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lunes, 25 de junio de 2018

Luis Eduardo Alcántara


Luis Eduardo Alcántara nace en la Ciudad de México. Es escritor, cronista y ejerce el periodismo cultural. En 1991 gana el Premio El Nacional de Crónica, y al año siguiente el Segundo Lugar de Entrevista en el Certamen Nacional de Periodismo Juvenil. En el 2000 obtiene Mención Honorífica en el concurso de relatos Sábado Distrito Federal. Ha colaborado con crónicas y reportajes en numerosos medios como Ovaciones Cultura, Editorial Contenido, Novedades Metropolitano, Revista Conecte, Expectativas, Radio 6.20, Radio UNAM y Código CDMX. En compañía de Eusebio Ruvalcaba, Emiliano Pérez Cruz, Pino Páez y Manuel Blanco participa en los noventa en el periódico Plaza Mayor. También cursa talleres de creación literaria con Ignacio Betancourt. En el 2016 gana el Primer Lugar del Segundo Torneo de Historias Mínimas Premio José Mayoral. Como autor antologado forma parte de diferentes libros, entre ellos Palabra de Blues, El camino Triste de una música, Blues with a Feeling, En el reino del manubrio, Vamos al circo. Minificción hispanoamericana y Cortocircuito, fusiones en la minificción, estos últimos editados por la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla. En la plataforma de Google Sites administra los sitios: Cine Mexicano de Momias y Los orígenes del Tianguis del Chopo. Colabora habitualmente en los portales web Alquimia Revista de Artes y Cultura Blues, revista electrónica. Las minficicciones y aquí presentadas pertenecen a su libro Asiento reservado y otros cuentos.



Promoción válida

Se gratificará de manera adecuada, y sin ninguna clase de averiguaciones, a la persona que tenga en su poder el casco protector del hombre bala y lo regrese en condiciones funcionales al circo. El trato puede incluir dinero en efectivo, previa negociación entre las partes, si lleva también la cabeza del interfecto.


En Petit Comité

Satisfecho por el vino y las porciones de pan, el Maestro escuchó por enésima vez a sus compañeros asambleístas exigir: “Habla ahora o calla para siempre”. Y prefirió callar, ante el desencanto de Judas, el primer testigo protegido de la historia.


Tierra a la vista

No es la costa de Florida ni sus escarpados peñascos en donde encalla la nave. Los tripulantes se percatan y en su corazón late con fuerza la zozobra. Ni siquiera son las cumbres eternas del Kilimanjaro o la verde campiña de la riviera francesa lo que observan incrédulos desde la parte más alta del bote. Desilusionado, Noé cierra la escotilla y entre todos aguardan el siguiente diluvio.


De arte y zoología

El rinoceronte es un alebrije ensamblado con láminas de cartón piedra.


Ícaro

Aterrado por la proximidad del fuego que alimenta a la máxima estrella de nuestra galaxia, tuvo a bien considerar seriamente la advertencia “nadie puede tapar el sol con dos alas”.


Sobremesa

Los sobrantes del plato de comida son los sobrevivientes de un naufragio.


Contacto: cannedluis@yahoo.com

Dirección web: https://ciudad56.wixsite.com/recargadoenlapared


viernes, 15 de junio de 2018

Joanna Ruvalcaba


Joanna Ruvalcaba es una dramaturga mexicana que ha trabajado tanto en teatro como en cortometrajes de terror. Estudió Literatura Dramática y Teatro en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM. Algunas de sus adaptaciones teatrales son Yerma, obra original de Federico García Lorca; La Numancia, de Miguel de Cervantes Saavedra; y La Flor de España, basada en la novela Carmen de Prosper Mérimée. Participó como guionista y asistente de dirección en cortometrajes de terror tales como MIMO y Solos de la compañía independiente Spartans Films. Escritora de novelas como Ciudades Hermanas y El Reino del Lago, desde muy joven ha explorado otras formas de escritura tales como la poesía y la minificción.



REC. Clic.

REC. Ulises no me cree, pero van quince días de luces que se apagan y puertas que se
abren. Clic.
REC. Hay alguien en la casa. Me siento observada. Hay algo en el sótano. Clic.
REC. Amanda no está. Decía algo sobre seres en el sótano y yo... ¿Amanda?... ¡¿Amanda?!... Clic.
REC. Amanda está muy nerviosa. La limpia no sirvió de nada. Toda la casa suena. Clic.
REC. A pesar de las pistas, la pareja jamás sospechó que yo fuera un asesino y no un fantasma. Veamos qué hace la policía. Clic.


Presunción

Una vez un atleta, un filósofo y un hombre de negocios cenaban juntos. Al poco tiempo, los tres estaban presumiendo sus habilidades. Eran el mejor atleta, el más sabio filósofo y el hombre más rico de la ciudad; sin embargo, al terminar la cena, los tres estaban seguros de que les faltaba algo para ser felices.


