lunes, 4 de febrero de 2019

Camelia Rosío Moreno Granados



Camelia Rosío Moreno Granados (Jerécuaro, Gto.). Ama de casa y promotora cultural. Coordina el Círculo de Lectura y Creación Literaria de Acámbaro, Gto., lugar donde reside desde hace 20 años.
Ha participado en las antologías Tintas del Lerma (Palibrio 2013), ¡Basta! Cien mujeres contra la violencia de género (UAM-X, 2015), Vamos al circo. Ficción Hispanoamericana (BUAP 2016) Cortocircuito. Ficciones a contrapunto (BUAP 2016), El tótem de la rana. Catapulta de microrrelatos (BUAP 2017) y La vida va (Ediciones La Rana 2018), libro que reúne el trabajo del Seminario del Fondo para las Letras Guanajuatenses 2015 y 2016. Ha prologado el libro La noche de los orfelunios  de Victor Hugo Pérez Nieto. Es antóloga de los libros Ecos del nido (Puente de Piedra 2015) y Antología poética (Prisma Editorial 2018).


Molicie

Con él nada le falta: casa, carro, computadora, dinero, ausencia, deslealtad, golpes, traición.


Contorsionista

Al fin había encontrado una mujer que podía ajustarse a la medida de su bolsillo.


Indigente

A diario se le ve por las calles, seguido por un séquito de perros flacos como él, negándose a aceptar la limosna que le ofrecen. Hurga aquí y allá, no sabe que los recuerdos no se encuentran en la basura.


Lección
“La escuela no educa, solo enseña; si eres maleducado, el ejemplo lo tienes en casa”, dice el maestro mientras arroja el borrador a la cabeza del niño.


Madeja humana

Una vez que Eloísa inserta el hilo en el ojal de la aguja de la  máquina, desdobla poco a poco el telar. Con cada hebra remienda la injusticia, el abuso, el miedo. "¡Como quisiera dejar todo esto!", piensa, mientras llegan a su mente las caritas hambrientas que la esperan en casa. Y calla, como todas las mujeres que trabajan en aquel taller, al ver venir al patrón por el pasillo. Pide al cielo que hoy no le toque a ella.

lunes, 7 de enero de 2019

Sara Paola Mateos



Sara Paola Mateos (Puebla, 1995) estudió la licenciatura en Literatura y Filosofía en la Universidad Iberoamericana Puebla. En 2016 fue ganadora de la beca de creación literaria del PECDA, dentro de la categoría “Jóvenes creadores: Cuento”.
Ha participado en eventos como el “IV Coloquio por el Día Mundial de la Filosofía” (Ibero Puebla, 2015), en el “Congreso de Filosofía Moderna: en el tricentenario del fallecimiento de Leibniz” (UPAEP, 2016), y en el “Primer Congreso Interuniversitario: un horizonte compartido” (BUAP, 2018).
Ha publicado textos literarios en las revistas Contratiempo, Crítica, Cuaderno de hojarasca, Rúbricas y Argonauta, en el boletín semanal Torpedo y el suplemento digital de cultura Consultario. Ha impartido talleres de cuento para niños. Actualmente da clases en la Academia Militarizada Ignacio Zaragoza.



Predestinación

Poco antes de llegar al cruce de dos caminos, una camioneta roja se le adelantó a un automóvil gris y le cerró el paso. Bajó un prototípico cowboy vestido con vaqueros, botas y camisa a cuadros. Iracundo, fue a sacar al personaje asustado que viajaba en el otro vehículo. Tomándolo del cuello, lo recargó sobre la portezuela, sacó una pistola y le apuntó a la sien.
―¡Por favor!―suplicó―, tú sabes la verdad, no los maté, ¡no pude haber sido yo!
―Lo sé pero, para que la historia siga, es necesario… ―dijo y disparó.


Mismidad

Un lunes por la mañana se dispuso a encontrarse a sí mismo. Hurgó entre los orificios de sus orejas, en la ciénaga de su estómago, en las arrugas de sus codos, pero no se veía a sí mismo por ninguna parte. Entonces se puso a buscarlo en el mundo: en el interior de un buzón de cartas, en los pliegues del sillón, las ranuras de las llantas,  las estrías de las alcantarillas y el polvo de los ventanales. Para cuando al fin se encontró, ya era otro.


