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lunes, 8 de agosto de 2016

Daniel Zetina


Daniel Zetina nació en 1979 en la Ciudad de México, ahora vive en Querétaro. Maestro, editor y encuadernador. Entre otros libros, publicó en poesía Falso amor (http://cascadadepalabrasonline.blogspot.mx/2013/07/vendra-la-vida-daniel-zetina-mexico.html), y en cuento Babilonia contra la fe (http://redcartonera.eci.catedras.unc.edu.ar/files/Olga-Babilonia-contra-la-fe.pdf). En minificción publicó los libros Con uñas y dientes (Juanita Cartonera, Chile 2014 y Cascarón Editorial, 2016) y Paradojas (EZ, 2015, 2016).



Venganza

Cansado de una larga historia de maltratos y asesinatos dolosos, por fin se decidió y el gato mató a la curiosidad.


Los guardabosques

El incendio se detuvo cuando llegó a una hilera de sauces llorones.


Sanguinario

Le partió el corazón en dos, le quebró las piernas en pedazos y le sacó las tripas, luego metió todo en una bolsa de plástico y dijo: “¿Algo más, aparte del pollo, doñita?”


Héroe

—En mi estación no se suicida nadie, muchacha —dijo el oficial después de jalarla de los cabellos.


Desilusión

Una sirena se suicidó reventando su cabeza contra los riscos, frustrada, cuando se dio cuenta de que nunca podría bailar cumbia.


Democracia

Después de un acto plenario que duró ochenta y siete horas y veintitrés minutos, el Parlamento y el Presidente decidieron disolver al pueblo; luego convocaron a elecciones en busca de uno nuevo.




Contacto: edicioneszetina@yahoo.com
@DanieloZetina

miércoles, 2 de septiembre de 2015

Andrés Galindo


Andrés Galindo. Ciudad de México, 1974. Hispanista por la Universidad Autónoma Metropolitana. Veinte poemas de la furia y una nota de esperanza (Editorial Endora, 2010), La oficina del olvido (Ediciones y Punto, 2015) y Silencio (ArteSanoDigital, 2015) son algunos de sus libros publicados en impreso y/o digitales. Interesado en la relación del arte y las nuevas tecnologías, ha colaborado en publicaciones como RegistroMX, Radiador magazine, Infame y Penumbria. En 2013 es director general de la publicación digital Beat, arte y cultura digital. Actualmente trabaja en el proyecto editorial sin fines de lucro ArteSanoDigital, que se ha ocupado principalmente por divulgar el género minificción.



Rebelde sin causa

El lector puede pensar lo que quiera, pero éste es un tuit que no se dejó escribir en ciento cuarenta caracteres. Rebelde y loco, creció hasta llegar a las cincuenta palabras. Hubiera seguido creciendo de manera desproporcionada y absurda de no haber yo apagado la maldita computadora... quizá para siempre.


Detrás del monitor

Sus tuits eran parte de sus húmedas fantasías, hasta que fue a conocer al robot dactilográfico, quien lo mató por saber demasiado.


Tiempo cumplido

“¡No dejes que me muera, papá, no dejes que me muera!”, gritaba mi hijo, apretando mi mano con sus deditos; a mí, que había dado muerte a tantos.


Los libros y la noche

Ninguno de sus detractores, y ninguno de los muchos que lo compadecen, ignora que “él se enfrascó tanto en su lectura, que se le pasaban las noches leyendo de claro en claro, y los días de turbio en turbio; y así, del poco dormir y del mucho leer se le secó el celebro, de manera que vino a perder el juicio”.
Pero lo que las generaciones pasadas (quizá también las futuras) desconocen es que el infamado o piadosamente vanagloriado hidalgo se enfrascó tanto en su lectura, que se le pasaban las noches leyendo de claro en claro, y los días de turbio en turbio; y así, del poco dormir y del mucho leer fue perdiendo la vista, de manera que vino a confundir molinos con gigantes, bacías con yelmos, amores con fantasmas.
Muchos, sabemos, fueron los que trataron de reconvenir al caballero en sus falsas percepciones. Él, que podía carecer de buena vista pero no de buen oído, escuchaba las palabras de los hombres necios y, en mientes, se decía: prefiero vivir los libros y perder la vista a seguir mirando los ruidos ensordecedores de eso que otros llaman realidad.


Barquito de papel

Cuando muera, que me pongan en un barquito de papel y que me echen a un mar de letras; quiero regresar al libro del que nací.

