional, pueblos originarios[1], mitología universal...

BASES

1.- Pertenecer a la comunidad LGBTTTI+, ser mayor de edad y de nacionalidad mexicana, por nacimiento o residencia (+5 años en el país).

2.- Las personas interesadas en participar deberán enviar de 2 a 3 minificciones con temática LGBTTTI+, con una extensión máxima de 250 palabras; título incluido. Se seleccionará solo un texto para la antología.

Los textos se enviarán en un documento adjunto de Microsoft Word, fuente Times New Roman, 12 puntos, interlineado sencillo, sin negritas, al correo microdiversidades@gmail.com  ; en Asunto, escribir  “Colaboración”. En el cuerpo del mensaje incluir los siguientes datos: pseudónimo (en caso de usarlo), nombre completo, lugar de nacimiento, edad, ficha de autor/a (máximo 40 palabras).

3.- De los textos recibidos, el Comité Organizador elegirá 20 minificciones para formar parte del libro.

4.- El Comité Organizador hará una invitación directa a 20 minificcionistas nacionales con trayectoria en el campo de la minificción, avalada por la publicación de libros o su participación en antologías nacionales o internacionales.

5.- Cualquier imprevisto no contemplado en la convocatoria, será resuelta por el Comité Organizador.

6.- La convocatoria estará abierta desde la publicación de la misma hasta el 31 de diciembre de 2019, a las 24:00, hora de México. La lista de textos seleccionados se publicará el 1 de febrero de 2020.

7.- El libro se publicará en formato digital en el blog Antología Virtual de Minificción Mexicana y en páginas electrónicas de los convocantes, pero antes se buscará la opción de una publicación en formato de libro tradicional, lo cual se hará saber a las personas participantes.

Invitan

Antología Virtual de Minificción Mexicana
Colectivo Inclusión (Colima)
Lovelia. Grupo de Apoyo para Familias en la Diversidad Amorosa y Sexual A. C. (Colima)
Mezcal Rosa Producciones (GDL)
Impulso Trans (Guadalajara)
Cabildo Pro Diversidad Sexual del Estado de México (CODISEM A.C.) (Edomex)
Orgullo Ecatepec (Edomex)
TRANSinfancia (CDMX)

 [1] Para las propuestas de pueblos originarios se recomienda enviar los textos en español y lengua originaria para su publicación bilingüe.

sábado, 21 de septiembre de 2019

Daniel Bernal Moreno



Daniel Bernal Moreno. Toluca 1978. Cursó el diplomado de Creación Literaria en la Escuela de Escritores del Estado de México. Ha sido dos veces ganador de la beca del Programa de Estímulo a la Creación y el Desarrollo Artístico (PECDA) en 2015 y 2017. Es autor del libro de minificción Todos estamos aquí, Fondo Editorial BUAP, además de haber sido incluido en las antologías de minificción Vamos al Circo y Cortocircuito, Ficción Exprés BUAP y Cuerpos Rotos, Bitácora de vuelos. Mención honorífica en el Certamen Laura Méndez de Cuenca 2017 por el libro de cuentos Entonces vimos llover publicado por el Fondo Editorial del Estado de México (FOEM).




A_sencia

Claro que se sintió herida. De lo contrario no habría desaparecido. Lo más grave es que no lo noté, hasta varios días más tarde. No la vi escapar. Y la verdad, no parecía tan necesaria al principio. Es posible trabajar sin ella, hasta cierto momento. Al final, si existe, es por algo. Nada está sólo porque sí. Casi he podido evitarla, podría haber nombrado distinto a mi texto, pero la extraño. Hace falta en mi teclado, pero no en mi corazón.


Perspectiva

Pensó que tener un hijo a los sesenta años era condenarlo a mucho tiempo de orfandad; sin embargo, la ilusión del primogénito lo invadió y aparecieron unas renovadas ganas de vivir. Cuando el niño cumplió tres años, su padre marcó la primera línea en la pared: estaba a punto de llegar al metro. Por curiosidad se recargó en el muro. Tardó unos segundos en enderezarse. Nunca fue alto, pero su metro con setenta centímetros lo metía en la estatura promedio del mexicano. El índice quedó fijo en la pared justo a la altura máxima de su cabeza. Hizo una pequeña raya y notó que los años le habían robado ya un par de centímetros. Miró a su hijo que sorprendido lo veía, desde su perspectiva, como un gigante. Una punzada en la espalda baja lo hizo volver a encorvarse.
Cada seis meses su temor cobraba fuerza. Las líneas estaban cada vez más juntas. La última marca vino de la mano del hijo que, con tristeza, detuvo a su padre con una sola mano, como si fuera a aprender a caminar. Y con la otra trazó una raya. El padre, con su vista cansada, miró a su hijo convertido un gigante.


