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sábado, 15 de noviembre de 2014

Carlo Antonio Castro (1926 - 2010)


Carlo Antonio Castro (Santa Ana, El Salvador, 18 julio 1926 – Xalapa, Ver., 11 de abril de 2010), etnólogo, antropólogo, poeta, lingüista, cronista, traductor, novelista. Tuvo acceso a los libros desde temprana edad. Hijo de padre demócrata y luchador social, estuvo en contacto con Augusto C. Sandino en su infancia. Cuando Llegó a Xalapa en febrero de 1958 a invitación directa del entonces rector y eminente antropólogo Gonzalo Aguirre Beltrán, Carlo Antonio ya era poseedor de una vasta experiencia en el mundo lingüístico y etnológico. Durante cincuenta años de ardua labor como maestro de la facultad de antropología de la universidad Veracruzana, escribió numeroso libros y artículos, formó varias generaciones de antropólogos, y recibió el doctorado Honoris Causa, Sin embargo, reconoce que en la poesía se “ha encontrado” y que la poesía se convirtió en su “morada intelectual”.  



Variaciones sobre el mayordomo

Misterio
Al concluir la novela policiaca supo el lector que el suicida era el mayordomo.

Espejo
En la última página, el autor se dio cuenta de que el mayordomo era él mismo.

Asesoría
Leída la novela policiaca sin que apareciera el criminal, el acaudalado lector pidió a su mayordomo que le aclarara el misterio

Cambio de piel
El aficionado llamó al mayordomo para que le diera la clave de la novela policiaca. Este no se presentó. ¡Había renunciado a la literatura!

Al pie de la letra
El mayordomo aprovechó el sueño del lector de la rara novela policiaca para desprender, cuidadosamente, el último capítulo del único ejemplar asequible. Su inocencia quedó asegurada por un lapso prudencial.


Puerto aéreo

Ella y yo nos deseábamos de tiempo atrás, sin habernos conocido nunca a causa de la distancia.
     Recibí su telegrama, confuso, casi ilegible: “Llegaré vuelo número, 0 número, 0 número…”
         Desde temprano estuve en la inaguantable sala de espera. Diversas rutas concluidas, a través del día, hasta ensombrecerse la noche:
         ¡Cuántos saludos ajenos y afectos indiferentes!
        Cansado, me retiré. Un taxi me llevó al hotel. Me tendí sobre el lecho, sin vestir aquel pijama juvenil, recién adquirido, que no quise ajar. Vino el sueño…
       Ella abrió la puerta, suavemente. Se desnudó en silencio. Aproximóse a mi cuerpo, estrechándolo anhelante entre sus brazos.
         Mas yo no estaba allí, sino en el aeropuerto.


Deidad

Yo soy el uno. Yo soy uno. Soy uno. Me multiplico por mí mismo y me produzco: ¡UNO! De nuevo me multiplico por uno y doy lugar al viejo uno. Lo hago de antiguo: 1 x 1 = 1. Llevo eternamente la cruz de mi igualdad, antes, hoy, mañana, mente eterna, compleja simplicidad… ¡Merde! ¡Un pendejo matemático dirá que todo esto es fantasía pura, puro cuento, impropiedad del uno!


Parodia siniestra

Nihil (Novum sub solem) obstat: Titus Mons Roseus.

Cuando Nicaragua despertó, Somoza todavía estaba allí.


Amibiasis

Cuando —ávido de información, temeroso— hubo leído de cabo a rabo la sesuda obra alemana, Las Amibas, de dos mil quinientas páginas, el paciente lector ya no tenía remedio: Aquellos impacientes protozoarios, espíritu de contradicción, ¡lo habían desleído!

Textos tomados de El Cuento, revista de imaginación:  http://minisdelcuento.wordpress.com/category/carlo-antonio-castro/

viernes, 24 de octubre de 2014

Federico Traeger


Federico Traeger nació en la ciudad de México en 1958. Sus cuentos han sido publicados en algunos periódicos y revistas en México, Francia, España y Estados Unidos. Es autor de la novela Haz el amor y no la cama, alfaguara, 2013 y coautor de las novelas Amores adúlteros y Amores adúlteros… el final, bajo el sello de Alfaguara y el libro de cuentos y aforismos Lo que no mata enamora, editorial Planeta. Es autor de los libros de cuentos Epidemia de comas, editorial Palabra y Voz, El día del informe, ediciones Universal y forma parte de las colecciones: Voces intencionadas, Los cuentos del miércoles y Relatos mínimos. Actualmente prepara un libro de microrrelatos y una novela.[1]



Decisión tomada

Funciona. Retroceder mentalmente hasta cuando no te conocía ni te deseaba ni te necesitaba porque no habías llegado a mi vida, funciona. El tiempo es elástico y maleable. Mantener mi presente en un pasado en el que no estabas conmigo, es la medida correcta. Gracias a remontarme años atrás, tus golpes sobre la puerta, tu llanto, tus gritos, no me conmueven. Cada vez son más débiles tus súplicas. Sin agua, el cuerpo humano sobrevive tres días. Hoy se cumple el tercero. La mente es curiosa. Por un lado sé que estás adentro de la biblioteca. Sé que cerré la puerta con llave para saber si puedo vivir sin ti. Y puedo. Anoche seguramente llegó a tu olfato la pierna de cerdo que estuve horneando durante seis horas.  En cuanto hay un asomo de arrepentimiento de mi parte, me distraigo, cocino, lavo, podo las plantas del jardín, paseo a los perros. Y mi cerebro se queda, al mismo tiempo, en la época en la que no eras porque no estabas. Es probable que nunca más vuelva a entrar a la biblioteca. Y eso me da seguridad. La vida es de quienes tomamos decisiones sin cuestionarlas nunca.


