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sábado, 25 de julio de 2020

Natalia Madrueño



Natalia Madrueño estudió una licenciatura en Letras Hispánicas y un máster en Estudios Avanzados en Literatura Española e Hispanoamericana expedida por la Universitat de Barcelona. Escribe ensayo, cuento y minificción. Ha publicado algunos de sus textos en distintas antologías, periódicos y plaquettes digitales. Ha dirigido talleres, mesas de lectura, promoción de escritura creativa y charlas con escritores juveniles como Kevin Brooks, Antonio Malpica, Loreto Sesma, entre otros.  Pertenece al jurado 2019-2020 del Programa de Fomento a la Lectura y Expresión Escrita (PFLEE) de la Universidad de Guadalajara y del concurso Minificciones desde el encierro 2020 de la editorial universitaria. En diciembre del 2018 recibió a la poeta uruguaya Ida Vitale, premio Cervantes 2018 y premio FIL2018, con un ensayo dedicado a su obra narrativa. A Natalia le gusta además el café, las manos, música, comida y el viento.



De pequeñas mordidas

Pues mire usted, comencé por mordisquear sus labios. Las personas normales suelen besar, pero yo mordisqueo. Mordí sus pies, en especial me detuve en su dedo pulgar derecho. Tan gordito él, tan suave. Perdón, pero si tan sólo supiera las miles de sensaciones que brotaban de mí cada que la mordía.
También mordí sus muslos, ahí usé un poquito más de fuerza. En ese momento supe que no le disgustaba lo que hacía, al contrario, ya gemía como si estuviera a punto de explotar; sin embargo, sé que aún no lo hacía porque en realidad sintió un orgasmo cuando llegue a su sexo. Ahí me detuve por mucho tiempo y repartí un montón de múltiples mordiditas, aunque debo confesar que algunas no tan pequeñas. Creo que cuando subí a su vientre, sin afán de alardear, ella ya había ido y vuelto unas tres veces al mundo del cosquilleo profundo y de los cuerpos entumidos. Ya ve que dicen que las mujeres son multiorgásmicas y ella de seguro lo era.
Después me suplicó que no la dejara, pero tuve que hacerlo porque soy casado. Así que no fui yo, y aunque en su cuerpo la única señal de supuesto maltrato son mis dientes, yo no la maté. Créame, debió morir de amor.


De un mito

Una tarde de septiembre, entre sonrisas y café en mano conocí a un hombre que con su canción calmaba bestias y dotaba de sensibilidad algunas piedras. No debía mirarme y no debía mirarlo, pero su voz era tan hermosa que no pude evitar admirarlo. Entonces mi suspiro.
Cuando llegó el silencio y se viró para encontrarme, ya nos habíamos perdido para siempre, y aunque sus ojos negros y profundos se encontraron con los míos que ya lo amaban, tristes los dos, aceptamos que no podíamos pertenecernos. Él tenía a su Eurídice y yo a mi Orfeo.


Desaparecida

Te extraño con cierto desencanto, en partecitas, como lo acordamos aquella vez, ¿te acuerdas, o tal vez fui yo quien lo acordó? Extraño tu aroma, tu risa, tu inmediatez cuando sabías lo que quería desayunar. Extraño tus líneas y tus curvas. Quizá sea porque sigo amando tu sexo y la idea que tengo de ti ahora que no estás. Pero a ti, lo que es a ti agrupada, completita, no te extraño. Te quiero ahí, justo donde frente a ti me desnudé tantas veces sin pudor, donde me hacías el amor tantas veces nos diera la gana ¿o era yo quien te fornicaba sin razón y sin mesura? Te extraño allá donde me dijiste adiós cuando nos avisaron que debíamos permanecer guardados por la cuarentena. Extraño de ti incluso esa última vez en que dijiste NO.


Amenaza

“… hasta que la muerte los separe”. Y Juan Carlos, sin saber lo que le esperaba, aceptó.