Horizonte de sucesos

Ávido por alcanzar la divinidad, el escritor pensó que cada texto sería el peldaño de una escalera interminable que lo llevaría a dominar el infinito. Sin embargo, cuando estaba próximo a terminar su labor, descubrió aterrado que la tinta de su pluma fuente se había diseminado en los papeles, formando una mancha creciente que pronto se convirtió en un agujero negro. La voracidad de aquel hoyo engullía todo lo nombrado y lo atraía irremediablemente a sus fauces. El escritor se encontró en el interior del horizonte de sucesos, donde podía mirar hacia fuera, pero en cambio a él y su universo coleccionado nadie los veía, ningún dios admiraba su vasta obra. Desesperado, quiso volver al principio, pero la curvatura espacio-tiempo se lo impidió. De su empresa frustrada apenas quedarían unas briznas de polvo cósmico, con las que otro dios trazaría figuras para divertirse y que luego les infundiría vida para volver a reírse de sus ansias de inmortalidad y sus desastres con la tinta.


Silencio socrático

Se dice que Sócrates, por sabia prudencia, no escribió una sola palabra. Pero yo, su amada Jantipa, lo adivino atormentándose silenciosamente en una prisión de laberintos, víctima de su innato ánimo de ajedrecista.  En su mente fraguaba todas las posibilidades a donde lo podría llevar la simple mención de una palabra: los caminos que abriría, los que cerraría, las encrucijadas inevitables y las secuelas que no podría detener. Como nunca tuvo tiempo de concluir ese mapeo, nunca se decidió a escribir nada. De su desesperación muda tampoco quedó huella.


Unísono

El hombre se encerró en la habitación con su instrumento y clausuró la puerta. Nada más había, salvo ellos dos. Lo recargó en la pared y luego se sentó enfrente, le aterrorizaba la silueta que proyectaba en el piso y la posibilidad de escuchar su eco. El desafío sólo acabaría cuando uno cediera, y el hombre no estaba dispuesto a hacerlo. Ya le había ofrecido a aquel bulto sonoro innumerables años y secretos.
Pasaron los días, quizá los años. Musgo silencioso vino a asentarse en la piel del hombre. La superficie del instrumento apenas había sido cubierta por una capa de polvo. Hubiera bastado pasar un trapo para ser el de antes, eterno a sí mismo. Él, en cambio, había envejecido. Podía haberse cambiado de ropa y rasurado la barba, pero los grumos asentados en su memoria no iban a disolverse.  La partida estaba perdida, lo sabía. Lo supo desde el día en que su padre le colgó un pesado estuche, diciéndole que alguna vez eso sería él, y se fundirían al unísono.
…Cuando la puerta volvió a abrirse por unos dedos temblorosos, sólo hallaron un contrabajo lustroso recostado sobre el piso. Sobre él reposaba cuidadosamente un arco, que parecía suspendido para tocar, eternamente,  la misma nota.

Correo: sarapaola.mateos@gmail.com
Facebook: Sara Paola Mateos

viernes, 14 de diciembre de 2018

José Juan Aboytia



José Juan Aboytia (Ensenada, Baja California, 1974). Es autor de los libros de cuentos Todo comenzó cuando alguien me llamó por mi nombre (2002), Contiene escenas de ficción explícita (FETA, 2006), de los libro de minificciones Pretextos para una literatura inadjetiva (NortEstación, 2015), ABC de la XYZ (NortEstación, 2018), de la novela Ficción barata (ICBC, 2008), y de la saga cuentística De la vieja escuela (Artificias, 2016). Aparece antologado en Lados B, Narrativa de alto riesgo (Nitro-Press 2013), y Cortocircuito. Fusiones en la minificción (BUAP, 2018). Coordinó el Primer Mínimo Encuentro con la Brevedad: La Minificción en México, en el 2017. Además imparte talleres de creación literaria. Desde hace trece años radica en Ciudad Juárez, donde se desempeña como maestro en áreas de literatura. 



Trágica memoria

“Reconozco este cuerpo”, dijo Edipo.


El otro Quijote

Donde se cuenta de la búsqueda de Dulcinea, la hija del señor Del Toboso, quien contrata a los detectives Don Quijote y Sancho Panza. Ligándose a una historia de amor, por ver tanto su retrato hablado, y a quien encuentran atada en unos viejos molinos. Y que al final Sancho lo elogia con estas palabras: Ingenioso, mi querido Hidalgo, ingenioso.


¡Este es un asalto!

Gritó en el título. Y se llevó la historia, la trama, el contexto, a los personajes, al escritor, a los lectores.


