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viernes, 23 de agosto de 2013

Lucero Balcázar


 Lucero Balcázar nació en la Ciudad de México. Es poeta, pintora y dramaturga. Ha publicado los libros María Luciérnaga y Semillas para la Ciudad (ambos en Editorial Alas de Libro, 1997), Piel de Poema (Letras Lúdicas, 2002), Amores Carniceros (Letras Prohibidas, 2003) y Mi Caníbal Poeta (Metáforas Prohibidas, 2005). Es autora de la obra de teatro Caja de ReZonancias, que se escenificó en la Casa del Lago de la UNAM y el el Gran Teatro de La Habana, Cuba, en 2004. Se han realizado exposiciones individuales de su obra pictórica en la Universidad Pedagógica de Santiago de Cuba (2005) y en el Centro Cultural de Juchitán de la Ciudad de México (2006).



San Fornicio

A las afueras de San Fornicio florece rabiosamente el mentado "AMOR", mismo que, El Loco lo grita, El Poeta lo escribre, Los Xoloescuincles lo persiguen en pareja, en tríos o de plano en manada; hasta Las Paredes prestan sus pieles o sus castillos a Los Graffiteros para que lo llenen de tags. Pero al caer el viejo terciopelo de la noche, aparece los que ellos llaman "El Maligno", es decir un encorbatado que se hace llamar, de lunes a viernes: Psicoanalista, Siuiatra, Sacerdote, Rey, Dios. Sábado y domingo descansa cobrando implacable: Sus Derechos de Autor de Ajustador de Cuentos...


Ajuste de cuentos a modo de Efraín Huerta

No sé si es sangre o rellena lo que le duele a mis venas. Yo pequeño dios, diosa del tango en Ciudad Perra Amarilla, aúllo pues no sé cómo ajustar este cuento llamado “familia” a la que me dan cada vez más ganas de mandarla a echarle semillas a la poeteada. 


Ángel negro

Cerraste tus alas y yo me quedé allá adentro, recitándole poemas rojos a tu carne negra.


Yeyamá

Sobre el Malecón de La Habana, sigo el dulce rastro de los hijos de Yemayá: siempre mojados y en celo.


Penelopeana *

Las telarañas sirven para curar heridas. Son gotas de tiempo. Hilvanaesperaza. Punto atrás con golondrina. Eslabón, puntadas en cadena de tarantabuelas. Madresviudanegra  o de pequeñas hijas  que sobre la cabeza dan suerte.
Redes donde brincar y volverse niño. Arpaballet de Mariquitas y Vanessas. Hilos del pañuelo de un pirata. Hamaca sepia del atardecer. Bálsamo que los sacristanes y las beatas insisten en quitar. Óleoantigüedad. Hímenes de esquinas, estrellas y cometasniñas. Cataplasmaluna.
En los telerañarios se gestan los nuevos soles. Flores de la quinta estación que se cosechan en un día de lluvia y sirven para curar heridas.

Sitio web:  http://lucerobalcazarpoeta.blogspot.com
Contacto: lucerobalcazar@hotmail.com

*Texto publicado en "El Cuento, revista de imaginación".

lunes, 5 de agosto de 2013

Marco Antonio Campos


Marco Antonio Campos. Poeta, narrador y ensayista mexicano nacido en Ciudad de México en 1949. Licenciado en Derecho por la Universidad Nacional Autónoma de México, fue lector en las Universidades de Salzburgo y Viena de 1988 a 1991, profesor invitado de la Brigham Young University en 1991, y catedrático en la Universidad Hebrea de Jerusalén en 2003. Ha sido además, director de Literatura de Difusión Cultural de la Universidad Autónoma, director en dos épocas del periódico de Poesía y coordinador del Programa  de Humanidades de la misma universidad. Ha dictado cursos sobre poesía y literatura en varios países de América y Europa,  ha sido cuatro veces becario del Colegio Internacional de Traductores Literarios de Arles en  Francia, y miembro de la Académie Mallarmé en el mismo país. Es traductor de muchos autores, entre los que se cuentan, Baudelaire, Rimbaud, Gide, Artaud, Saba, Ungaretti, Quasimodo y Trakl. 
Su obra ha sido galardonada en México con los premios Xavier Villaurrutia y Nezahualcóyotl, en España con el Premio Casa de América y Premio del Tren 2008 Antonio Machado, y en Chile con la Medalla Presidencial Centenario de Pablo Neruda. Su poesía está contenida en los siguientes libros: Muertos y disfraces (1974), Una seña en la sepultura (1978), Monólogos (1985), La ceniza en la frente (1979),  Los adioses del forastero (1996), Viernes en Jerusalén (2005), Árboles (2006)  y Aquellas cartas  (2008).



La ciudad de la poesía

a Raúl Renán

¿Por qué no construir una ciudad donde plazas y calles, jardines y edificios públicos, dejen de tener nombres de próceres sospechosos de heroísmo o de políticos con las manos llenas de sangre? Que los nombres de comercios y almacenes y cines y teatros y clubes se correspondan estéticamente con el edificio, para que quienes caminen no se defiendan en su interior ante lo desagradable o lo feo. Que quienes no respeten el llamado a la belleza sean expulsados a otra ciudad, lejos de la sabiduría de los árboles y de las informaciones de viaje que redactan los pájaros. Como en Florencia resuenan en muros versos de Dante, en Verona de Shakespeare y en Salzburgo de Trakl, que los muros de la ciudad sean páginas donde, perfectamente repartidos, se lean versos de una antología del tiempo.


Matar al Minotauro

a María Luisa Burillo

Para la lucha con el Minotauro el hombre se preparó como nunca. Sabía que de no vencer su ciudad no llegaría a tener jamás grandeza y gloria. Afuera del laberinto la hija del rey esperaba. Dándose valor, calculando su fuerza, ahora que veía venir al Minotauro con toda su furia concentrada, el hombre se imaginó un instante con la joven en la llanura seca de su región munífica de higueras y de olivos, de vides y de espigas, en los meses de violento sol o en la tibieza del otoño. Eso le dio más fuerza.
La batalla fue terrible y muchas veces dudó de su victoria, pero al fin golpeó con tal fuerza al Minotauro, que lo hizo padecer cruelmente por cada crimen cometido.
Con la alegría del vencedor buscó el hilo que la joven le dio para salir. El hilo no estaba. No le importó hallar de inmediato la salida. Conocía de laberintos y salir de éste sólo costaría más tiempo. Comprendió que la mujer se creería engañada. Pero cómo explicarle que no.