Blog: Imposturas 
Twitter: @andresrsgalindo

viernes, 7 de agosto de 2015

Hilario Martínez Arredondo


Hilario Martínez Arredondo (1972). Nací en Ciudad de México cuando el cielo aún era claro y no se tenían tantas preocupaciones. Estudié la carrera de medicina en el Instituto Politécnico Nacional; la especialidad en Ortopedia y subespecialidad en Cirugía Articular, en la UNAM. Para no entrar en la dicotomía de los hijos divorciados, soy profesor de Anatomía Ortopédica para ambas universidades. Fui educado entre libros viejos y música de trova, así que me volví un hombro viejo antes de que aparecieran las primeras canas. De mi mamá, aprendí el vicio por vivir, quien al morir me dejó su canto; la dureza y sabiduría de mi padre me volvió terco, loco y taciturno, lo cual a veces no es bueno para mis hijos que me ven como búfalo que rumia encerrado detrás de los libros, y que solo sale para regañar.  Escribo porque mi esposa (quizá en su afán de tenerme entretenido para que no me ponga iracundo) insistió en que toda esa maraña de cosas que le platico quede plasmada en una hoja de papel (al parecer no le basta con los libros que tenemos, por eso la quiero). Así que, en mis ratos de ocio, entre clases de cirugía y estudio me encierro en mí mismo, como tortuga, y escribo.



Torre Eiffel

Todo era cuestión de poner cables de tensión, un amarre por acá, otro por allá y listo, ahora a esperar que la integridad de esta sujeción soporte firme la fidelidad ante las curvas de la nueva secretaria.


La selva encendida

Veo desde acá arriba los pequeños puntos que dibujan la ciudad y pienso en toda esa gente disfrutando sus placidas vidas. Y tiro la bomba.


Salomé

Al sensual movimiento de su cadera y brazos, se suma el ondular de su vestido. Ante la natural resistencia de la gente, la muerte ha tenido que modernizar su modo de atraer a los clientes.


Amor otoñal

Sólo cenizas quedaron de aquel encuentro increíble, no sabían de los riesgos de encender de nuevo la llama de la pasión.


Desasosiego

El hueco oscuro al final de la escalera me mira con curiosidad, como queriendo indagar por qué no subo y traspaso el umbral de la realidad alterna que me ofrece, por qué me quedo en esta triste y vacía vida; pero sólo doy la vuelta y me alejo. De niño caí por ese agujero muchas veces, y en todas las realidades fui infeliz.

jueves, 23 de julio de 2015

Gabriel Ramos


Gabriel Ramos nació en la Ciudad de México, Distrito Federal, en 1952. Es Psicólogo Educativo por la Universidad Nacional Autónoma de México y Coach Profesional con Certificación Internacional en Coaching Ejecutivo y de Negocios, además de un enamorado de la lectura y la escritura. Su interés actualmente está centrado en la creación de microrrelatos. En la SOGEM participó en diferentes talleres: El oficio de escribir y El Guión Cinematográfico, además de otros relacionados con narrativa, cuento y novela. Ha publicado en diversas páginas de Internet sobre el tema entre las que destacan: Falsaria, Tus relatos y Cincuenta palabras. Próximamente publicará su libro 100 Microrrelatos para pensar.




Qué breve es el amor

Manejo un elevador en el Hotel de la Ciudad y hace unos días llevé a una pareja de la Planta Baja al piso 51, iban besándose y exhibiendo su amor al mundo. Pasadas dos horas baje a la misma pareja, cada quien por su lado, enojados y llenos de furia.



Trabajo y estrés

Me hubiera encantado escuchar las palabras del Director General de la Empresa: “Joaquín es el mejor vendedor de toda la historia, no es nada fácil vender 500,000  pares de zapatos en tan solo dos meses”.
Es una lástima que yo esté en un féretro y no alcance a oír nada.



Colección

¿Para qué quieres tanto cuchillo Jack?


El asesinato

El hombre vende armas de todo tipo. Diariamente las revisa y engrasa. Pero desde que leyó la noticia sobre el asesinato que cometió uno de sus clientes las engrasa con más ahínco. Le avergüenza que haya tenido que disparar todos los tiros, ya que la pistola se trabó tres veces.