Injusticia

Es mentira todo lo que creía sobre el amor, y si hay que culpar a alguien de mi desgracia es a mi madre, que en paz descanse, o mejor no, que no descanse. ¡Ella y sus estúpidas palabras!: “Hija, para el amor no hay edad”. Y por hacerle caso ahora sufro como nunca lo había hecho.
Sucedió cuando me armé de valor y decidí confesarlo todo, pues acababa de enterarme gracias a Martita, mi vecina, que Luis, el amor de mi vida, estaba muy enfermo. Desde entonces mi dolor se incrementó sin contar que, además, puedo sentir cómo todos me odian, empezando por su familia. No, nadie entiende ni podrá entender lo mucho que lo amo; es más, ni yo lo entiendo. Mire que enamorarme a estas alturas y además de él, de Luisito, que es tan joven y lleno de muerte a sus 16, mientras yo a mis 70 estoy tan vieja y llena de vida.


miércoles, 20 de mayo de 2020

Ome Galindo



Ome Galindo (Guadalajara, Jalisco, 1986) es doctorante en Humanidades en la Universidad de Guadalajara, alma mater donde cursó la licenciatura en Letras Hispánicas, y donde trabaja como docente de Lengua y Literatura.
Estudió la maestría en Literatura Hispanoamericana en la Universidad de Guanajuato. Durante su maestría, fue miembro fundador de la Cátedra José Revueltas de Filosofía y Literatura de la Universidad de Guanajuato. Además fue invitado en dos ocasiones a realizar una Estancia de Investigación en Argentina, así como ponente y conferencista en distintos puntos de Latinoamérica.
Su obra ensayística —a nombre de Miguel Ángel Galindo Núñez— se puede encontrar en la revista argentina Realidades y Ficciones; así como en Memorias de R’lyeh (2015), Premio fil de Literatura en Lenguas Romances (2017), y en distintas memorias de congresos, siempre en torno a su especialidad: la literatura fantástica.
En cuanto a su narrativa: ganó del concurso de Radiocuento “La colmena” en Guanajuato (2014), y fue seleccionada para pertenecer a Mar de voces. Antología literaria de docentes del sems (2017), también forma parte de la revista en línea Minificción (2019), ganó el tercer premio “Categoría D” del 18º Certamen Literario Nacional Leopoldo Lugones (2019), participó en el número III de la revista El Camaleón (2020), así como algunas publicaciones pendientes en diversas antologías.
Además de sus labores académicas y narrativas, es locutor y Jefe de Edición del podcast cultural y literario Las 9 noches, así como fue docente y creador del grupo de teatro de sombras Umbra-Fénix y promotor cultural como parte activa del Programa Nacional de Salas de Lectura.



Espectáculo[1]

Cerca de la penumbra, a eso de las 5:00 de la tarde, en la esquina de Lerma y Reforma, un niño tragafuegos lanza bocanadas de gasolina en llamas por encima de los automóviles que, expectantes, buscan el cambio de luz del semáforo.
El pequeño hace una reverencia y se acerca a la ventanilla de un Buick 2002 color plata. La conductora estira la mano y le da la enorme cantidad de tres grammas. El niño entonces abre su pico para agradecer. Sus ojos de amatista refulgen como gárgolas mojadas por el rocío. El pelambre del niño se abrillanta en tonos neón, propios de una especie completamente distinta a la suya.
La mujer sonríe y comprende que el espectáculo no sucede para todos, y que el verdadero acto quedará grabado en su memoria.
[1] Ganador del Tercer premio en el 18° Certamen Literario Nacional “Leopoldo Lugones” 2019 en el Género Cuento Breve, Categoría “D”. 