Estrategia

Para conquistarla, le hizo el amor.
Para reconquistarla, se la cogió.

Novela en cuatro entregas

Se inclina. La admiro. El esposo me persigue. La felicidad me alcanza.


Autogénesis

Cuando finalmente pude ver con claridad, me encontré con mi antimirada, mi antienergía, mi antiyo y… me quité la antivida.


El escarabajo del tiempo

Primavera del año mil setecientos setenta y seis. Cuatro soldados británicos se independizan del ejército que se retira vencido hacia el mar de vuelta al viejo continente. El cuarteto se interna por el bosque norteamericano, tocando con una gaita, un tambor y un par de flautas, una alegre marcha improvisada. Las notas sencillas e inolvidables llegan a las flautas espontáneamente, la gaita y el tambor se ajustan con facilidad y es tal el placer de los músicos, que no paran de tocar esa melodía nueva y liberadora. Las sombras cobran espesor. Los ingleses andan extasiados, estrenando su composición entre los troncos gigantescos y se escucha un chasquido distante. Los mosquetes de chispa de fusileros americanos aciertan; los compositores caen, violentamente confundidos, hacia el silencio. Exactamente dos siglos después, a un músico británico le roba el sueño una tonada. Acude al llamado de la musa y al día siguiente toca la canción frente a sus tres compañeros. Más que escuchar, parecen reconocer la melodía. Semanas después, un submarino amarillo navega las voces del mundo.


[1]Semblanza y Textos inéditos, cortesía del propio autor.


miércoles, 15 de octubre de 2014

Ermilo Abreu Gómez


Ermilo Abreu Gómez (Mérida, 1894 - ciudad de México, 1971). Escritor, profesor y crítico mexicano. Inauguró los estudios neocolonialistas desde su profundo interés por el período prehispánico. Fruto de esa fascinación es su obra principal, Canek (1947), que recibe su título de Jacinto Canek, personaje que en 1761 dirigió una rebelión contra los españoles. Enamorado de los temas y leyendas de su país desde una perspectiva nacionalista, escribió El Corcovado (1924), Quetzalcóatl, sueño y vigilia (1947), Martín Luis Guzmán (1968), obra sobre la vida de un escritor y revolucionario mexicano contemporáneo y La vida del venerable siervo de Dios, Gregorio López. Asimismo es autor de una autobiografía novelada, de cuentos infantiles y de diversos estudios literarios sobre sor Juana Inés de la Cruz, Ruiz de Alarcón y el Quijote.



Uay poop


Uay Poop es un ave negra con alas como escamas que sólo vuela a media noche. Es un ave carnicera en cuyo cuerpo se mete el espíritu maligno de Kakasbal. A veces Uay Poop cae sobre sus presas y las levanta con sus garras y remonta el vuelo y se aleja y se pierde en la oscuridad. De sus víctimas jamás se vuelve a saber nada.



Las alas de la mariposa


Una mariposa perdió sus alas y se echó a llorar y su amigo Tamaychi le dijo:

          —¿Por qué lloras?

          —Perdí mis alas.

          —Sigue mi consejo y serás feliz.

          —Lo seguiré cualquiera que sea.

          —Camina hasta que llegues a esa lomita.

          —¡Está muy lejos!

          —Pues sólo si llegas a ella podrás ser feliz.

          —Iré entonces porque sin alas me siento morir.

         La mariposa se puso a caminar y a caminar y así caminando llegó a la lomita, a tiempo que caía el sol. Pero estaba tan cansada que se quedó dormida y soñó entonces que tenía alas y que volaba y volaba. Cuando despertó, Tamaychi se le acercó y le dijo:

          —Te veo feliz mariposita.

          —Oh, sí muy feliz. Soñé que tenía alas y que volaba.

          —Sigue soñando, que la felicidad soñada, ya es felicidad.



Agua serenada


Beber agua serenada es como beber agua de luceros. La gente tiene la costumbre de sacar por la noche una jarra de agua para que reciba el sereno. Al día siguiente muy de mañana, se recoge y se guarda. Para los enfermos del corazón no tiene precio. Unos se alivian y otros se mueren pero éstos llegan a la muerte con gran serenidad.



Exhalaciones


Cuando en noche clara, rueda por el cielo una exhalación, hay que hacer tres cosas: persignarse, decir ¡Ave María Purísima! Y pedir algo que sea, al mismo tiempo, lícito y soñado.



