sábado, 3 de septiembre de 2011

Norma Salazar



Norma Salazar (México, D. F.)
Investigadora literaria. Responsable del Archivo del poeta Francisco Cervantes Vidal. Doctora en Letras. Escritora.
Libros publicados: Cantos lejanos (1999), Cuadro al Óleo (2005), Cariátides mudas (2010). Ha participado en coloquios internacionales y nacionales de literatura mexicana e iberoamericana asimismo en encuentros poéticos.



EL IMPERIO DE LAS ESTALACTITAS

Gotas cálcicas
las estalactitas
son las joyas
colgantes
de las cavernas.
Ante sus filosas
puntas dejan
al postrarse
el souvenir
por la
vida.
Reflejo opaco
de su
agualuz
ocre
en la
inercia.
Dejan fisuras
de vida
inciertas
y no
permiten
la luz
exterior
que se
esconde
en los
atajos.
Siempre altivas
con
pies
de cabeza
respiran
eterna
paz
evocan
alhajas añejas
y
penetran
entre las
sombras amigas.
Punta a punta
absorben
conciencias
que dejan
caer
en
nuestra
espalda.
Estalactitas blancas
estalactitas inmóviles
voces viajeras
que
enmudecen
guardan
su alma
adentro
de las
cavernas
paralizando
la
vida oscura.


A DOS TIEMPOS, UN INSTANTE

En una espera sin tiempo
llegó tu caminar
con la respuesta al reloj
y tu mirada fija.
En una gota de azúcar
disolviste el atraso
hablaron los contratiempos
en sorbos de café.

Instante:
    donde la herida de la risa se aviva
                donde la angustia de la espera se muere
                donde la agonía de la esperanza aparece
                donde la gotasal se extiende a mares
                donde tu hombro se encoge
                y reaparece tu efímera pregunta.

En un reloj sin manecillas
en un pensamiento sin mente
se derramó el llanto del sauce.
Mí tiempo acabó
silenciaron mis horas
hasta que de las últimas hojas cobrizas
retoñó un ramillete de tu voz.

En un instante renace la voz y el llanto se seca
en tu tiempo prolifera la compañía y la soledad se extingue
en tu brazo se esconde la tristeza y  la oscuridad se marchita.

Instante:
                donde el río se vuelve bellotas
                donde la viña se vuelve montaña
                donde tu mano extiende alegría eterna.

Nuestros dedos acarician las mudaslíneas que han tocado
el transcurrir de la vida un roce de tu aliento en mi hombro
y mi sombra no vuelven a enredarse.

Con una gota de tu aliento
con el sudor de tu mirada
y el eco de tu silencio
navegare en ligeros barcos de viento.

Un reloj sin marcar el tiempo
que sea
el refugio de arenas.
Correa de piel
con leyenda
de nombres
marcados.

Instante:
                   raíz del Génesis
       refugio
                  al alba
                  en algún Crepúsculo
                  palabra tatuada en nuestro infinito
                                                               Instante.


GOTAS DIÁFANAS

Gota de vidrio
que cae
de la cueva
a las astillas mocosas
de la existencia.
Gota cubierta
de cristal
solidificada
en la oscuridad.
Gota vacía
que retrata
la luz
hacia la nada.
Gota emplomada
cuyos pensamientos
desvarían
de un
pasado remoto.

Gota caliente
con sonido
hueco
que sólo escucha
el lóbulo del oído.
Gota saltarina
que deambula
en el
hábitat brumoso.
Gota salvaguarda
que abunda
consuelo
al libre albedrío.
Gota tormenta
que rescata
la sed humana.
Gota destellada
que viaja
sobre superficies roídas
y limpia
el  hormiguero mundano.
Gota inoportuna
con tu lagrimeo
paralizas
mi ritmo citadino.

¿Cómo logras transmitir calor a pesar de la oscuridad que rodea tu transparencia?
¿Cómo puedes exaltar pensamientos pacíficos a pesar del hueco que presumes?

Tu pasado pesa
tu presente abraza
tu futuro enriquece.

Quisiera humedecerte en mi piel
y exprimir esas sales que te entristecen
que te impiden en ser una gota, una gota dulce
que flote sin prisa sin presión en medio
de esta atmósfera densa y pesada.

Welcome to Jerusalem
Oh Dios de los ejércitos,
vuelve, mira desde el cielo
y contempla; visita tu viña
y protégela, ya que
            tu mano la plantó

SALMO 80, VERSÍCULOS 15-16

(Escribo esta breve postal de mi viaje a Medio Oriente en una mañana calurosa de julio:) al fin, llegamos al campestre paisaje a orillas del desierto de Judea, donde la ciudad se levanta sobre varias colinas anchas y de escasa vegetación, nos detenemos un momento, esperamos junto al muro para poder cruzar una impresionante barricada de concreto y coronada por alambres de púas.
Soldados israelíes con rifles en mano nos examinan los pasaportes, contemplo en silencio que ningún civil israelí debe cruzar por orden militar.
Miro con cierta prudencia el ambiente, todavía puede observarse algunas casas antiguas que están construidas de roca amarillo pálido, incrustadas a lo largo de calles empinadas y angostas.
A Belén y a Jerusalem sólo  las separan 9.5 Km en una angosta división geográfica de la región; eso las coloca en territorios diferentes, es decir, Belén se encuentra en Cisjordania, en territorio azacaneado por Israel a causa de la Guerra de los Seis Días, en el año de 1967. Es una ciudad Palestina con residentes musulmanes y con docenas de terroristas suicidas.
Seguimos en espera.
Nos han autorizado el paso, acto inmediato se abre una puerta corrediza de acero, los soldados se hacen a un lado del muro para dejarnos pasar. Sigo observando. De pronto la puerta se cierra de un golpe.
Ahora nos encontramos en Belén, al ir subiendo por la empinada pendiente mis primos y yo volteamos  y advertimos cómo se extiende la serpiente gris del muro que ondula con torres cilíndricas de vigilancia.
Belén poblado tan reverenciado por las hordas mundiales, es uno de los lugares más conflictivos de la Tierra.
Me llama la atención unos hombres sentados, sorben un exquisito café árabe en un estanquillo al aire libre mientras la carne de carnero gira en un asador goteando grasa.
Aquí estamos, en el blanco de este volátil lugar, rodeado de asentamientos judíos y campos de refugiados, encerrado tras un muro. Y escondido a la vez entre un bosque de minaretes, la Iglesia de la Natividad, en el cruce de caminos del mundo -la interacción añeja entre Europa, Asia y África-, invadido a lo largo de su historia.
En Belén citan la Biblia, otros recitan el Corán y unos más cantan laTorá. Prosigo mi viaje. Este país nos muestra sus medias tonos entre sus campos  nos deslumbran la pupila con sus olivares, unos más evocan a nuestros oídos su narración histórica, mientras yo me pregunto, ¿cuándo se llega a la condescendencia por un trocito de tierra?, ¿dónde está la cordura humana?, ¿y la paz?

1 comentario:

carlos de la parra dijo...

Ya lo había dicho ésto el productor de cine Samuel Goldwyn con una sola pregunta:
¿Porqué los árabes y los judíos no se llevan bien como buenos cristianos?