Clínica Pérez de cuidado dental [2]

Le gustaba rozar sus senos en los hombros de sus pacientes. Disfrutaba ver los ojos avispados y llenos de una imaginación malsana que trataban de meterse por el pequeño escote de su bata azul. Ella fingía que no se daba cuenta y, al entrelazar miradas, sonreía tras su cubrebocas. Luego —sádicamente— inyectaba la anestesia en las encías.
—Va a ver que su mordida mejorará mucho cuando le saque la muela. Bueno, esta vez viene bastante mejor que la primera. ¿Se acuerda?
Otro pinchazo de dolor atraviesa la boca del paciente y comienza a notar cómo la nariz se le entumece.
—No se preocupe, ni va a sentir cuando no esté ahí.
Toma sus pinzas y empieza a tironear del diente. Aunque el nervio está dormido, el sujeto sabe que algo está pasando, y de golpe una sensación de vacío inunda la mordida del paciente. Cuando el hombre mira, nota las gotas de sangre que manchan el cubrebocas y la batita de la dentista, él se desvanece en medio del dolor que la cantidad de anestesia no logró solventar, tiempo suficiente para que el Hada de los Dientes coloque en su jarrón de buenos deseos la muela picada.
Cuando el paciente se va, ella mira los $900 y el frasco. Si seguía así, podría llegar a fin de mes sin problemas.
2 Cuento seleccionado para la revista en línea Minificción. Disponible en minificción.com



Después de la décimo octava noche, Schehrazada se estaba quedando sin ideas. Fue el negro eunuco y su lengua quienes inspiraron a la concubina para iniciar el ciclo de las tres manzanas y el negro Rihán.
El rey Schahriar resultó complacido con las nuevas habilidades verbales y amatorias de Schehrazada, así que le fue siguiendo el juego por otros tres largos años.
Extranjeros, chinos, marroquíes, de todo tuvo que conocer la narradora. Así, se convirtió en una gran conocedora de secretos —tántricos y literarios— volviéndose la joya más preciosa de todo el Sassan.


Clasificación Dewey

La Biblioteca de Babel es más compleja de lo que imaginó Borges. El estatuto establece una regla: la existencia de dos o más ejemplares del mismo título. El caos va más allá de la forma; pues en el fondo es complejo también. Libros como La filosofía de la historia deben estar etiquetados como 109 y 901, en un palíndromo clasificatorio que confunda a los ya de por sí desesperanzados bibliotecarios.


Metamorfosis

Ese día, Pancho Sanza se despertó de un sueño intranquilo convertido en un horrible rucio.

Contacto


viernes, 5 de julio de 2019

Paulo Verdín



Paulo Verdín (Guadalajara, Jalisco, 1978). Es licenciado en Derecho y en Letras Hispánicas por la Universidad de Guadalajara. También es maestro en Literatura Mexicana por la misma casa de estudios. Ha participado en diversas antologías literarias nacionales e internacionales: El microcuento en el lenguaje radiofónico: análisis de sus formas discursivas (2012), Poquito porque es bendito (2013), Minificcionario de amor, locura y muerte (2013), Ambiente reflexivo. Escritura que inspira conciencias (2014), Internacional microcuentista. Revista de lo breve (2015), Vamos al circo. Minificción Hispanoamericana (2016), Plesiosaurio. Primera revista de ficción breve peruana (2016), Cortocircuito. Fusiones en la minificción (2017), Hemisferios: Alianzas de la táctica a la práctica (2017), Antología de microrrelatos policiales (2017) y Para comerte mejor (Caperucita roja a través de los siglos) (2019). Estudia el doctorado en Humanidades de la Universidad de Guadalajara y coordina la editorial de textos breves Effictio Editores. Twitter: @PauloVerdin



Se busca

Mató a su niño interior con el nudo de su corbata. Recompensa: sueldo inicial base y prestaciones de ley.


Las mil y una noches: la microserie

I
Su insomnio era tan grande, que en vez de contar borregos, contaba noches.

II
Estaba cansado de cuentos: “que si esto, que si lo otro, que si los niños, que si el dinero...” El sultán nunca entendió a Sherezade.

III
“Todos los hombres son iguales, nunca escuchan”, pensó para sus adentros Sherezade, mientras repetía otra vez la misma historia.

IV
“Me gustas cuando callas”, dijo el sultán a Sherezade en la mil y dos noches.

V
“¡Esos son puros cuentos!”, gritó el sultán iracundo, “exijo que me digas con quién estuviste esas mil y una noches”.