En el diván

¿Pero que ha hecho usted con sus sueños?, preguntó con perplejidad el psicoanalista después de corroborar que el paciente no recordaba una sola imagen de ellos.
Los enterré. No sé dónde. No quise que los sueños fueran la prolongación de una vida desdichada.


Crepúsculos en Arles

a Alicia Avilés (IM) y
a Mariela Cuervo

Al forastero le gustaba caminar a las orillas del Ródano en los crepúsculos estivales. Se deleitaba mirando cómo el sol poniente creaba en el cielo y en las aguas unas tonalidades delicadísimas de malvas, de índigos, de anaranjados, de rojos, como si Monet los acabara de pintar. El claro verdor plata de los vigorosos plátanos comenzaba a tornarse sombra y gris. Árboles macizos para contraponer al mistral furioso, que parece reunir en instantes a los 32 vientos. En el cielo las golondrinas ensayaban todos los vuelos imaginables: verticales, en sesgo, en círculo, en disparo, en picada, a ras del agua... ¡Y qué felicidad cuando en el grito volaban anunciándonos que el otro día sería soleado y bello!


El enfoque de los hechos
(Carta a un historiador universitario)

Me pregunta usted si es posible comprobar científicamente el lugar exacto donde yacen los restos de Cuauhtémoc y de Hernán Cortés. Creo serle de poca utilidad. A través de los siglos los huesos del último tlatoani aparecen donde mejor pueden y se les declara siempre fidedignos; lo mismo los de Cortés, que ahora se encuentran a resguardo, hasta mejor noticia, en el Hospital de Jesús de ciudad de México. Esta trashumancia de los 85 restos de ambos la tomó Pablo Neruda como uno de los argumentos terminales para probarse a sí mismo que México era el último de los países mágicos.
Como usted sabe, Cuauhtémoc fue muerto a manos de los soldados de Cortés durante el viaje a las Hibueras en 1524, el cual Cortés realizó buscando vengarse de Cristóbal de Olid y dar nuevas tierras a la corona española. No necesito darle las varias versiones de su muerte, justificando o culpando a Cortés, porque usted ya las expuso con rigor en las páginas finales de su libro; sólo quiero apuntarle que desde entonces los restos de Cuauhtémoc aparecen, como fantasmas en pena, en lugares que ni a usted ni a mí se nos ocurriría hasta hoy que existieran. Algo puedo decir con plena convicción: los restos de Cuauhtémoc han viajado mucho más de lo que el propio Cuauhtémoc viajó en vida.
Por demás usted se halla en lo correcto al querer que su libro, como se exige en los institutos universitarios, tenga un carácter científico riguroso. Al leerlo y releerlo lo corroboré y aplaudí su paciencia y su esfuerzo. En base al rigor científico de su estudio, apenas me permito hacerle una sugerencia: iniciar su libro con la historia de San Jorge y el dragón.



Todos los textos fueron tomados del libro El señor Mozart y un tren de brevedades, y gentilmente autorizados por su autor.

domingo, 2 de junio de 2013

Judith Castañeda Suari


Judith Castañeda Suarí (Distrito Federal, 1975). Ha escrito los libros La distancia hasta el espejo (Premio Nacional de Literatura Joven “Salvador Gallardo Dávalos”, 2005), Dios de arena (Premio Nacional de Cuento Joven “Alejandro Meneses”, 2007) y Aire negro (Premio Nacional de Narradores Jóvenes “María Luisa Puga”, 2007). Participó en la exposición Volcanes, explosiones de poblanidad, y en las antologías La muerte es un sueño (2009), Puebla directo, 15 relatos de la ciudad (2009), Antología mínima del orgasmo (2010), Volver a los diecisiete, cuentos de lolitos (2010) y Piezas cambiantes (2010). Fue alumna en talleres de cuento a cargo de Beatriz Meyer, Alejandro Meneses y José Prats Sariol. Ha sido becaria del Fondo Estatal para la Cultura y las Artes en 2006 y 2009. Publica en suplementos culturales locales y en la revista Crítica.



Desobediencia

Un día, al fin, se atrevieron a entrar en territorio vedado por la voluntad del creador. Descubrieron varios pares de alas asomándose entre barrotes de oscuridad. Era cierto entonces: existió un cielo anterior y el nuevo, donde moraban, había sido alzado por los expulsados de los abismos.


Narciso

Terminó por amarlo aunque lo vio sólo unos segundos, más allá del cristal, mientras alisaba sus cabellos. Cuando su mirada castaña estaba a punto de alejarse no pudo soportarlo y lo tomó de la mano. Permanecerían juntos siempre. Desde entonces él está a su lado, frente a aquel edificio, sin desviar los ojos de la ventana.


De sangre azul

Voy a limpiarlo en cuanto acabe de pintar el cuarto, dijo después que los vecinos señalaron el camino de huellas azules a medio patio, la brocha todavía goteando pintura. Por la noche, más de tres Pegasos nacieron de esas huellas y abriendo unas alas ultramar, se perdieron en el índigo del cielo.