Nubes


Cuando los fantasmas duermen, las nubes son blancas; vuelan despacio para no despertarlos. Los mecen y los llevan lejos. Cuando los fantasmas despiertan, las nubes se vuelven grises y se agazapan en el horizonte. Cuando los fantasmas se enfurecen, entonces las nubes se tornan negras, se agrietan y estallan.

lunes, 8 de septiembre de 2014

Mario Luis Vigueras Cuéllar


Me llamo Mario Luis Vigueras Cuellar. Nací en la ciudad de Puebla, el 21 de junio de 1967, mis padres fueron veracruzanos. Él, Mario Vigueras Quiroz de Jalapa, Veracruz. Mi madre, Oliva Cuellar Gómez, de Rinconada, Veracruz, ambos fallecidos. Además  tengo una hermana mayor de nombre María Guadalupe Oliva Vigueras Cuellar. Hice la licenciatura en lingüística y literatura en la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla. La licenciatura en español, en  la Normal Superior Federalizada. Trabajé en la SEP a nivel de secundaria y en la BUAP, en la Preparatoria 2 de Octubre de 1968, donde cursé la maestría en ETAC, con la participación de la BUAP, en Ciencias de la Educación. Estoy casado con Mariana Morales Alcántara y tenemos dos hijos: Mariana Vigueras Morales de 19 años de edad y Luis Mario Vigueras Morales de 10 años. En la secundaria Técnica 51 imparto la materia de Español. Actualmente, vamos teniendo algunas colaboraciones importantes, dos libros en España, de los cuales menciono sus nombres: Sugiéreme, relatos y cuentos (Editorial Mablaz, 2013). Y Gritos contra la violencia de género, de la misma editorial (2014). Participo en el libro Minificcionistas de El cuento, revista de imaginación (Ficticia Editorial, 2014), ya que el maestro Edmundo Valadés tuvo a bien publicarme en su revista hace años; ahora estoy terminando una novela que llevará por nombre: Voces en lucha.



Chiste

Siempre he sido muy malo para contar chistes, así que cuando dije el último comenzaron los aplausos.


Televisión

Oh, Dios de la tecnología, no permitas que tantos idiotas caigan en tus manos, haz el favor de ponerles de vez en cuando un libro, ojalá que sus páginas sean de su agrado y dales la inteligencia necesaria de que puedan discernir entre lo bueno y lo malo, si el televisor permanece apagado más tiempo del necesario, te prometo que daré gracias por escrito el resto de mi vida.
¿Y qué hizo, apagó el televisor? No, sólo le cambió de canal, ahora está en silencio viendo su programa favorito, es la única forma de tenerlo sentado varias horas sin que proteste.


De hombres y soluciones

Por las tardes de un domingo cualquiera se nos puede encontrar fácilmente viendo un partido de fútbol, con los amigos, compartiendo las botanas, desarrollando nuestros voluminosos vientres, pero como casi siempre ocurre, nuestro equipo favorito es goleado y entonces por la tristeza que nos provoca le entramos duro y macizo a la bebida, a las cervezas, entonces para el lunes, sin ganas, pues no asistimos al trabajo.
Soluciones al problema: Uno, o juega mejor nuestro equipo o mejor nos cambiamos de equipo. Dos, que los partidos no los pongan el domingo, mejor sean los sábados, para que no falten a sus trabajos el lunes. Y finalmente, con los resultados que presentan actualmente en el fútbol mexicano, lo más seguro será que ya no vea fútbol o de plano vaya pensando en ver otro tipo de deportes, que hay muchos y variados y que han dado mejores resultados que el fútbol.


Lógico

Si se pagan mejores salarios hay más dinero, y si hay más dinero se pueden comprar más cosas, hay más acciones y con  las acciones se mueve el mundo, lo que no entiendo es porque dicen que Edmundo no quiere trabajar, si lo veo que anda de un lado a otro, no suena lógico que lo señalen como un mal elemento cuando hay tantos en la política que hacen lo mismo que Edmundo y ganan más dinero.


El color

Se dice que hay personas que ven en blanco y negro, que no distinguen el color, tengo un amigo con esa cualidad, lo admiro porque ha logrado obtener un doctorado en pedagogía, que bueno que tiene esta cualidad, porque se hubiese decepcionado, de ver que este mundo donde todo lo vemos de colores, hay personas que se empeñan, parece que lo dicen algunos necios racistas, en ver todo en blanco y negro.


Inicio y final

Llegué por fin.

martes, 22 de julio de 2014

Yolanda Sassoon


Esta es una secuencia cronológica de textos, con algunos intervalos, que surgieron a consecuencia de una traición amorosa que me llevó a los abismos. Escribía, escribía y escribía. Así me curé y fui mi propia Sherazade. Son las minificciones del desencanto que en su interior narran una lucha feroz por volver a encontrarle el gusto a la vida. Eché mano de mi mundo interno: simbólico y emotivo. Eso fui y eso soy. Escribí casi muerta y desgarrada y después, poco a poco, me llené de calma. Estos textos son mi historia.