Apocalipsis creativo

Cierro la ventana para imaginar historias. Sufro. Mis personajes siguen borrosos, sucios, empañados, sin tener vida. La contaminación los ha alcanzado.


Cuauhtémoc

Todo estaba perfectamente planeado: el aceite hirviendo, las brasas al rojo vivo, la quema de los pies, también un confesor. El tesoro de Moctezuma finalmente sería suyo, pero falló algo, se olvidaron de llevar un traductor.


—Me quiere… no me quiere… me quiere…

Al desprender la última hoja, descubrió con gran tristeza, que no era cierto lo que decían sobre el trébol de cuatro hojas.


viernes, 31 de mayo de 2019

Perla C. Hermosillo


Es doctora en Educación, maestra en Literatura Mexicana y licenciada en Letras Hispánicas por la Universidad de Guadalajara. Sus minificciones han sido publicadas en los libros Resonancias (2018), Corto circuito. Fusiones de la minificción (2017), Vamos al circo. Minificción hispanoamericana (2017), Dispara usted o disparo yo. Antología de microrrelatos policiales (2017), Hemisferios: alianzas de la táctica a la práctica (2017), Ambiente Reflexivo. Escritura que inspira conciencias (2014), Ballenas en hormigueros. Antología hispanoamericana de minificción (2014), Poquito porque es bendito. Antología de microcuentos y cuentos breves (2013) y Minificcionario de amor, locura y muerte (2013). Dirige la empresa editorial Effictio editores y es profesora en el Centro Universitario de los Valles de la Universidad de Guadalajara y en el Instituto de Estudios Superiores de Occidente (ITESO). Twitter: @HermosilloPerla



Lección de vida

Su amiga hacía todo mal: se involucraba con hombres inestables o casados; comía frituras en exceso y luego se quejaba de su gordura; quería controlar la vida de los demás y sufría de dependencia emocional con la gente que la rodeaba. Un buen día, cuando le estaba dando clases de control de crisis a su querida compañera, se dio cuenta que, en realidad, se encontraba hablándose a sí misma frente al espejo.
Resonancias, 2018


Acrobacias

Las miradas iban y venían al compás del trapecista que se mecía con placidez en las alturas. Todos dejaron de comer palomitas cuando el hombre hizo un extraordinario salto para colgar de cabeza. Terminó su participación con una asombrosa pirueta. El público se puso de pie entre una exclamación de asombro al unísono. Los aplausos eran interminables.
Los niños salieron sonriendo, entre murmullos y efusivas expresiones de satisfacción. Nunca antes habían disfrutado tanto de la función que se representaba para ellos cada lunes en la escuela. Esta vez los títeres habían estado espectaculares.
Vamos al circo. Minificción hispanoamericana, 2017


Gajes del oficio

Directora: Fernanda Siniestrosa
Actores: Daniel de la Muerte, Ernesto Matamoros
País: México
Sinopsis: Un pueblo pierde la tranquilidad repentinamente. De las tumbas del antiguo cementerio emergen cuerpos putrefactos que se dirigen hacia las casas en busca de carne fresca. Arrastran pesadamente los pies y se les caen algunas extremidades en su trayecto. Un zombi se detiene a mitad del camino. Se queda inmóvil. Se arranca la máscara y la observa con curiosidad. El director se enfurece ante la actitud del actor, quien, después de diez tomas de la misma escena, prefiere retirarse tranquilamente a su camerino para maquillarse. Todos los involucrados en la filmación de esa película entenderán que el poder de la vanidad es parte del oficio.
Cortocircuito. Fusiones de la minificción, 2017