Ahora

¿Y qué paso con…? Murió. ¿Y con…? También murió. ¿Y…? Todos murieron. ¿Y nosotros? Somos fantasmas. ¿Y los que nos leen? Creen que escuchan voces.  


Orígenes

Después de que Eva le sirviera un pay de manzana a Adán. Este comentó, “Te quedó tan malditamente rico que debería ser pecado”. Dios que todo lo ve y escucha, pensó, “Que así sea”.


Pigmentos

Caperucita Daltónica se puso su capa gris. El Lobo al verla en el bosque la devoró de inmediato, la confundió con un antiguo enemigo.


Primero cocino Sor Juana

No pierda el tiempo con los hombres necios. Prepare un exquisito Manchamanteles o un Clemole de Oaxaca, también Cigote de gallina y más recetas novísimas.


miércoles, 5 de diciembre de 2018

Crista Aun



Crista Aun (Culiacán, Sinaloa. 1971). Lic. en Educación con Especialización en Administración y Gestión Educativa, egresada de la Universidad de Guadalajara. Lleva a cabo una preparación constante en creación literaria en escuelas como: SOGEM, Guadalajara. La Scuola Holden de Italia. El International Writing Program de la Universidad de Iowa. Plural Escuela y Taller literario Sin margen.
Ha publicado cuento y minificción en las revistas literarias: Por Escrito, La sirena varada, Penumbria, Caleidoscopio, e i-letrados. Su obra también aparece en diversas antologías de cuento.
Primer lugar Microcuento GDLee 2015. Mención especial en el I Premio de Ciencia Ficción Fahrenheit 2015. Primer lugar Encuentro de Minificción Raúl Aceves 2017. Finalista del II Certamen Nacional de Cuento Nada que fingir 2017. Tercer lugar de III Certamen Literario Internacional Pretextos por Escrito 2017. Finalista del II Concurso Internacional de Cuento Breve Todos somos migrantes 2017. Fue seleccionada en el Programa de Publicaciones 2018 del Instituto Sinaloense de Cultura, para la serie Ex Libris, en la categoría de cuento, con la obra “Madre en llamas”, una selección cuentos y minificciones.




Elíxir

Daba sorbos pequeños, los pasaba despacio, sin prisa… de igual forma moriría hoy.


Sensibilidad al tacto

Las vestiduras de terciopelo le resultaron placenteras al tacto, lo incómodo fue descubrirse dentro de un ataúd.


Voces en la intimidad

Recostada sobre la cama, abrió la bata delicadamente y con la mirada le sugirió acercarse. Él no titubeó ni un segundo, exploró sus pechos acariciándolos centímetro a centímetro. Ella se dejó recorrer cerrando sus ojos por pudor. En la oscuridad de su recato lo escuchó decir: Lamento confirmarlo, el cáncer se ha propagado.


Departamento de carnes frías

Cada palabra que salía de la boca de su mujer, era una rebanada menos a su virilidad.


Pasión que consume

Al principio fue sutil, le acarició el cabello entreverando los dedos en los rizos, le besó la frente, la cara, el cuello; se detuvo en el lóbulo de la oreja, lo saboreó con la punta de la lengua, después, un mordisco sutil. Poco a poco la delicadeza se transformó en éxtasis e impaciencia, la hizo suya hasta saciarse. Mas tarde, una vez recobrada la calma, guardó los restos en el congelador.

Twitter: @crista_aun

martes, 27 de noviembre de 2018

Juan Marcelino Ruiz




Juan Marcelino Ruiz (Ciudad Juárez, 1963). Radica desde hace varios años en Ciudad Cuauhtémoc, Chihuahua, donde se desempeña como profesor en una escuela de educación primaria.
Algunos de sus textos aparecen en revistas y diarios del norte y centro del país. Ha publicado 8 libros en los géneros de novela, cuento, microficción y poesía.



Génesis

Cansado de adorar piedras y planetas, el hombre decidió crear un dios a su imagen y semejanza. Con saliva fue amasando sueños y temores. Una vez que la figura tuvo la forma deseada sopló sobre su rostro para darle vida. Y el hombre vio que era bueno… 
Tiempo después el hombre descubrió que el dios estaba triste, por lo que intentó arrancarle una costilla para formar con ella a una compañera, pero el dios no lo permitió, pues todos sabemos que los dioses no soportan el dolor. 
Así, el dios quedó para siempre solitario y, ajeno al más sagrado de todos los placeres, tomó la mala costumbre de juzgar y criticar a los demás.