El demonio de la ira


Hoy soy distinta que ayer. Hoy soy el más maligno de los seres, el más vengativo y cruel. Soy el demonio de la ira. Ardo, y salí del infierno. Soy el fantasma que no permitirá que la impunidad se quede entre los seres humanos. Soy la de las manos llenas de sangre. La más pasional de las mujeres. Algo dentro de mí despierta y mata con mil puñaladas: las más certeras, las más profundas.

Pueden desvanecerse ya las apariciones, las mentiras, el llanto, la muerte, los velos, la locura, el hedor, la oscuridad, las máscaras, el dolor, las simulaciones, los gritos , la desesperación, las fracturas y las heridas.

Después del asesinato, caigo en un letargo y la calma me invade. Envuelta en el aroma de las madreselvas que trepan en los muros del jardín, miro con placer a las luciérnagas  que alumbran la oscuridad con sus panzas de lamparitas.



Ritual


Llueve incesantemente. Mientras, una mujer teje su propia vida. Entierra una traición inmerecida en un cementerio sin cruces ni luces de velas, sin rezos y sin palabras. Ella recuerda bien cuando se quedó sin sangre, o más bien, el día en que se le congeló dentro del cuerpo. Enterrada junto a la traición, quedo también la confianza. Esa tumba está cubierta por una fina gasa blanca, para evitar que ahí crezca la hierba.

Cerca de ese lugar oscuro reconoce un camino incierto. Llegará allá, pues la esperan manos amigas que no van a lastimarla.



Las voces


"¡Si, si, ya lo sé: es suficiente compañía estar conmigo misma!", me digo. Estoy sola y entre los callados muros de mi habitación imagino unos brazos ajenos alrededor de mi cuerpo. De pronto, esa imagen se desbarata y surge una voz que asegura: "A las mujeres que dejaron atrás su juventud, ya nadie las quiere". Y entonces veo que la soledad toma la figura de un demonio burlón que baila ante mis ojos. Con fastidio, le ordeno: "¡Ya, soledad, vete y déjame en paz!". Al parecer me obedece y se pierde en la oscuridad.

Me doy cuenta que quiero llorar con todas mis ganas, pero no puedo, sólo me duele la cabeza. Los muros de mi recámara están callados, pero seguramente han atrapado palabras en algún momento... ¿Y si las repitieran ahora? Estaría menos sola, pero ciertamente tendría que ser una esquizofrénica para escucharlas...

En estos momentos me encantaría tener alucinaciones auditivas y sensoriales; aún a riesgo de que me llevaran al Fray Bernardino Álvarez. En definitiva, no siento ni escucho nada, sólo estoy invadida por una soledad lúcida y carente de llanto. ¿Será que me he secado como una planta a la que le faltó lluvia?

"¡Duérmete ya y deja de divagar, bien sabes que la soledad hace que uno imagine estupideces!", me dice otra voz diferente con tono de aburrimiento. No tengo que pensarlo mucho, la obedezco y decido descansar.

No cabe duda, ésta es una noche más, igual a tantas otras.



El dragón azul


El silencio me habló sin palabras y se recostó a mi lado como un pequeño dragón con matices azules. Replegó sus alas transparentes y se quedó dormido. Lo acompañé en su sueño. En el calor de mi cama pude arropar bajo mis cobijas también a mis fantasmas; que se quedaron a mi lado, pegados a mi cuerpo. No era el momento para desear cercanía humana, ni en lo real ni en lo fantástico. Tal vez ya no me gustan los seres humanos porque no son de fiar; en cambio, aún confío en los dragones y en los fantasmas.

A voluntad transformo mi mundo interior y aunque nunca vi una aurora boreal, la imagino en mi ensueño. Entonces la desvanezco, para hacer que surja un árbol con hojas de cristal. Ahora veo que cruzan por el cielo varios pájaros de negro plumaje. Mis imágenes son también mis premoniciones.

Por favor, que nadie se acerque, que nadie se atreva a contaminar la pureza de mi silencio.



Agua


Soy un cuenco de piedra con agua fresca y limpia. Soy un espejo que se agita levemente. Estoy en un templo budista tibetano. Los monjes se acercan y en ocasiones, sobre mi superficie, aparecen los reflejos naranjas de sus túnicas. Uno de ellos me trajo un floreciente loto blanco para que sus raíces se nutrieran de mí. Soy:

Vasija de piedra / agua transparente / loto en flor


El santuario tiene un techo alto con un ventanal, por ahí la luna y las estrellas me comparten sus destellos plateados.



Blog personal de Yolanda Sassoon: http://hierbadecristal.blogspot.mx/

miércoles, 25 de junio de 2014

Jaime Adolfo Muñoz Torres


Jaime Adolfo Muñoz Torres nace en Aguascalientes, Ags., un 28 de septiembre de 1958. La carrera de Técnico en ventas, fue su grado máximo de estudios (1979-1981). Publicó algunos cuentos en distintas revistas (1988-1992) El Cuento, Cd. México. La Tarántula, Jalapa Veracruz. Talleres, Aguascalientes. En 2009 funda el Centro cultural Tercera Llamada, una casa independiente en Aguascalientes, la cual aún dirige.