Diálogo en la oficina

—¿Cuáles son las pistas? —pregunta el detective.
Su compañera se levanta del escritorio y busca la información en el archivero. Él la mira con atención. Le gustan sus tacones negros que lucen sensuales en sus pequeños pies. Ese traje gris delinea su silueta a la perfección, aunque su falda no tiene bastilla. Lo que más le fascina son sus manos, muestra de una delicadeza exquisita. Nota una ligera mancha azul en su dedo índice.
— Una pisada, un hilo y una nota suicida, responde la detective.
—¿La huella en la tierra es aproximadamente del número 3?
—Sí
—¿El hilo es de color gris?
—Sí
—¿La nota está escrita con tinta azul?
—Sí
Los dos detectives se miran a los ojos unos segundos. Ágatha le descarga la pistola en el pecho. Orgullosa, sonríe: esta vez superó a Poirot.
Dispara usted o disparo yo. Antología de microrrelatos policiales, 2017


Cenicienta

El hada madrina convirtió sus harapos en un hermoso vestido de encajes blancos. Acomodó sus cabellos maltratados en un elegante peinado alto y adornó su cuello con bellísimos diamantes. Lo más precioso de todo el atuendo eran las zapatillas de cristal. Estaba lista para ir al baile en esa cálida noche de primavera. El imponente carruaje y los majestuosos corceles avanzaban a paso veloz hacia el palacio cuando una horrible tormenta comenzó a caer en el bosque. Antes de que las ruedas se atascaran en el lodo, se refugiaron en las ruinas de una cabaña. La tormenta se transformó en una atroz granizada, luego una inundación arrasó con todo a su paso. El reloj marcó la medianoche. Al verse en harapos arriba de un árbol, la calabaza hecha pedazos y cuatro ratones muertos flotando en el agua, Cenicienta maldijo, desde el fondo de su corazón, el calentamiento global.
Hemisferios: alianzas de la táctica a la práctica, 2017


martes, 9 de abril de 2019

Ricardo Sigala Gómez



Ricardo Sigala Gómez (Guadalajara, Jalisco, 1969) es maestro en Literaturas del Siglo XX por la Universidad de Guadalajara. Es autor de Periplos. Notas para un cuaderno de viajes y Paraíplos (narrativa breve), Domar quimeras (poesía) y Extraño oficio (ensayos). También es autor de Letra sur. Ejercicios de periodismo cultural y de La cristalina del silencio. Muestra de los Juegos Florales de Zapotlán el Grande.
Ha coordinado talleres literarios en diversas instituciones desde hace más veinte años. Ejerce la docencia en la Licenciatura en Letras Hispánicas del Centro Universitario del Sur (CUSur) de la Universidad de Guadalajara.
            Fue director de La gaceta del CUSur, es titular del programa de radio Cumbres de Babel, Letras del mundo, que se transmite por Radio Universidad de Guadalajara Ciudad Guzmán. Es columnista en diversos medios periodísticos de Ciudad Guzmán, como El volcán y Señal informativa región sur.



Un siglo de estos

Por estos días, después de siglos, la cabeza de Orfeo cuenta su historia en las tabernas a cambio de que alguien le incline, sólo un poco, el vaso hacia su boca.

(En Domar quimeras, Unidad Editorial de CULagos, 2018)


Paquete para la abuela

Caperuza se puso el impermeable rojo y salió a la casa de la abuela. Tenía que llevarle un paquete que su madre había cocinado. Lo hacía con gusto, ya sabemos que las abuelas tratan tan bien a sus nietos y ésta no era una excepción, Caperuza había sido más que mimada por la madre de su madre, además no era mala idea compartir el vino con ella, como siempre sucedía. Caperuza abordó el camión en el parador, en él cruzó las aguacateras, los invernaderos y el resto de nuevos cultivos, con su aburrida monotonía y sus molestas emanaciones de fertilizantes.
Fue en ese momento en que se detuvo a pensar si en verdad era bueno que ya no hubiera lobos, pues sistemáticamente llegaba a la casa de la abuela y se encontraba en su lugar con sicarios cobrando el derecho de piso, policías en espera de la “contribución”, militares con sus mecanismos inciviles y obscenos.


Desconfianza

Algunos desconfían de los medios de comunicación y por supuesto de los discursos de los políticos. “Yo desconfío de las palomas”, asegura José, y se sienta a la puerta de su casa con un rifle en la mano, en tanto María sonríe coqueta hacia las alturas.