Cuento chino

Antes de partir a la guerra, Mun-Wah juró que volvería cuando comenzaran a florecer las ramas del naranjo.
Bajo el amparo de aquella promesa, con la vista clavada en el poniente y las mejillas pintadas de carmín, Jiang Li espera el regreso de su prometido sobre una de las torres de la Gran Muralla.
A la distancia, la joven advierte la presencia de un jinete, apenas un punto rasgando la tranquilidad del horizonte; es él, lo reconoce por el estandarte de batalla atado a sus espaldas. Cuando se acerca, se da cuenta que el caballo no toca el suelo con sus patas, en su galope silencioso no se detiene ni tuerce el rumbo hacia la puerta que comienza a abrirse.
Casi a punto de estrellarse contra el muro, hombre y corcel se elevan por los aires, se vuelven humo, mientras una fina lluvia de pétalos de azahar se funde con el llanto de Jiang Li.


Prometeo

En lo alto de un acantilado, lejos de cualquier ayuda humana o divina, Prometeo permanecía sujeto por gruesos eslabones: era el castigo por despertar la furia de Zeus.
Cada mañana, un águila llegaba puntual a devorarle el hígado que se regeneraba por la noche en medio de los más grandes dolores.
La condena pudo ser eterna, pero los dioses se apiadaron de aquella pobre ave al ver que a diario debía soportar el monótono sabor de la inmortalidad.


Cinturón de castidad

Los ojos de John se humedecieron cuando Sir Orlando le anunció que mientras él estuviera luchando a muerte contra los moros en el sagrado intento por recuperar Tierra Santa, dejaría a su cargo la llave del cinturón de castidad de su esposa Lady Marie.
Era la mayor muestra de confianza hacia un vasallo por parte de su señor. Si el guerrero regresaba vivo, le recompensaría ampliamente por haber cuidado de su honor; si moría en batalla, sería su obligación destruir la llave evitando que cayera en manos de hombre alguno.
Los ojos de John, se humedecieron más aún, cuando fue llevado a rastras con el castrador de cerdos como una última medida precautoria.


Objeto violador no identificado

Cuando Ofelia anunció su embarazo, sus padres la calificaron de ingrata; las vecinas, de liviana; las solteronas, de mosca muerta; su novio, de traidora y, todos, absolutamente todos, de mentirosa, por decir que el fruto que llevaba en sus entrañas era producto de una violación después de haber sido raptada por un ovni.
Nadie le creyó, al menos hasta el momento del parto. El médico lanzó al recién nacido sobre el plato de la báscula, no por lo del pesaje de rutina, sino como un acto reflejo para deshacerse de aquella criatura de piel grisácea y enormes ojos carentes de pupilas.
El “bebé” se incorporó adoptando la postura de un piloto, se aferró con sus pequeñas manos al borde de la bandeja a la que había sido arrojado y, poco a poco, comenzó a ganar altura. Atravesó como un rayo el ventanal a bordo del vehículo improvisado, para convertirse en un punto de blanquecina luz más allá del horizonte con dirección a Próxima Centauri.

sábado, 17 de noviembre de 2018

Manuel Sauceverde



Manuel Sauceverde es doctor en Economía por la Universidad Nacional Autónoma de México y pertenece al Sistema Nacional de Investigadores. Por un lado, ha publicado diversos artículos científicos en revistas especializadas nacionales e internacionales. Ha obtenido el Premio Internacional de Investigación “Emilio Fontela” (Universidad de Oviedo) y el Premio Internacional de Documentos de Trabajo (Banco Central de Bolivia). Por otro lado, su obra literaria aparece en diversas antologías y medios de comunicación como La Otra, Bitácora de Vuelos, Ariadna, Narrativas, La Gualdra, La Sirena Varada, Le Miau Noir y Goliardos. Ha obtenido varios premios de narrativa, poesía y música, entre los que destacan los premios Quinta Jornada de Literatura Breve “Tweet por viaje 5.0” (Secretaría de Cultura de la Ciudad de México y Secretaría de Cultura Federal, 2018) y Cuento de Ciencia Ficción “Año Internacional de la Física” (UNAM, 2005). Además, es miembro del ensamble Didar, el cual divulga la Música Clásica Persa en México. Sus libros en imprenta: Entre una estrella y dos golondrinas (Poesía, Editorial Lectio) y Universos perpendiculares y solitarios (Narrativa, Editorial Lectio).