Rebelión


“Ni creas que voy a permitirlo, sé lo que ocurrió con la otra y no quiero sufrir un destino igual”, se quejó, aferrándose a su sitio. Él no tuvo más remedio que desistir. Y entonces, luego de muchísimos años, Dios expulsó al hombre del Paraíso, otorgándole la muerte a un Adán solitario, sin hijos.

domingo, 26 de mayo de 2013

Enrique González Rojo


Enrique González Rojo Arthur nace en 1928 en Ciudad de México. Ha recibido el Premio Xavier Villaurrutia en 1976, por el libro El quíntuple balar de mis sentidos y el Premio Nacional de Poesía Benemérito de América en 2002, en Oaxaca, por el poemario Viejos, entre otros. Integrante del movimiento Poeticista en los años 50, junto con Eduardo Lizalde, Marco Antonio Montes de Oca y Arturo González Cosío. Ha publicado innumerables libros, entre ellos, Para deletrear el infinito, extenso poema compuesto por múltiples libros; El Junco, Reflexiones sobre poesía y Poeta en la Ventana (Versodestierrro, 2008). En filosofía, Para leer a Althusser (1974), Teoría científica de la historia (1977), La Revolución proletario-intelectual (1981) y Epistemología y socialismo (1985), y recientemente En marcha hacia la concreción. Es una de las plumas más profundas e incisivas de las letras mexicanas.



Pozo

El abuelo se tiró al pozo y había que sacarlo. Los nietos, presurosos, le arrojamos una cuerda, y le gritamos que se agarrara fuertemente a ella para empezar a subirlo. Pero después de un gran esfuerzo sólo salió a la superficie el saco del abuelo. Tornamos a gritar y a arrojar otra vez la cuerda y sacamos los zapatos, los tirantes y la corbata del viejo. Su voz permanecía abajo, reticente. Después obtuvimos la camisa, los calcetines, la ropa interior y una fotografía de la abuela. Todavía se escuchaba su voz, pero como alejándose de nosotros en dirección al silencio. Arrojamos por última vez la cuerda y lo único que logramos sacar fue la sonrisa del abuelo.


Mensaje trunco

Este texto no está dirigido a ustedes, lectores. No se hizo pensando en unos destinatarios concretos o abstractos. Ya sé. No necesitan decírmelo: todo esto resulta un embrollo ya que, aunque no fue creado para el público en general, no puede prescindir de vosotros. Creo que no soy claro. Pero no importa. Déjenme continuar. Como fue escrito para un solo lector (o mejor lectora) en esta narración voy a aludir a temas que nadie va a entender por la sencilla razón de que no sabe a qué aluden. Voy a hablar, por ejemplo, de un acuario, de un pez globo y de una anguila siempre acompañada de su hermana menor. ¿Verdad que no se entiende? Y así por el estilo. La destinataria se perdió o se volvió invisible hace muchos años, pero sé que si doy a conocer esta narración hay cierta posibilidad de que llegue a sus manos y entonces la intención con que redacté este texto, como una pregunta que encuentra los brazos abiertos de la respuesta, se verá por fin recompensada. Por eso este minicuento o lo que sea quiero que se dé a conocer con bombo y platillos, que muchos lo lean aunque no sepan de qué diablos está hablando y que caiga finalmente en los ojos de mi lectora.

P.D. Mas, ay, ayer me enteré por un amigo que mi lectora potencial falleció hace mucho tiempo. El texto es, entonces, la encarnación del sinsentido; sólo representa una pérdida de tiempo para todos, y no hay por qué hablar de él. Es una voz clamando en el desierto, el puñado de frases de una tinta sin alas.


En torno a un asesinato

Al mismo tiempo que Poirot decía: nunca hay que dejarse llevar por lo obvio, el mayordomo limpió con un trapo el revólver y el botón de la puerta, corrió a su casa a sembrar en una maceta los laureles de su crimen perfecto.


Consejo

¿Dices que vas a intentar la narración erótica? murmura la amante entre las volutas de humo del cigarrillo post festum. Y añade: dada tu tendencia a la  eyaculación precoz, creo que triunfarás en tu empeño si te esfuerzas no en hacer novelas o cuentos, sino sólo minicuentos, cariño.


Deslinde gramatical

Aunque algunos los confunden, pez y pescado no son lo mismo. Todo pescado es un pez, pero no todo pez es pescado. Peces son lo que en los mares, los riachuelos o los lagos son dueños de sus giros, sus aleteos de ángeles mojados, la madeja indescriptible de sus rumbos. Pescados, los que con las redes o cañas de pescar son arrancados de su medio y pasados por las armas del oxígeno. Los peces condenados a recorrer sin descanso el círculo infernal de una pecera, también son pescados, víctimas del salvaje esteticismo de los ojos. Lo que hace, en fin, al pez diferente al pescado es la libertad, el ser una criatura que no sufre prohibiciones ni espacios acotados, el que, embarcado en su propia independencia, no padece los grilletes o el cadalso de las manos del hombre.



lunes, 12 de noviembre de 2012

Manuel Lino


Ciudad de México, 1965, cuentista y periodista. Estudió las carreras de Biología, en la UNAM, y Música y Guitarra Clásica, en el CIEM. En 2002 gana el XXXI Concurso Latinoamericano de Cuento Edmundo Valadés; ha obtenido también el Nacional Ciudad Ecatepec con el libro Números para contar. Desde 1989 es colaborador del periódico el conomista.
No tan breve reflexión

Después de mucho leer y meditar, he llegado a la conclusión de que no hay peor necio que quien se cree capaz de encerrar mucha sabiduría en una sola frase. En dos ya es otra cosa.

Descorazonado

Tratar de escribir con el corazón en la mano puede dificultar el empleo del teclado, la estilográfica, el bolígrafo e incluso el lápiz. Y no estoy seguro que el esfuerzo merezca la pena.

Dicho

En casa del herrero, oídos sordos. Ah, pero eso sí, a palabras necias, azadón de palo.

Consejo

Tú síguele la corriente y despiértate temprano, le recomendaron al camarón somnoliento. Pero él soñó que era un salmón y jamás quiso despertar.


Traición

Mi memoria me engaña contigo.