Las hienas

Las hienas adoptaron la costumbre de acercarse demasiado a nosotros. Al principio las vimos con temor pero la naturalidad con que nos rondaban nos llevó a perderles el miedo, y las llegamos a ver como un exotismo propio de nuestro pueblo. De qué nos preocupamos si ellas se alimentan de carroña, decíamos seguros. Ellas se fueron metiendo cada vez más en nuestras vidas, comenzaron a circular por nuestras calles y banquetas, sentían una inclinación natural por los mercados y las carnicerías,  nuestros parques estaban decorados con su presencia. Se fueron metiendo tanto en nuestras vidas que no nos importó que devoraran nuestros gatos y perros bajo el argumento de que ellas sí habían logrado exterminar las ratas de la ciudad. Entraron inevitablemente a nuestras casas, a nuestras alcobas, fue natural que al comer de nuestras manos, mordieran algún dedo, o la palma. Su amor por nosotros ha crecido y nuestra fascinación las deja devorarnos de a poco. A veces pelean brutalmente por una costilla, a nosotros nos preocupa que puedan hacerse daño.


Entrega

Él le dijo que estaba dispuesto a entregarse en cuerpo y alma. Ella, tan práctica y literal, le tomó la palabra. Se tomó su tiempo y comenzó, con la calma y la paz que la caracterizaban, a olfatear su cabello, después se detuvo en su piel. Más tarde lo besó, primero en los labios, luego su exploración la llevó a lugares insospechados y la llenó de una intensidad que él desconocía. Ella le habló del sabor de su piel y su saliva. Los primeros mordiscos fueron muy estimulantes, pero las mordidas comenzaron a inquietarlo, sin embargo son las cosas que uno debe aceptar por amor. Cuando arrancó los primeros trozos de carne imaginó una fantasía gore. Ella le habló del sutil sabor de la orina, levemente olorosa, de los riñones. El hígado era francamente amargo, la acidez de las tripas la llevaron a la cocina para experimentar entre fritura y especias. Tras un último suspiro, ya no alcanzó a escuchar qué opinaba ella de su corazón.


lunes, 11 de diciembre de 2017

Manuel Fons


Manuel Fons (1982, Guadalajara, Jalisco) es un escritor y pintor mexicano. Estudió las carreras de Artes visuales y Letras hispánicas en la Universidad de Guadalajara y en La Mount Royal University (MRU) en Calgary, Canadá. Es autor de los libros Manuscrito hallado en un manuscrito, Breviario del vicio y Gedankenexperiment.



Haraganería metafísica

Era un tipo tan haragán que cuando murió, en lugar de caminar a la luz al final del túnel, se sentó a esperar el tren durante el resto de la eternidad.


¿Qué es el arte?

La galería rechazó el autorretrato hiperrealista de un elefante por considerarlo carente de discurso, un mero alarde de su virtuosismo. En su lugar pusieron la más reciente obra de un artista conceptual: un zapato viejo que representaba la ineluctable finitud del ser.


Burocracia infernal

Cuando Dante leyó la lista de requisitos para emprender su aventura, que incluía carta de exposición de motivos, cuatro fotos tamaño infantil y dos, credencial, original y copia de pasaporte, comprobante de domicilio, tres cartas de referencia, supo que la burocracia mexicana se había apoderado del infierno y que nunca podría ver a Beatrice.


Mímesis digital

El autómata aprendió tan bien el ajedrez de café que, cuando ganaba, pedía más cerveza y, cuando perdía, se disculpaba por su estado de embriaguez o porque llevaba días sin dormir bien o porque su programador no había hecho un buen trabajo.


Las misteriosas leyes de la física y la química

Ella fascinaba a quien la escuchara, incluso hablando sobre temas tan impopulares como el clima; él, aun discurriendo sobre viajes en el tiempo o los archivos secretos del Vaticano, aburría hasta al más curioso. Ella era la única que lo escuchaba con interés; él es el único que bostezaba con ella. Cuando intentaron hacer el amor se produjo una terrible implosión que se los tragó al instante y liberó una extraña energía. Nadie en la ciudad se salvó: unos murieron de risa; otros, de aburrimiento. 