Lo visto y lo pedido

Caminaba, vi tierrita suelta y pedí canicas.
Me vi niño y pedí balón de futbol.
Me vi alto y lo pedí de basquetbol.
Me vi fuerte y lo pedí de futbol americano.
Vi sus labios y le pedí besos.
Vi la clase de mujer que era y le pedí la vida.
Me vi con hijos y pedí universidades.
Me vi con nietas y pedí pelotas para jugar.
Todo se me ha dado, tan cíclico, universal, elíptico.
Soy un hombre feliz, pero no satisfecho.
Caminaba, al pasar por La Gloria, vi un lugar desocupado
Lo ocupé y pedí, cuatro al pastor y cuatro de lengua.


Envergadura

Este como todos los cuentos, comienza con una introducción. Luego la cosa se anuda logrando la máxima tensión y termina cuando se viene el desenlace.


Con el impulso entre las piernas

Th, th, th, ah, vamos  bonita, al paso. Sintió entre las piernas ese leve  impulso que da el paso. Amanecía, el aire refrescó su cara, había llovido. Tierra húmeda. Ahhhhh. Las golondrinas puntuales dibujaron su asistencia. Llagaron al camino, y con él, al monte. La yegua, árabe, de manto simple, porcelana. La mujer, mexicana, morena clara. ¡Aja! Los hijares, la rienda. El trote suficiente para que de la blusa a cuadros rojos, volaran dos botones, incapaces ya de contener aquel escote espontaneo, mundano, libre como el galope que se vigorizaba ya. Sortear mezquites, cubrir montes, eludir ramas. La velocidad, comunicación muscular entre las piernas y el lomo. Sin tiempo, sin destino ni kilómetros. Cabello negro, largo, suelto en desbandada. Galope cada vez más raudo, compartido. Hembras de piernas y nalgas duras. Ojos entrecerrados, pómulos bellos, quijadas decididas. Concierto de cascos dejando huella de un universo justificado, armonioso y sorpresivo. Tierra fértil, sembrada de abundancia en formas.


Confesión

Lo oí llegar y sin más, lo mate. Sangré de mi sangre, pequeño destruido por mis manos. Ni para que arrepentirme, ya estaba muerto. No recé, pero si me quedé en silencio, atento. Oí otro y también lo maté, al menos este aún no me picaba.


El hombre de traje

Es espectacular verlo, siempre elegante, distinguido. Alto y delgado. Debe tener muchos trajes. Talla exacta, telas preciosas, camisa impecable, corbata. Espalda recta, mirada fija, barba levantada, largas piernas de andar armónico. En la mano izquierda el portafolios. Con la derecha   se acomoda los lentes y en un rápido movimiento se saca un moco. Lo lleva haciendo bolita entre pulgar y medio. Las mujeres lo gozan con cierto descaro, tiene un aire de madurez juvenil que a todas, atrae. Cuando va a cruzar con otros de traje, no les da la mano. No quiere soltar la bolita, pero inclina la cabeza respetuosísimo, mientras murmura apenas. Chingsumadre.

viernes, 6 de junio de 2014

Carolina Castro Padilla


Carolina Castro Padilla es originaria de la ciudad de Aguascalientes (10-V-1938). Profesora de Nivel Básico y Maestra en Lengua y Literatura Española por la Normal Superior Nueva Galicia de Guadalajara, Jalisco, con estudios en su especialidad en el Instituto de Cultura Hispánica en Madrid, España. Como docente trabajó 14 años en la Secundaria del Instituto “La Paz” y 5 años como Asesora en Redacción e Investigación Documental en la Unidad 02 del Sistema de Educación a Distancia de la Universidad Pedagógica Nacional en Aguascalientes, Ags. En las artes plásticas ha publicando viñetas, ilustrando cuentos para niños y realizando diversas exposiciones individuales y colectivas (pintura, dibujo y escultura en cerámica) en el estado de Aguascalientes y en Estados Unidos de Norteamérica. Laboró 17 años en el Instituto Cultural de Aguascalientes, ICA como jefa de la Sección de Investigación Histórica dependiente de la Dirección de Casas de Cultura y Bibliotecas Públicas del Estado. Es autora de prólogos y de artículos, cuentos y viñetas publicados en diversas revistas y periódicos. Ha publicado veinte obras, de las cuales once están dedicadas a los niños. Además, varias antologías recogen obras suyas. Ha recibido algunos premios, entre ellos dos en cuento y uno en novela corta en el certamen histórico literario del Municipio de Aguascalientes y el Premio Aguascalientes 1992. Es miembro de la Corresponsalía en Aguascalientes del Seminario de Cultura Mexicana desde 1995. Actualmente está dedicada a las artes plásticas y la creación literaria.



Volviendo al espejo

Un día, Alicia quiso regresar al país de las maravillas a través del espejo que casi había olvidado.
Corrió las cortinas del tiempo, fue al espejo y con ansiedad se miró en él. Se buscó, y al no encontrar su imagen se dijo: “Este espejo ya no sirve”, y lo rompió.
No pudo tolerar ver en él a una anciana desconocida mirándola fijamente.