Crimen resuelto

La soberbia del detective lo llevó a dejar en una nota el nombre del asesino. La dejó al alcance de la policía. Después sirvió un whisky, subió el volumen para escuchar un blues desgarrador y se sentó de espalda a la puerta. Sonrió cuando escuchó detrás de él cómo cortaban cartucho. Siempre tenía razón.


Incertidumbre

Eran pocas las personas en la terminal de autobuses. Ninguna notó que sus zapatos se mancharon del tenue rojo que la sangre dejó. Mucho menos se percataron que el líquido dibujaba una delgada línea que se perdía en un baño público.
            “No grites”. Él repitió una y otra vez sin dejar de abrirle las piernas con fuerza. Ella no lo pudo evitar, entre el olor fétido y la incertidumbre, dudó que pudiera salir bien librada. De pronto, un nuevo estallido interno y el dolor cesó. Alivio... El niño al fin había nacido.


Malena

La añoranza de su patria hizo que su padre lo llevara a un espectáculo de tango. Matías no había visto nunca a una pareja bailar así. La pubertad grabó en su mente un hermoso par de piernas cubiertas por unas medias de red, negras. Un vestido rojo ceñido a la cadera torneada que sensual se contoneaba. Sus ojos bailaron al compás de Manzi. Y odió, como se odia en la pampa, no ser él quien estaba en el escenario. Ignoraba cómo se llamaba la mujer, pero desde ese día decidió que sería Malena. Con el galopante fluir de su sangre, Matías subió al escenario, apartó al hombre que, displicente, cedió su lugar. “Enséñame a bailar”, suplicó Matías.
Las luces rojas acompañan al bandoneón. Los aplausos retumban al ver la espalda delicada que muestra el escote del vestido grana, la cabellera negra recogida deja ver su cuello largo. Los hombres se impacientan al ver la pierna emerger de la abertura del vestido. Las medias negras de red cubren las piernas de Matías, aunque el público lo conoce como Malena.


martes, 20 de agosto de 2019

Guillermina Cuevas Peña



Guillermina Cuevas Peña nació en el estado de Colima. A lo largo de su carrera literaria ha publicado en muchas revistas como Cortapacios y La Media Luna. Es una de las escritoras más importantes de su estado. En 2002 recibió el premio colimense de Narrativa “Gregorio Torres Quintero” por su libro de cuentos Pilas o las espirales del tiempo. En 2007 el Congreso de Colima le rindió homenaje en el campo de las letras y le entregó la presea Griselda Álvarez Ponce de León. Libros publicados: Ya floreció la Vainilla (2016), Dulce y Prehistórico Animal (2012), Apocryphal Blues (2003), Pilas o las espirales del tiempo (2002), De ásperos bordes (1998), Del fuego y sus fervores (1996) y Piel de la Memoria (1995).



El tendón del alma

Iba con Avelino en un automóvil pequeño. Era un tráfico pesado y lento y todos los automóviles eran iguales pero en diferentes colores. En el piso de la parte posterior se escuchaban las voces de dos niños jugando a la fusión de moléculas con sus muñecos superpoderosos, uno era de fuego, decían, otro de piedra, y ganaban batallas y cruzaban el hiperespacio. Yo estaba muy ocupada buscando en un enorme directorio telefónico el número de una línea de autobuses porque en este sueño tenía que viajar y le decía a Avelino que el boleto costaba 43 pesos menos y él conducía con la misma brusquedad y precisión que los otros automovilistas y apenas me contestaba que sí, que los boletos costaban menos en esa línea de autobuses. Repentinamente otro escenario, escaleras que llevaban a un edificio público, columnas como de un teatro en Guanajuato o en San Luis Potosí. Yo subiendo, con mi enorme directorio telefónico y luego la abrupta irrupción de un toro miniatura, un torito negro y peludo que me obligaba a detenerme, a sentarme para evitar el peligro. Escuché que alguien dijo “mira el pitonón del toro”. Esperé hasta que dejó de perseguirme y bajó la escalera para adentrarse en el parque donde tres o  cuatro perros lo esperaban. En la entrada del edificio una muchacha me recibía llorando, maestra, me decía, en la oficina alguien está herido de muerte y yo le contestaba, pronto llegará la ayuda, no te angusties. Entramos al edificio y, sobre un escritorio, agonizante, pálido, estaba el herido de muerte. La muchacha llorosa que me recibió en la entrada me dijo en voz baja, nadie puede ayudarlo, tiene el pecho abierto y puede verse el tendón del alma. Cuando desperté eran ya las once de la mañana, me dolían los ojos, tenía sed y aunque ninguna herida había en mi pecho sentía muy lastimado el tendón de mi alma.