Contacto: mlino@eleconomista.com.mx

domingo, 9 de septiembre de 2012

Odeen Rocha


Nacido en la ciudad de México en 1980, es Licenciado en Comunicación por la FES Acatlán, UNAM. Ha trabajado en el negocio del entretenimiento desde el inicio del siglo XXI y desde hace 5 años también se dedica a la escritura de cuentos y poemas breves.
         Ha participado en antologías de cuentos como Innombrable Fantasía y ¿Amor? bajo la coordinación de la escritora Sandra Becerril en Ediciones Shamra; Vamp Fest y Antología Mexicana del Zombie junto con Carlos Camaleón en El Under Ediciones. Además de estar incluido en antologías como Monstruo a Muchas Manos y Grageas 3, coordinadas por Sergio Gaut Vel Hartman para Ediciones Andrómeda, en Bs As Argentina.
         En octubre de 2010 coordinó la publicación independiente de su primera novela en la que es coautor: Alice in Limboland, en la que se presenta una adaptación moderna del cásico de Lewis Carroll ,donde la rubia Alice emprende una aventura luego de ver a un extraño conejo negro con pinta de Dj en su lujoso patio trasero…
         Actualmente se gana la vida entre películas, directores y hartos monstruos marinos.
         Escribe en su blog personal http://www.odeenrocha.com/ y participa en varios talleres de literatura y blogs de microficción junto con autores de Latinoamérica y España.
         Además es peludo.


Amor Relativo

Un día una novia me pidió tiempo y espacio. Quería trabajar, dijo, en ser una mujer con un físico impresionante. Tristemente, terminé por concederle lo que quería. Me dolió mucho perderla, sus curvas eran de lo más lindas y sus ojos, negros y muy profundos. Finalmente se fue y no supe más de ella. Desapareció sin dejar rastro.
         Años después, descubrí su fotografía en un viejo diario: la muy perra había vuelto al siglo XX para casarse con Einstein.

Seven

I
Cuando el diamante se posó en el zurco se escuchó la detonación. Su gesto se torció y lanzó un grito ahogado.

II
Ella miraba desde el rincón mordiendo delicadamente su labio inferior: por fin se había deshecho del bastardo.

III
La melodía, sobria y sensual, sonó solitaria, como cuidando celosamente el cuerpo sin vida. Un viento helado inundó la estancia…

IV
El aroma a pólvora escapó hacia el exterior mientras el brazo rebotaba fuera del disco produciendo un tronido. Silencio.

V
El pequeño nunca conocería a su padre, pero tampoco olvidaría esa tonada.

VI
Lo mató, pero no es una criminal.

VII
Por desgracia, sólo podía matarlo una vez.

Última expedición

Cuando el explorador llegó al fin de la Tierra descubrió para su sorpresa que el mundo no era sostenido por una gran tortuga, sino por un enorme, amarillo y sonriente patito de hule. Decidió no volver jamás a informar su hallazgo y se quedó a tomar un buen baño de tina.

Serie: Dinosaurios
-Bullying jurásico

En una dimensión alterna hay un pobre tiranosaurio adolescente al que sus amigotes molestan llamándole “El Manotas Rex".

-Educación brevísima

Cuando era pequeño, “Manotas Rex” asistía a la preparatoria “Monterroso”, en los valles inhóspitos de Pangea. Era tan listo que la acabó en breve.

-Escépticos

Entre los estudiantes de la Preparatoria Monterroso, los dinosaurios son discriminados cuando dicen que “no sólo del huevo viene el dinosaurio”.

-En el principio

Cuando el dinosaurio despertó, Monterroso se había quedado dormido.

-Público difícil

En la Preparatoria Monterroso no es fácil ser un escritor famoso; por ejemplo, “Manotas Rex” jamás ha recibido un aplauso en sus recitales.

-Encubrimiento capilar

Lo del meteorito fue un pretexto de la prensa jurásica, los Tiranosaurios menguaron por una epidemia pangénica de comezón por piojos prehistóricos.

-La microficción nunca existió

Cuando Monterroso despertó, el dinosaurio ya no estaba ahí. Había salido por cigarros. Nunca volvió.


domingo, 15 de julio de 2012

Abril Albarrán


Abril Albarrán nació en la Ciudad de México en 1987, pero se crió en Cd. Nezahualcóyotl. A los 11 años comienza a vincularse con el arte, siendo la pintura al óleo la primera relación. Actualmente estudia la carrera de Creación Literaria en la Universidad Autónoma de la Ciudad de México (UACM). Trabajó en el proyecto universitario Ecos de la imagen (libro interactivo de videopoesía). Algunos de sus poemas han sido publicados en el Periódico Echando Lápiz (Colombia), en la antología del taller literario de Hugo Hiriart: Cada Chango a su Mecate, en la revista literaria El Perro (México), en la antología One Hundred Poets Plus (Inglaterra) y en la antología Las Voces de las Mariposas del XIX Encuentro de Mujeres Poetas en el País de las Nubes.



Chat

Antes de ir a la ducha de media noche, me sentaré sobre las boronas de luz que dejan las estrellas, esos faroles cósmicos alimentan los paneles de mi imaginación. Escribiré sobre la hoja color manila en mi libreta. Me aterra el papiro electrónico con esa decencia blancuzca que irrita el iris y no me permite disfrutar de la sincronía gráfica que se suscitará. El marcador y las alertas de tus mensajes me estresan porque me ándalean, hacen perder el ritmo para insertar las letras. ¡Peor!, si al final, el esfuerzo en el display de este trauma haga corto circuito, digo, por una alerta de virus. Mejor, sigo mi camino a la regadera, de todas formas ya te has desconectado.


Insomnio

El espejo trazó una silueta que deambulaba en su reflejo. Destellos azulados a través del pasillo. El sueño fue la salida de emergencia.


En el escritorio

Un ramo de orquídeas putrefactas aromatiza el cuarto. Asomas la cabeza por la ventana para arrojar un suspiro. Pero te asombra encontrarte en la vereda siendo asesinado por la apatía.