Tomen precauciones

Reportes recientes parecen confirmar la existencia de seres antropomorfos más allá de las costas septentrionales, así como su naturaleza maligna. Hoy, las excéntricas historias conspiracionistas respecto a sus supuestas acciones ocultas contra nuestra existencia, se han convertido en una alarmante posibilidad. Si las teorías son ciertas —como apuntan los recientes descubrimientos— todos nuestros males, desde el cáncer hasta el cambio climático y el encallamiento de ballenas, serían causados por estos seres. No sabemos si su maldad es nata, por lo que tampoco se ha podido determinar su nivel de violencia.
Les aconsejamos prudencia y no salir del agua. Repito. No salgan del agua a menos de un kilómetro de tierra firma. Se aconseja igualmente a hombres y mujeres que naden en grupo y que se alejen lo menos posible de la ruta migratoria de animales grandes como ballenas y orcas. Los mantendremos informados.


Marina

Aquella chica sólo conocía el mar y la arena. Jamás en su vida había tocado la tierra ni el concreto ni, mucho menos, la nieve. Había escuchado, sin embargo, historias de tierras lejanas donde todo a lo lejos era blanco y que el cielo se confundía con las montañas; lugares donde la lluvia convertía la tierra en lodo y otros, donde el sol la hacía polvo; países donde la gente amanecía entre nubes frías que ocultaban a la tierra misma. Y esa chica soñaba con ser raptada por un grupo de piratas que la volvía su intérprete y la llevaba a conocer el mundo.
Nunca fue robada por piratas, ni consiguió dinero suficiente para viajar, pero describió los lugares increíbles con los que soñaba y, ya muy viejita, le regalaron una computadora con la que pudo asombrarse con los paisajes de todo el mundo.


Adiós, mi amor

—Toca algo. Extraño esas melodías que improvisabas con acordes tristes.
—¿Por qué te gustaban si eran tan tristes?
—No lo sé. Supongo que eso soy melancólica. Extraño siempre los buenos tiempos pasados que nunca viví, como el amor cortés de la Edad Media, o los duelos por amor del Romanticismo. Extraño esas tierras lejanas que no conozco y las melodías que nunca volverás a tocar, porque las inventaste en el momento. Nacieron de tus dedos y las teclas del piano ya no recuerdan. Todas son iguales y sólo las distingue el amor del panista. Toca algo, por favor. Quiero añorar una melodía nueva que me recuerde cuando vivías.



sábado, 29 de abril de 2017

Ulises Paniagua


Ulises Paniagua (Ciudad de México, 1976). Narrador, poeta, videasta y dramaturgo. Tiene un posgrado en la especialidad de imaginarios literarios.  Es autor de una novela: La ira del sapo (2016); así como de cuatro libros de cuentos:  Patibulario, cuentos al final del túnel (2011), Nadie duerme esta noche (2012), Historias de la ruina (2013), y Bitácora del eterno navegante (Abismos, 2015).  Su obra incluye cuatro poemarios: Del amor y otras miserias (2009), Guardián de las horas (2012), Nocturno imperio de los proscritos (2013), y Lo tan negro que respira el Universo (2015); así como los CDs sonoro-poéticos: Cuadriversiones (2013), Clandestinos y nocturnos (2014), y Mientras nos queden labios con qué cantar (2016). Ha sido divulgado en antologías, revistas y diarios nacionales e internacionales, incluyendo El búho, Círculo de poesía, y Jus. Columnista de la revista Horizontum, ha sido publicado en la Academia Uruguaya de Letras; así como en España, Italia, Perú, Cuba, Venezuela, Argentina y Costa Rica. Primer lugar en el Concurso Literario de Cuento “La caverna” (2016). Mención honorífica en el Concurso Nacional de Cuento Criaturas de la Noche (2007), y del Premio Endira de Cuento Corto (2016), fue antologado en: Poesía Latinoamericana Giulia Gonzaga (Italia, 2008), y en Poetas del siglo XXI (España, 2014). En el 2011, con su colaboración literaria con el grupo Kanga, obtuvo el primer lugar en el concurso nacional de España, Tú sí que vales. Locutor colaborador en el programa Jazz Arquitectónico, de Radio Anáhuac. Ha sido tallerista en CONACULTA, en la UAM, y en la Fundación René Avilés Fabila, así como becario de CONACYT (2014-2016). Su obra ha sido traducida al inglés y al italiano. 

Contacto:  sesilu7@yahoo.com.mx.



Estimado oficinista 

Para aclarar la situación, dejo este mensaje sobre la pantalla de su PC. No se presente más. Hace dos quincenas nos enteramos del accidente automovilístico, lo cual nos apesadumbró. Incluso colocamos una veladora en la copiadora general (lo que atenta contra las reglas de la empresa). Hemos hecho suficiente, así que, es una súplica, ya no asista. Comprendemos la situación delicada, la necesidad de un empleo, el que piense en el bienestar de su familia. Pero su extremada palidez, las cicatrices que le heredó el accidente y sobre todo la pestilencia que despide, han mermado la productividad de los compañeros quienes se quejan de su higiene. Recapacite. Sea fuerte. Acéptelo: usted está muerto. No nos obligue a negarle el acceso al corporativo.
Sin otro particular, se despide de usted su jefe inmediato.
Licenciado Ontiveros. 