Sabiduría algorítmica

Su esposo es una basura de ser humano, pero un prodigio en la cama; nadie la ha hecho sufrir ni gozar más que él; es una bestia en el mejor y peor de los sentidos. Lo odia con todo su ser, pero lo ama con todo su cuerpo. En otros tiempos, eso habría implicado un dilema filosófico, emocional y legal, pero gracias a las nuevas querellas digitales, sustentadas en lógicas difusas, un software delimitó la frontera precisa entre el amor y el odio, la pertenencia y la libertad, con base en un algoritmo. La querella se realizó por internet y, después de ingresar los datos pertinentes, la resolución tardó 1.223 segundos. Su estatus marital quedó así: divorciada de él, casada con su pene.


Blog: http://manuelfons.blogspot.mx

miércoles, 8 de noviembre de 2017

Gabriela Ortiz Quintero


Gabriela Ortiz Quintero (Guadalajara, Jalisco) es abogada dedicada a la justicia en materia penal. Desde el año 2011 se integró y participa en el taller de literatura breve “Al gravitar rotando” en Guadalajara, Jalisco, en donde ha publicado breves en los Anuarios de textos breves 2014, 2015, 2016 y 2017 de ediciones Al Gravitar Rotando, La sonámbula, de los Imposible ediciones y Dos filos. También publicó en el libro Hecho a breve, compilación de cuentos y textos breves. Tiene una publicación que es parte de la colección La ronda de los solos: Prolapsos vitrales, compilación de aforismos, microcuentos y micoficciones. Publicaciones realizadas a través de la editorial Al Gravitar Rotando.



Epitafio

Decía el epitafio de un par de amantes “Decidieron echarse un tiro”, sus cadáveres fueron encontrados con una bala en el pecho por motivo de un crimen que jamás fue resuelto.


Azar

Ojalá el azar oliera a azahares, pero el azar es unas veces pestilente y otras dulce como el olor a las frutas maduras o a las flores. Podría hacer una larga lista de los olores que tiene el azar. Pero antes de ello debo determinar si es por azar que estoy escribiendo.


Cuántica

De mecánica cuántica entiendo la mecánica. Más propiamente dicho, de los talleres mecánicos entiendo una cosa: un importante insumo de todos los talleres mecánicos es tener posters y calendarios de voluptuosas mujeres semidesnudas que denotan: física, fricción, volumen y calentamiento. Como ciencia, pura ciencia.


Gräfemberg

Vincenzo y Giulia Puppo, dos investigadores del departamento de Biología de la Universidad de Florencia, recientemente aseguraron que filosofal Punto G no existe. Así las mujeres durante años nos dividimos entre clitorianas y vaginales. Después de esta noticia continuamos divididas, entre las que creen en la ciencia o las que creemos en la magia.


Inversiones

Llevo practicando yoga más de seis meses, hoy por fin pude pararme de cabeza y descubrí porqué San Antonio no funciona


Día de reyes

El 6 de enero desperté muy temprano, vi que no me trajeron nada, absolutamente nada los reyes malditos. Corrí por un bidón lleno de gasolina, incendié el arbolito e incendié también la casa ... ¿Qué hubieran hecho ustedes?


Zorra

La palabra zorra tiene varias acepciones: una constelación, un mamífero, un vehículo ferroviario y también la vagina, la vulva o una puta. No he encontrado mejor palabra que zorra para convertir este punto final en un punto de equilibro.