Cielo con pájaros

Anoche el Distrito Federal, el Paseo de la Reforma. Iba con Victorioso. El vestía un saco a cuadros en negro y café,  un morral de piel café y sombrero del mismo color. Yo llevaba, con preocupación, a Tinitongo de la mano y caminábamos de prisa porque una lluvia pertinaz nos amenazaba. En las primeras cuadras vimos a las prostitutas dramáticas, una de ellas con un vestido antiguo en satín azul, con los labios rojísimos, otra como Irma la dulce, con medias verdes y zapatos dorados de tacón muy alto, luego mucha gente, mujeres viejas de aspecto extranjero comprando artesanías. Victorioso me dijo que esas tiendas eran muy caras, que él conocía otras muy cerca, unos arcones dijo, que vendían productos baratos y allá nos dirigimos y a la vuelta de la esquina era ya otro escenario, una calle estrecha, un pequeño  parque y un café donde los clientes leían todos el mismo periódico. Tinitongo tenía hambre y en un puesto ambulante le compré un jugo de naranja. Súbitamente la lluvia cesó. El cielo comenzó a iluminarse y una nube enorme y violenta se movía  con velocidad inusitada, al principio era azul plúmbago y tenía destellos rojos, luego se tornó verde con manchas en color naranja. En la calle la gente observaba con fascinación. Pero no era ya una nube vaporosa, eran miles de pájaros verdes con alas rojas. Cuatro de ellos bajaron hasta el pequeño parque y comenzaron a comer el maíz que una anciana arrojaba a las palomas. Victorioso dijo, vamos a correr esos pájaros a patadas y Tinitongo dijo, yo también quiero patearles el trasero. Un cliente del café salió con su periódico doblado bajo el brazo y exclamó: estos cochinos pájaros nos han llenado la ciudad de caca.
Como las alas rojas de pájaros en mi sueño, la máquina rechaza las siguientes palabras. Tinitongo, prostitutas, plúmbago y caca.


Summer time

Andaba yo con Will Smith en el este de Los Ángeles. Vestido él con extrema sencillez, una camisa a cuadros en verde y café, un pantalón viejo de mezclilla y zapatos con suela de goma muy gastados. Atento y protector me llevaba del brazo a un cine inconcluso, una construcción muy rústica, como dicen los arquitectos, todavía en obra negra. Había muchos migrantes mexicanos pero el actor hablaba conmigo en inglés y yo le repetía: Don’t leave me alone, please y el me respondía, Don’t worry, I will take care of you. Me trajo luego una hamburguesa de medio kilo y un chocolate milky way y se fue para atender a un grupo de orientales que gesticulaban con vehemencia. En el cine inconcluso se presentaba una obra de teatro con tres personajes, una mujer gorda y pelirroja, una muchacha de piernas muy largas y un hombre maduro montado en una bicicleta amarilla, fosforescente. Había en el ambiente un intenso olor a incienso de canela. Will Smith desapareció y yo me quedé en un tianguis donde se vendían productos mexicanos y, muy desorientada, llegué  hasta una habitación llena de niños que saltaban sobre colchones de plástico. Alguien abrió la puerta y me dijo, maestra, le encargo a los niños, tenemos una junta urgente de comerciantes en pequeño. Creo que lloré, me veía con un rollo de papel sanitario secando mis lágrimas. La siguiente imagen fue en un autobús de Grayhound, un hotel pequeño y una habitación en el tercer piso con ventana hacia una calle oscura y desierta. Sobre la cama individual encontré un sobre blanco. Había en él un billete de veinte dólares y una tarjeta de presentación en la que leí: Will Smith, Asesor de migrantes en desventura. Al reverso, una nota que decía: “I will take care of you in the summer time, please don’t worry”.


Ganaron las Chivas

Sucedió tal vez en Guadalajara. En la sala de una casa se habían reunido unas 20 personas para ver un partido de futbol o una pelea de box. Yo estaba sentada en una silla blanca de plástico, alguien me ofrecía pepinos con chile, limón y sal. De pronto un grito  que se ahogaba con el ruido de una sirena de policía. Huyendo sin saber porqué me refugié en un taller mecánico. En la densa oscuridad, casi al borde del desmayo, dos perros mordían mis tobillos. No sentía dolor, sólo la sensación de algo viscoso. Inmóvil y aterrada permanecí hasta que la luz del amanecer me permitió ver a los dos perros que me impedían moverme. Un pastor alemán color capuchino era el más feroz, la sustancia viscosa que percibí toda la noche salía de su enorme hocico, era una espuma verde amarillenta. Luego se transformó en hombre, un hombre alto, con marcas de acné. Me dijo que ya no había peligro, que la policía se había retirado y que yo estaba a salvo. El otro perro era apenas un cachorro. Dejó de morderme, se metió debajo de un automóvil sin pintura y se durmió inmediatamente. Salí de ese lugar y en la calle no había rastros de algún suceso inusitado. Un muchacho en bicicleta iba gritando “Ganaron las Chivas, cabrones, hijos de su chingada madre”. Me dolía el estómago, sentía náuseas y pensé, me hizo daño el pepino con chile.