Los expectantes 

Cuando subí a la azotea a tender la ropa, me venció el asombro. A lo lejos, sobre el cerro (un poco más allá de la autopista), una serie de formas semihumanas acechaba. Supuse que se trataba de rocas, aunque me pareció extraño no haberlas notado antes. Después imaginé un derrumbe dando paso a una nueva morfología del cerro. No eran piedras. Eran seres gigantes. Debían medir entre cuatro y cinco metros de altura. Lo que me inquietó fue su inmovilidad. Permanecían, algunos de pie, otros en cuclillas, apenas cubiertos con taparrabos, observando la breve ciudad en la que vivo. Su piel tenía el color del tezontle. Era imposible no sentirse intimidado por su mirada. Qué esperaban, no pude descubrirlo durante los minutos que dediqué a contemplarlos, a tratar de capturar una buena foto a través de mi celular antes de marcharme al trabajo. Ahora ha oscurecido. Habrá que esperar a que amanezca para saber si los expectantes siguen allí; o escuchar gritos aterrados durante la madrugada, para certificar sus intenciones.


La isla de los sueños salvajes 

Cada solsticio se practica una extraña costumbre en esta isla que asoma por Oriente (allí donde los habitantes acostumbran el ascetismo), pues en las fechas referidas los villa morganos liberan las pesadillas a manera de gimnasia espiritual. En una ceremonia nocturna el sacerdote se encarga de correr los pestillos y los cerrojos de las celdas. Como bestias furiosas las pesadillas embisten los pensamientos de los ascetas, semejando en el asedio el vapor de una cacerola una vez que ha alcanzado el punto de ebullición. Pero la paciencia impide cualquier incursión de los malos sueños, cual poderoso escudo de cruzado en Tierra Santa. Los ascetas, que permanecen con los ojos cerrados, en una postura vertical pero relajada, consiguen en armonía desplazar de su mente las imágenes en que el soñante cae desde una almena mora; o donde la amada escapa en las grupas de un caballo del demonio; o aquéllas donde se es atravesado por un tiro de ballesta o devorado por un jabalí; incluso los sueños recurrentes en que se está sediento en medio de un oasis intangible. Después del acoso que se prolonga hasta las luces del alba, reina la voluntad de los ascetas. A las pesadillas, derrotadas y en franca humillación, no les queda más que emprender una huida decorosa para volver a la soledad de la prisión, donde a pesar de las incomodidades se sienten a salvo del desdén de sus pretendidas víctimas. Los habitantes de Villa Morgana regresan a la vida común esperando con ansias el próximo solsticio, sólo para volver a comprobar la fuerza invencible de su interior (al menos esto refieren, en un lenguaje cincelado, una pila de menhires que se exponen en aquellas playas).


Duendes 

Mis libros andan por el mundo. Me topo con ellos en una feria literaria, en el librero de un amigo. Hay más de uno del que no guardaba memoria, del que no recordaba despiadados esfuerzos de gestación artística. A menudo me preguntan si los amo, se dejan acariciar la cuarta de forros, el prólogo, la contraportada, las páginas tersas. Respondo, contagiado de entusiasmo, que los quiero mucho, que a ratos los extraño de manera rabiosa. Nos regocijamos en el encuentro. Viene luego la despedida. No hay espacio para la nostalgia, no es terrible, pues sabemos de antemano que en el lugar menos adecuado, una repisa, una mesa de café, en el andén del metro, volveremos a reconocernos. Y seremos dichosos, no importa que nuestra alegría sea breve. Sé que estarán ahí, saludándome con sus portadas, agitando sus letras alegremente.


La noche muda 

Supongo que fueron disparos los que alumbraron la noche. Confinado en este cajón, tres metros bajo tierra, me es imposible recordar.

sábado, 8 de abril de 2017

Asmara Gay


Asmara Gay (Ciudad de México, 1975). Es Maestra en Apreciación y Creación Literaria por el Centro de Cultura Casa Lamm, donde imparte clases, y es Licenciada en Ciencias de la Comunicación por la UNAM. Actualmente tiene a su cargo las coordinaciones de ensayo y cuento de Nocturnario. Revista de Creación Literaria y es editora de dossier de la revista El Comité 1973. Ha obtenido algunos reconocimientos literarios, entre ellos: el primer premio del I Concurs de Microrelats Negres de La Bòbila y de RBA, en Cataluña, España (2011); el segundo lugar en el V Certamen Literario José Arrese por el cuento Do not disturb (2010), el segundo lugar en el Concurso de Poesía realizado por el Centro de Cultura Casa Lamm (2012) y el tercer lugar en el concurso especial conjunto de Las Historias de Alberto Chimal y Diario de un chico trabajador de Alejandro Carrillo con el cuento “Las ficciones de Alfredo Fabre” (2010).
Ha publicado en diversos medios impresos y electrónicos: Texto crítico, Periódico de Poesía, Monolito, Realidades y ficciones, Blanco móvil, El Humo, Ariadna, Los palabristas de hoy y de siempre, Variopinto, Cinocéfalo, Letras raras, ConFabulario. Cuaderno de Talleres, el suplemento El Ángel del periódico Reforma, entre otros. Tiene publicado un libro de cuentos, Elena se mira en el espejo (Destiempos, 2011), y varios de sus textos forman parte de algunas antologías, entre ellas Dispara usted o disparo yo (Brevilla, 2017), Sin cita previa (Fussion Editorial, 2017), Adentro. Antología de poetas diversos (VersoDestierro, 2012), Homenaje a García Ponce (IVEC/Conaculta, 2015) y Política, ética y educación en la antigüedad griega y latina (UNAM/IIFL, 2015).
Además, ha participado en congresos literarios, fue becaria del Instituto de Investigaciones Filológicas de la UNAM y reseñista del FCE, y ha prologado algunas obras de autores clásicos como Mark Twain, Edgar Allan Poe, John Milton, Albert Camus, Gastón Leroux y Virginia Woolf para Editores Mexicanos Unidos. En la misma editorial pronto aparecerá su traducción de Las aventuras de Tom Sawyer del escritor norteamericano Mark Twain en la colección Tinta Viva.