Aislamiento

La sensación de humedad en mi cuerpo me despierta de un sueño profundo que desde hace horas trato de concebir. Giro a mi derecha, doblo un poco mi dorso para alcanzar a ver el reloj que está sobre el escritorio. Todavía es temprano. Entonces decido quedarme otros treinta minutos para seguir saboreando lo tibio de las sábanas. Me acomodo nuevamente. Arreglo las sábanas, el edredón, la almohada; mientras la sensación de humedad me arrulla. Ahora me despierta el eco de un estruendo. Percibo que alguien está saliendo de la casa. Abro los ojos por segunda ocasión. Trato de enfocar la mirada en el reloj pero por más que parpadeo veo borroso. Tallo mis ojos, no da resultado. Decido levantarme de la cama, pero mi energía sólo me da para sentarme sobre ella. Fijo la vista en las cortinas que son bañadas por los rayos del sol. Bajo la mirada para tratar de ponerme las pantuflas. Mi aleta es muy resbalosa y grande, no cabe en ellas. Gana la desesperación. Nado hacia el pasillo.


De un pensamiento —patético—

Escurrió una palabra como un sueño. Al estrellarse con el suelo, implantó una resonancia e inmediatamente paralizó todo a su alrededor. Lo mantuvo así por un lapso eterno. Y por cada vibración obtuvo un fragmento de mis emociones, revelando una imagen del reflejo que teme mostrar mi pasión oculta. ¿Qué pasará cuando el espejo no me reconozca?



domingo, 1 de julio de 2012

Héctor Marcial Ugalde


UCH, también conocido como Héctor Marcial Ugalde Corral, nació un día del año 1957 en la Ciudad de México. Estudió la Licenciatura en Informática con especialidad en Ciencias de la Computación en UPIICSA, IPN. Escribió en la revista Personal Computing México por cuatro años (1994 a 1998) la columna mensual "El lado oscuro" sobre virus y seguridad, de manera amena y en forma de diálogos entre un usuario, un cracker y un hacker. En esta revista, además le publicaron cuatro cuentos de ciencia ficción. Fue editor del año 1996 al 2001 de la primera revista sobre Internet en México Link La guía para navegar Internet de editorial Sayrols. En el 2008 realizaron un cortometraje sobre una adaptación de su cuento de ajedrez "Mi turno".
Sintetiza en breves palabras su pasión por los temas que lo obsesionan: sueños (y despertares), recuerdos (y olvidos), espejos, laberintos, ajedrez, el amor, la música, la vida y todo lo que se le atraviese en la curiosidad, por lo que tiene también blogs especializados en libros desplegables pop-up y en placas de autos entre otras muchas cosas que lo hacen vivir feliz para casi siempre.



¡No es lo que parece!

—¡No es lo que parece! —dijo el espejo, al ser sorprendido en su primer acto irreflexivo.


Pasatiempo reflexivo

Le gustaba jugar a encontrar las diferencias entre el espejo y la realidad.
Observaba concienzudamente el mundo real y lo iba comparando detalladamente con la imagen reflejada en el espejo.
Disfrutaba enormemente el ir marcando pacientemente las diferencias con tinta indeleble.
Así, el mundo se iba llenando gradualmente de más marcas e imperfecciones, y se iba alejando más y más de la imagen perfecta e inmaculada del espejo.


¿Le temes a la obscuridad?

—¿Le temes a la obscuridad?
La pregunta provoca que recuerde el cuerpo postrado en la cama en aquella habitación siempre entre las sombras. La mano colgando, que yo abrazaba y que me acariciaba. La voz que sonaba más débil, aunque todavía con fuerza...  
—¿Le temes a la obscuridad?
—No —contesto—. Mi abuelo vive ahí.


Destino inevitable

Él moreno. Ella rubia de ojos azules.
Ella directora de una empresa transnacional. Él desempleado.
Él apenas terminó la educación primaria en escuela pública. Ella estudió un doctorado en una universidad extranjera.
Ella estrenando un Mercedes Benz del año. Él milagrosamente avanzando en su Vocho de 1985.
Él por la calle de la amargura. Ella por la calle de la soledad.
Ella distraída por su llamada por celular. Él absorto en los rayos de sol que se filtran por las nubes.
El choque era inevitable...


Había una vez... Una...

Había una vez... Una, porque dos sería una historia repetitiva.
Un rey. Uno, porque dos sería la guerra.
Quien estaba casado con una reina. Una, porque dos sería un drama.
Tenían una hija princesa. Una, porque dos sería un lío.
La que estaba enamorada de un caballero. Uno, porque dos sería telenovela.
Al que le pusieron la condición de matar a un dragón. Uno, porque dos sería labor titánica.
El héroe tuvo una idea. Una, porque dos sería mucho pedirle.
La de usar una espada mágica única. Una, porque dos ya no la harían única.
Con la que le quitó la vida al dragón. Una, porque el dragón no era gato.
Entonces se realizó la boda. Una, porque dos sería delito.
Y vivieron felices para siempre. Uno, porque dos siempre sería algo así como dos infinitos. (Aunque sí fueron felices los dos).
FIN. Uno, porque dos finales sería cerrar el final abierto.


Noticia de última hora

Apocalipsis Now.


Página web: Abrapalabra mágica

sábado, 16 de junio de 2012

Fernando Reyes


Fernando Reyes (México, D. F.). Estudió la Maestría en Literatura Mexicana en la UNAM. Becario de la Escuela de Escritores de la SOGEM. Ha sido profesor por 20 años (desde niños que escriben cuentos hasta universitarios que redactan su tesis). Ha compilado y editado una decena de antologías literarias (con temas como besos, fiestas, perros, perversiones, groserías y esperanzas). Ha escrito poesía (El pez goloso de tu lengua, Y el corazón apalabrémonoslo), cuento (No somos tiernas las suripantas), minificción (Cuentos para incendiar la oscuridad), novela (La filósofa, la jinetera y el Comandante, ¿Quién mató a la maestra Rosita?), crónica (Boleros y tánatos, Escritores y otras monstruosidades) y ensayo (Si este silencio hablara, Escribir desde dentro). Escribió el primer libro comible y más cuentos infantiles. Ha escrito en publicaciones institucionales y marginales. Disfruta lo mismo leer en la UNEAC de Cuba que en el antro gótico Dadá X, en la Universidad de Texas que en la cárcel de Santa Martha, en el Palacio de Bellas Artes o en el metro Bellas Artes.