Lectura de mano



La gitana leyó la palma de la mano y descubrió que aquel sujeto sería su asesino en dos o tres días más. Así que lo invitó a su casa, lo instaló en su sofá más cómodo y con toda calma fue a la cocina por el mejor cuchillo que tenía.

Contacto:gabrielramos4@yahoo.com.mx


martes, 12 de mayo de 2015

Luis Pineda Villaseñor


Luis Pineda Villaseñor (mayo 26, 1952, México D.F.). Médico cirujano por la UNAM 1974. Maestro en  apreciación y creación literarias Casa de Cultura Lamm (SEP) 2009. Publicaciones literarias: Sendero de instantes (poemario haikû), 2010, Editorial Felou; Verbalgia  (cuento), (Premio A. Chejov 2009), El puro cuento Nº 7 Ed. Praxis; Marea Negra (novela), 2013, Editorial Terracota,  Colección La escritura invisible Nº 54; Libélulas (poema visual), 2013, Editorial DeLirio; La palabra transfigurada: 100 años de la poesía visual mexicana. Antología; El barco (minificción), 2015, Editorial Cofradía de Coyotes, Cuentos pequeños GRANDES LECTORES. Antología (Agustín Cadena, Amélie Olaiz).



Mutación

La manzana podrida fue expulsada de la casa, arrojada a la calle. Rodó y rodó cuesta abajo hasta el valle. Fue olvidada.
Tiempo después, en el mismo valle, de un árbol torcido se cosechan las manzanas más sabrosas de esa región.

                                                          
Sonrisa

—¿Has visto sonreír a un animal, a un ángel o a un hada? —pregunta un hombre.
—Yo todavía no —responde un dios.
—Yo ya —interrumpe un poeta.


El barco

El niño sueña que viaja en su barco de juguete. El barco se hunde en un temporal. El niño sobrevive y nada hasta una isla. En ella espera, por un largo tiempo, a que llegue otro barco a rescatarlo; recorre toda la isla, pone señales para que de lejos lo vean, pasa los días en la parte más alta de la isla buscando en el horizonte al otro barco: su salvador, pero no llega ninguno. El niño sabe que en su sueño no vendrá ningún barco a rescatarlo. Despierta, mira el barco de juguete a un lado de su cama. Decide volverse a dormir para soñar que viaja en otro barco de juguete, el cual se hundirá frente a la isla de la que nunca salió.


Minucias

El cuento fue tan corto que por eso: justo antes de empezar ya había concluido.


Minirrelato IX

Soñé que deseaba desearte; mi sueño viajó hasta encontrarse con el tuyo (tu sueño), trató de seducirlo, pero tus sueños desearon ignorarme porque –según dijeron- “desear deseos durante los sueños, impide realizarlos cuando estás despierto”.
No te creí y te sigo deseando, aunque seas un sueño.


viernes, 17 de abril de 2015

José Víctor Martínez Gil



José Víctor Martínez Gil (1967, México D. F.). Artista oral y escritor, profesor y experto internacional en oralidad y comunicación, conferenciante. Ha publicado tres libros de hiperbrevedades: dos digitales y uno impreso, y cuatro cuadernos (uno traducido al inglés y al italiano; el más reciente en 2014; año en que ha sido traducido al estonio). Sus microficciones narrativas están en antologías impresas en España, México… Director Ejecutivo de la Cátedra Iberoamericana Itinerante de Narración Oral Escénica y de sus eventos (Colombia, Cuba, España, Estonia, Finlandia, Suiza...). Director Ejecutivo de Ediciones COMOARTES. Premio Iberoamericano “Chamán” / España 2005. Premio Comunicarte / Uruguay 2009. Medalla de Honor del CELCIT, España 2011.



Lágrima

El desolado aullido del lobo transformó la silueta de la luna.


Noticias

Aquél húmedo sobre contenía una carta tan triste, que cuando lo abrió, sólo encontró lágrimas.


Deseo

La eternidad pudo complacer la transparencia de la mariposa haciéndola mujer.


Cordial saludo

Le estrechó la mano, pero detrás de ésta no había nadie.


Imprevisión

Frotó la lámpara una, dos, tres, cuatro, cinco, seis… Ninguno de los dos sabía cuántas veces había que frotar para que el genio pudiera entrar de nuevo en la lámpara.


Pasión lectora

Se quitó las gafas para dormir. Después, las gafas se deslizaron y siguieron leyendo. Era una novela interesantísima.


Sin sentido

Los oídos le dijeron a la boca que los ojos estaban hablando del mal gusto de las manos.