Ella

Al ver que Edgar se encaminaba hacia la puerta sentí deseos de detenerlo, pero noté que no se dejaría convencer, que no le importarían mis palabras, de todos modos se iría.
Abrió la puerta.
Allí, de pie, estaba ella. Un silencio habitó la estancia mientras los tres nos mirábamos.
Edgar tomó aliento, recogió sus cosas y torpemente bajó las escaleras.
No volteó.
Lo vi alejarse, el rostro triste; en ese momento se iban por la borda todos los años en que nos mantuvimos juntos.
Ella vaciló.
Dio unos pasos y entonces cerró la puerta. Con sus brazos rodeó mi cintura mientras me daba un beso para sellar de esta manera una nueva etapa en nuestras vidas.


Crick-crack: sonidos de la madera

Son las doce. Ha vuelto. Camina despacio. Cruza la sala, el comedor, el cuarto. Parece que tiene pies. Sus pasos, breves, se escuchan por toda la casa. El crujir de la madera cede a su peso. Aquí está con su crick-crack, su crick-crack de todas las noches. Ese crick-crack por el que no duermo, el crick-crack que me espera junto a la cama. El crick-crack que no existe. “No existe”, me aseguran, “son los sonidos normales de la madera.” Los sonidos normales me despertaron la primera vez con un ser anormal encima de mí. Habrá sido un sueño, como dicen, aunque pesaba, y la mirada loca y la risa frenética. “…sonidos normales de la madera…”. El sonido normal de la madera, ese crick-crack por el que no duermo, ya está aquí, viene siempre, todas las noches, a verme y se sube, con su inexistencia, sobre mí.


El lazo

José piensa que no merece vivir. Se siente indigno de estar viviendo porque ha hecho mucho daño a quienes quiere. Tiene trece años y todavía no conoce el amor. Cree que una muerte rápida sería honrosa. Toma un lazo que está en la cocina y se dirige al jardín. Busca una rama larga y anuda el lazo. Coloca un banquito debajo. Entra en la casa. Luego sale. Trae a su hermano de ocho años amarrado. Lo sube al banco. Le coloca el lazo en el cuello y de una patada aleja el banco. Su hermano queda colgando con los ojos abiertos y suplicantes.
José piensa que no merece vivir porque ha hecho mucho daño a quienes quiere.


Laura[1]

Laura tira su libro. No soporta la historia: Marisa —cuyo papá, un cura, la viola cuando sucumbía su infancia— ultima su vida arrojando su figura por una cúpula parroquial, oculta invitada al indigno coito, ambición malhadada.
Laura tira su libro. Así no ocurrió, musita, y narra su propia historia.


Regreso a Ítaca

Toda la noche Laura había estado despierta mientras pensaba en sus últimas horas; unas horas de largos recuerdos, de fracasos, de miedos, de lenta agonía. Sus sueños, los pocos que había cumplido y los muchos que se habían perdido y que le atravesaban el alma y el corazón, desfilaban ante sus ojos como se desfila ante un abismo. Sus sueños… nada importaba ahora, pues ya ni siquiera existía para el mundo. Era ―y lo sabía― una confusa bruma a punto de regresar a la oscuridad de Ítaca.








[1] Texto escrito sin el uso de la “e”.

sábado, 4 de febrero de 2017

Rosalía Martín del Campo Souza


Rosalía Martín del Campo Souza nació en la Ciudad de México en 1955, se tituló con Mención Honorífica en la Carrera de Periodismo y Comunicación Colectiva en la  FES Acatlán, UNAM. Ha publicado artículos, entrevista, reseña y cuento en diversas publicaciones y revistas como: Feminova, Capacitación, Cuestión de Ovaciones, Casa, La Brújula en el Bolsillo, Geo, Revista Mexicana de Cultura de El Nacional, Artes, Mira, Tiempo Libre, Pace, En Teatro, El Cuento, Paula, Escriba, La Talacha y Activa. Ha recibido los siguientes premios: Primer lugar en el Premio de Literatura Salvador Gallardo Dávalos en narrativa (INBA, 1983), Mención Honorífica en el Certamen Nacional de Cuento C R E A (1984), Mención Honorífica en el Premio Regional de Literatura Juan Rulfo (Jalisco, 1986). Incluida en las Antologías: Cuentos de la Colmena vol. 2 (INBA, UNAM e ISSSTE, 1987); Cría Cuervos (Taller de Narrativa de El Hijo del Cuevo, 1995) y en la Antología Poética Hasta Agotar la Existencia III (Editorial Resistencia, 2007). Actualmente publica minificciones poéticas en la Agenda de la Luna (Editorial Resistencia, desde hace más de diez años).  En el 2000 publicó Ángeles Estropeados, su primer libro de cuentos, con prólogo de Elena Poniatowska y en 2003 publicó Cuentos Destrampados, con prólogo de David Martín del Campo, ambos libros de Editorial Resistencia. Este segundo libro fue seleccionado para ser publicado en la colección Libros del Rincón (espejo de Urania, 2005) de la Secretaría de Educación Pública para distribuir en todas las secundarias gratuitas del país. Imparte clases de Creación Literaria y trabaja en un tercer libro de Cuentos.