DAÑADOS

Les dije que yo no era lo que habían planeado. Les dije que no esperaran tanto de mí. Les dije que no era el padre perfecto. Les dije que yo también tenía debilidades. Les dije que no me presionaran. Les dije que explotaría tarde o temprano. Les dije que no me dejaran solo. Les dije no que me incendiaran de coraje. Les dije que no pagaran el recibo del gas. Les dije que no me dejaran cerca ningún encendedor.
          Les dije que me perdonaran. Y salí corriendo.


***

“¿Quién cometió el crimen?”, preguntó Truman Capote. “¿Cuál crimen?”, se cuestionó Kafka angustiado. “Hay varios sospechosos”, aseveró Conan Doyle con la jactancia de un Sir. “Hay que comprobarlo primero”, advirtió Chesterton con sabia humildad. Dostoievski solamente callaba, con las manos sudando. De repente, todos voltearon y escucharon la voz de Carroll que salía a través del espejo: “El sospechoso confesó. El juicio ya está hecho, solo que hasta mañana se cometerá el crimen.”


***

Uno, dos, tres, cuatro… y antes de que llegara la bruja con su manzana envenenada; papilomas y espiroquetas ya habían terminado con la princesa.


***

Litros y litros de los más finos champuses y acondicionadores llenaban el carrito de compras de Rapunzel. El príncipe, mientras sacaba la tarjeta de crédito, solo envidiaba las tijeras de Dalila.


BORGEANAS

I
Sólo existe una manera en que el reflejo de dos espejos encontrados pueda mirarse: en el infinito de tus ojos.

II
siwxyzmilwxyzmonoswxyzescribieranwxyzsinwxyzpararwxyzporwxyzlawxyzeternidadwxyzescribiríanwxyzlawxyzliteraturawxyzdewxyztodoswxyzloswxyztiemposwxyz

III
Un libro es una rayita más al tigre.

IV
De grano en grano se hace la arena, que contiene todos los mares. De letra en letra se conforman todas las bibliotecas del mundo. De mirada en mirada se construye la humanidad entera. De beso en beso hemos construido esta cadena.

V
La salida al más complejo de todos los laberintos se encuentra en el primer paso.

VI
Unos dicen que la peor pesadilla de Jorge Luis fue no haber sido feliz. tal como él confesó. Otros opinan que la peor fue quedarse ciego. Unos más dicen que no haber ganado el Nobel. Nadie tuvo razón. Todo depende desde el aleph con que se mire.

VII (con epílogo de Lewis Carroll)
Cuando has perdido a la reina, al alfil y a la torre, sólo queda disfrutar, o tener la esperanza de que tu contrincante pierda la cabeza.


Sitio web: Fantasiofrenia


domingo, 3 de junio de 2012

Angélica Santa Olaya


Angélica Santa Olaya nació en 1962 en la ciudad de México. Es licenciada en Periodismo y Comunicación Colectiva, con mención honorífica por la ENEP Acatlán, UNAM y Maestra en Historia y Etnohistoria, con mención honorífica por la Escuela Nacional de Antropología e Historia (ENAH). Becaria del Consejo Nacional para el Consejo de la Ciencia y la Tecnología (CONACYT) programa 2008-2010 para realizar la Maestría en Historia y Etnohistoria con la tesis “Futuros vasallos de la monarquía española. Textos para niños novohispanos en la segunda mitad del siglo XVIII”. Egresada de la Escuela de Escritores de la Sociedad General de Escritores de México (SOGEM). Forma parte del Diccionario Biobibliográfico de Escritores de México del Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA). Ha trabajado en radio, televisión y prensa escrita. Formó parte de un grupo de teatro independiente y estudió pintura. Obtuvo el Primer lugar en dos concursos de cuento breve e infantil en México (1981, con el diario El Nacional y 2004, dentro del programa Alas y Raíces a los niños del Instituto Estatal de la Cultura de Guanajuato) así como también el Segundo Lugar en el V Certamen Internacional de Poesía "Victoria Siempre 2008" celebrado en Entre Ríos, Argentina, por su poema Dos más una, ocho.
          Ha participado en diversos encuentros literarios en México, Argentina, Brasil, España, Cuba y Uruguay. Ha sido publicada en una veintena de antologías latino e iberoamericanas de cuento, poesía y teatro. Autora de Habitar el tiempo (Editorial Tintanueva, México, 2005); Miro la tarde (Editorial La Rana, Guanajuato, 2006); El Sollozo (Ed. Tintanueva, México, 2006); Dedos de agua (Ed. Tintanueva, México, 2006); El lado oscuro del espejo (Editorial La Bohemia, Argentina, 2007), Del aprendizaje del aire (Editorial Fivestar, Brasil, 2009) como traductora en coautoría con Tanussi Cardoso y Leo Lobos, Árbol de la Esperanza (miCielo Ediciones, México, 2011, 1ª. Edición / Catarsis Literaria El Drenaje, México, 2011, 2ª. Edición) y Sala de Esperas. Cuentos y un pilón. (Eterno Femenino Ediciones, México 2012). Las dos últimas antologías en que ha sido publicada (2009) provienen de España e Italia.
          Ha participado, también, en revistas electrónicas de Chile, Brasil, Uruguay, Cuba, España, Italia, Argentina (AXXÓN, Revista de Ciencia Ficción, Químicamente Impuro y Breves no tan Breves), Venezuela, Panamá, Rumania y México así como en las revistas impresas Alforja, Solar, Navegaciones Zur, El Universo del Búho, Parteaguas, Archipiélago, El puro cuento, Plan de los pájaros, Yuku Jeeka, Registro, Ritmo, Oráculo, Grietas, Rojo Siena, Letras en Rebeldía, AM, Cultura de Veracruz, Papalotzi, Castálida, Convocatoria, Chispas para la Inteligencia (CONAFE- donde formó parte del Consejo Editorial), Alas para la Equidad (CONAFE- donde coordinó y participa de una serie de once artículos con motivo del Bicentenario de la Independencia y Revolución Mexicanas publicados a lo largo del 2010), Fórnix (Perú) y Nord Literar (Rumania); periódicos El Nacional, Milenio Diario, La Jornada, Periódico de Poesía (México-UNAM), Carajo (Chile) y Panorama da Palabra (Brasil) entre otras. Su obra ha sido traducida al rumano, portugués e italiano. Su poemario Rumor de Arcilla se encuentra en proceso de publicación en Nueva York a través de la editorial Homo Scriptum. Es profesora de la Escuela Nacional de Antropología e Historia (ENAH) y de la Universidad del Claustro de Sor Juana. Miembro del Círculo Internacional de Literatura Vanguardista LALUPE.