La pradera

Fue otra de esas chambas gratuitas pero muy gratificantes. Me encargaron la atención del escritor invitado y, con gran esmero, cumplí esta misión. Estuve con él desde el desayuno hasta la ceremonia en la que recibió la condecoración. El problema surgió cuando otro escritor, invitado por otra institución, manifestó su deseo de acompañar al primero para celebrar el éxito de ambos. Yo cargaba las almohadas blancas que me regalaron en el Congreso del Estado. Media docena de almohadas con el logotipo de la quincuagésima legislatura y mi nombre bordado en hilo dorado eran una carga molesta, casi vergonzante. Un taxista se ofreció a llevarlas hasta mi casa y yo le di una propina por su amable servicio. Los congresistas sesionaron en ropa interior, cómodamente recostados en colchones individuales y el escritor premiado pensó que lo hacían por el intenso calor y no quiso hacer más comentarios al respecto. Fuimos al bar La pradera pensando que en ese lugar encontraríamos un poco de esparcimiento pero había un evento especial y, otra vez, les vimos la cara a los mismos personajes que habían asistido a la ceremonia. Esto es inaceptable, dijeron en coro los dos escritores invitados, de no ser por las edecanes que están tan buenas, me quejaría ante la autoridades federales. Marco y René decidieron quedarse y todo el séquito les aplaudió y hasta declamaron el brindis del bohemio y se emborracharon. A las tres de la mañana los llevaron a su hotel en una camioneta oficial y los organizadores de la fiesta dijeron que muy simpáticos los escritores, que nada presumidos y muy bailadores, que así debían de ser todos, que la próxima vez que vinieran también les regalarían almohadas blancas con su nombre bordado en hilo de oro.


viernes, 5 de julio de 2019

Paulo Verdín



Paulo Verdín (Guadalajara, Jalisco, 1978). Es licenciado en Derecho y en Letras Hispánicas por la Universidad de Guadalajara. También es maestro en Literatura Mexicana por la misma casa de estudios. Ha participado en diversas antologías literarias nacionales e internacionales: El microcuento en el lenguaje radiofónico: análisis de sus formas discursivas (2012), Poquito porque es bendito (2013), Minificcionario de amor, locura y muerte (2013), Ambiente reflexivo. Escritura que inspira conciencias (2014), Internacional microcuentista. Revista de lo breve (2015), Vamos al circo. Minificción Hispanoamericana (2016), Plesiosaurio. Primera revista de ficción breve peruana (2016), Cortocircuito. Fusiones en la minificción (2017), Hemisferios: Alianzas de la táctica a la práctica (2017), Antología de microrrelatos policiales (2017) y Para comerte mejor (Caperucita roja a través de los siglos) (2019). Estudia el doctorado en Humanidades de la Universidad de Guadalajara y coordina la editorial de textos breves Effictio Editores. Twitter: @PauloVerdin



Se busca

Mató a su niño interior con el nudo de su corbata. Recompensa: sueldo inicial base y prestaciones de ley.


Las mil y una noches: la microserie

I
Su insomnio era tan grande, que en vez de contar borregos, contaba noches.

II
Estaba cansado de cuentos: “que si esto, que si lo otro, que si los niños, que si el dinero...” El sultán nunca entendió a Sherezade.

III
“Todos los hombres son iguales, nunca escuchan”, pensó para sus adentros Sherezade, mientras repetía otra vez la misma historia.

IV
“Me gustas cuando callas”, dijo el sultán a Sherezade en la mil y dos noches.

V
“¡Esos son puros cuentos!”, gritó el sultán iracundo, “exijo que me digas con quién estuviste esas mil y una noches”.


Apocalipsis creativo

Cierro la ventana para imaginar historias. Sufro. Mis personajes siguen borrosos, sucios, empañados, sin tener vida. La contaminación los ha alcanzado.


Cuauhtémoc

Todo estaba perfectamente planeado: el aceite hirviendo, las brasas al rojo vivo, la quema de los pies, también un confesor. El tesoro de Moctezuma finalmente sería suyo, pero falló algo, se olvidaron de llevar un traductor.