Ángeles 

No todos los ángeles tienen alas pero vuelan. No todos viven en las nubes pues caminan cerca, tan cerca que parecen brotarnos desde dentro. 


Luna novia, novia Luna 

Hoy la Luna tiene un manto largo, está vestida de novia con su traje de nubes fantasmales y etéreas. Un velo también cubre su cara para guardarle el misterio de sus amoríos nocturnos y sueños niños conservados por milenios. 
La Luna es la novia errante que le da sentido a la noche misteriosa, donde los secretos mejor guardados se hacen realidad poco antes de empezar la Aurora de esa novia que jamás llegará a casarse. 


Matemática lunar 

Entre tu Luna y la mía transcurre un nocturno pasadizo de besos a oscuras, en rincones de noche en plena luz del día, arrebatados a la cotidianeidad   
Entre tu Luna y la mía hay una forma única de mirar al propio cielo, unido por la complicidad de tu Luna sumada a la mía. Creamos un nuevo Universo donde todo brilla, todo luce, todo es estrella…  
Y así sumamos y restamos mientras la Realidad no nos divida. 


Desvelo 

Estás para todos nosotros con tu brillo inquebrantable, para todos nosotros con tu redondo rayo de luz. Nos acompañas y cobijas en la oscuridad y nos invitas al Desvelo con tu reflejo plateado. Eres nuestro Faro, nuestro punto de encuentro, nuestra guía universal… 
Siempre y cuando no te fallen las baterías, mi querida linterna de 500 watts. 


Amerlinada 

Soy un barco en la tormenta. Atormentada por el frío solitario de mis guerras, me transformo en Merlín para arrancar la Magia de la vida, más allá de mis revueltas y descalabros. 
Sueño con el milagro de la Mesa Redonda, con la sabiduría nórdica y valores heroicos de los antiguos caballeros para vencer la dura batalla contra el poder por el poder y la desilusión por la ilusión. 
Busco mi varita mágica y la levanto al cielo, cargada con las energías de un viaje celta más allá de los acantilados, con ella señalo más allá del cielo, para bañarme con su inquebrantable Universo y así salvar de la oscuridad a tanto ser de sueños rotos, de rotos sueños. 
De pronto, como golpeada por un rayo inspirador, mi varita mágica se transforma por instantes en esta pluma, en este teclado, para que quede huella de este Merlinesco anhelo.   


Contacto: almasabia10@hotmail.com.

miércoles, 2 de noviembre de 2016

Victoria García Jolly


Victoria García Jolly es nativa de la Ciudad de México —¡como cinco generaciones de su familia!—. Entre sus muchas pasiones están el arte, la música, las libretas, las plumas fuente y su marido†. Desde muy chica se descubrió enamorada de los libros, creció entre ellos, aprendió a hacerlos y ha ganado alrededor de unos 10 premios por ello —ya no se acuerda bien—. Es una diseñadora editorial que diseña poco, dirige mucho y trabaja todavía más en Algarabía, que fundó en 2001 junto con María del Pilar Montes de Oca Sicilia. Además de fungir como directora de arte, escribe ensayo corto sobre sus pasiones, aprovechando los sesudos estudios que realizó de apreciación musical, museografía y museología e Historia del Arte Universal.
Ha publicado dos libros bobos: ¡Cuidado! Café cargado (2010) y ¡Mmm! Chocolate sin culpa (2015), y uno más, algo nada bobo: El libro de las letras. De la a a la z y no es diccionario (2011), para lo cual leyó montones de diccionarios y libros de filología. Finalmente, como no sabe estarse quieta, juntó todos sus textos serios sobre artes plásticas en Para amar al arte (2016), y lo publicó en coedición con la UAM Xochimilco.
Su dificultad para leer la superó cuando usó el primer par de anteojos y descubrió el cuento y la poesía: el humor de Jardiel Poncela, el amor a la vida de Whitman y el amor, amor en Neruda. Pronto se dedicó a la escritura de su propia ficción, pero mantuvo esta actividad guardada y sin pulir en montones de libretas dentro de un cajón dentro de un clóset. No se puede precisar qué la incitó ni cómo ni cuándo inició su «salida» y se animó a divulgar sus cuentos. Tal vez fue impulsada por sus maestros de cuento y literatura, Ricardo Chávez Castañeda y René Avilés Fabila, quien le escribió esto en un correo no hace mucho: «Ah, tu cuento es muy bueno, serás una feliz madre de un libro de minificciones. Bienvenida al mundo literario, ya triunfaste en el diseño y en el ensayo breve, ahora a lo que sigue en tu brillante carrera». Es con la Universidad Autónoma de Aguascalientes que espera publicar dicho libro.