Fantasmas

Se besaron como cada mañana, sin darse cuenta de que ya no estaban allí.


Afiladurías III

El Flautista de Hamelin emprendió una demanda contra el afilador por posible competencia desleal.


Amor tormentoso

Cuando aquellas nubes apenas se rozaron hubo truenos y relámpagos.


Desperté…

Desperté mientras soñé que me ahogaba, entonces, desperté mientras soñé que me ahogaba, entonces, desperté...


Elección

La A preguntó a la E: ¿I Ó U?


Reflejo

El espejo se partió en dos. Cuando el hombre salió del baño, su otra mitad se quedó ahí dentro.


Enamorado

La niña besó el globo y lo soltó, pero éste no quiso elevarse.


Miedoso

El balón huía de los pies de los futbolistas. Era su primer partido.


Contacto: ciinoe@hotmail.com

miércoles, 8 de abril de 2015

Jesús Alejandro Espinosa Gaona


Jesús Alejandro Espinosa Gaona estudió Letras Hispánicas en la UNAM y tiene una especialización en literatura mexicana por parte de la UAM. Actualmente cursa una maestría en educación en la UNAM. Ha sido profesor de literatura desde hace nueve años impartiendo clases en la UVM y en la UNAM y el Tec de Monterrey,  ha trabajado también como librero, ha sido dictaminador para la editorial Cuadrivio y es editor independiente, además colabora en el consejo editorial del proyecto Almendra en el CCH Naucalpan. Ha publicado en revistas como Migala, Punto de partida de la UNAM, Lenguaraz, entre otras. Tiene en su haber dos libros: Ishikoro de 2010, publicado por Tlahtolli ediciones y Pagafantas de este año, publicado por la UNAM.



Autor

La voz que le había dictado una obra entera y que había nacido en su adolescencia una noche, también se extinguía, supuso. Esa voz que fue en un principio necesidad desbordada y ya de adulto un tiránico delirio, le confirió galardones universales y una vida para la literatura. El cáncer dejo a la voz intacta. Cuando murió, la voz dijo sin mucha solemnidad algo sobre la muerte y prosiguió su dictado.


La clase

El profesor Simón dio su clase, serio y convencido. El conocimiento fue revelado en una suerte de anagnórisis que pareció machincuepa o malabarismo intelectual. Lástima que ese día en la materia de Introducción a las doctrinas filosóficas el grupo había sido abducido y llevado a contestar una importantísima encuesta de popularidad de administrativos escolares y docentes.


Muerta de amor

Leticia y Fabián habían experimentado el arrebato de la reconciliación después de un pleito doméstico por los trastes sucios. Pronto se dieron cuenta de que mientras más absurdo fuera el motivo de sus discusiones con mayor fuerza los acometía el deseo que se satisfacía en cualquier lugar propicio. Así, los trapos, palabras no dichas o dichas llevaron al joven matrimonio a la cima del éxtasis y la concupiscencia. Habiéndolo practicado casi todo un día Fabián confundió la causa con el efecto y mato a Leticia cumpliendo con el último punto de su lista de fantasías, la necrofilia.


Cara de pancita

El plato hervía con pancita compuesta de puro bofe y libro. La cuchara de peltre azul le produjo un poco de asco, sorbería y succionaría los trozos de carne sin tocar el instrumento. Miraba largo rato la cebolla y el orégano que, sobre el aroma, producía una humareda como de incendio. Cincuenta pesos el pinche plato, se repetía, cincuenta pesos. Puro bofe y libro, pa lo que me gusta el bofe, decía el gato del chiste y ella se reía. Selene, en Barcelona, tratamientos hormonales, in vitro, cultivos, dinero a la basura. Octillizos, dijo el doctor, ni uno más, las manos de Selene se helaron, octillizos o mil da igual, octillizos. Este tipo de persona es peor que yo, pensaba. Como la mejor camada de la Dupan, una cocker que tuvo de niño.  Los principales noticieros entrevistaron a Selene para las notas del corazón y el un poco por envidia le tiro a su esposa el plato en la cabeza sin razón aparente, Selene lo había mandado a buscar un plato caliente de pancita a las tres de la mañana con puro bofe y libro. 