Yūrei

Anoche estabas tan borracho, mi señor Mishima, que te metiste en mi cama en vez de regresar a tu sepulcro. Lo bueno es que hicimos el amor como dos tigres endemoniados. Lo malo es que le diste un susto terrible a mi marido: Yasunari-san murió antes de terminar su testamento…


Helsing
La sombra no existe; lo que tú llamas sombra es la luz que no ves.
Henri Barbusse

Me irrita el zumbido que hacen los vampiros cuando vuelan o se aparean. Los no-muertos son como zancudos, pero a diferencia de éstos, ya no sucumben con el insecticida. De hecho, en los últimos años se han vuelto adictos a los compuestos químicos para matar insectos. A veces están tan intoxicados que olvidan ocultarse del sol: no es raro verlos quemarse en el aire después del mediodía. Sin embargo, es muy difícil exterminarlos cuando infestan una casa. En eso se parecen a las cucarachas.


Oeconomĭa
Pobres contra pobres, como de costumbre: la pobreza
es una manta demasiado corta, y cada cual tira para su lado.
Eduardo Galeano

Los habitantes de aquel país jamás sospecharon que nunca construimos un solo muro de contención: ellos mismos eran los ladrillos de un laberinto invisible y mutable. Aunque desconocemos de dónde salió el minotauro, nosotros les vendimos las armas para aniquilarlo. Así fue como salvamos a nuestra economía.


Siete días después
—No sea ingenuo coronel —dijo el médico—.
Ya nosotros estamos muy grandes para esperar al Mesías.
Gabriel García Márquez

El Mesías revivió una hora luego que Lázaro, su primer resucitado, le mordiera la garganta y se la arrancara. Como nos prometió en el monte Tabor, se levantó de entre los muertos y con los muertos (aunque esto último no lo previno). Siete días después, los olmos dieron peras en vez de sámaras, un camello pasó por el ojo de una aguja y la selección nacional de fútbol clasificó a semifinales. Milagros desconcertantes que marcaron el comienzo del fin del mundo.


Amigos imaginarios

Joel exclamó con frialdad: ¡Madura, niño! ¡Los fantasmas no existen! Sin poder contenerse, Elías se echó a llorar y salió corriendo hacia su recámara. Sólo por costumbre, Joel quiso alcanzar a su amigo, pero esta vez desapareció para siempre en el umbral de la puerta. Luego, él hizo lo mismo.


Homicidio culposo

Pelayo no estaba dispuesto a matar a un hombre por la espalda, así que hizo un disparo al aire como última advertencia. El ladrón no se detuvo, pero un ángel cayó muerto.

sauceverde@gmail.com
https://sauceverde.wordpress.com

lunes, 25 de junio de 2018

Luis Eduardo Alcántara


Luis Eduardo Alcántara nace en la Ciudad de México. Es escritor, cronista y ejerce el periodismo cultural. En 1991 gana el Premio El Nacional de Crónica, y al año siguiente el Segundo Lugar de Entrevista en el Certamen Nacional de Periodismo Juvenil. En el 2000 obtiene Mención Honorífica en el concurso de relatos Sábado Distrito Federal. Ha colaborado con crónicas y reportajes en numerosos medios como Ovaciones Cultura, Editorial Contenido, Novedades Metropolitano, Revista Conecte, Expectativas, Radio 6.20, Radio UNAM y Código CDMX. En compañía de Eusebio Ruvalcaba, Emiliano Pérez Cruz, Pino Páez y Manuel Blanco participa en los noventa en el periódico Plaza Mayor. También cursa talleres de creación literaria con Ignacio Betancourt. En el 2016 gana el Primer Lugar del Segundo Torneo de Historias Mínimas Premio José Mayoral. Como autor antologado forma parte de diferentes libros, entre ellos Palabra de Blues, El camino Triste de una música, Blues with a Feeling, En el reino del manubrio, Vamos al circo. Minificción hispanoamericana y Cortocircuito, fusiones en la minificción, estos últimos editados por la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla. En la plataforma de Google Sites administra los sitios: Cine Mexicano de Momias y Los orígenes del Tianguis del Chopo. Colabora habitualmente en los portales web Alquimia Revista de Artes y Cultura Blues, revista electrónica. Las minficicciones y aquí presentadas pertenecen a su libro Asiento reservado y otros cuentos.