—Me quiere… no me quiere… me quiere…

Al desprender la última hoja, descubrió con gran tristeza, que no era cierto lo que decían sobre el trébol de cuatro hojas.


viernes, 31 de mayo de 2019

Perla C. Hermosillo


Es doctora en Educación, maestra en Literatura Mexicana y licenciada en Letras Hispánicas por la Universidad de Guadalajara. Sus minificciones han sido publicadas en los libros Resonancias (2018), Corto circuito. Fusiones de la minificción (2017), Vamos al circo. Minificción hispanoamericana (2017), Dispara usted o disparo yo. Antología de microrrelatos policiales (2017), Hemisferios: alianzas de la táctica a la práctica (2017), Ambiente Reflexivo. Escritura que inspira conciencias (2014), Ballenas en hormigueros. Antología hispanoamericana de minificción (2014), Poquito porque es bendito. Antología de microcuentos y cuentos breves (2013) y Minificcionario de amor, locura y muerte (2013). Dirige la empresa editorial Effictio editores y es profesora en el Centro Universitario de los Valles de la Universidad de Guadalajara y en el Instituto de Estudios Superiores de Occidente (ITESO). Twitter: @HermosilloPerla



Lección de vida

Su amiga hacía todo mal: se involucraba con hombres inestables o casados; comía frituras en exceso y luego se quejaba de su gordura; quería controlar la vida de los demás y sufría de dependencia emocional con la gente que la rodeaba. Un buen día, cuando le estaba dando clases de control de crisis a su querida compañera, se dio cuenta que, en realidad, se encontraba hablándose a sí misma frente al espejo.
Resonancias, 2018


Acrobacias

Las miradas iban y venían al compás del trapecista que se mecía con placidez en las alturas. Todos dejaron de comer palomitas cuando el hombre hizo un extraordinario salto para colgar de cabeza. Terminó su participación con una asombrosa pirueta. El público se puso de pie entre una exclamación de asombro al unísono. Los aplausos eran interminables.
Los niños salieron sonriendo, entre murmullos y efusivas expresiones de satisfacción. Nunca antes habían disfrutado tanto de la función que se representaba para ellos cada lunes en la escuela. Esta vez los títeres habían estado espectaculares.
Vamos al circo. Minificción hispanoamericana, 2017


Gajes del oficio

Directora: Fernanda Siniestrosa
Actores: Daniel de la Muerte, Ernesto Matamoros
País: México
Sinopsis: Un pueblo pierde la tranquilidad repentinamente. De las tumbas del antiguo cementerio emergen cuerpos putrefactos que se dirigen hacia las casas en busca de carne fresca. Arrastran pesadamente los pies y se les caen algunas extremidades en su trayecto. Un zombi se detiene a mitad del camino. Se queda inmóvil. Se arranca la máscara y la observa con curiosidad. El director se enfurece ante la actitud del actor, quien, después de diez tomas de la misma escena, prefiere retirarse tranquilamente a su camerino para maquillarse. Todos los involucrados en la filmación de esa película entenderán que el poder de la vanidad es parte del oficio.
Cortocircuito. Fusiones de la minificción, 2017


Diálogo en la oficina

—¿Cuáles son las pistas? —pregunta el detective.
Su compañera se levanta del escritorio y busca la información en el archivero. Él la mira con atención. Le gustan sus tacones negros que lucen sensuales en sus pequeños pies. Ese traje gris delinea su silueta a la perfección, aunque su falda no tiene bastilla. Lo que más le fascina son sus manos, muestra de una delicadeza exquisita. Nota una ligera mancha azul en su dedo índice.
— Una pisada, un hilo y una nota suicida, responde la detective.
—¿La huella en la tierra es aproximadamente del número 3?
—Sí
—¿El hilo es de color gris?
—Sí
—¿La nota está escrita con tinta azul?
—Sí
Los dos detectives se miran a los ojos unos segundos. Ágatha le descarga la pistola en el pecho. Orgullosa, sonríe: esta vez superó a Poirot.
Dispara usted o disparo yo. Antología de microrrelatos policiales, 2017


Cenicienta

El hada madrina convirtió sus harapos en un hermoso vestido de encajes blancos. Acomodó sus cabellos maltratados en un elegante peinado alto y adornó su cuello con bellísimos diamantes. Lo más precioso de todo el atuendo eran las zapatillas de cristal. Estaba lista para ir al baile en esa cálida noche de primavera. El imponente carruaje y los majestuosos corceles avanzaban a paso veloz hacia el palacio cuando una horrible tormenta comenzó a caer en el bosque. Antes de que las ruedas se atascaran en el lodo, se refugiaron en las ruinas de una cabaña. La tormenta se transformó en una atroz granizada, luego una inundación arrasó con todo a su paso. El reloj marcó la medianoche. Al verse en harapos arriba de un árbol, la calabaza hecha pedazos y cuatro ratones muertos flotando en el agua, Cenicienta maldijo, desde el fondo de su corazón, el calentamiento global.
Hemisferios: alianzas de la táctica a la práctica, 2017


miércoles, 8 de mayo de 2019

Ganadores de la Primera Convocatoria de "Memes Breves"


Aquí está la lista de los ganadores de la Primera Convocatoria “Memes Breves”.
El jurado estuvo integrado por Adriana Azucena Rodríguez, Paola Tena y Gloria Ramírez, quienes entregaron el siguiente resultado:
1er. lugar: Cuando la mujer que amaste…, de David Chávez, de Colima. Por su manejo de la intertextualidad, resignificación y selección de imagen, adecuada al texto y a la cultura popular.