Parusía

Y Dios, aburrido, le dijo a todos los ángeles en el cielo, hoy es el día. Y los ángeles revolotearon y se precipitaron para preparar todo. El escenario lucía impecable, la gran alfombra roja se extendía por todo el desierto del Sinaí. La humanidad estaba enterada, cada señal había sido cumplida con precisión y maestría. El Apocalipsis sería una obra de arte brutal. Dios se ajustó sus mejores vestidos, iba desnudo, guiñó el ojo izquierdo a Lucifer y luego le dio un tirón de cola. El cielo se tornó carmesí, luego como un gran ojo de luz Dios y todo su séquito, ángeles y secuaces, descendieron. No pudo sentir lástima de sí por no experimentar la sensación de vértigo que acompaña al descenso. Aterrizaron sobre la alfombra roja, el humo se disipó y no vieron a nadie, ni un alma, nada.
Desconcertados giraron sobre sí como giroscopios delirantes. Dios abofeteó a cuanto ángel pudo. Tomó el revólver de cristal con el que destruiría la muerte y dijo: hoy liberaría al hombre hasta de su liberación como tenía que haber sido desde el principio, como lo había pensado. El revólver, trémulo, en su sien vaciló, un ángel que venía de con los hombres al oído le susurró: Sucede, Padre Todopoderoso, que hoy hay futbol.


Poeta

Y es que sólo muerto el poeta, sus palabras cobran sentido, dijo el profesor de literatura sacando una pistola de su morral apestoso de libros y disparando en la cabeza al poeta que había invitado para abordar el tema de Poesía posmoderna. Veamos, dijo con serenidad, ahora qué pasa con estos versos, mientras el charco rojo se propagaba por el salón.



martes, 31 de marzo de 2015

María Guadalupe Rangel



Nació en la Ciudad de México DF el 1o de junio de 1952. Es Licenciada en Derecho y Psicología por la UNAM. Participó como anfitriona del taller de Literatura coordinado por el maestro Felipe San José durante los años de 1982-1985. Como resultado de este taller se publicó el libro “Los cuentos del miércoles” del cuál es coautora. Publicó varias minificciones en la revista El Cuento, La brújula en el bolsillo y Omnia. Otro libro que publicó fue  Iconoclasia y ha escrito dos libros de cuentos en espera de publicarse. Actualmente es jubilada del SNDIF y continúa escribiendo. [1]



Omnipotencia

—¡Ábrete Sésamo!
Y las arcas del país se abrieron para él y sus cuarenta secretarios.


Alevoso

—¿Por hielo? No, eso fue hace mucho. Ahora todos en Macondo tenemos refrigerador.


Tragedia griega

—Vamos mamá, ¿por qué te pones tan difícil? Al fin que lo nuestro ya es del dominio público.


Remedios caseros

—Pero Margarita ¡Créeme por favor!, es mentira que las camelias curen la tuberculosis.


Condena

Y Guillermo fue acusado de infanticidio, todo por un pequeño error de cálculo.


Igualdad para todos

El príncipe había crecido en un falso reino de felicidad, creía que todo era hermoso y los bienes abundantes, hasta que… triunfó la democracia.


Sabia decisión

—Con este ya llevamos 300 niños partidos y la verdad, no me parece muy Salomónica esta forma de Planificación Familiar.


Disputa

—No mamá, te equivocas de papel, a mí me toca con el lobo.


Parricidio

Serrucho y martillo, una mano, un pie, una peluca blanca… y Pinocho terminó de desarmar a Gepeto.


Elemental

—Ya estoy harta de que siempre me acuses de que soy fría ¿Qué no comprendes que no puedo ser de otra manera, Pigmalión?[1]




[1] Textos del libro Iconoclasia, Editado por Palabra y Voz, S. A. de C. V. 

sábado, 14 de marzo de 2015

Maryell Finisterre Diazmuñoz (Free Oxygen)