Promoción válida

Se gratificará de manera adecuada, y sin ninguna clase de averiguaciones, a la persona que tenga en su poder el casco protector del hombre bala y lo regrese en condiciones funcionales al circo. El trato puede incluir dinero en efectivo, previa negociación entre las partes, si lleva también la cabeza del interfecto.


En Petit Comité

Satisfecho por el vino y las porciones de pan, el Maestro escuchó por enésima vez a sus compañeros asambleístas exigir: “Habla ahora o calla para siempre”. Y prefirió callar, ante el desencanto de Judas, el primer testigo protegido de la historia.


Tierra a la vista

No es la costa de Florida ni sus escarpados peñascos en donde encalla la nave. Los tripulantes se percatan y en su corazón late con fuerza la zozobra. Ni siquiera son las cumbres eternas del Kilimanjaro o la verde campiña de la riviera francesa lo que observan incrédulos desde la parte más alta del bote. Desilusionado, Noé cierra la escotilla y entre todos aguardan el siguiente diluvio.


De arte y zoología

El rinoceronte es un alebrije ensamblado con láminas de cartón piedra.


Ícaro

Aterrado por la proximidad del fuego que alimenta a la máxima estrella de nuestra galaxia, tuvo a bien considerar seriamente la advertencia “nadie puede tapar el sol con dos alas”.


Sobremesa

Los sobrantes del plato de comida son los sobrevivientes de un naufragio.


Contacto: cannedluis@yahoo.com

Dirección web: https://ciudad56.wixsite.com/recargadoenlapared


viernes, 15 de junio de 2018

Joanna Ruvalcaba


Joanna Ruvalcaba es una dramaturga mexicana que ha trabajado tanto en teatro como en cortometrajes de terror. Estudió Literatura Dramática y Teatro en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM. Algunas de sus adaptaciones teatrales son Yerma, obra original de Federico García Lorca; La Numancia, de Miguel de Cervantes Saavedra; y La Flor de España, basada en la novela Carmen de Prosper Mérimée. Participó como guionista y asistente de dirección en cortometrajes de terror tales como MIMO y Solos de la compañía independiente Spartans Films. Escritora de novelas como Ciudades Hermanas y El Reino del Lago, desde muy joven ha explorado otras formas de escritura tales como la poesía y la minificción.



REC. Clic.

REC. Ulises no me cree, pero van quince días de luces que se apagan y puertas que se
abren. Clic.
REC. Hay alguien en la casa. Me siento observada. Hay algo en el sótano. Clic.
REC. Amanda no está. Decía algo sobre seres en el sótano y yo... ¿Amanda?... ¡¿Amanda?!... Clic.
REC. Amanda está muy nerviosa. La limpia no sirvió de nada. Toda la casa suena. Clic.
REC. A pesar de las pistas, la pareja jamás sospechó que yo fuera un asesino y no un fantasma. Veamos qué hace la policía. Clic.


Presunción

Una vez un atleta, un filósofo y un hombre de negocios cenaban juntos. Al poco tiempo, los tres estaban presumiendo sus habilidades. Eran el mejor atleta, el más sabio filósofo y el hombre más rico de la ciudad; sin embargo, al terminar la cena, los tres estaban seguros de que les faltaba algo para ser felices.


Tomen precauciones

Reportes recientes parecen confirmar la existencia de seres antropomorfos más allá de las costas septentrionales, así como su naturaleza maligna. Hoy, las excéntricas historias conspiracionistas respecto a sus supuestas acciones ocultas contra nuestra existencia, se han convertido en una alarmante posibilidad. Si las teorías son ciertas —como apuntan los recientes descubrimientos— todos nuestros males, desde el cáncer hasta el cambio climático y el encallamiento de ballenas, serían causados por estos seres. No sabemos si su maldad es nata, por lo que tampoco se ha podido determinar su nivel de violencia.
Les aconsejamos prudencia y no salir del agua. Repito. No salgan del agua a menos de un kilómetro de tierra firma. Se aconseja igualmente a hombres y mujeres que naden en grupo y que se alejen lo menos posible de la ruta migratoria de animales grandes como ballenas y orcas. Los mantendremos informados.