Cabalgar no cuesta nada

Tu caballo blanco te espera como siempre, todo nervio y brío, en el mismo sitio. Llegas a  él, lo acaricias. Su piel lustrosa te devuelve calideces que tus palmas retoman para tejer sueños. Lo montas a pelo, y abrazada a su cuello te dejas llevar a galope tendido por los campos verdiazules que desaparecen de tu vista claveteados a la tierra por cuatro golpes secos repetidos hasta el infinito, ése que frente a ti no alcanzas.
“¡Facunda!” Un grito que te llama, que te atrapa a mitad de tu carrera. Regresas con un “¡Ya voy!”, que se ahoga en tu esperanza.
Miras tu corcel blanco que reposa en la palma de tu mano, terminas de sacudirlo, y con cuidado lo colocas en su sitio: sobre el juguetero que sólo sabe de porcelanas.


Nostalgia

La primera luz del sol descorre las cortinas del sueño en la cara de José Santos, quien siente su calor después de una noche demasiado larga. Un bostezo, un estirarse buscando dimensiones desconocidas, un parpadeo, corto, insistente y, nuevamente los ojos cerrados negándose a ver, ¿para qué si todo lo conoce y lo siente, dentro de él mismo, llegar como un torrente después de sentir ese rayo de sol?
La voz de la mañana: los pájaros que en el naranjo cuentan sus sueños antes de partir; el gallo que en el corral reconoce sus dominios mientras la vaca muge ofreciendo sus repletas ubres; las campanas de la parroquia que llaman a misa esparciendo saludos blancos de palomas; las escobas de popote que rascan y rascan el patio y la calle levantando la tierra que ha de ser apaciguada con riegos juguetones…
El olor de la mañana: la tierra mojada, el viento henchido de naranjos y limoneros, el ocote recién encendido, las brasas en la cocina donde ya trajina Adela canturreando mientras pone el agua para el café. Sentir su olor oscuro y encender un cigarro son cosa hecha, así como dar el primer golpe con profundidad para sentir al tabaco llegar a lo más hondo del sentido y despertar plenamente a la voz del humo que va escribiendo sus secretos poco a poco en el aire, subiendo, adelgazándose y desapareciendo sin terminar nunca de decirlo todo y, por fin, dar el primer sorbo de café caliente, amargo, reconfortante, para echar a andar el cuerpo.
—¡Ah! Qué sabroso es amanecer con un cigarro y una taza de café caliente.
Una sacudida, un reacomodarse en el asiento de tercera, el rechinar monótono del tren, y los ojos de José Santos abiertos ya, mirando los paisajes agrestes que lo van acercando al Norte mientras su vacío de años se le va llenando de nostalgia.


Aquí por siempre

Cae la tarde reclinándose en el horizonte y asomando levemente su mirada clara entre los velos rojos que ha dejado tras de sí el sol; se adormece en el vaivén del mar que orla de espuma la arena compacta y fría.
Una risa aviva mis pasos: es ella contestando al romper las olas. Ella que corre, brinca, desaparece entre el agua, vuelve a salir y ríe; ríe pulsando el arpa dormida de mis sueños. Voy hacia ella, nuestros ojos se encuentran y somos un mismo juego con el azul. Mis manos rozan sus cabellos que huyen entre las ondas acuosas. Cierro los ojos al escozor salobre. Tiendo los brazos y logro asir sus piernas. Siento la dureza joven de sus músculos, pero, quieren huir también, resbalan, se adelgazan y un frío extraño me sacude. Sin soltarla, grito para detenerla. Abro los ojos que se llenan de noche. Nuevamente estoy aquí convulso, asido fuertemente con ambas manos a los barrotes de mi celda.


Cuestión de letras

“Juliancito está destinado a las letras desde antes de nacer”, así decía su padre al verlo jugar con los cubos de madera que lucían en sus caras letras grabadas en brillantes colores. “Cuando vaya a la escuela, sabrá ya el alfabeto”, predecía el señor mientras el niño acomodaba una a una sus letritas formando a capricho largas palabras impronunciables.
“¿Qué dice el futuro genio de la lengua?”, lo saludaba cuando Julián metido entre sus libros estudiaba en la Universidad.
“Ahora sí hijo, ¡a escribir se ha dicho!”, afirmó satisfecho al verlo regresar del extranjero con un doctorado en Letras Hispánicas.
“Mi hijo publicará muy pronto su primer libro”, comentaba el anciano a sus amigos. “Está realizando una obra que asombrará al mundo”, agregaba en voz baja para contener su entusiasmo y no revelar el proyecto que realizaba el ya doctor don Julián desde hacía varios años encerrado en su biblioteca, en donde estaba concentrado su sueño: emplear la tecnología para obtener la obra perfecta, la única, aquella que sería el compendio, o la síntesis del genio creativo en la literatura; para esto, escribía sin descanso frente a un modelo especial de computadora al que alimentaba con todo cuanto consignaba la Historia de la Literatura Universal. Hacía tiempo que había llegado a los autores contemporáneos, pero en ellos se había estancado al no poder saciar su prurito por obtener las últimas publicaciones y seleccionar aquellas que debía asimilar su aparato mágico. Esto lo hizo caer en un estado enfermizo del que vino a rescatarle el “¡Basta ya!”, enérgico y cortante, gritado por su padre para despertarlo de su sueño. Ambos se miraron y un suspiro contenido por años, puso punto final a la búsqueda de un don Julián ya envejecido, haciéndolo aceptar que había llegado el momento de ver nacer la obra maestra de su vida. El temblor en sus manos, golpeaba la ya cansada ansiedad de su padre que lo miraba hacer. Se acercó a la computadora, la preparó con minucioso cuidado a ritmo de resonancias internas que taladraban su piel. La accionó. Un prrrrrrrrrrrrrrrrrrrrr y sus ojos anegados de sorpresa quedaron estáticos ante el papel en el que aparece escrito:
A b c ch d e f g h i j k l ll m n ñ o p q r rr s t u v w x y z.