Artista multidisciplinaria.  Alumna de los maestros Ricardo Diazmuñoz, Ricardo Bernal, David Huerta, Oscar Wong y Saúl Serrano, entre otros.
Desde 1987 ha participado en distintos festivales culturales nacionales e internacionales  como actriz de teatro clásico, bailaora de flamenco, cantante y fotógrafa.
A partir de 1997 ha publicado en las revistas El Cuento, Los Universitarios, Oráculo, el periódico cultural Cronopio y la gaceta Café, Pan y Creación en la ciudad de México.
En 1997 sus poemas dramáticos El Lado Oscuro del Sol y Terceto fueron escenificados en el Foro Luces de Bohemia de  la Ciudad de México.
En 1999 la editorial independiente Dziberchuén publicó la primera edición de su poemario Canciones de la Nueva Tierra.
En 2001 su poema Voices in the Forest fue publicado en la antología Holding on to Forever.
En 2002 The international Society of Poets, le otorgó un premio al mérito. Expuso tres obras fotográficas y lecturas poéticas en el Festival artístico-cultural y de servicios El Arte de ser Mujer, en el Centro Cultural Luis G. Basurto.
En 2004 varios poemas suyos fueron incluidos en la antología poética Poesía de Raíces Mágicas de la Colección Vidzu de Estudios de la Cultura Mixteca. Participó en el XII Encuentro Internacional de Mujeres Poetas en el País de las Nubes, en la Feria del Libro en la Ciudad de Oaxaca y en la Sala Manuel M. Ponce del Palacio de Bellas Artes. Asimismo participó como fotógrafa del proyecto multidisciplinario parabuses de la Ciudad de México, Pecados Capitales.
En 2006 publicó poemas en la antología Voces Sin Fronteras de la editorial Alondras en Canadá.
Desde 1995 ha colaborado como fotógrafa y articulista en diversas publicaciones turísticas: Alta Hotelería; Gastrotur; Fotozoom; De Viaje! del periódico Reforma; Azul; Suite 01; Altitud; Diez; Primera Clase; Generación Universitaria y Hombres del periódico El Universal y la revista Convenciones.
En 2012 expuso  obra fotográfica en Los Colores de mi México en el consulado mexicano en Sacramento, California. Participó en la exposición colectiva SELF en Times Square, Nueva York, USA, y en el Glastonbury Fringe en Inglaterra.
Desde 2002 hasta la fecha ha participado como letrista y vocalista en varias agrupaciones musicales: EVVO y Walkin’ Blues, en México; y en Inglaterra Rabbit & Pumpkin y Knock on Wood. Ha grabado seis CD’s: Ki, EVVO, 2002; Rabbit & Pumpkin, con el grupo homónimo, 2009; Tales of Beauty, Rabbit & Pumpkin, 2011; Knock on Wood, con el grupo homónimo, 2012; Live!, Knock on Wood, 2014; That Good Ol’ Jazz, Maryell Finisterre, 2014. Entre 2013 y 2014 participó como vocalista en dos piezas para el álbum de música electrónica inglesa Universe de Sonic Tramp.
En 2014, bajo su seudónimo, Free Oxygen, su obra fotográfica Some Blues Beyond Mars II fue utilizada como portada para el EP Superman/Strange Love de la banda inglesa Carousels & Limousines y fotografió y diseñó la portada para el disco Sur del guitarrista español Claudio Palomo.
Desde 2008 reside en la ciudad de Bath, Inglaterra, donde continúa su carrera como letrista, cantante y fotógrafa de varios proyectos musicales. Ha diseñado y fotografiado portadas para varias agrupaciones musicales inglesas.



Rito

Cosechar las mieses del verano europeo; andar millones de kilómetros sólo para olvidar que nos hemos perdido.
La capa ondeando al viento. Escribir los sueños olvidados en la superficie craquelada de un papiro egipcio.
La taberna huele a jabalí asado  untado con manteca y a cerveza de brezo.
El hombre enjuto se dispone a tocar su arpa y contar una historia antigua sobre héroes y doncellas amantísimas.
La noche se cierne estrellada sobre el poblado montañés donde reposarán mis huesos.
Me he olvidado el odre a mitad del desierto  creyendo haber encontrado un oasis: se hallaba reseco.
Veleidosas ciudades perdidas para siempre en oscuros abismos marinos. Cantos y leyendas que jamás volveremos a escuchar.
Templos vitrificados, cuerpos calcinados.
La historia de mi gente sepultada en las eternas arenas del Thar.
Esta noche me verás danzar desnuda bajo la luna de Beltane. Punzaré mis manos y con la sangre crearé un círculo espeso sobre la arena. Después uno a uno se irán encendiendo los fuegos de la comarca y se quemarán los pertrechos del año que muere. Esta noche me verás copular con árboles, bestias y hombres de piel oscura. Aullaremos a los astros hasta que la ignición del alba nos deshidrate el corazón. Mitra preparará un potente brebaje para fortificar los músculos cansados, para que la orgía continúe aún ocho días con sus noches.
Esta tarde me llamarás madre y hermana y te fundirás con mi carne, derramarás tu esencia en mi vientre para que el universo vuelva a nacer. Después nos perseguiremos hasta el mar para purificarnos y volver a las antiguas costumbres.
Construiremos un palacio de alabastro, jade y coral, cincelaremos  en sus muros una nueva cosmogonía.
La festividad toca a su fin. Puedo sentir mi vientre ensancharse de vida. Dibujas con henna un sol cuyo centro es mi ombligo. Despeino tu endrino cabello y beso el Cánopus de tu frente. Afuera los magos aguardan con cofres de mirra y oro. El incienso colma mis sentidos, los agudiza.
Hoy es el día propicio para hacer promesas de eternidad y posesión; en una copa bruñida mezclas mis fluidos con los tuyos: bebo, bebes, el rito: consummatum est. El cielo y la tierra vuelven a compartir el mismo lecho nupcial. Hemos asesinado a la Guerra.