Marina

Aquella chica sólo conocía el mar y la arena. Jamás en su vida había tocado la tierra ni el concreto ni, mucho menos, la nieve. Había escuchado, sin embargo, historias de tierras lejanas donde todo a lo lejos era blanco y que el cielo se confundía con las montañas; lugares donde la lluvia convertía la tierra en lodo y otros, donde el sol la hacía polvo; países donde la gente amanecía entre nubes frías que ocultaban a la tierra misma. Y esa chica soñaba con ser raptada por un grupo de piratas que la volvía su intérprete y la llevaba a conocer el mundo.
Nunca fue robada por piratas, ni consiguió dinero suficiente para viajar, pero describió los lugares increíbles con los que soñaba y, ya muy viejita, le regalaron una computadora con la que pudo asombrarse con los paisajes de todo el mundo.


Adiós, mi amor

—Toca algo. Extraño esas melodías que improvisabas con acordes tristes.
—¿Por qué te gustaban si eran tan tristes?
—No lo sé. Supongo que eso soy melancólica. Extraño siempre los buenos tiempos pasados que nunca viví, como el amor cortés de la Edad Media, o los duelos por amor del Romanticismo. Extraño esas tierras lejanas que no conozco y las melodías que nunca volverás a tocar, porque las inventaste en el momento. Nacieron de tus dedos y las teclas del piano ya no recuerdan. Todas son iguales y sólo las distingue el amor del panista. Toca algo, por favor. Quiero añorar una melodía nueva que me recuerde cuando vivías.



martes, 8 de mayo de 2018

Elisa T. Hernández



Elisa T. Hernández nació en Xalapa, Veracruz, un domingo de 1981. Como lleva la mitad de su vida viviendo en Ciudad de México, se autodenomina jarochilanga. Estudió la carrera de Física y Matemáticas en el IPN y desde hace doce años vive de escribir libros de texto, divulgación de ciencia y de editar obras de todo tipo. Le gusta el son jarocho y los gatos tanto como el petricor, el café, los mangos y las jacarandas. Trae entre manos varios proyectos editoriales que navegan entre la interculturalidad, la ciencia y la música; además espera seguir escribiendo sus historias diminutas.



Harta de ser hermosa por dentro, hizo dos cortes: uno del pubis al corazón; y otro de sien a sien. Ahora era también bella por fuera.

***

La caída era abrumante, volvió a respirar para gritar diez, once, treinta veces más. Se preguntó si se desplomaba o simplemente flotaba.

***

La rótula giró y levantó la extremidad. Otro paso. El otro pie arriba y ya eran dos pisadas. Siguió otro y otro y cien pasos más; escapaba.

***

Meto la lengua de uno y escapan las pezuñas de aquel. Alas y cuernos de otro se atascan en mi cabello y en las bisagras. No puedo, Pandora.

***

En un ridículo afán de detener la destrucción derivada de la tecnología, a cada humano nacido se le extirpaba el pulgar.

***

Un día comenzó a despertar un minuto antes de que sonara la alarma. Así se convirtió en despertador de la máquina. La rebelión en proceso.

***

Del corazón brotó fuego, el calor se desparramaba por la jaula del tórax y vibró el pecho. Le resonaba todo el cuerpo: su primer ronroneo.

***

Se sentía tan innecesaria, indeseable, insufrible y postergable que continuamente se preguntaba si no encarnaba a la mismísima muerte.

***

Como era feminista no aspiraba a un rescate, pero coqueteaba con la idea de una abducción alienígena. Cansada.

***

Viví años con el lado izquierdo muerto. Primero la cara, me dolían los dientes; el brazo, el ovario. Me percaté de todo al fallo cardíaco




lunes, 11 de diciembre de 2017

Manuel Fons


Manuel Fons (1982, Guadalajara, Jalisco) es un escritor y pintor mexicano. Estudió las carreras de Artes visuales y Letras hispánicas en la Universidad de Guadalajara y en La Mount Royal University (MRU) en Calgary, Canadá. Es autor de los libros Manuscrito hallado en un manuscrito, Breviario del vicio y Gedankenexperiment.



Haraganería metafísica

Era un tipo tan haragán que cuando murió, en lugar de caminar a la luz al final del túnel, se sentó a esperar el tren durante el resto de la eternidad.


¿Qué es el arte?

La galería rechazó el autorretrato hiperrealista de un elefante por considerarlo carente de discurso, un mero alarde de su virtuosismo. En su lugar pusieron la más reciente obra de un artista conceptual: un zapato viejo que representaba la ineluctable finitud del ser.