De mitos a mitos

El sacerdocio de las mujeres no puede ser, porque no es divino, señaló el clérigo rascándose el ombligo. Cibeles, desde arriba, reía y arrojaba el cordón umbilical del hombre a los leones.


El creyente

No moría de hambre. Tampoco de sed. No necesitaba nada más que sueños para hibernar en el limbo. Eso sí, cada día se levantaba y bebía una fuerte dosis de imágenes deseadas mezcladas con un poco, pero sólo un poco, de sal. Meneaba con la cucharilla… bebía… y comenzaba su diaria tarea de sonreír. Un día, otro que tampoco era hombre, pero decía que lo era y que estaba escrito en un libro de dos mil páginas, dijo que el libro se había aburrido de decir que el limbo existía y que otros se lo creyeran. Así que aquel tomó su quebrantada fe y se introdujo, con todo y zapatos rotos, en el mundo de los humanos.


Aclarando la vista

Cuando la estrella tuvo frente a sí el espejo no vio nada. Tomó el cepillo y lo pasó por sus cabellos poco a poco. Algo de brillo cayó al suelo. La imagen se aclaraba en el espejo.


Ciudad

Tiembla, camina y se contonea. Recoge por igual flores y escupitajos que le lanzan al pasar los trashumantes. Esos que al bajar la luna se meten bajo su falda de concreto y esconden la nerviosa risa de los temores. Al amparo de la oscuridad muerden las lentejuelas del negro vestido y recuerdan el olor agrio del pecho que una vez los amamantó. Duermen las farolas y ella se saca de encima a los hijos que salen, pululan y le echan en cara las afiladas uñas y las piernas al aire. Peligrosa, prostituta y dispuesta a todo, ella sonríe en un rojo escarlata y se prepara a envolverlos con sus brazos de carnívora y aromada madreselva. Ella sabe que la luz y la oscuridad vienen siempre de la mano.


Trueque

—Me llamo Alicia. ¿Y tú?
          —Dorothy.
          —Si me das tus zapatos rojos te doy mi reloj ahogado en una taza de té.
          —¿En una taza de té? ¿Quién querría ahogarse en una taza de té?
          —Algún “alguien” inglés, supongo. ¡Vamos! Es más seguro este reloj que tu camino amarillo.
          —¿Y para qué quiero yo un reloj ahogado en una taza de té?
          —Para que el tiempo no pase. Así podrás jugar con tus amigos todo lo que se te antoje.
          —Está bien.
          Alicia, ingenua, calzó los zapatos rojos de la bruja del Este sin saber que en el país de las maravillas no había caminos amarillos y Dorothy, que se quedó sin amigos porque nadie la reconoció sin sus zapatos rojos, caminó descalza, por Kansas, durante toda la eternidad.


Página web: Alicia la necia

martes, 24 de abril de 2012

Javier Ortiz León


Javier Ortiz León (México, D.F.). Contador público; se dedica a la asesoría fiscal, contable y administrativa. Su pasión por la literatura lo hizo probar en la creación literaria (cuento y minificción). Algunos de sus microrrelatos han aparecido en el blog Químicamente Impuro y uno de sus cuentos, “Como un papalote”, forma parte de la antología de narrativa: 11 Entre la vida y la muerte (El Under Ediciones). Así mismo, escribe periódicamente en su blog personal y tiene algunos proyectos literarios en desarrollo.


 
Pesadillas

Anoche tuve una pesadilla, la más horrible de mi vida: yo era un simple y vulgar dibujo hecho a lápiz. Cuando desperté, con alivio descubrí que seguía siendo un holograma.


La bolita de hidra

Hecho bolita esperaba detrás de la cortina. Sólo tenía dos opciones: perecer de inanición, pues desde que la esfera lo había botado allí pasaron treinta días, o jalar el trapo y hacerse visible de una vez, pedir algo de comer, ropa para vestirse y contar las increíbles aventuras vividas en Hidra. Pero sabedor de la naturaleza de los terrícolas (él ya se consideraba hidrano), caviló un rato más sobre los inconvenientes de mostrarse al mundo así. En eso estaba, cuando una mano corrió la cortina: lo último que vio fue una suela de zapato.

 
Sirviente de Dios

Habían cruzado la frontera del ciberespacio. Un mundo increíble, pisado por muy pocas personas, se abría ante sus ojos. Hubo un mareo, una leve pérdida de la razón. Cuando la recobraron, se hallaban frente a Dios. Con sus múltiples tentáculos, los tomó al unísono por la cabeza y en vilo los alzó. Les propinó un par de cachetadas y dijo: “¡Mira nada más! ¡Otro grupo de Nerds que atraviesa la frontera! Bien, pueden entrar, el arcángel Gabriel los guiará”. Otro ser pulposo, aunque menos grotesco, apareció de la nada. Con sus ventosas los jaló del pecho y los arrojó dentro de una jaula. Allí, cinco mesas, cada una con un monitor y un teclado los esperaban. “¡Está bien, sigan creando mundos!”, dijo el arcángel, y se fue. Los Nerds lanzaron una carcajada, y comenzaron a teclear.

 
Delicatessen

Un niño juega en el jardín mientras sus padres lo ven a través del amplio ventanal. El niño lanza su pelota al cielo. Cuando regresa al suelo se escucha un gran estallido. Los padres salen, se tienden sobre el pasto reptando, y comienzan a devorar los jirones de carne desperdigados aquí y allá.