Taylor

Taylor se recostó en el pasto para contemplar por última vez el cielo de aquel fragmento de universo sin colonizar. Mañana llegarían cientos de astronaves repletas de científicos, obreros y renombrados miembros del ejército imperial.
Aún podía saborear las cerezas que había recogido en el bosque al amanecer.
Mi mundo aún huele a manzanas y sidra, aún es feraz y dadivoso”, pensó mientras un líquido amarillento  escurría  por su acerada mejilla dejando un rastro de diamantina ámbar que reflejaba los dos soles.
“Mañana todo esto habrá muerto. No hay quien detenga al Imperio en su titánica empresa”, reflexionó con tristeza.
Se sumió en sus pensamientos y recordó que se había olvidado de reprogramar su sistema digestivo; ahora sólo podría beber el aceite azul durante una semana.
Después de una breve siesta se levantó y caminó rumbo al huerto del hospital. Todos los goznes de su cuerpo rechinaban.
¿En qué momento, Tylor se había hecho viejo? ¿En qué momento su modelo se había vuelto obsoleto?, se preguntaba una y otra vez. “No soy más que una chatarra pensante”, se dijo mientras una milésima parte de su cerebro analizaba la temperatura y la humedad del ambiente sin que él le diera importancia.
“¿Cuántos datos inútiles llegan a mi banco de memoria a cada instante? ¿Cuántas vidas humanas están registradas, analizadas y archivadas en las finas celdillas de titanio que me conforman?” Estas interrogantes lo inquietaban con frecuencia. Se sentía cansado.
Entró al comedor. La sopa de tomatillo estaba servida. Era una pena, pues ya no podría comerla. Ángela le reprochó el haberse demorado en la recolección, Gunther y Esperanza ya estaban en el segundo plato y Miller en el postre.
En ese mundo maravilloso sólo quedaban ellos cinco. Ahora que todos los humanos habían muerto, ya no tenían a quien cuidar, en consecuencia, el hospital ya no tenía sentido. Tal vez por eso, después de mil soles de calma, el Sistema Galáctico de Conquistas escogió aquel paraíso para construir la futura Deidad Imperial.


Ocio: Atisbos de libertad

Los ágiles dedos desgarran el vacío de la pizarra: blancas cifras: fórmulas: ecuaciones: qué sé yo. No miro las huellas del gis, me hundo en el vacío verde oscuro, verde oscuro.
El golpeteo del bolígrafo sobre el pupitre opaca la retahila cada vez más incomprensible de la maestra. En una esquina del cuaderno surgen, secretamente, sus lentes, su nariz, sus labios, y una palabra que la desenmascara. En menos de lo que me percato ya estoy en el pasillo, fuera del salón, expulsada por ofender la fisonomía de la bruja. Y ahí estoy, una vez más, escurriendo la tristeza de la tinta sobre el papel: mi primer poema.
Y en Historia sucedía lo mismo. Justo al borde del tedio, de no querer oír más sobre beneméritos y caudillos que mueren y renacen durante el infernal disco rayado de primero, segundo y tercero de primaria, secundaria y bachillerato; mi mano me arrastraba hacia el hipnótico carrusel de las letras hasta que nacía un verso o tal vez, en el vaivén de las líneas, un hada o una sirena.
Las tardes se fueron disipando en las aceras donde me sentaba a padecer y me dejaba seducir por la volumetría, la esencia, la cinética y la estética fantasmagórica de aquellos paseantes que nunca volvería a ver.
Y ahí estoy, en algún bar encendiendo mi primer cigarrillo y libando mi primer vino, hastiada de escuchar colores de uñas, de labios, de vestidos y zapatos con los que, según me dicen, conoceré al amor de mi vida.
En esos intervalos sólo anhelas no ser una etiqueta, no participar en la misma guerra: destacar para encontrar o ser encontrada. Prefieres perderte una vez más en lo verde, pero ahora no en el oscuro y vasto del pizarrón, sino en un verde brillante y vertiginoso y ruedas sobre él marcada con un número, un color, golpeada por otro número y otro color que tú misma te has lanzado para precipitar tu caída en la buchaca donde recoges tus años: fragmentos de arco iris manchados de azul: tiza que embadurna la punta de tu felicidad. El ocho redondo y negro se despeña y marca el final de la partida.
En un fragmento del papel que envuelve los cigarros o en el revés de la etiqueta del tinto, tu lápiz labial, con el que tal vez encontrarías marido, sangra un mensaje, te lo sangra; mientras, el verde pasto escolar, el verde pizarra, el verde limo invadiendo la acera y el verde fieltro de la mesa de billar te succionan, te abisman y alcanzas a leerte en las grasientas letras rojas que tus dedos frotan: quería ser libre.