Burocracia infernal

Cuando Dante leyó la lista de requisitos para emprender su aventura, que incluía carta de exposición de motivos, cuatro fotos tamaño infantil y dos, credencial, original y copia de pasaporte, comprobante de domicilio, tres cartas de referencia, supo que la burocracia mexicana se había apoderado del infierno y que nunca podría ver a Beatrice.


Mímesis digital

El autómata aprendió tan bien el ajedrez de café que, cuando ganaba, pedía más cerveza y, cuando perdía, se disculpaba por su estado de embriaguez o porque llevaba días sin dormir bien o porque su programador no había hecho un buen trabajo.


Las misteriosas leyes de la física y la química

Ella fascinaba a quien la escuchara, incluso hablando sobre temas tan impopulares como el clima; él, aun discurriendo sobre viajes en el tiempo o los archivos secretos del Vaticano, aburría hasta al más curioso. Ella era la única que lo escuchaba con interés; él es el único que bostezaba con ella. Cuando intentaron hacer el amor se produjo una terrible implosión que se los tragó al instante y liberó una extraña energía. Nadie en la ciudad se salvó: unos murieron de risa; otros, de aburrimiento. 


Sabiduría algorítmica

Su esposo es una basura de ser humano, pero un prodigio en la cama; nadie la ha hecho sufrir ni gozar más que él; es una bestia en el mejor y peor de los sentidos. Lo odia con todo su ser, pero lo ama con todo su cuerpo. En otros tiempos, eso habría implicado un dilema filosófico, emocional y legal, pero gracias a las nuevas querellas digitales, sustentadas en lógicas difusas, un software delimitó la frontera precisa entre el amor y el odio, la pertenencia y la libertad, con base en un algoritmo. La querella se realizó por internet y, después de ingresar los datos pertinentes, la resolución tardó 1.223 segundos. Su estatus marital quedó así: divorciada de él, casada con su pene.


Blog: http://manuelfons.blogspot.mx

miércoles, 8 de noviembre de 2017

Gabriela Ortiz Quintero


Gabriela Ortiz Quintero (Guadalajara, Jalisco) es abogada dedicada a la justicia en materia penal. Desde el año 2011 se integró y participa en el taller de literatura breve “Al gravitar rotando” en Guadalajara, Jalisco, en donde ha publicado breves en los Anuarios de textos breves 2014, 2015, 2016 y 2017 de ediciones Al Gravitar Rotando, La sonámbula, de los Imposible ediciones y Dos filos. También publicó en el libro Hecho a breve, compilación de cuentos y textos breves. Tiene una publicación que es parte de la colección La ronda de los solos: Prolapsos vitrales, compilación de aforismos, microcuentos y micoficciones. Publicaciones realizadas a través de la editorial Al Gravitar Rotando.



Epitafio

Decía el epitafio de un par de amantes “Decidieron echarse un tiro”, sus cadáveres fueron encontrados con una bala en el pecho por motivo de un crimen que jamás fue resuelto.


Azar

Ojalá el azar oliera a azahares, pero el azar es unas veces pestilente y otras dulce como el olor a las frutas maduras o a las flores. Podría hacer una larga lista de los olores que tiene el azar. Pero antes de ello debo determinar si es por azar que estoy escribiendo.


Cuántica

De mecánica cuántica entiendo la mecánica. Más propiamente dicho, de los talleres mecánicos entiendo una cosa: un importante insumo de todos los talleres mecánicos es tener posters y calendarios de voluptuosas mujeres semidesnudas que denotan: física, fricción, volumen y calentamiento. Como ciencia, pura ciencia.


Gräfemberg

Vincenzo y Giulia Puppo, dos investigadores del departamento de Biología de la Universidad de Florencia, recientemente aseguraron que filosofal Punto G no existe. Así las mujeres durante años nos dividimos entre clitorianas y vaginales. Después de esta noticia continuamos divididas, entre las que creen en la ciencia o las que creemos en la magia.


Inversiones

Llevo practicando yoga más de seis meses, hoy por fin pude pararme de cabeza y descubrí porqué San Antonio no funciona


Día de reyes

El 6 de enero desperté muy temprano, vi que no me trajeron nada, absolutamente nada los reyes malditos. Corrí por un bidón lleno de gasolina, incendié el arbolito e incendié también la casa ... ¿Qué hubieran hecho ustedes?


Zorra

La palabra zorra tiene varias acepciones: una constelación, un mamífero, un vehículo ferroviario y también la vagina, la vulva o una puta. No he encontrado mejor palabra que zorra para convertir este punto final en un punto de equilibro.