2o. lugar: Un niño de unos cinco años…, Édgar Núñez Jiménez, de Chiapas. Por su acertado uso de la cita y su continuación paródica y por el uso de la imagen como continuación del texto.



3er. lugar: ¿Qué haces aquí?, de José Alberto Álvarez, de Ciudad de México. Por su ingenio y elección de tema teórico que reúne síntesis y humor. Aunque la imagen tiene muy baja calidad.



Menciones honoríficas:
1. Cuando vas caminando y te encuentras…, Gabriel Ramos Zepeda, de Ciudad de México. Por su tratamiento cómico de una situación cotidiana del lector del género.




2. Cuando llevas tu minificción…, De Karla Gabriela Barajas, de Chiapas. Es divertido pero muy extenso.



Quienes integramos las páginas Ráfaga imaginaria, Antología Virtual de Minificción Mexicana y Minimanía Difusión de la Minificción, agradecemos al jurado por su colaboración y a quienes enviaron sus memes por su participación entusiasta.

lunes, 29 de abril de 2019

Adriana Azucena Rodríguez




Adriana Azucena Rodríguez es doctora en Literatura Hispánica por el Centro de Estudios Lingüísticos y Literarios del Colegio de México. Narradora, ensayista y profesora. Imparte cursos y talleres en la Universidad Autónoma de la Ciudad de México (UACM), en la licenciatura de Creación Literaria, también asignaturas de teoría literaria en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM.
Ha publicado los libros de cuentos La verdad sobre mis amigos imaginariosDe transgresiones y otros viajesPostales (Mini-hiper-ficciones)La sal de los días y, el más reciente, El infierno de los amantes.
De ensayo, Coincidencia para una historia de la narrativa mexicana escrita por mujeres Las teorías literarias y análisis de textos, y varios artículos sobre literatura del Siglo de Oro, narrativa mexicana del siglo XX y otros temas.


Apenas...

Inspirada por tu recuerdo, decidí olvidarme de lo físico y entregarme al pensamiento y la poesía: até mi cabello con un hilo de tu voz, puse tus palabras en agua para que no se me marchitaran y las llevé conmigo a la biblioteca. Justo antes de empezar, encendí una lamparita con el brillo de tus ojos y la puse en el escritorio.
El agua comienza a anegarse; mi cabello, rizado y, como recordarás, bastante rebelde, se esparce al viento ajeno a mi voluntad, no he pagado la luz y el tenue brillo de la lámpara no logra vencer mi añejo problema de astigmatismo. Debo también la renta y otros gastos del mes. Apenas me quedan algunas de tus valiosas aportaciones al pensamiento actual. No tenías ojos de esmeralda ni perlas en la sonrisa: tu posmodernidad no lo permitía.


Fotografías

La costumbre de fotografiar a los muertos terminó cuando éstos comenzaron a sonreír, a guiñar el ojo y hasta a mandar besos a la cámara. Dos hermanos que tenían fama de bromistas, muertos el mismo día durante un derrumbe, tuvieron el descaro de ponerse, uno al otro, una ridícula seña con la mano que simulaba unos cuernos. Y como para los vivos la muerte es cosa seria, la costumbre desapareció y, ocupó su lugar la de cubrir los espejos con sábanas viejas, para así evitar que los difuntos se acicalaran antes de posar para una foto que siguieron reclamando durante algunos años.

De La verdad sobre mis amigos imaginarios, Terracota, 2008.


Sabiduría popular

Sabía que era una maceta. No tenía intención de pasar del corredor… Y sin embargo, las hojas le llovían del cielo.

Soñaba que era un camarón… Y cuando despertó, se lo había llevado la corriente.

¿Y si una mujer, en vez de dar a luz, da a oscuras?

Le tocó bailar con la más fea. Ella, con actitud de reina, contestó: “No, gracias.”