 
Epílogo

Terminada la noche de carnaval, tomó su navaja y comenzó a hacerse una incisión a lo largo de los óvalos…


 
Página web: Mi mundo

domingo, 15 de abril de 2012

Miguel Antonio Lupián Soto


Miguel Antonio Lupián Soto (Ciudad de México, 1977). Devorador de libros, discos y películas. Feligrés de la iglesia Cthulhiana y devoto de San Lemmy Kilmister. Ex alumno de la Universidad de Miskatonic, de Sogem (Sociedad general de escritores mexicanos) y de la EME (Escuela mexicana de escritores). Cursó el diplomado universitario en “Literatura fantástica y ciencia ficción” en la Universidad del Claustro de Sor Juana. Sus cuentos han sido publicados en Zarabanda, Hotel y en diversos sitios electrónicos, como Las historias, El callejón de la carne, Bonsái, Internacional Microcuentista, Entre cronopios, Il sogno del minotauro (en italiano). Su cuento “El trabajito” se incluyó en la antología de minificciones Historia de las historias (Ediciones del Ermitaño, 2011) y “Noel” en la antología de cuentos navideños 10 historias de navidad (Zona Literatura, 2011). En noviembre de 2011 publicó Efímera (Samsara), su primer libro de cuentos breves fantásticos. Es editor de la revista literaria Hotel, hospedaje de letras, e imparte cursos de literatura fantástica.


Solovino

Solovino anhelaba dormir de largo aunque sólo fuera una vez. Ya no quería ver a los fantasmas, criaturas espectrales y almas en pena que le espantaban el sueño. Deseaba, con todo su corazón, que la muerte ya no se paseara frente a él. Por eso, al darse cuenta que los hombres podían conciliar el sueño noche tras noche, decidió salir en busca de un par de ojos humanos. Después de dos semanas regresó con sus ojos nuevos. Miró para todos lados… ya no veía cosas inexplicables. Por fin podría descansar. Se echó dispuesto a dormir de largo. Pero tan pronto cerró los ojos, escuchó el chapoteo viscoso, el reptar, el aleteo y el quejido de los fantasmas, de los seres espectrales y de las almas en pena. La risa de la muerte reverberaba en su cabeza. Solovino no había considerado que seguía teniendo sus orejas de perro. Suspiró y salió en busca de un par de orejas humanas.


El visitante

Sé que estás en la esquina de la habitación, escondido entre la pintura resquebrajada. Esperas a que suelte el libro y duerma para introducirte por mi boca y disfrutar del calor de mis vísceras. Siempre ha sido así: despertar con la piel amoratada y con mal aliento, descubrir tus excrecencias en mis ojos, sentirte en las manos y en los muslos, cortarme, hurgar en mis venas, desmayarme, despertar anémico y aturdido, sin saber nada de ti… Pero esta noche no me vencerás. En unos minutos cerraré los ojos y cuando te sienta sobre mis labios te morderé hasta destrozarte. Luego escupiré tus restos en el libro y lo colocaré en la repisa, junto a los libros que contienen a los demás visitantes.


Noche de furia

Te quedas inmóvil con la mirada fija en la puerta. Los dedos blancos aferrando la sábana palpitante. Una ráfaga de viento cálido acaricia tus labios y se pierde en la oscuridad de la habitación. Piensas que fue sólo un sueño o el vecino desconsiderado del seiscientos tres. Cierras los ojos dispuesta a entregar tu cuerpo desnudo al hombre de arena, pero te estremeces. Alaridos rompen el silencio, tu cordura. Coges la lámpara del cajón de los medicamentos y caminas suavemente para no hacer crujir las maderas. Sujetas el picaporte por segundos mientras se normaliza tu respiración. Abres la puerta. El haz de luz te informa que los libros, cuadros y botellas de vino están en su lugar. Das un paso y sientes una lengua gélida que lame tus pies. Alumbras el suelo anegado. Descubres pequeñas huellas que provienen de la cubeta roja que está tirada en la cocina. La levantas, desecas el charco. Regresas a la cama sabiendo que todo se repetirá mañana y el día después de mañana. Te tragas un par de pastillas y piensas que, tal vez, no debiste haber ahogado a los gatitos aquella noche de furia.


El regalo

…57…58…59… Miércoles. El timbre repiquetea. El sonido lo sorprende sirviéndose otra copa. Se queda inmóvil con la vista fija en la puerta. Se termina de un trago el vino. Se acerca lentamente. Se asoma por la mirilla. Nadie. Abre la puerta sin quitar la cadena de seguridad. Una caja en el piso. Corre el seguro. Felicidades, lee en una tarjeta pegada al borde. Cierra la puerta. Sopesa la caja. La coloca en la mesa. Desgarra la envoltura. Retira la tapa. Nada. Mete la mano. Tantea el fondo. Absolutamente nada. Saca la mano. Se escandaliza: las puntas de sus dedos han desaparecido. Se acerca la mano a la cara. Sus dedos se desvanecen gradualmente. Mete la otra mano. Lo mismo. Mira para todos lados agitando sus brazos incompletos. Fija la mirada en la caja. Cierra los ojos. Mete la cabeza. La oscuridad lo envuelve. Los oídos se le tapan. No puede respirar. Abre los ojos. Ve. Por fin puede ver. Sonríe mientras su cuerpo se desvanece irremediablemente.


Veneno

Te sientas al pie de la ventana y abres el álbum. Lo encontraste en el sótano mientras buscabas el veneno para cucarachas. Recorres las hojas plastificadas. Tocas con tus dedos mugrosos cada una de las fotografías donde apareces. Diplomas, medallas: eras el orgullo de la familia. El odio se apodera de ti. Pisas con rencor a la cucaracha que se acerca a tus pies. Te levantas y aplastas a todas las que encuentras. Miras tu reflejo en la ventana: ¿dónde quedó el chico de las fotografías? Piensas que mañana saldrás de ahí y empezarás de nuevo, pero no lo harás. Las cucarachas se aglomeran a tu alrededor. Agarras el bidón. Hoy sí acabarás con ellas… Te frenas. No tiene caso: siempre volverán. Le das un largo trago al veneno y cierras el álbum.