jueves, 29 de mayo de 2014

José Luis Velarde


José Luis Velarde (Ciudad Victoria, Tamaulipas). Es narrador más que poeta y más poeta que ensayista. A pesar de ello deambula por todos los géneros literarios. Escribe con vehemencia. Quisiera dedicar más tiempo a la escritura. Sueña con la radio cultural de antaño y si le fuera posible aún jugaría futbol en los llanos de polvo y cerveza incontenible. Editorial Terracota le publicó la novela Contradanza en el 2014.




El rumor


El rumor surgió vándalo de tan perentorio. Amplio, poderoso e instantáneo como la comunicación de las redes sociales donde lo repitieron hasta modificarlo una y otra vez. A los pocos días era un rumor independiente de la catástrofe anunciada al inicio del ataque informativo, pero aún era un rumor amplio y tan adictivo como los efectos de una droga gratuita e indetectable.

El rumor creció maravillado por el talento de los millones de guionistas que alimentaban las historias donde iba de lo bueno a lo malo sin pausa. Se sintió único al reconocer la fuerza de la creación colectiva capaz de mantenerlo en movimiento, aunque por esas fechas ya era un rumor de interés reducido y movimientos torpes por la vejez en que se adentraba. Hubiera entristecido de saber que los rumores los engendran unas cuantas entidades.

Seres, gobiernos y empresas donde se predice y calcula cada uno de los efectos y posibles cambios que habrá de sufrir un rumor tras impactarse como vándalo perentorio en la opinión pública.



De Minos a más


Era cretense, porque había nacido en la isla más grande de las tantas que forman parte de Grecia, pero prefería decir que era un desgraciado y un cretino, porque de tanto ser marinero un día no regresó jamás. Cuenta a quienes lo escuchan que no volvió harto de los turistas y de los extranjeros que se arraigan allá en insípido coloniaje que nada bueno aporta. Lo considera un azote al que sólo sobreviven discotecas y festejos eternos. Así que ahora no permanece demasiado tiempo en un lugar para no molestar a quienes lo hospedan. Piensa que así habrá menos historias de exiliados. Vagabundea en un bote endeble y de brutal apariencia de tan maltrecho que luce. De tanto sol tiene el rostro vidriado por arrugas pertinaces.

En su interior desea que ocurra un milagro. Sueña volver a la Creta minoica. Una Creta aislada de Roma, Grecia y los incontables piratas que nunca terminan de repartirse el botín que representa.



La reinstalación del honor


A primera vista el honor puede revelar una buena apariencia, aunque el aspecto provenga más de las opiniones conseguidas desde el inicio de los tiempos que de situación reciente. Basta referirse al honor para conseguir respeto. Pareciera establecido en un artículo constitucional.

Visto desde otras perspectivas podría exhibir un perfil ganchudo y feos promontorios de iniquidad, porque no siempre el honor es quien dice ser. Hubo honores establecidos sobre acciones terribles. Honores que reverenciaron poderes malvados tras batir al verdadero honor tantas veces depuesto por émulos de abolengo rastrero. El honor puede surgir de una paciente instalación. Un fantasma servil de apariencia conmovedora y farsa irremediable. Un engaño exquisito donde se confundan los matices auténticos que un día inspiraron respeto a quienes fueron capaces de enarbolarlo sin engaños.

El verdadero honor advierte que muchos prefieren sustitutos de tintes luminosos y excéntrica movilidad.

El verdadero honor permanece en la sombra.



La desazón del consuelo


No sé si numeroso sea un adjetivo que pueda definir el grito que lancé ante ti. Surgió de todas mis personalidades y eso ya implica una multitud. Fue un impulso más veloz que una flecha mientras pudo mantenerse en el espacio donde la distancia comenzaba a separarnos. Oscilaste como un junco para evadir el ruido que no pudo revivirte piel adentro. Vi a la felicidad desplomarse en el eco de las palabras incapaces de reconstruir el rumbo. Comencé a ahondar las murallas construidas alrededor de tu cuerpo sin ir más allá de mi deseo. La muchedumbre convocada por mi grito no pudo unificarse ante ti como si fuera una ganzúa experta en revelar secretos. Derrotado tuve que reconocer la facilidad con que diseccionas egos y retrocedí a un espacio menos conflictivo.