miércoles, 9 de agosto de 2017

Martha J. Ramírez


Martha J. Ramírez nació en Guadalajara en el tiempo que sus padres recalaron ahí, en 1962, pero su crianza y educación en Monterrey la hacen sentirse orgullosamente regia. Es comunicóloga y había trabajado como editora de periódicos y revistas y como traductora antes de dejarse atraer hacia las nuevas fronteras de la comunicación en el periodismo ciudadano, el marketing de contenidos y el análisis de comunidades en redes sociales. En 2011, cursó el Diplomado de Creación Literaria del INBA y descubrió el gusto por escribir que vino a completar su pasión por la lectura. Al año siguiente, tomó los cursos de Especialización de Cuento y Novela del INBA, y participó en 2016 en el Seminario para las Letras Guanajuatenses Efrén Hernández y en el Festival Internacional de Escritores y Literatura de San Miguel de Allende. Escribe minificción y cuento y ha publicado como parte de la antología Feria de la realidad. 19 miradas (Ediciones La Rana, 2013) y sus colecciones La vida en un instante (edición digital en Ediciones La Rana, 2014) y Cambio de rumbo (Los Otros Libros, 2016).



Testigo de excepción

Desde el ventanal, presencié el asesinato. En esa noche lluviosa, lo vi todo. Observé cómo el hombre se acercó a la mujer y le disparó cuando ella se negó a entregar su bolso. Él huyó, pero distinguí claramente sus rasgos y su complexión. Incluso lo reconocí cuando se unió a los curiosos. Sentí la frustración de no poder denunciarlo. Es el inconveniente de ser un maniquí de escaparate.


Salida falsa

El mejor momento del día era por la mañana, cuando descorrías las cortinas. El sol me atravesaba iluminando la habitación, mientras yo enmarcaba la vista aérea de la ciudad y la volvía parte de tu decoración. Todo cambió en el momento en que decidiste usarme como puerta de escape, dejándome abierta a todo tipo de conjeturas.


Resignación

Llueve. Bajo los arcos donde espera al amor día con día, la mujer siente morir su esperanza con cada gota que la salpica, con cada piropo soez que le lanzan, con cada mirada lasciva que la recorre. En un profundo suspiro, exhala todo su romanticismo mientras se acerca sonriente al hombre que la llama desde su auto. Hoy tampoco será.


Ni nos ven ni nos oyen

Escucho un llanto desgarrador que interrumpe la fiesta. Me separo del grupo y me acerco al rincón de donde proviene. Descubro a una mujer desconsolada que se vuelve y fija su mirada en mí. Me pregunto cómo es que para los demás pasa inadvertida.
Bueno, en verdad ni siquiera me escuchan o me ven a mí. Es que desde hace un tiempo suelo ser transparente y silencioso, y esta es la primera vez que me encuentro frente a otro fantasma.


Naufragio

Zozobré en cuanto abrí sus páginas. Me sumergí en la historia, me aferré a los personajes, floté a la deriva en el argumento y terminé encontrando refugio en sus palabras.
Tu llegada me rescata, pero mi único anhelo es volver a esa isla rodeada de un mar de letras.

martes, 19 de abril de 2016

Luis Felipe Lomelí



Luis Felipe Lomelí (Etzatlán, Jalisco, 1975). Narrador, ingeniero físico, ecólogo y candidato a doctor en filosofía. Ha sido becario de diversas instituciones: ITESM, Organización de Estados Americanos, Centro de Escritores de Monterrey, FOECA de Jalisco, Jóvenes Creadores del Fonca, Fundación para las Letras Mexicanas y del CONACyT. Miembro del SNCA del Fonca desde 2012. Premio Nacional San Luis Potosí 2001 por Todos santos de California. Premio Latinoamericano de Cuento Edmundo Valadés por El Cielo de Neuquén. A plublicado los libros de cuento: Todos santos de California, INBA/Tusquets, La flauta mágica, 2002; 2014; Ella sigue de viaje, Tusquets, Andanzas, 2005; Okigbo vs. las transnacionales y otras historias de protesta, La Pereza Ediciones, Miami, 2015; novela: Cuaderno de flores, Tusquets (Andanzas), 2007; El alivio de los ahogados, Cuadrivio, 2013;  Indio borrado, Tusquets (Andanzas), 2014. Sus textos han aparecido en diversas antologías, revistas y periódicos nacionales e internacionales.



El emigrante

—¿Olvida usted algo?
—¡Ojalá!