Escapismo

Distensión oblicua merodea entre nocturnas incertidumbres.
Las compuertas del rostro androide se abren y se cierran: blink, blink: nos vigila.
Dibujamos figuritas sobre una loseta con la mostaza que sobró del almuerzo.
Fingimos ignorar el voyerismo de las máquinas: meticulosas registran cada trazo para los anales del psiquiatra.
No saben que hemos practicado mucho tiempo...
Damas y caballeros, humanoides y robots, ¡esta es la Gran Noche!
Ahora, vuestros vacuos ojos serán testigos de un prodigio: ¡mi desintegración molecular!


La despedida

Camino sobre el terreno abrupto con incierto paso. Llego hasta la enormidad metálica del puente. Me recargo en la baranda para contemplar la ciudad en llamas. El río humea. Sin prisas me desabotono la blusa y la arrojo al vacío. Arrojo las sandalias, la falda arrojo. Saco del bolso una pequeña navaja. Corto mis bragas. Se deslizan. Caen sobre el pavimento. Salto y disfruto la caída. En las quemadas aguas me sumerjo, me purifico, emprendo el vuelo, me desvanezco en el belicoso y turbulento cielo.


Sitio web: http://maryellfinisterre.com

sábado, 7 de marzo de 2015

Rafael Fernández Flores



Rafael Fernández Flores (Ciudad de México) es doctor en ciencias y profesor de francés y de español para extranjeros. Es autor de los libros: La Ciencia es Juego de Niños, Para Conversar de Ciencia, Historias de la Historia del cómputo en México, Dime abuelita Por qué  y de las colecciones de cómics del mismo nombre. Es editor de los libros: La Química en la Sociedad, Computational Fluids Dynamics, Tecnología en la educación y Un lustro de UNETE. Su obra de ficción ha sido publicada en Minificcionistas de el Cuento Revista de Imaginación (antología en homenaje a Edmundo Valadés) y Eros y Tánatos (cuentos sobre el amor y la muerte). Ha obtenido los siguientes reconocimientos: Mención assez bien en sus estudios de posgrado, Mención honorífica de la revista PC semanal en el Premio a la Excelencia en el uso de la informática, Medalla Max Shein al compromiso con la educación y Mención honorífica del Club de Periodistas por su trabajo como divulgador de la ciencia.



Coherencia

Nos gustaba, al terminar de hacer el amor, recostarnos con la cabeza colgando en el borde de la cama  y ver el mundo de revés, porque sólo visto a la inversa tenía sentido para nosotros.


Gourmets

Y ahí estaban desayunando, después de haberse comido a besos.


Renuncia

Tuve nueve vidas antes: revolucionario, inventor, rockstar, gobernante... en ellas aposté a la locura compulsiva del amor y perdí. ¡Vete, mujer!


Humildad

No me gustan los engreídos dijo ella.
Yo soy el menos engreído de todos los hombres respondió él.


Turibús

Íbamos a ningún lado, nos deteníamos en cualquier parte y terminábamos en el lugar de siempre, amándonos como nunca.


Contacto: erreefeefegmail.com
Página web: Desarmando la Mafia