Ahí grité hasta quedarme sordo.
Admiro que no hayas podido silenciarme y lamento no poder imaginar tu respuesta.


Una mañana cualquiera

Abre los ojos sin saber quién es. Amodorrado gira el cuello en torno de la habitación inundada por el sol. Se levanta incierto y atisba entre los dedos temblorosos hasta descubrir una cortina gruesa junto a la ventana. La cierra con alivio.
Avanza hasta el baño sobre piernas inestables. Usa las manos como cuenco y bebe. Orina y entre los desechos el alcohol refrenda la resaca contumaz.

Aún es irreconocible. En el subconsciente desfilan sus rostros.

Despierta al encontrar la imagen con la que más se identifica.

En seguida, el espejo muestra la que más le conviene.
Cierra los ojos sin saber quién es.



Textos cortesía del autor.

domingo, 11 de mayo de 2014

Jorge P. Guillén


Jorge P. Guillén (Distrito Federal, 7 de Abril de 1963). Ha publicado en la extinta revista El Cuento, revista de Imaginación, editada y publicada por don Edmundo Valadez, en cuyo consejo editorial llegaron a estar escritores de la talla de Eraclio Zepeda y Juan Rulfo. Recientemente una de sus historias ha sido escogida por Alfonso Pedraza para la antología Minificcionistas del Cuento, Revista de Imaginación (Ficticia Editorial 2014). Su texto “El Hambriento” aparece en el libro Español Tercer Grado (Editorial Santillana). Jorge vive en Canadá desde hace 25 años, se desempeña como Administrador de Sistemas, es casado y tiene dos hijas y una hermosa nieta. Su mejor obra fue conquistar a su mujer haciéndole creer que era escritor.



Ejercicio

El maestro se sentó a describir su viaje final. En una hoja blanca las letras empezaron a ordenarse de tal forma que no quedara nada al azar. Letra tras letra símbolo tras símbolo el viaje empezó a tomar forma. En una sola línea se escribió su traje de astronauta, en otra su nave submarina, en otra las cartografías estelares y en otra los recuerdos para llevárselos consigo. Escribió el paisaje que vería desde la escotilla de vidrio, los animales fantásticos y míticos y por fin decidió emprender el último de todos los viajes.
Puso punto final a la hoja y el manantial de sus lágrimas tomo el pliego aquel y como un barquito de papel lo empezó a llevar lejos para siempre jamás.


Sueños

En su sueño de autómata el robot soñaba con llegar a ser humano, formar una familia, tener un trabajo y ganar dinero para poder ir de vacaciones. En ese sueño de transistores también soñaba con libre albedrío y con situaciones menos repetitivas. Tanta ilusión lo hizo acercarse al humano y mientras dormía comenzó a llorar de la emoción, por la mañana al tratar de abrir los ojos no pudo, estos se le habían oxidado.


Un Angelito

Al caminar por la calle la gente lo veía como si estuviese enfermo de algo terrible y contagioso, no era en realidad una enfermedad sino un defecto y él no podía hacer nada al respecto. Sus padres lo habían entregado al orfanato por lo mismo y él estaba acostumbrado a que la gente le rehuyera tan pronto como el sol salía, era una cosa rara, pero él se había acostumbrado a que las circunstancias fueran de esa manera. Mejor eso que la solución que habían tramado en el orfanato de los curas que consistió primero en un exorcismo y luego en mutilar partes de su cuerpo para “curarlo”. Aceptó el exorcismo de buena gana, pero cuando los azotes se intensificaron y los curas empezaron a desnudarse lo embargó la preocupación y cuando oyó entre el cuchicheo de los curas la idea vaga pero terminante de que había que cercenar miembros se fingió poseído por el maléfico y empezó a decir sandeces y malas palabras de tal forma que lo dejaron solo por un rato, tiempo que aprovechó para deshacer como pudiera los nudos de las sogas que ataban su manos y pies, se incorporó y abrió la ventana, extendió sus alas y voló lejos de ahí.


La vida está llena de decisiones

Me quedo viéndola con tanto aprecio, es preciosa, si se le mira detenidamente es preciosa.
Quieta descansa sobre la franela roja conque me la han entregado, resignada a su suerte. Quisiera tocarla pero me da temor, siempre siento como que me arenga a poseerla, es tan perfecta y  sedienta.
En mi regazo se ve pequeña, casi indefensa, como de cristal cortado,  lo único que muestra su condición es el nombre que la designa, sino fuera porque es totalmente fría y carente de sentimientos sería tan perfecta, no me aterraría tanto la idea de sentir que la abandono y permanezco indiferente a lo que el creador tenía en mente para ella.
Al fin no puedo más y la acaricio. La llevo hasta mi boca y entonces la veo de cerca, bruñida y metálica, la siento helada y en un segundo sé que mis ansiedades  también se han agotado. Lo último que veo es un chispazo de luz y apenas alcanzo a percibir el estruendo.
Tú que lees esto debes decidir si la pistola ha quedado en mi regazo o ha caído al piso.



*Textos cortesía del autor.