Sobre sirenas
Las sirenas pueden ser bondadosas o perversas. No importa si tienen cuerpos de gallina o colas de pez, todas viven frustradas al no tener vagina. Viven permanentemente tristes e impenetradas a pesar de su rara belleza. Su canto es una suerte de lamento para despertar la ternura, la admiración o el deseo de los hombres. La dulzura que emana de sus voces demanda piedad y amor. Pero, tarde o temprano, todo concluye en tragedia: sea con la muerte de los marineros o con su eterna virginidad a cuestas. ¿Alguien las ha escuchado reír?

Variaciones sobre un tema trillado
Diario le digo que lo amo, y de nada sirve porque es sordo.
Diario le digo que lo amo, y él, lacónico, me da las gracias.
Diario le digo que lo amo y él, entusiasmado y agradecido, mueve la cola.
Diario le digo que lo amo, no importa que no responda. Luego salgo corriendo del cementerio para llegar temprano al trabajo.
Diario le digo que lo amo, excepto sábados y domingos. Sólo somos novios entre semana.
Diario le digo que lo amo, diario le digo que lo amo. Padezco ecolalia, padezco ecolalia.

Desde hoy creo en los fantasmas.
A partir de esta noche cambiaré mi forma de despedirme antes de ir a la cama, no más hasta mañana. Te diré solícita y seductora: ven a jalarme los pies, te estoy esperando, amor.

Muerto de calor
El calor infernal de aquel lugar provocó que el hombre, desesperado, se arrancara saco, camisa y, de inmediato, la piel.

La primera carta
—¡¿Qué haces?! ¡¿Te has vuelto loca?!
—No sé por qué te sorprende que amenace con disparar ahora y no hasta mañana, si en esta carta, que muy amablemente me dejaste en el escritorio, ya anticipabas que lo haría. Cuando la encontré tempranito hacía frío y me senté, emocionada, a leerla mientras bebía el primer café del día. Recogí mis piernas sobre el sofá y me hice borujo para no sentir el dolor que los pies helados infringían a mi cuerpo completo. Todo era silencio y penumbra, ansiedad de leer la primera carta que de tu puño me hacías llegar. Ilusionada y sonriente, leí:
«Hay buenas noticias, amor, que significan mucho trabajo, las malditas me quitan de la mente las imágenes fantasiosas de ti y de mí caminando como un par de bobos por la calle tomados de la mano, me borran la imagen erótica, aquella que se fijó en tu mente y en la mía en nuestros primeros días de relación: mis labios sobre tu vagina como si fuera otra boca, labios más carnosos, sensuales, humedecidos por el placer del amor. Besarte, joderte, lamerte, fue algo celestial. Esta escena vuelve a mí una y otra vez y me estremece, me hace pensar en tu respuesta, es la misma fotografía, pero desde otro ángulo: “Mi orgasmo en tu boca, tu cabeza entre mis piernas, tu mirada por encima de mi pubis se posa en mis ojos como preguntando si estoy complacida. No sé si ellos te lo dijeron: absolutamente. Tu media cara se veía joven y luminosa. Te adoré.”
«Me pregunto entonces, ¿cómo haremos el amor mañana? ¿Qué me pondré para gustarte? Prefiero verme seductor. ¿Cómo carajo logro eso? ¿Qué parte de tu cuerpo deseo besar primero? ¿Cuál tocarás tú? ¿Me morderás los labios? ¿Meteré mi nariz en tu pelo? ¿Qué loción mía te enciende? ¿Qué mirada es la que te derrite? Nada puedo planear, nada me puedo imaginar, me encomiendo a la espontaneidad del amor que está en suspenso, del sexo que está en latencia, de mis ganas perennes de entrar a tu boca y acariciarla, de penetrar tu piel, de arrancarte un gemido largo y otro feliz, partirte en dos la mirada mientras me hablas de amor y tus aventuras tontas.
«Tal vez deba llevar mi libro de hechizos mágicos, y tú los polvos de bruja que guardas en la despensa. Llevaré un frasco de toloache para derramar en tu vientre de donde beberé amor. En una de ésas llevo también pastelitos de miel y galletas de melaza en lugar de palabritas rosas para seducir tus oídos, para encontrar unos “te amo” novedosos como nunca los has escuchado, como nunca los he dicho. Cerraré los ojos para sentir tus respuestas y trazar en el aire las maneras en que tus manos me acariciarán, callaré para atender el sonido que produzca tu piel sobre la mía, tus pensamientos en los míos, tu amor en el mío, mi sexo en el tuyo.
«Al final abrirás los ojos lentamente para buscar los míos, tal vez en silencio te cantes, como sueles hacerlo, una hermosa y apasionada aria, esa que dice: “Io son l’amore, io son l’amore”.
«Me pregunto entonces cómo hacer para llevar a Miriam, sí, a esa amiga mía que te parece admirable por el valor que tuvo de amar a un hombre más allá de la vida y más allá de la muerte. Cómo haré para que aceptes complacida que, en lugar de tus labios, sean los suyos los que bese, para que mis manos penetren su piel y no la tuya, para que, húmeda, nos contemples y participes sin pensar que Miriam no eres tú, sin sentir el arrebato de los celos cuando mi cuerpo quede sobre el suyo y apenas mi mano sobre tu pecho. ¿Cómo hacer para despertar uno solo de tus instintos, el vital? ¿Cómo apaciguar tu furia?
«Sé que te has declarado incapaz de compartirme, que me has amenazado al igual que me has amado. ¿Aceptarás a Miriam? En el fondo lo que me pregunto es si todavía tienes cargada el arma que guardas en el buró; mi mayor preocupación no es que dispares, ciega de celos, contra el hermoso y suave cuerpo de Miriam, sino que falles y sea el mío el que quede ahí, gozoso y sin vida.
Tuyo, Raúl.»