La belleza local

Era la mujer más hermosa de aquella tierra poblada por las familias de los cirujanos exiliados por negligencia: perdió el pezón derecho pero la curvatura del seno es exquisita; el izquierdo, en cambio, es una masa informe. Le fueron amputados ambos glúteos. Sus labios rebosan de ámpulas supurantes. Mejillas, nariz y frente están salpicadas de manchas rojas y moradas, tiene los pómulos inflamados casi al nivel de la nariz y su ojo izquierdo quedó cubierto por una cortina de carne. Otras mujeres que le disputaban el sitio han muerto a causa de las infecciones o durante la intervención en el quirófano, otras perdieron extremidades y no se atreven a continuar con el proceso de embellecimiento; otras más no han despertado del coma provocado durante la cirugía y son exhibidas como princesas de cuento en espera de un nuevo príncipe en la figura del médico que las salve o incremente su hermosura con nuevas operaciones —realizadas sólo por amor al arte o a la paciente.
Pero ella, la más hermosa, se ha salvado y desfila soberbia por las calles de esa isla de pesadilla.

De Postales (mini-hiper-ficciones), Fósforo, 2013.

La sal de los días (selección)

Enero, 16
De la estética

Lleva al salón de belleza sus largas noches de insomnio a teñirlas de rubio amanecer.

Enero, 31
Día del mago

“Cada día te desapareces mejor”, pensaba la ya no tan joven enamorada, sola otra vez y vacía por dentro, como el sombrero de copa que aún sostenía entre sus manos.

Febrero, 13
Fiesta de los desafortunados (tal vez martes)

Atún para los gatos negros; los enamorados se besarán bajo las escaleras y nunca volverán a verse. Espejos rotos de regalo. El día termina con el resultado de la lotería: nadie gana.

Febrero, 26
De sueños como rosas

¿Y si soñara contigo? ¿Y si en el sueño te soñara? ¿Y si al despertar estuvieras ahí? ¿Desaparecería yo al despertar tú?

Marzo, 20
Día violeta

Pronóstico del tiempo: lluvia de florecitas de jacaranda y probabilidad de aguaceros aislados. Si sufre usted de melancolía, evite salir de usted mismo.

Abril, 18
Noche de no dormir

Ya no sueño contigo. Ahí está mi insomnio de testigo.

Mayo, 24
Amado Nervo

¿Por qué, si eres tú el que no está, soy yo quien está como ausente?

Junio, 14
G. K. Chesterton

Suponer que el crítico es un escritor frustrado equivale a pensar que el detective es un criminal frustrado.
Alguno habrá, pero no todos.

Julio, 30
Día Internacional de la Amistad

Escuchas. Crees que estás alucinando. Sabes que deberías dormir un poco. Pero no podrás deshacerte de mí. ¿O qué creías que significaba tener un “alma gemela”? Tú me buscaste sin descanso durante mucho tiempo.

Agosto, 9
Día internacional de los pueblos indígenas

Tus amigos vuelven de Canadá, conocieron algunas reservaciones indias. Traen un curioso regalo: un “atrapa sueños”. Se supone atrapa las pesadillas, dicen. Lo cuelgas en la chapa de tu cuarto y caes rendida por el tequila y la trasnochada. Viajas hacia sus brazos blandos y fuertes, pero no lo alcanzas. Lo miras dormir, como desde un túnel, una red se ciñe alrededor de tu cintura, te asfixia y te jala del lado contrario. Caes en la cuenta: eres la pesadilla y el “atrapa sueños” funciona.


Septiembre 29
Santos arcángeles Miguel, Gabriel y Rafael
Un arcángel no se deja conquistar por el elogio de fijar su nombre en el santoral: Azrael, el arcángel de la muerte. Él llevó ante Dios la tierra con que Adán fue creado. Cuando el hombre se volvió mortal, él lloró y se ofreció a acompañar a las almas al abandonar su cuerpo. Pero algunas se resistieron y permanecieron en la tierra. Desde entonces, Azrael y sus aliados, otros ángeles que renunciaron al coro del Señor, se ocuparon de una misión más importante: perseguir fantasmas y llevarlos a donde les corresponde. Por eso nunca se le ve en el cielo. Algunos creen que es uno de los ángeles caídos, pero no es cierto. Él es el responsable de esos aullidos horribles que se escuchan en ciertas casas encantadas.


Octubre 30
Víspera de Halloween
Su disfraz es el más original (esas patas de gallina impactan) y le dan más dulces; pero cuál es el chiste, si ella prefiere chuparse a los bebés de las casas donde no nos abren (y también de las casas donde sí nos abren, la mera verdad).


Noviembre 2
Ofrenda

El día menos pensando, me muero pensando en ti.

Diciembre 9
Francisco Tario

Mudanzas Bonamorte. Trasladamos a sus fantasmas, pesadillas, demonios caseros, monstruos de armario y otros espectros. Seguridad garantizada. Y no lo olvide: ¿a Ud. le gustaría que los suyos lo dejaran atrás?