lunes, 26 de septiembre de 2016

Esther Vázquez-Ramos



Esther Vázquez-Ramos. Defeña de nacimiento, con raíces oaxaqueñas por el lado materno y mexiquenses por el paterno. Periodista y escritora. Publica reportajes, entrevistas y cuentos en diversos medios y revistas. Ha participado en 29 antologías de la Asociación de Escritores Tirant lo Blanc de México. Cuenta con la traducción de “Ethié”, al Catalá en Ideas Certeras, editado en Barcelona, España en 2012, cuento con el que obtuvo 2º lugar en el concurso: “Los valores ambientales a través del cuento” convocado por la Universidad Autónoma de la Ciudad de México en 2007, y “Al final del día” y otros cuentos de CF Mexicana, publicado en e-Books Alfa Eridiani No. 20, en Madrid, España. Cuento que se llevó la portada
Ha participado en los talleres literarios de Felipe San José, Vicente Torres, Guillermo Samperio, Leticia Herrera Álvarez; Laura Elenes, Gilda Salinas, Anel Ávila, Ana Morales y la poeta Perla Shwarts en el Orfeo Catalá de México y en el taller permanente de Oscar Wong.
Asistente de Elena Poniatowska de 1992-1997. Desde 2012 propicia la lectura y la escritura entre niños y jóvenes en bibliotecas públicas y escuelas secundarias tanto en el Distrito Federal como en Cuautitlán, Estado de México, donde también imparte talleres como: “Soy, luego existo” y “Descubriendo mi identidad”. Medalla de plata en el 7º encuentro de una Memoria Docente, entre otros premios de cuentos.



Eva

Tu cuerpo reposa plácidamente sobre la sábana blanca, donde el sueño atrapó tus pensamientos de mujer.
            Precisamente, sobre esa sábana blanca dejaste tu inocencia un día, Eva niña, para convertirte en mujer cuando tu cuerpo fue tomado por sorpresa. Supiste del paraíso y de la manzana prohibida, hasta estar consciente de que sobre esa sábana blanca se moldeaba tu cuerpo en hermosas redondeces de mujer sensual; entonces tus senos pequeños derramaron la miel con la que amamantaste los frutos de tu vientre, Eva.
           Cierto, viviste para ti, pero también para ellos que te dieron satisfacciones, aunque también angustias y sinsabores, pero tu esperanza siempre estuvo alerta al alba de la aurora.
        Esta noche sobre la sábana blanca, te sabes acompañada únicamente de tus pensamientos y de tus ilusiones; estás consciente que tienes que poner la esperanza una vez más como bandera, para recuperar la fuerza vital de la que te has valido siempre, pues no quieres que esos pensamientos e ilusiones se escapen nuevamente de tu mente, de tu vida, porque aquí y ahora sabes, sientes presientes el dolor de tus fuerzas disminuidas, Eva niña, Eva mujer en el amanecer, en el ocaso, en el… Aurora.


Tras la ventana

A distancia se observa un territorio desolado. Un hombre tras la ventana mira distraído el cielo que se electriza por la lluvia torrencial que cae, lo que hace que una cabra se asuste. En su loca carrera, el animal aplasta en un instante a un caracol.
 Al percatarse del calendario, el hombre sabe que esos son efímeros números que simulan monedas sin tiempo, zapatos que flotan en el aire. De pronto siente que la ventisca empuja la caída de los días y de los números que oculta una colmena pletórica de arcángeles con las piernas jorobadas.
           Quizás eran pensamientos de locura, envueltos por una deidad proyectada en azul. Un hilo de trompo se atora en el cable que lleva la electricidad del tranvía y al pasar un bicicletero se electrocuta y se mece con la ventisca en el horizonte de las vías, simulando otro arcángel más sacrificado.


El hombre de negro

Un hombre permanece parado en el puente peatonal, mirando embelesado las luces de los autos cuando se cruzan de ida y vuelta por el circuito interior de la Ciudad de México. Éstas sólo dejan destellos, líneas luminosas indefinidas sobre el asfalto mojado, la noche está tranquila cosa que lo regocija.
           La lluvia y el viento pararon de repente, por lo mismo el puente permanece oscuro, solitario, sin embargo, el hombre se siente acalorado y se quita la gabardina que coloca sobre el barandal mientras se recarga sobre él. Viste traje negro adornado con cadenas y botones de plata en forma de balas pequeñas de tipo calibre 22.
           A su espalda, una sombra oscura se desliza con pisadas sigilosas. Su sexto sentido lo obliga a dar un grito ahogado en su garganta, al   hombre se le eriza la pie instintivamente jala la cadena de sus pantalones y en una lazada perfecta  la deja caer sobre la cabeza de la fiera que al verse acorralada muestra sus colmillos blancos, listos para hundirlos en el pecho del hombre de negro, pero la agilidad de éste lo lazó  sorprendió a la fiera en pleno siglo XX.        