De La sal de los días, BUAP, 2017.

martes, 9 de abril de 2019

Ricardo Sigala Gómez



Ricardo Sigala Gómez (Guadalajara, Jalisco, 1969) es maestro en Literaturas del Siglo XX por la Universidad de Guadalajara. Es autor de Periplos. Notas para un cuaderno de viajes y Paraíplos (narrativa breve), Domar quimeras (poesía) y Extraño oficio (ensayos). También es autor de Letra sur. Ejercicios de periodismo cultural y de La cristalina del silencio. Muestra de los Juegos Florales de Zapotlán el Grande.
Ha coordinado talleres literarios en diversas instituciones desde hace más veinte años. Ejerce la docencia en la Licenciatura en Letras Hispánicas del Centro Universitario del Sur (CUSur) de la Universidad de Guadalajara.
            Fue director de La gaceta del CUSur, es titular del programa de radio Cumbres de Babel, Letras del mundo, que se transmite por Radio Universidad de Guadalajara Ciudad Guzmán. Es columnista en diversos medios periodísticos de Ciudad Guzmán, como El volcán y Señal informativa región sur.



Un siglo de estos

Por estos días, después de siglos, la cabeza de Orfeo cuenta su historia en las tabernas a cambio de que alguien le incline, sólo un poco, el vaso hacia su boca.

(En Domar quimeras, Unidad Editorial de CULagos, 2018)


Paquete para la abuela

Caperuza se puso el impermeable rojo y salió a la casa de la abuela. Tenía que llevarle un paquete que su madre había cocinado. Lo hacía con gusto, ya sabemos que las abuelas tratan tan bien a sus nietos y ésta no era una excepción, Caperuza había sido más que mimada por la madre de su madre, además no era mala idea compartir el vino con ella, como siempre sucedía. Caperuza abordó el camión en el parador, en él cruzó las aguacateras, los invernaderos y el resto de nuevos cultivos, con su aburrida monotonía y sus molestas emanaciones de fertilizantes.
Fue en ese momento en que se detuvo a pensar si en verdad era bueno que ya no hubiera lobos, pues sistemáticamente llegaba a la casa de la abuela y se encontraba en su lugar con sicarios cobrando el derecho de piso, policías en espera de la “contribución”, militares con sus mecanismos inciviles y obscenos.


Desconfianza

Algunos desconfían de los medios de comunicación y por supuesto de los discursos de los políticos. “Yo desconfío de las palomas”, asegura José, y se sienta a la puerta de su casa con un rifle en la mano, en tanto María sonríe coqueta hacia las alturas.


Las hienas

Las hienas adoptaron la costumbre de acercarse demasiado a nosotros. Al principio las vimos con temor pero la naturalidad con que nos rondaban nos llevó a perderles el miedo, y las llegamos a ver como un exotismo propio de nuestro pueblo. De qué nos preocupamos si ellas se alimentan de carroña, decíamos seguros. Ellas se fueron metiendo cada vez más en nuestras vidas, comenzaron a circular por nuestras calles y banquetas, sentían una inclinación natural por los mercados y las carnicerías,  nuestros parques estaban decorados con su presencia. Se fueron metiendo tanto en nuestras vidas que no nos importó que devoraran nuestros gatos y perros bajo el argumento de que ellas sí habían logrado exterminar las ratas de la ciudad. Entraron inevitablemente a nuestras casas, a nuestras alcobas, fue natural que al comer de nuestras manos, mordieran algún dedo, o la palma. Su amor por nosotros ha crecido y nuestra fascinación las deja devorarnos de a poco. A veces pelean brutalmente por una costilla, a nosotros nos preocupa que puedan hacerse daño.


Entrega

Él le dijo que estaba dispuesto a entregarse en cuerpo y alma. Ella, tan práctica y literal, le tomó la palabra. Se tomó su tiempo y comenzó, con la calma y la paz que la caracterizaban, a olfatear su cabello, después se detuvo en su piel. Más tarde lo besó, primero en los labios, luego su exploración la llevó a lugares insospechados y la llenó de una intensidad que él desconocía. Ella le habló del sabor de su piel y su saliva. Los primeros mordiscos fueron muy estimulantes, pero las mordidas comenzaron a inquietarlo, sin embargo son las cosas que uno debe aceptar por amor. Cuando arrancó los primeros trozos de carne imaginó una fantasía gore. Ella le habló del sutil sabor de la orina, levemente olorosa, de los riñones. El hígado era francamente amargo, la acidez de las tripas la llevaron a la cocina para experimentar entre fritura y especias. Tras un último suspiro, ya no alcanzó a escuchar qué opinaba ella de su corazón.