Tuya para siempre

Con cariño para Guillon

Cuando leí: “mi Estrella” me quedé meditabunda, reflexionando: “¡mi Estrella!”
         Pues sí, “soy tu Estrella”, aleteo entre tus letras de aquí para allá y de allá para acá, nutriéndome del elíxir de tus palabras en flor. Mis aletas de sirena han alcanzado las aguas profundas de tus ríos y mares alimentados de esos pensamientos que me dejaron atrapada, cual pequeña mosca, en la tela de araña de las páginas infinitas de tus textos; entonces, sí: soy tuya para siempre.

Textos y semblanza cortesía de la misma autora.

lunes, 8 de agosto de 2016

Daniel Zetina


Daniel Zetina nació en 1979 en la Ciudad de México, ahora vive en Querétaro. Maestro, editor y encuadernador. Entre otros libros, publicó en poesía Falso amor (http://cascadadepalabrasonline.blogspot.mx/2013/07/vendra-la-vida-daniel-zetina-mexico.html), y en cuento Babilonia contra la fe (http://redcartonera.eci.catedras.unc.edu.ar/files/Olga-Babilonia-contra-la-fe.pdf). En minificción publicó los libros Con uñas y dientes (Juanita Cartonera, Chile 2014 y Cascarón Editorial, 2016) y Paradojas (EZ, 2015, 2016).



Venganza

Cansado de una larga historia de maltratos y asesinatos dolosos, por fin se decidió y el gato mató a la curiosidad.


Los guardabosques

El incendio se detuvo cuando llegó a una hilera de sauces llorones.


Sanguinario

Le partió el corazón en dos, le quebró las piernas en pedazos y le sacó las tripas, luego metió todo en una bolsa de plástico y dijo: “¿Algo más, aparte del pollo, doñita?”


Héroe

—En mi estación no se suicida nadie, muchacha —dijo el oficial después de jalarla de los cabellos.


Desilusión

Una sirena se suicidó reventando su cabeza contra los riscos, frustrada, cuando se dio cuenta de que nunca podría bailar cumbia.


Democracia

Después de un acto plenario que duró ochenta y siete horas y veintitrés minutos, el Parlamento y el Presidente decidieron disolver al pueblo; luego convocaron a elecciones en busca de uno nuevo.




Contacto: edicioneszetina@yahoo.com
@DanieloZetina

viernes, 18 de marzo de 2016

Javier Perucho (3)




Javier Perucho. Narrador, ensayista, editor y promotor cultural, es doctor en Letras por la unam, miembro del Sistema Nacional de Investigadores. Autor de Dinosaurios de papel; Yo no canto, Ulises, cuento; El cuento jíbaro; La música de las sirenas; Hijos de la patria perdida; Ocaso de utopías, entre otros. Ensayos y relatos suyos han sido publicados en Argentina, Chile, Colombia, España, Estados Unidos, Francia, Perú, México y Venezuela. Enjambre de historias es su primer libro de relatos breves; el segundo, Anatomía de una ilusión, aprobado su dictamen, verá su negra luz de tinta al final del primer semestre de 2016.


MANUTENCIÓN DE PRINCIPIOS
(Dodecálogo)

i] En las espaciaturas e intersticios del microrrelato, la belleza y la perfección desnudan sus atributos.

ii] A pesar de la humildad de un microrrelato, la trama donde se destila el conflicto se acendra con maestría.

iii] La aparición de lo fugitivo encuentra su condensación en el grano de arroz de un microrrelato.

iv] La novela de una vida irrumpe en el microrrelato con una de sus tribulaciones.

v] El horror, la belleza y el mal también caben en un microrrelato. No sólo el aroma de las estrellas, la luz de las buganvilias o vaho del asesino emboscado en la penumbra de los callejones.

vi] El microrrelato también se urde con novelerías. Don Augusto vislumbró la trama de su tejido con El Dinosaurio.

vii] Las nubes que deambulan por el firmamento intuyen el destino de un microrrelato.

viii] Un cuchillo frío que rasga la carne, un secreto susurrado mientras el nocturno de amor agoniza, una confesión y su culpa, desembocan en el magma narrativo de un microrrelato.

ix] Como se hurga entre los escombros o las migajas alojadas en la basura, así se escruta en el alma de los hombres con cuyos restos se hilvana la alfombra negra del microrrelato.

x] Los fantasmas que se configuran en el alma se domestican en el microrrelato, su hábitat natural. Luego de convocarlos, cabe la esperanza de su pacificación.

xi] Ya reunidas tales presencias abisales habrá que cantarles el desamparo y la oscuridad a la que nos arrojaron. Nunca habrá más luz ni menos oscuridad que cuando interpelamos su presencia.

Nota bene: Omnis relatus ex relatu venit = Todo relato procede de otro relato.

Foto: Omar Meneses.